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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2017

Racismo e izquierda: la clasificacin de la tribu

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


La ltima entrega de mi amigo antagonista Helios F. Garcs cierra, como estaba acordado, este debate, pero lo cierra tambin porque, de algn modo, no admite rplica. Consiste en una acusacin sumarsima con pujos de objetividad parajudicial (el discernimiento o criba incontestable de los que son racistas y los que no lo son) y en un programa vago y muy izquierdista que deja en la sombra lo que este debate debera haber aclarado: quin es el sujeto o sujetos de las luchas, cules los procedimientos y las alternativas, y qu significa verdadera descolonizacin. A la acusacin, arrinconado en mi cuerpo, sucumbo; el programa, en su vago izquierdismo, lo suscribo sin apenas objeciones.

La ltima entrega de mi antagonista amigo Helios F. Garcs me deja sin defensa; me vuelve, de hecho, indefendible a mis propios ojos. En rendirse uno tarda tres lneas; en convencerse toda la vida. No se trataba ni de una cosa ni de otra, pero confesar que un debate en el que el adversario intelectual, al que lgicamente se considera equivocado, no se limita a equivocarse, sino que, al hacerlo, se vuelve racista y cmplice por aadidura de todos los crmenes coloniales, es un debate muy incmodo. Me declaro vencido: no soy negro y adems no renuncio a mis ancestros blancos. Quines son? Mltiples y promiscuos: de Espartaco a Silvia Federici, de los hermanos Graco a Robespierre, de Scrates a Olympe de Gouges, de Francisco de Ass a Kant y Marx, de Francisco de Vitoria a David Harvey, de Sor Juana Ins de la Cruz a Edward Said y John Berger entre otros muchos. Tambin algunos reaccionarios como Joseph de Maistre, que nos mostr, de otra manera que Kant, los lmites de la razn; o Chesterton, quien habl de la tradicin como de la democracia de los muertos, en una lnea muy parecida, por cierto, a la de la antroploga indgena Silvia Rivera Cusicanqui (los muertos viven, hablan y orientan a los vivos, y permiten identificar los lmites ticos que no puedes rebasar).

Creo con Chomsky en la naturaleza humana, en algo que nos distingue de un perro y de una silla y que es universal: la capacidad lingstica, repartida, como los dones de Zeus, a todos los humanos por igual. La capacidad lingstica implica la capacidad y, an ms, la necesidad la comezn de hacer clasificaciones. Lo propio del ser humano es clasificar; lo propio de la tribu, como tomo social de la humanidad, es distribuir los cuerpos en cuadros taxonmicos que, una vez establecidos, deciden (criban) la normalidad y la anomala, el dentro y el afuera y, en la mayor parte de los casos, la vida y la muerte. No es un hecho balad el que histricamente, en todas las sociedades conocidas, hayan sido ciertas clases, ciertos gneros y ciertas razas las que han impuesto sus clasificaciones y por lo tanto el grado y calidad de corporizacin de los individuos, su acceso a bienes y servicios y sus posibilidades de supervivencia. Que los ricos, los hombres y los blancos (incluyendo en este rubro la labor formateadora de los japoneses en Asia) hayan impuesto su actividad taxonmica con pretensiones de naturaleza y generalidad slo indica todo el dao que la capacidad lingstica universal puede hacer cuando se particulariza y se tribaliza, en trminos econmicos, polticos y sociales, al servicio de un sector privilegiado y sus intereses excluyentes. Esa prctica clasificatoria tribal que corporiza negativamente ciertos cuerpos alcanza su colofn global bajo el capitalismo, un orden sin precedentes bajo cuya vocacin de infinito la distincin entre el ser humano, la cosa y la mercanca tiende a desaparecer y borrarse, sin que nadie negros, blancos, mujeres, hombres pueda escapar a ello. Es lo que el filsofo cameruns Achile Mbembe, profesor en Johannesburgo, autor de una Crtica de la razn negra a la que pertenece esta cita, describe como el devenir negro de la humanidad.

