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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2017

La Revolucin de 1917 y la alternativa al capitalismo, un comentario

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

La revolucin de octubre de 1917 ha sido un icono de la revolucin mundial. Una referencia esencial para una inmensa masa de personas que aspiraban a liquidar el capitalismo y construir una sociedad decente. Pero, salvo para un sector de nostlgicos y resistentes, esto fue en el siglo pasado. En los nuevos movimientos sociales la referencia a la Revolucin rusa ha desaparecido. Ms que considerar el siglo pasado como el de la revolucin, deberamos pensar que en parte lo ha sido de la revolucin fallida. Y preguntarse por qu lo que empez como un augurio de una sociedad fraternal ha acabado siendo la imagen de un fracaso debera ser una labor esencial de cualquiera que pretenda trabajar en un proyecto emancipatorio.

Quiero dejar claro que considero vigentes la mayora de los anhelos que estn detrs de las aspiraciones asociadas a la idea del comunismo: la construccin de una sociedad de personas libres, iguales en derechos, democrtica. Una sociedad que haga reales y posibles los objetivos que puso en circulacin la Revolucin francesa, los de libertad, igualdad y fraternidad. Asimismo, pienso que la lucha por este modelo de sociedad sigue constituyendo un empeo poltico esencial, y que subyace todava a las demandas y propuestas de muchos de los movimientos sociales actuales. Lo que no est presente es la identificacin de estas demandas con la historia a que dio pie el triunfo bolchevique o con los regmenes polticos que usan el comunismo como sea de identidad. Es difcil, por ejemplo, que nadie con un mnimo sentido igualitario pueda asociarlo a las imgenes que ha ofrecido el congreso del Partido Comunista de China, con una abrumadora presencia masculina (un monopolio total en el caso de la alta direccin), de uniformados votando la inclusin del lder actual en la lista de pensadores del catecismo oficial.

Por esto considero relevante que nos preguntemos por las razones de este fracaso del proyecto inicial, ya que entenderlas es una necesidad para poder pensar otros nuevos, para consolidar nuevas alternativas a la vez mejor diseadas y ms atractivas. No para elaborar una lista de culpables del fracaso, sino para entender las estructuras y procesos que a menudo bloquean o impiden las transformaciones sociales, para discernir los mecanismos y las polticas mal diseadas que hay que evitar.

II

A la hora de interpretar el fracaso del proyecto sovitico hay diferentes posiciones. La ms facilona es la que considera que sufri desde el principio el acoso de las potencias capitalistas. Un acoso que no solo dren recursos y esfuerzos, sino que tambin provoc una involucin interna en trminos de libertades y democracia. No es una explicacin vaca. El entorno de cualquier proyecto alternativo siempre ser hostil. Y la hostilidad exterior alimenta las paranoias de las que se alimentan las pulsiones autoritarias. Pero me parece una explicacin insuficiente y peligrosamente conformista. Evita preguntarse por los fallos de la poltica propia y concede a las fuerzas reaccionarias la condicin de un poder imbatible. Evita tambin perder de vista los propios cambios de las sociedades capitalistas, las transformaciones impulsadas tanto desde el poder como por la presin social. Cambios que en algunos casos dieron lugar a avances sustanciales en los derechos humanos y que generaron otro tipo de presin a las sociedades del bloque sovitico: la del bienestar y el consumismo.

Una segunda explicacin es la que, en variantes diversas, adoptaron los crticos internos del bolchevismo: la de considerar que la revolucin haba sido secuestrada o traicionada por una lite poltica autoritaria. Que el poder estuvo controlado por una lite autoritaria (y que lo sigue estando tanto en Rusia como en China) es evidente. Lo que es ms discutible es que esto pueda explicarse por un mero proceso conspirativo que, de no haberse producido, habra dado lugar a otro resultado diferente.

Considero que hay dos explicaciones posibles, complementarias, para entender la deriva hacia los modelos de sociedad burocrtica que han caracterizado a las sociedades de tipo sovitico: la continuidad con el pasado y las estructuras sociales que emanan de su modelo econmico.

