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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2017

El desmembramiento

John Feffer
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


La verdadera desintegracin de Estados Unidos

Introduccin de Tom Engelhardt

Dejemos de pensar este pas como la nica superpotencia o la nacin indispensable de la Tierra y empecemos a imaginarlo como el gran fracturador, el excepcional destrozador, el indispensable fragmentador. Sus guerras del siglo XXI estn empezando a regresar a casa a gran escala cuando digo casa no hablo de un pas en particular (aunque tambin es verdad) sino de todo el planeta. Aunque casi en solitario, Estados Unidos es de momento, el ms excepcional destructor del medio en el que vivimos todos, y su actual presidente no solo es el comandante en jefe, sino el mayor destrozador de este nuestro mundo. 

Precisamente esta semana*, por ejemplo, ese destrozo estuvo en los titulares de los medios. Despus de todo, la capital del Daesh, la ciudad de Raqqa, fue liberada. Ganamos! Estados Unidos y las fuerzas que este respalda en Siria finalmente resultaron victoriosas y el brutal Daesh (una organizacin destructora nacida en una prisin militar estadounidense en Iraq) fue por fin expulsado (o casi) de esa ciudad, Y s!, segn algunos testimonios, la antigua ciudad que albergaba a unas 300.000 personas est abandonada; casi no queda un edificio intacto. Se dice que en estos ltimos meses, entre la campaa de bombardeo estadounidense a Raqqa y el apoyo de artillera que la acompa, han muerto unos 1.000 civiles, e importantes sectores de la ciudad estn en ruinas (segn algunas estimaciones, la reconstruccin de la ciudad podra durar aos). Y Raqqa no es ms que la ltima ciudad de Oriente Medio que prcticamente ha sido hecha aicos. 

Dado que la desintegracin del planeta es el tema de hoy en TomDispatch, qu me decs de las ltimas elecciones en Austria, disputadas y ganadas por los populistas de extrema derecha apoyndose en los sentimientos contra los refugiados y la islamofobia? Cul es el origen exacto de esos sentimientos? Sabis muy bien que la guerra de EEUU contra el terror y la muy promocionada guerra de precisin (bombas inteligentes y dems), continan despedazando vastos territorios del globo desde Afganistn a Libia y ms all. En el Gran Oriente Medio y frica, decenas de millones de personas, entre ellas muchsimos nios, han sido desarraigados y desplazados, sus casas destruidas, y sus ciudades y pueblos devastados, haciendo que los supervivientes refugiados huyan atravesando fronteras nacionales en nmeros que no se vean desde que una importante porcin del planeta fuera arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. De este modo, la guerra estadounidense contra el terror que dura ya 16 aos ha sido un autntico impulso para el terror, y lo es por el tipo de resentimiento y pavor que hoy est resquebrajando una Europa hasta hace poco unida (y en Estados Unidos ayud a elegir... bueno, ya sabis a quin). 

Y esto es apenas una rpida mirada al prcticamente ignorado papel de Estados Unidos en la fragmentacin de este planeta. Y ni siquiera me he asomado para echar una ojeada a nuestro presidente y el cambio climtico! 

Casualmente, quien me ayud a conocer la naturaleza de esta resquebrajada casa nuestra fue John Feffer, colaborador habitual de TomDispatch. A principios de 2015, empez a escribir para este sitio web lo que acabara siendo su notable novela distpica Splinterlands (Tierras fragmentadas). En ella, Feffer imaginaba cmo sera nuestro desintegrado planeta en 2050, y la hacia tan vvidamente que desde entonces esta visin suya no me ha abandonado; evidentemente, tampoco a l, ya que hoy reflexiona sobre la rapidez con que est producindose ese proceso de fragmentacin, no precisamente en el reino de la ficcin sino en la vida real.