Ahora bien. La capacidad lingstica universal, que permite y exige esta voluntad clasificatoria, permite tambin y demanda las revueltas anti-clasificatorias. Lo he escrito en otro sitio: el ser humano es el nico animal que hace clasificaciones y es tambin el nico animal que se rebela contra ellas. Es lo que el francs Gaston Bachelard y el rabe Mohamed Al-Yabri llamaban con otro nombre rupturas epistemolgicas, alojadas potencialmente en todas las tribus y todas las culturas en la medida misma en que son, adems de histricas, lingsticas. Uno de los momentos ancestrales de rebelin taxonmica o ruptura epistemolgica que ms me gustan dentro de mi tradicin (el equivalente casi contemporneo, contra la tribu, del descubrimiento de la geometra, tan bellamente descrito por Plutarco y tan bellamente comentado por Michel Serres) se produce en plena guerra del Peloponeso entre los dos imperios helnicos de la antigedad, el de Atenas y el de Esparta. Estamos en el ao 427 a. de C. y Atenas ha conquistado la isla de Mitilene, aliada hasta entonces de los espartanos. Los vencedores, guiados por su cultura democrtica, se renen en asamblea para discutir y votar si deben o no matar a todos los hombres de la isla y esclavizar a sus nios y sus mujeres. Segn el relato de Tucdides, Clen defiende el exterminio de los mitilneos; Didoto la clemencia. Uno y otro, en todo caso, apoyan sus argumentos en el horizonte de los intereses tribales de los atenienses. Uno a favor de la severidad, el otro a favor del perdn, tanto Clen como Didoto responden a la nica pregunta que entiende y casi permite plantear el orden clasificatorio de su poca y su tribu: qu es lo conveniente para nosotros, los ciudadanos de Atenas? Pues bien, es en el marco de esa guerra, en la que particip como hoplita, en una asamblea muy parecida a la de Mitilene, es en ese momento digo cuando Scrates levanta la mano y, ante el asombro escandalizado de todos, cambia la pregunta y declara en voz alta: No, no se trata de averiguar qu es lo conveniente para nosotros sino de conocer qu es lo justo para todos. Como sabemos, la tribu ateniense mat a Scrates por insistir en hacer esta pregunta; y como sabemos una Constitucin democrtica digna de ese nombre es siempre el resultado de una deliberacin colectiva, si se quiere ficticia, en torno a lo justo y no a lo conveniente; el resultado, es decir, de una deliberacin colectiva anti-tribal.

Ese momento ancestral de ruptura clasificatoria en el orden poltico, paralelo al de la geometra en el orden cientfico, va a marcar el devenir histrico de la tribu europea. Explotando la geometra, virgen inocente, y en nombre de la justicia (en su variante cristiana o positivista), Europa va a conquistar y destruir buena parte del mundo. Hoy la geometra violada, al servicio de un capitalismo global, complace por igual a EEUU y a Arabia Saud, a Rusia y a China; y la justicia nombrada, victoriosa en la retrica, sirve para un roto y un descosido: sobre todo para rotos y descosidos. Ahora bien, nadie acusara a la geometra de haber bombardeado Hiroshima o destruido el gueto de Varsovia; y no deberiamos acusar al gesto de Scrates de fundar el colonialismo, el racismo y el machismo. Al contrario. Todos los avances que se han hecho conforme a Derecho dira el racista Carlos Fernndez Liria se han hecho a partir de ese gesto, incapaz de neutralizar, desde luego, la vocacin de infinito del capitalismo y la actividad clasificatoria de la tribu europea, pero que se conserva tan separado de ellas como el aceite del agua. Que la discusin sobre lo justo se mantenga siempre abierta, que muchas veces se confundan interesadamente lo justo y lo conveniente y que se cometan atroces injusticias en nombre de lo justo (lo que es, por cierto, la normalidad de todo etnocentrismo) slo indica una cosa: que lo justo no ha vencido y que Scrates, asesinado en Grecia, sigue siendo asesinado todos los das en Siria, en Iraq, en Afganistn, en nuestras fronteras, en nuestros CIEs y en nuestros parlamentos. Pero este alucinante, escandaloso, extraterrestre cambio de pregunta, compatible como todo con el colonialismo y el racismo, es imprescindible para liberarnos de ellos. Scrates no es europeo: hay Scrates con nombres rabes y kurdos y chinos y rusos y gitanos y cameruneses repartidos por todo el mundo. No se me ocurre qu favor mejor podramos hacer al capitalismo y al tribalismo europeo, asesino de Scrates, que el de ayudar a matarlo otra vez mediante una presunta episteme liberadora que se limita a afirmar que lo conveniente para los negros es ms justo que lo justo para los blancos.