Las revoluciones tienen la pretensin de hacer borrn y cuenta nueva, eliminar de un solo golpe todo lo malo del rgimen anterior; es uno de sus atractivos. Pero una cosa es tomar el poder poltico y otra, cambiar de un plumazo la compleja red de instituciones que conforman una sociedad, modificar hbitos de comportamiento asentados en la vida social. Pensar que con un golpe revolucionario la sociedad cambia enseguida es la forma ms fcil de caer en errores. Las sociedades en que tuvo lugar la revolucin tenan, en formas diversas, una larga tradicin de autoritarismo. Y este autoritarismo formaba parte de los valores y comportamientos de los propios lderes revolucionarios. De hecho, el uso de la violencia y el asesinato como arma poltica ha sido aceptado en la mayora de los pases hasta tiempos muy recientes (y persiste en muchos de ellos). Hay factores de continuidad entre la autocracia zarista y el autoritarismo ruso, entre el mandarinato tradicional y el modelo del comunismo chino. Y el uso sistemtico de la fuerza como forma de control social se traduce en el reforzamiento de estructuras de Estado claramente antidemocrticas.

Lo segundo tiene que ver con las estructuras sociales que genera una sociedad que se organiza en torno a una planificacin centralizada que trata de impulsar un proceso de crecimiento acelerado. Como se puso en evidencia en el debate econmico ruso entre N. Bujarin y Y. Preobrazhenski, se trataba de acelerar ms o menos el ritmo de crecimiento dejando menos o ms excedente agrario en manos del campesinado. El ms implica reforzar una organizacin centralizada orientada a extraer este excedente y transferirlo hacia la industrializacin acelerada, una operacin que conlleva generar estructuras burocrticas en los diversos estratos del proceso productivo. Unas estructuras que generan desigualdades de renta y de poder que pueden dar lugar a una formacin social diferente del capitalismo, pero discutiblemente igualitaria. Para algunos marxistas, aceptar que tras el fin del capitalismo pueda aparecer un sistema de clases diferente del socialismo puede parecer inexplicable. Pero creo que el propio anlisis de las clases sociales en las sociedades capitalistas permite reconocer que los esquemas simples, basados tanto en la dualidad como en la evolucin lineal por etapas, resultan inadecuados para analizar las sociedades reales. Ni hay una evolucin lineal de la historia (el esclavismo es un buen ejemplo de una estructura social que reaparece en contextos histricos muy diversos, como en la Roma clsica y en la agricultura colonial de los albores del capitalismo industrial) ni las clases pueden confundirse con la propiedad. Tiendo a pensar que el modelo sovitico cristaliz una variante de economa burocrtica que al final ha explotado en dos opciones diferentes, la vuelta pura y dura al capitalismo liberal o a un modelo de capitalismo tutelado por una burocracia que mantiene importantes resortes de poder poltico. Pero, ms que el debate terico sobre el carcter de clase de estos regmenes, me parece importante subrayar que en su seno existan estructuras sociales que eran, ms all de la brutalidad de lderes como Stalin, las que daban densidad social a la gestin autoritaria.

III

El peor legado de la experiencia sovitica es sin duda su brutalidad y su falta de democracia. Un autoritarismo nacido tanto de la inercia de la cultura autocrtica como de un proyecto de gestin econmica pensado desde arriba hacia abajo. Un proyecto que entenda cualquier iniciativa individual y de base como una peligrosa tendencia de vuelta al capitalismo.

Un modelo autoritario genera muchos efectos sociales indeseables. En primer lugar, sin duda el peor, el sufrimiento infligido a grandes masas de poblacin. En segundo lugar, una cultura de la accin poltica que prima el miedo y el sometimiento por encima del debate franco. Y que por tanto impide acotar, replantear, revisar las decisiones errneas. Ello sin despreciar el enorme coste que genera en la calidad de la poltica el hecho de que el resultado de cada debate poltico sea la represin contra los perdedores. En tercer lugar impide la crtica social, la formulacin de alternativas desde la base, de respuestas creativas a los problemas. Por ejemplo, la magnitud de algunos de los desastres ecolgicos de la antigua URSS posiblemente se hubieran evitado si las poblaciones afectadas hubiesen podido actuar con autonoma, con voz propia frente a las iniciativas del poder. A menudo se nos pasa por alto que es precisamente el marco de libertades formales de las democracias occidentales, especialmente las europeas, el que ha impedido los mayores desastres del capitalismo, el que ha forzado a introducir reformas en beneficio de la mayora social. En cuarto lugar, este autoritarismo ha sido tambin un freno en el avance del conocimiento y la innovacin tecnolgica al supeditar las ideas de cada individuo al escrutinio de la jerarqua. Una jerarqua que cuando es cuestionada tiende a reaccionar represivamente. Lo ejemplifica magnficamente el personaje del fsico Victor Shtrum en la impresionante novela de V. Grossman Vida y destino.