--ooOoo--

Donald Trump y el cuarto gran desmembramiento

Cuando en 1991, el historiador Arthur Schlessinger (h.) public su xito editorial The Disuniting of America (La desunin de Estados Unidos) no se propuso considerar el peor escenario sugerido por ttulo. En ese momento, la Unin Sovitica y Yugoslavia estaban derrumbndose; al mismo tiempo, tambin se producan los movimientos secesionistas de Quebec, Timor Oriental, el Pas Vasco (en Espaa), y en otros sitios haba quienes pedan a gritos su propio estado. Pero tratndose de Estados Unidos, las preocupaciones de Schlessinger estaban sobre todo enfocadas en el mucho ms reducido campo de batalla del entorno universitario estadounidense y lo que l vea como una amenaza del multiculturalismo al mtico crisol. Pese a que l trat seriamente esa tempestad en un vaso de agua, el peor futuro que Schlessinger fue capaz de imaginar era lo que l llam la tribalizacin de la vida estadounidense. No contempl el real desmembramiento del pas.

Hoy, las polmicas sobre el discurso del odio y las polticas de gnero siguen irritando los campus universitarios de EEUU. Sin embargo, es probable que ahora mismo sean los conflictos menos importantes del pas si consideramos la evidencia casi cotidiana de presiones desintegradoras de todo tipo: manifestaciones de supremacistas blancos, tiroteos masivos y asesinatos policiales, adems del actual desmantelamiento del gobierno federal, por no hablar de la forma en que algunas ciudades y estados estn desafiando las disposiciones de Washington sobre inmigracin, medioambiente y cuidado de la salud. El lema de la nacin de e pluribus unum (de muchos, uno) est en serio peligro de ser puesto del revs.

Un pas que no ha tenido una guerra civil en ms de 50 aos, en el que los movimientos secesionistas de Texas a Vermont han provocado ms risa que preocupacin, se enfrenta ahora con desacuerdos tan serios y un arsenal de armas en manos de civiles de tal magnitud que la posibilidad de desintegracin nacional ha empezado a formar parte de la conversacin de la corriente dominante. Sin dudas, despus de las elecciones de 2016, el predecir una segunda guerra civil en Estados Unidos una autntica guerra, sangrienta y sin cuartel se ha puesto de moda entre algunos periodistas, historiadores y expertos en relaciones internacionales de todo el espectro poltico.

Sobre todo despus de los sucesos de Charlottesville, la izquierda est convencida de que el presidente Trump y sus extremistas aliados estn tratando de empujar al sector del republicanismo llamado alt-right** hacia la violencia contra una amplia franja de opositores de la administracin. La derecha est convencida de que particularmente despus de que el congresista republicano por Louisiana fuese tiroteado la extrema izquierda est armada para la revuelta al lado de los asesinos y violadores mexicanos. El columnista de Foreing Policy Thomas Ricks ha estado tomando la temperatura de algunos analistas de seguridad nacional en relacin con la probabilidad de una guerra civil en el futuro. En marzo, sus respuestas promediaban un 35 por ciento de posibilidades desde entonces, ese promedio ha estado creciendo. Un indicio de los tiempos que corren: la novela American War (La guerra estadounidense), de Omar El Akkad, que relata una segunda guerra civil, ha sido muy reseada y se vende bien, aunque todava no est claro si sus lectores la toman como una advertencia o como un manual de instrucciones.

Seguro, la mayora de los estadounidenses todava no forma parte de facciones irreconciliables. Pero si el lector piensa en la transformacin de Yugoslavia, que en solo dos breves aos a partir de 1989 pas de lugar de vacaciones a ser un sitio donde se asesinaba, es fcil imaginar la forma en que algn demagogo, con sus militantes seguidores, podra utilizar la pasin de una minora en este pas para neutralizar los sentimientos de la mayora. Todo esto sugiere por qu la matanza estadounidense invocada por Trump en su discurso de toma de posesin podra resultar una profeca que lleva consigo su propia consumacin.

Por supuesto, no se trata solo de Donald Trump. Hablando en trminos globales, el novel presidente estadounidense es ms bien un sntoma que una causa. Desde su plpito de intimidacin, Trump hace todo lo posible para que Estados Unidos sea el lder de la irritabilidad; as, Estados Unidos solo est ponindose al nivel del resto del mundo.

Sin embargo, cuando se trata de demagogos y divisionistas, l tiene bastantes competidores: en Europa, en Oriente Medio; decididamente, en todo nuestro fragmentado planeta.