Helios F. Garcs, que no responde a mis preguntas porque soy blanco y por lo tanto altanero, me hace una pregunta a su vez: qu va a hacer la izquierda para combatir el racismo? Yo no puedo hablar en nombre de la izquierda, que no existe, ni tampoco, al contrario que l, de un colectivo de activistas. Cuando accedi a debatir conmigo ya saba quin era yo y que slo me represento a m mismo; por eso me ha parecido abusivo, y contradictorio con su honorable prctica poltica, que haya cedido a la tentacin, para no responderme, de clasificarme y corporizarme en un paquete. Me salgo de ese paquete y respondo por mi cuenta. Suscribo, como he dicho, la mayor parte del programa abstracto que propone en su artculo: lucha poltica y no identitaria contra el racismo policial, la segregacin racial en las ciudades y en el sistema educativo, contra la discriminacin laboral y sanitaria, el racismo penal y penitenciario, la ley de extranjera, la existencia de los CIE; descolonizacin de los proyectos polticos; ruptura de los guetos simblicos y promocin de las mareas amplias; incluso me gusta y mucho la frase relativa a los atrasos y los progresos (aunque sigue siendo tan vaga que no s si coincidiremos en el ellos all sealado ni en el objeto a defender: yo considero, por ejemplo, un atraso ir en coche y un progreso ir a pie, un atraso los brokers y un progreso las madres, un atraso Carrefour y un progreso los huertos, un atraso la comida basura y un progreso el matrimonio homosexual).

Slo aadira dos cosas ms, tambin vagas, como es propio de una persona que combate el racismo con la mirada y con el teclado. La primera es que para combatir el racismo desde la izquierda es necesario distinguir no racialmente a los iguales de los no iguales. Si el marxismo olvid que el racismo no se disolva con la disolucin de la contradiccin capital/trabajo, no podemos olvidar, al revs, que esa contradiccin, productora de racismo, no se disuelve con la contradiccin racial. Como recuerda Jorge Moruno, la crtica a los lmites de la modernidad es la crtica a su principal mediacin social: el trabajo (moderno). Si algo quiere decir interseccionalidad debe ser esto: revisar sin descanso quines son nuestros iguales y quines nuestros desiguales a partir de las distintas fuentes de desigualdad que atraviesan el mundo. La desigualdad econmica no slo racializa porque corporiza sino que cabalga, reconfigura e intensifica todas las otras desigualdades.

La otra respuesta tiene que ver con una esperanza que los textos de Garcs me quitan en parte. Me refiero a la esperanza de que los sufrientes en todo el mundo los negros si se quiere arranquen a Scrates de las manos de los colonialistas europeos, que tan criminalmente lo han utilizado, y hagan realidad por fin su programa ilustrado (el de esa rebelin clasificatoria que el pensamiento decolonial deforma en un pastoso todos los blancos son pardos). Y como Garcs no me deja citar a Fanon, dejar que lo haga en mi lugar y en mi nombre un filsofo negro antirracista que se considera su heredero. Me refiero al ya mencionado Achille Mbembe, quien dice lo siguiente al ser preguntado por la tentacin esencialista del antirracismo negro: El problema es cuando el esencialismo nos impide continuar el camino que gente como Fanon consideraba el horizonte de nuestras luchas. Cul es ese horizonte? El que abre el camino a una nueva condicin, donde la raza ya no importa, donde la diferencia ya no cuenta, porque todos nos hemos vuelto simplemente seres humanos: el pasaje de la indiferencia a la diferencia. Nunca superaremos la necesidad clasificatoria ni alcanzaremos jams una sociedad en la que los cuerpos sean transparentes lo que adems no es deseable pero conviene recordar que toda lucha contra las clasificaciones raciales es una lucha contra los clasificadores: contra los intereses particulares de clase, gnero y raza que hasta ahora han impedido la verdadera diferencia: es decir, la universalidad de los derechos.

(Obviamente Helios F. Garcs, al que agradezco tanto su trabajo antirracista como la iniciativa de este debate, no necesita mi autorizacin para responder a este artculo, si es que se queda incmodo en silencio. Yo ya no dir nada ms).

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2017/11/07/racismo-e-izquierda-la-clasificacion-de-la-tribu/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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