Los dirigentes soviticos combinaron la represin con el nacionalismo como mecanismo bsico de cohesin social. El resultado fue promover unos comportamientos en los que destacaban la obediencia, la ingenuidad y el chovinismo en dosis variables; tambin un cierto cinismo para poder sobrevivir o medrar. Lo reflejan muchas de las personas entrevistadas en los magnficos trabajos de S. Aleksivich. Era una poblacin sin verdadera capacidad de accin, algo que explica con bastante claridad lo fcil que les result a los nuevos oligarcas el desmontaje de la URSS o los brutales enfrentamientos armados que estallaron entre grupos nacionales en las diferentes repblicas. La ciudadana internacionalista solo puede ser creada con otros mtodos y otras instituciones.

IV

El modelo de planificacin central, de apuesta por el crecimiento basado en la industria pesada y por la carrera armamentstica, es otra vertiente de la cuestin. La planificacin formaba parte de las ideas bsicas de la izquierda marxista, y se mostr eficaz en bastantes cometidos. Como lo es tambin en las economas capitalistas reales, donde una parte importante de la actividad econmica depende de las decisiones centrales de los gobiernos y donde las grandes corporaciones "planifican" de facto la accin de cientos de unidades productivas (como es el caso de las complejas cadenas de subcontratas de la industria automovilstica o la organizacin del suministro alimentario a partir de las grandes cadenas de supermercados). El problema no es tanto la planificacin central en s, sino su extensin y sus formas. En este sentido, China aporta una experiencia ms creativa que la sovitica (lo que no quiere decir que no sea criticable en muchos aspectos).

Es cierto que una parte de la deriva sovitica fue impulsada por la Guerra Fra, en particular el intenso esfuerzo blico. Pero la obsesin por el crecimiento de la industria pesada en detrimento del consumo tena otras races y provocaba unas carencias en la vida cotidiana que dificultaban enormemente "competir" con el escaparate de la propaganda consumista occidental.

V

El autoritarismo, la crueldad, el burocratismo, el nacionalismo y los efectos de todo ello en la vida de millones de personas y en el medio ambiente son el resultado de un proyecto bien intencionado pero mal ejecutado. No todo fue malo, sin duda. Las desigualdades sociales fueron mucho menores que en Occidente, incluidas en bastantes aspectos las de gnero, y la poblacin tuvo acceso a servicios bsicos y a una educacin ms que aceptable. Pero estos logros quedan ensombrecidos por los problemas indicados. A partir de cierto momento histrico, ya era evidente que no se trataba de un modelo que en trminos comparativos fuera superior al de las mejores experiencias de capitalismo real (aunque s a muchas otras). Lo peor de todo es que el fracaso del proyecto posibilita el discurso del "no hay alternativa".

Los nuevos movimientos alternativos, a partir del movimiento antiglobalizacin, se han construido ignorando el pasado. 1917 ya no es un referente ms que para los restos de la tradicin comunista. Aunque los anhelos de fondo son parecidos. "La alternativa" al capitalismo ha dado lugar a alternativas concretas o a una inconcreta necesidad de economa democrtica que trata de dar respuestas tanto a los problemas del capitalismo que la izquierda siempre identific (desigualdad, explotacin, pobreza) como a los problemas que han puesto de manifiesto movimientos ms recientes (crisis ecolgica, persistencia del patriarcado, armamentismo). Pero todos ellos son problemas que no solo requieren soluciones particulares, sino tambin algn proyecto social que los ensamble con una cierta lgica. Que permita contar con un mapa que nos ayude a orientarnos.

Y es tambin en este sentido que analizar por qu aquel proyecto revolucionario fracas puede ayudar a pensar en proyectos mejor diseados. Como sugera un viejo librito de A. Castaos, Tiene el socialismo su prehistoria?, la experiencia sovitica quiz fue un primer intento, desgarrado, dramtico, fallido, de construir una sociedad humanamente justa y deseable. Pero los intentos consiguientes pueden beneficiarse de saber dnde estuvieron los problemas bsicos y dnde estn los principales escollos que sortear. Este es el mejor homenaje que podemos y debemos hacer a aquella masa de hombres y mujeres que trabajaron con inteligencia y tesn por imponer una sociedad deseable. Por aquellos millones de personas que tomaron la experiencia sovitica como motivacin para desarrollar cientos de luchas por la justicia y la igualdad en todo el planeta.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-162/ensayo/la-revolucion-de-1917-y-la-alternativa-al-capitalismo-un-comentario

 



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