La proliferacin de la divisin

El reciente referndum sobre la independencia en Catalua es un recordatorio de un solo golpe, si oportuno, puede hacer pedazos cualquier pas unitario de Europa como si solo fuera una piata mal hecha. La verdad es que no est claro cuntos catalanes quieren realmente independizarse de Espaa. Quienes participaron en el referndum optaron abrumadoramente por la secesin, pero solo el 42 por ciento de los votantes se tom la molestia de registrar su preferencia. Por otra parte, el anuncio del traslado de 531 empresas con sede en Catalua a otras partes de Espaa es aleccionador en relacin con las posibles consecuencias econmicas de la separacin. No obstante, el pulso puede resolverse a pesar de que es poco probable que desparezcan los sentimientos separatistas en Catalua, sobre todo despus de los torpes intentos del gobierno espaol de impedir la votacin o la expresin de los votantes.

Ese separatismo es potencialmente contagioso. Despus de que los britnicos apoyaran por un escaso margen la salida de la Unin Europea (UE) el Brexit en un referndum realizado en 2016, los escoceses empezaron otra vez a hablar de independencia, es decir, separarse de sus primos del sur pero sin abandonar la UE. El dilema de los catalanes es distinto. Una declaracin de independencia inmediatamente amputara el nuevo pas de la Unin Europea, aunque esa movida pudiera extender la fiebre independentista a otros grupos espaoles, particularmente los vascos.

Los ingleses y los catalanes han asestado algo parecido a un prolongado golpe uno-dos a la UE, que hasta hace poco tiempo estaba en continua expansin: en 1957, los pases miembros eran seis; hoy son 28. La prdida de Gran Bretaa y Catalua hubiera significado decir adis a ms de un quinto de esa organizacin econmica (segn guarismos de 2016, el Reino Unido contribuye con 2,7 billones de euros y Catalua con 223.000 millones de euros al Producto Bruto de la UE: 14,8 billones de euros). Econmicamente, esto equivale a quitar California y Florida de Estados Unidos.

La pregunta es si acaso las votaciones de britnicos y catalanas son la culminacin de una minitendencia o el comienzo del fin. A pesar de que en realidad el Brexit suscit la popularidad de la Unin Europea entre los pases miembros (entre ellos, Inglaterra), Bruselas contina siendo objeto de cierta resistencia de esos pases en cuestiones como la inmigracin, los rescates financieros y el proceso de toma de decisiones.

Algunos movimientos euro-escpticos como Alternative fr Deutschland de Alemania y el Freedom Party de Austria, se encuentran con un xito de crecimiento y apoyo de votantes, incluso en pases que ven con simpata a Europa. En el futuro de ese continente se vislumbran un posible Chexit en tanto un multimillonario de derechas se convierte en el primer ministro de la Repblica Checa y aspira a crear un gobierno de coalicin con un socio vehementemente contrario a la inmigracin y a Europa; un Nexit, si el euro-escptico Geert Wilders consigue ampliar an ms su base poltica en los Pases Bajos; e incluso un Italexit a partir de que los votantes italianos han sido sacudidos por el efecto Brexit, y un 57 por ciento de ellos est ahora a favor de un referndum sobre la membresa europesta.

Algunos actores de fuera tambin han estado trabajando intensamente. Al Kremlin de Putin le entusiasma una UE ms dbil, si eso sirviera para que sus vecinos ms cercanos Ucrania y Georgia dejaran de inclinarse hacia Occidente. Del mismo modo, Donald Trump ha abrazado el euro-escepticismo apostando as a difundir en Europa lo que el importante ex asesor Steve Bannon llama deconstruccin del Estado administrativo.

Quienes podran gozar el escalofro que produce la alegra por el mal ajeno en este caso, los males de Europa llevan aos sin ocuparse del problema y ahora estn pagando las consecuencias. Muchos gobiernos europeos apoyan los conflictos blicos iniciados por Estados Unidos en Afganistn, Iraq, Libia y Siria que han despedazado el Gran Oriente Medio y exportado a centenares de miles de refugiados a la UE. Esto ha tenido un resultado decisivo: el sentimiento contra el inmigrante y la islamofobia han estimulado a los partidos populistas de extrema derecha de toda Europa. Mientras tanto, el continente corre el riesgo de ser destrozado; una repercusin de los acontecimientos que tienen lugar en los pases de donde provienen los refugiados. Pensemos en ello como si fuese la guerra contra el terror transpuesta a una clave diferente.

