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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2017

M. Temer, la sociedad de mercado y Caetano Veloso!

Amlcar Salas Oroo
Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico


A diferencia de otros compositores brasileos, Caetano Veloso tuvo quizs una trayectoria menos rgida y ms sinuosa en relacin con un compromiso poltico partidario orgnico. Su frescura intelectual lo hizo siempre asumir una multiplicidad de identidades, no slo musicales, donde la superposicin y mezcla compona una forma concreta. Le endilgaron varias filiaciones: comunista, petista, tucano, lulista; elitista, popular, intelectual crtico, amigo de los medios, y as una lista extensa de rtulos. Es cierto que ms all de los disgustos ocasionales nunca pareci importarle demasiado, como lo ha relatado en algn que otro libro; su propia msica tiene esos recorridos y races tan variados que tambin all se hace difcil una clasificacin. Caetano siempre fue polmico; como cuando en el momento de mayor popularidad de Lula tapa en la Revista Time mediante expuso una curiosa teora de la alfabetizacin del Presidente que cay, como no poda ser de otra manera, muy mal. Ya la misma Tropicalia de los aos 60 era un enigma poltico, incluso para algunos de sus propios integrantes ai vou misturar, Miami com Copacabana.

Lo cierto es que recientemente Caetano ha vuelto a ser noticia poltica, como en los orgenes de su carrera musical. En este caso, recibi una orden judicial para suspender el recital que iba a dar cerca de un campamento del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) en San Bernardo do Campo, San Pablo, un recital de acompaamiento y respaldo a la concesin de tierras otorgada al movimiento. No se esgrimieron motivos jurdico/securitarios de fondo para tal decisin: el inters estaba claro, no permitir que en el evento mediado por el artista se amplificaran las voces y reivindicaciones de uno de los movimientos sociales ms importantes de estos ltimos tiempos. Articulaciones polticas, abrazos musicales, expresiones artsticas, todo debe ser cortado a su debido tiempo para evitar que se multiplique y crezca como posibilidad de resistencia.

Es la idiosincrasia del gobierno Temer, donde quien ms fcil la tiene para andar ms suelto y sin permisos es el ejrcito de los EEUU! As es: por primera vez su presencia estar dirigiendo un operativo logstico del 6 al 13 de noviembre en Tabatinga, en el Estado de Amazonas, en una actividad conjunta de ejrcitos y agencias militares de EEUU, Colombia, Per y Brasil, vaya uno a saber con qu beneficios para el pas anfitrin. En todo caso, estas maniobras sobre un terreno geopolticamente estratgico y en el que hace bastante tiempo EEUU ha mostrado reiterado inters por tener una presencia ms estable, enciende una luz de alarma para la regin. Una base militar en esa zona, supone un quiebre incluso con la historia latinoamericana contempornea; quizs no suceda en el Gobierno de M. Temer, aunque desde que se dio el golpe parlamentario a Dilma Rousseff varios pasos han sido dados en esa direccin.

La sociedad de mercado y la fascistizacin de lo social

Si se comparan las votaciones de este ao en la Cmara de Diputados vinculadas con admisibilidad de las denuncias presentadas contra Michel Temer por parte del Ministerio Pblico, es evidente que hay una disminucin en el nmero del respaldo parlamentario al Gobierno. Teniendo en cuenta la ltima votacin (251 a 233, a favor de rechazo a la admisin), junto con cierta demora en el tratamiento de algunas leyes propuestas por el Ejecutivo, sumado a lo que pareciera ser un desgaste operativo de sus articuladores parlamentarios, no es tan apresurado afirmar que la capacidad de subsistencia de Michel Temer pareciera haber entrado en etapa incierta: a esta altura de su interregno, es notorio su desgaste interno al interior del sistema poltico como su descrdito fuera de l (segn algunas encuestadoras, casi un 80% de la poblacin hubiera visto con bueno ojos que ya se lo investigara judicialmente y se lo separa del cargo, ms all de su imagen negativa).

As, quien est cumpliendo la misin de llevar adelante las tareas del gobierno Temer es H. Meirelles, su ministro de economa, quien no deja oportunidad poltica ni espacio pblico sin dar muestras de su evangelio: sin reforma de jubilaciones no se puede cumplir con la Enmienda Constitucional 95 aprobada el ao pasado (que condiciona el aumento del gasto pblico por 20 aos); sin nuevas concesiones y privatizaciones (el ciclo privatizador comenzara en breve con Electrobras) no hay posibilidad de dinamismo econmico; sin desregulacin de los reparos extractivistas no habr tasa de inversin (y all el decreto, por el momento anulado aunque en cualquier momento relanzado como Ley- de habilitar la explotacin minera en un cuadrante fundamental de la Amazonia); sin un articulado jurdico flexibilizado no hay equilibrio del mercado laboral (hasta suponen necesario cambiar el significado de lo supone el trabajo esclavo!); entre tantas otras correlaciones interesadas.

En ese sentido, H. Meirelles, es el ms apropiado para cubrir esa labor; de afinidad originaria con el PSDB es el que le aporta la garanta al capitalismo brasileo (e internacional) para que el sentido de los cambios que se vienen introduciendo desde el golpe a Dilma vayan en una direccin, y no en otra. l representa el proyecto de los intereses concretos en el medio de la confusin de los acontecimientos del proceso histrico; poco importa si Brasil ha vuelto durante este ao y medio al mapa de los pases con hambre segn la FAO, o si la recesin se ha desplazado en un aumento de la violencia social en sus diferentes manifestaciones, por todo el pas. H. Meirelles es la posibilidad de que el mbito econmico se vaya sellando en trminos generales segn los deseos de los grupos y corporaciones; ese fue, tambin, el objetivo del impeachment. Es que bajo los ruidos de las escenas meditico/judiciales se est modelando un nuevo mapa de la acumulacin econmica en Brasil; con nuevas reglas (ya estn en marcha nuevos Tratados), nuevas maneras de transferencia de capital desde el Estado, nuevos ganadores, etc.