Este paralelismo puede verse en una forma particularmente dolorosa en el referndum por la independencia de Kurdistn que se realiz pocos das antes de la votacin catalana. Iraq ha estado al borde de la desintegracin desde el momento mismo que Estados Unidos lo invadiera en 2001 y depusiera al tirnico aunque unificador jefe de Estado Saddam Hussein. Las propuestas de dividir el pas en tres regiones autnomas gobernadas por kurdos, sunnes y chies empezaron a circular en Washington en los aos que siguieron a la invasin; posiblemente, la ms conocida de ellas sea la del por entonces senador Joe Biden, el llamado plan suave de particin.

Los kurdos convirtieron la propuesta de Biden en una realidad creando su propia regin autnoma en el norte de Iraq. En estos momentos, despus de un referndum que consigui un extraordinario apoyo (una participacin de ms del 70 por ciento), los kurdos con sus formaciones peshmergas estn tratando de oficializar el divorcio. Las fuerzas armadas iraques se han puesto en movimiento para impedirlo; ahora, los dos ejrcitos adiestrados y armados por Estados Unidos se enfrentan en esa explosiva regin.

Del mismo modo, turcos e iranes observan estas acciones secesionistas con bastante preocupacin a la luz de los movimientos autonomistas kurdos en sus respectivos pases. Siria tambin; a pesar de las recientes victorias del gobierno respaldado por Rusia en Damasco, contina dividida por el estado de facto kurdo de Rojava en el norte. Y no son solo los kurdos. Libia est en medio de una guerra civil. En el devastado Yemen, sigue habiendo varios conflictos, todos ellos agravados por la intervencin de una brutal campaa de bombardeo areo patrocinada por Arabia Saud y otros pases del golfo Prsico con la ayuda de Washington. Por su parte, Arabia Saud y Bahrein se enfrentan a importantes desafos chies en la frontera comn.

Asimismo, en otros lugares del mundo, el rasgo sobresaliente no es la integridad: todo se hace trizas. Alrededor de Rusia, unos conflictos congelados Ucrania y Georgia han paralizado a pases que de no ser por eso quizs habran apostado por unirse a la UE o la OTAN. En China, hay movimientos separatistas que arden a fuego lento en Xinjiang y Tibet. En Myanmar, la limpieza tnica de los rohinys no es ms que uno de los problemas de fragmentacin existentes all. Los movimientos secesionistas en Camern y Nigeria estn cobrando impulso. En Brasil, tres estados del sur se preparan para separarse del resto del pas. En las islas Filipinas la insurgencia terrorista musulmana en el sureo Mindanao se apoder de una ciudad importante y la retuvo durante meses y meses.

En el pasado, la secesin tena que ver con la creacin nuevos y ms pequeos pases. En estos momentos, sin embargo, la oleada de divisiones quiz no tenga la finalidad de descomponer un pas en unidades ms pequeas.

Tres grandes desmembramientos

El nacionalismo es un fenmeno relativamente reciente. Por ejemplo, antes de la consolidacin de la nacin francesa en el siglo XIX, los habitantes del pas se vean a s mismos como bretones, provenzales, parisinos y as por el estilo. Al contrario de diversos mitos fundacionales, la nacin no existe desde tiempos inmemoriales. Debe ser trada a la existencia, y por alguna razn.

El siglo XIX fue testigo del primer gran desmembramiento en la medida que el pueblo convirti en un arma el novedoso concepto de nacin y las nociones que la acompaan de solidaridad tnica y soberana popular en su lucha contra los imperios. Las revoluciones de 1825 en Grecia y Rusia, la primavera de las naciones en toda Europa en 1848, la posterior unificacin de Alemania y de Italia; todas ellas fueron golpes contra los imperios gobernados por los Habsburgo, los Romanov y los sultanes otomanos.

Despus, la Primera Guerra Mundial le dio la puntilla a todos esos debilitados imperios en medio de una enorme conflagracin. Cuando acab la guerra, un Oriente Medio compuesto de heterogneos estados-nacin y un nuevo conjunto de pases independientes en los Balcanes surgieron de la desaparicin del imperio otomano. La Rusia imperial, qued brevemente fragmentada en docenas de pequeos pases hasta que la Unin Sovitica volvi a reunirlos por la fuerza. La casa de los Habsburgo se vino abajo y los pases de la Europa Central Polonia, Checoslovaquia y Hungra echaron a andar desde debajo de los escombros.

El segundo gran desmembramiento, que se extendi durante buena parte del siglo XX, se dio en coincidencia con el derrumbamiento de los imperios coloniales. Todas las lejanas colonias britnicas, francesas, holandesas, italianas, portuguesas y alemanas declararon su independencia, y surgi un nuevo mapa mundial de estados-nacin en frica, Asia y, en menor medida, en Amrica latina, donde buena parte de la descolonizacin se haba producido un siglo antes.

El final de la Guerra Fra y el derrumbe del comunismo en Europa a principios de los noventa precipitaron el tercer gran desmembramiento. Desaparecida sbitamente la subordinacin de las prioridades nacionales a las grandes estructuras ideolgicas, los pases de la Europa Oriental votaron su abandono del bloque sovitico. La Unin Sovitica, Checoslovaquia y Yugoslavia se vinieron abajo con distintos grados de violencia y sufrimiento; como consecuencia de ello, Naciones Unidas tuvo 20 nuevos integrantes. Ms lejos, Eritrea, Timor Oriental y Sudn del Sur estuvieron en condiciones de asegurar su independencia, debido en parte a a que el fin de la Guerra Fra signific que la comunidad internacional pudo permitirse un ejercicio ms libre de la autodeterminacin (durante los cerca de 50 aos de la Guerra Fra, Bangladesh fue el nico pas nuevo acogido en el seno de Naciones Unidas).

La cada de dos imperios, el fin del colonialismo y el final de la Guerra Fra destrozaron y rehicieron tres veces el mapa del mundo. Ciertamente, es posible argumentar que la fracturacin en curso hoy en da no es ms que una continuacin de aquellas tres transformaciones. La Guerra Fra requera la unidad de Europa (y la unidad de cada uno de sus componentes), por lo que solo en la poca posterior a la Guerra Fra los catalanes y los escoceses podan explorar la posibilidad de independizarse con alguna esperanza de xito. El surgimiento del Kurdistn ha sido posible gracias a la desaparicin de las arbitrarias fronteras en Oriente Medio trazadas en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, etctera.

El cambio histrico nunca afectar al mundo de un modo uniforme. Esta es una realidad muy concreta de la que los nocoreanos, quienes viven todava en un pas semifeudal supuestamente comunista y ferozmente nacionalista, pueden atestiguar.

El cuarto gran desmembramiento

Aun as, es indudable que los acontecimientos ms recientes no parecen ser un cuarto gran desmembramiento sino uno que se inscribe en una categora completamente nueva. Las actuales divisiones en Estados Unidos no tienen nada que ver con los imperios ni con el colonialismo; incluso tampoco con la Guerra Fra. Las discusiones sobre la viabilidad de la UE se centran en las obligaciones que los europeos tienen unos con otros y con quienes llegan como refugiados escapando de lejanos conflictos blicos. Las fuerzas que amenazan desgarrar a estados-naciones de todas partes sugieren que esta unidad primaria del sistema internacional quizs est acercndose a su fecha de caducidad.

Por ejemplo, pensemos en el impacto de la globalizacin econmica. La expansin del comercio, de las inversiones y de la actividad corporativa mantenida durante mucho tiempo ha tenido la consecuencia de unir a las naciones en organizaciones como la OPEP, comunidades comerciales como la Unin Europea o instituciones supranacionales como el Fondo Monetario Internacional. En los setenta del pasado siglo, sin embargo, la globalizacin econmica estaba corroyendo el privilegio exclusivo propio del estado-nacin de controlar el comercio o la moneda o poner en marcha polticas de regulacin del medioambiente, la salud, la seguridad y el trabajo.

Al mismo tiempo, sobre todo en pases industrializados como Reino Unido y Estados Unidos, la desigualdad en los ingresos creca espectacularmente. En estos momentos, la brecha de riqueza en Estados Unidos ha empeorado ms que en Iraq o en las islas Filipinas. Segn la Organizacin para la Cooperacin Econmica y el Desarrollo (OECD, por sus siglas en ingls), entre los principales pases industrializados, la distancia entre el 10 por ciento ms rico de la poblacin y el 10 por ciento ms pobre se ha ensanchado ostensiblemente.