Ahora bien, para que ello pueda darse es necesario un proceso de fascistizacin de lo social que deslegitime aquellos actores sociales previos, sus formas de subjetivacin, sus formas de construir los principios legtimos de las decisiones pblicas y las interpretaciones democrticas de la accin social: es necesaria otra sociedad de mercado para organizar el nuevo tipo de mercado que se prefigura. No es tan slo que se multiplique la posverdad: lo que la fascistizacin de lo social apunta es a un deterioro democrtico que desarme cualquier resistencia constituida desde los elementos del ciclo/gobierno anterior. Necesitan de una sociedad donde el orden no sea una composicin tensa de derechos (civiles, polticos y sociales) y coyunturas fiscales sino una mapa quieto de jerarquas slo ms o menos inclusivas segn los mrgenes que permita la acumulacin (a eso apunta la propia Enmienda Constitucional 95). Y para desarmar la sociedad anterior, y las resistencias posibles, hay que modificar los principios y valores dispersos en la sociedad, y reemplazarlos por otros. Circunstancia epocal que, por ejemplo, tambin se da en la Argentina, donde el fuerte giro ideolgico es empujado principalmente por los mismos representantes de la coalicin gobernante, en un ejercicio coral de exabruptos (el ltimo de los cuales los dichos de la diputada E. Carri sobre el cuerpo de Santiago Maldonado- pone los contenidos de los nuevos imaginarios siempre un poco ms all de lo ticamente tolerable); en Brasil, este rol deconstructivo lo vienen ejerciendo varios actores a la vez, y no siempre desde quienes estn en el gobierno.

Fascistizacin de lo social no como un elemento complementario (contextual y paisajstico), sino como una pieza histricamente necesaria. Sobre todo, para que pueda desarmarse cualquier forma de respuesta a esos reacomodamientos econmicos en curso. Es un proceso concreto, palpable, fsico sobre los diferentes espacios sociales, no algo simplemente de carcter instantneo: la disputa tiene que ver, en primer lugar, en cmo la experiencia social es percibida; trasladndose, luego, respecto de cules son los principios de accin que organizan la experiencia de vida de los grandes conjuntos poblacionales. En un sentido no superficial, es tambin una disputa intelectual.

La circunstancia viene ocurriendo en las diferentes regiones de Brasil, con velocidades cambiantes y con connotaciones especficas segn las ciudades; es una confrontacin, sin rodeos. Ahora bien, esta fascistizacin de lo social se amplifica y supera varias trincheras cuando encuentra que la plataforma medios de comunicacin/redes sociales/organizaciones de la sociedad civil/algunos polticos (del gobierno o no) se ponen de acuerdo trabajando de las misma forma sobre un mismo tema. Grupos (fascistas), cuya prctica, ms all de una retrica muchas veces antisistmica, funcionalmente cumplen la tarea de reproducir el orden como un todo, an bajo nuevas coordenadas de intereses y tras la desestructuracin de los imaginario previos. Es en esta lnea que hay que comprender los dichos de ciertos diputados, como J. Bolsonaro, reivindicativos de la ltima dictadura militar y de la tortura como mtodo policial; las acciones directas de ciertos grupos, como el Movimiento Brasil Livre (MBL), impidiendo, por ejemplo este ao, el desarrollo de propuestas artsticas (como las cancelaciones ocurridas en el Museo de Arte Moderno de San Pablo y en el Santander Cultural de Porto Alegre, hechos que se suman a las prohibiciones establecidas a una muestra Queer en Ro de Janeiro, y a otra en el Palacio das Artes en Belo Horizonte); los estridentes y persistentes discursos estigmatizadores, sexistas, conservadores, antipopulares y racistas promovidos por personalidades pblicas o desde organizaciones de diversa morfologa y calibre como Vem para Rua, Aliana Brasil, Irice, Ranking dos Politicos, Fora Corruptos, Carioca Direitos, Chega de Impostos, Dossie PT, entre tantos otros.

En este contexto, las caravanas de Lula (que ya pasaron por el Nordeste y Minas Gerais, y ahora ser el turno del sur del pas) adquieren otra significacin que la simple medicin de si su candidatura es o no competitiva tras todas las afrentas recibidas: se trata pasar e instalar, de ocupar espacios sociales existentes o crear nuevos, de realizar en cada distrito otras lecturas sobre el presente, dejar otros valores, con otras palabras. Interpretaciones y sentidos que no permitan el avance de esa sociedad de mercado que se quiere imponer, con los procesos de subjetivacin que trae en su seno. Frente a eso, ni un paso atrs. Los eventos y movilizaciones (como la que ocurrir seguramente el prximo 10 de noviembre en varias ciudades brasileas, convocada por las principales centrales sindicales y movimientos sociales y polticos en respuesta a la implementacin de la reforma laboral) se convierten en momentos claves desde el punto de vista de la resistencia. Resistir es crear. Caetano lo sabe, como tantas otras figuras que salen a abrazar las causas nobles y las formas asociativas del pueblo, para protegerlas; hoy en da esto vuelve a ser fundamental: menino do rio, calor que provoca arrepio, toma esta canao como um beijo

Amlcar Salas Oroo es investigador del Centro Estratgico Latinoamericano Geopoltico (CELAG).

Fuente: http://www.celag.org/m-temer-la-sociedad-mercado-ycaetano-veloso/


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