Incluso entre pases en los que la desigualdad ha disminuido como consecuencia de las polticas gubernamentales de redistribucin de ingresos, ha crecido la percepcin de que la globalizacin favorece a los ricos y no a los pobres. Menos de la mitad de los franceses participantes en la encuesta YouGov de 2016 crean que la globalizacin era beneficiosa, incluso a pesar de que desde los setenta la diferencia en los ingresos estaba disminuyendo en su pas. Una vez reducidas las tensiones entre pases y fortalecidos los estados-naciones, la globalizacin econmica enfrenta a las poblaciones, tanto dentro de cada pas como entre unos y otros.

Nuevas formas de globalizacin han tenido consecuencias similares. Las redes sociales Facebook y Twitter, por ejemplo, han conectado a las personas de una forma sin precedentes y les ha proporcionado herramientas para movilizarse contra una variedad de males sociales: dictadores, policas que disparan a la menor provocacin y acosadores sexuales. Pero la otra cara de la posibilidad de organizar acciones en grupos de afinidad digital es el modo en que esas plataformas balcanizan a sus usuarios, no tanto a partir de lo tnico sino de una perspectiva poltica. Informaciones u opiniones que desafan la visn del mundo que uno tiene y que alguna vez aparecan en los peridicos u ocasionalmente en los noticiosos de la tarde por la TV consiguen ser eliminadas en las noticias que circulan por Facebook o Twitter. La limpieza tnica por decreto ha sido en buena parte superada por la limpieza ideolgica por consenso. Qu sentido tiene elaborar los compromisos necesarios para que funcione un estado-nacin diferente cuando puedes separarte efectivamente de la sociedad y quedarte en la atmsfera hogarea de tu comunidad virtual?

Dado el impacto polarizados de la globalizacin econmica y tecnolgica, no debe sorprender que la poltica de centro haya o bien desaparecido o por la debilidad de la izquierda o bien se haya indinado an ms hacia la derecha. Donald Trump es la expresin suprema de esta apabullante prdida de fe en los polticos de centro, que adems son baluartes del centro institucional y de los medios de la corriente dominante.

Por cierto, dado que en las ltimas tres dcadas esos personajes e instituciones promueven una economa de desigualdad y una poltica internacional basada en la guerra, la huida del centro es entendible. Lo novedoso, sin embargo, es la forma en que Trump y otros populistas de derecha han propagado esta insatisfaccin, que habitualmente podra haber dado lugar a una nueva izquierda, provocar lo que podra llamarse las tres iras: a la inmigracin, a la ampliacin de los derechos civiles y a la implementacin de programas de ayuda a la clase media. Alimentado por una repugnancia por el centro, Trump no solo est interesado en debilitar a sus adversarios polticos y a los enemigos de Estados Unidos. Promovido durante dcadas por la extrema derecha, su proyecto es doble: destruir el gobierno federal y, al mismo tiempo, la comunidad internacional.

Es por eso que el cuarto gran desmembramiento es diferente. En el pasado, los pueblos se oponan a los imperios, las potencias coloniales y las exigencias ideolgicas de la Guerra Fra unindose en unos estados-nacin ms compactos. Todava estaban dispuestos a sacrificarse en defensa de sus compatriotas desconocidos para distribuir el impuesto a la renta o cumplir normas y regulaciones, bien que solo en una magnitud modesta.

El nacionalismo no ha desaparecido. Quienes quieren conservar un pas unitario (Espaa) como tambin quienes desean separarse de ese estado (los catalanes) apelan a anlogos sentimientos nacionalistas. Pero en estos momentos, la mismsima nocin de accionar solidariamente con la gente en una unidad territorial gobernada por un Estado est pasando de moda rpidamente. Los ciudadanos huyen de los impuestos, del multiculturalismo, de la educacin pblica e incluso de las garantas que proporcionan los derechos humanos universales. El cuarto gran desmembramiento parece estar afectando a los propios vnculos que dan forma al estado-nacin a todos ellos, no importa su tamao.

El futuro de la distopa

En 2015, antes de la votacin por el Brexit y antes de que Donald Trump apareciera como el candidato favorito en las elecciones primarias de Partido Republicano, publiqu un ensayo en TomDispatch; en l, un geopaleontlogo (una profesin de mi creacin) observaba la fragmentacin de la comunidad internacional en el pasado; la mirada retrospectiva se haca desde el ao 2050.

El movimiento que empez a destacarse en 2015 abogaba por un giro histrico hacia dentro: la construccin de muros, el reforzamiento de la homogeneidad y la exaltacin de las virtudes exclusivamente nacionales, sealaba l con la ventaja de una historia que yo no haba vivido todava. La fracturacin de la llamada comunidad internacional no sucedi a partir de una quiebra importante. Antes bien, avanz en forma muy parecida al agrietamiento del hielo rtico como consecuencia del calentamiento global, dejando tras de s innumerables tmpanos de moderadas proporciones.

Ms tarde, esa nota se convirti en mi novela distpica Splinterlands (Tierras fragmentadas), que describe ms detalladamente cmo imagino yo la forma en que el ensanchamiento de esas lneas de fractura se transformaban en micro-polticas, y solo las ms pequeas unidades comunitarias eran capaces de sobrellevar la tormenta global (incluyendo, por supuesto, la del cambio climtico). Se supone que las novelas distpicas son advertencias, sin embargo permtame que le asegure lo siguiente: es raro que los novelistas distpicos deseen que sus predicciones se hagan realidad. Horrorizado, yo he observada cmo las palabras escritas en Splinterlands parecan saltar de sus pginas para caer dentro del mundo de 2017.

Yo no soy Casandra. No creo que este cuarto gran desmembramiento sea inevitable. En buena parte, los imperios, el colonialismo y la Guerra Fra son cosas del pasado. No obstante la fracturacin de la hasta hoy indivisible unidad de la comunidad mundial el estado-nacin todava podramos pararla.

En estos das, la defensa del Estado no esta muy bien vista en Estados Unidos. Incluso antes de que Trump asumiera la presidencia, el Estado de este pas estaba ampliando sustancialmente sus actividades de vigilancia, su capacidad para librar guerras y entre otros nefastos desarrollos sus polticas punitivas dirigidas a los pobres. Por lo tanto, no sorprende que las promesas de Trump de deconstruir el gobierno federal tocara tan fuerte la fibra sensible de los votantes, incluso entre los de izquierda.

Pero la alternativa el Estado actual no tendra por qu ser la ausencia del Estado. La verdadera alternativa es un Estado diferente, uno que sea ms democrtico y menos agresivo. Aun con su violencia institucional y sus defectos burocrticos, el Estado sigue siendo la mejor apuesta que tenemos para proteger el medioambiente, tejer una red de seguridad para todos y brindar una igualdad de oportunidades educativas a todo el mundo, por no hablar de la aptitud de unirse con otros estados-nacin para resolver algunos problemas globales como el cambio climtico y las pandemias.

El rey Luis XIV de Francia dijo la famosa frase Ltat, cest moi (El Estado soy yo). Hoy en da, gracias a los primeros tres desmembramientos, en todo el mundo el Estado ya no es Luis XIV ni una administracin colonial ni una indiscutible superpotencia. El Estado somos o al menos deberamos ser nosotros. Si en un cuarto gran desmembramiento perdemos el Estado, perderemos tambin una parte importante de nosotros mismos: nuestra propia humanidad.

* El original en ingls de esta nota fue publicado el 24 de octubre de 2017. (N. del T.)

** Para una descripcin (en ingls) de esta organizacin republicana de extrema derecha, vase https://en.wikipedia.org/wiki/Alt-right. (N. del T.)

John Feffer es autor de la novela distpica Splinterlands (publicada recientemente por Dispatch Books y Haymarket Books); Publishers Weekly dice de ella: ... se trata de una advertencia escalofriante, seria e intuitiva. Es director de Poltica Exterior en el Instituto de Estudios Polticos y colaborador habitual de TomDispatch.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176342/tomgram%3A_john_feffer%2C_the_real_disuniting_of_america/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.


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