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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2017

No hay mal que por bien no venga: lecciones de la crisis catalana

Ignacio Snchez-Cuenca
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Como muchos recordarn, Franco recurri al refranero tras el asesinato de Carrero Blanco. De forma totalmente enigmtica, dijo aquello de no hay mal que por bien no venga. Algo similar cabra afirmar ahora con respecto a los sucesos en Catalua de los ltimos dos meses.

La crisis poltica catalana ha sacado a la superficie el lado ms tenebroso de la democracia espaola: un legalismo exacerbado a la hora de abordar problemas polticos complejos, una visin muy estrecha de la democracia como Estado de derecho, una fuerte resistencia a negociar, un nivel bajo de tolerancia hacia quienes piensan de forma radicalmente distinta y un intento de resolver un conflicto poltico mediante causas judiciales. As lo han sealado numerosos analistas, tanto extranjeros como nacionales.

Por si todo lo anterior no fuera ya suficientemente preocupante, el nacionalismo cataln ha provocado el resurgimiento de un nacionalismo espaol bastante primario que se encontraba en estado de latencia. Incluso ha vuelto esa cosa castiza del no nos entienden fuera de Espaa.

La baja calidad de la democracia espaola y la reaparicin de un nacionalismo espaol no precisamente integrador ha sumido a muchos en la desolacin, pues todo parece indicar que nuestro sistema poltico entra en una fase regresiva, con pulsiones autoritarias cuyo alcance est todava por determinar. Lo que podra haberse resuelto mediante negociacin y pacto a lo largo de los aos anteriores, ha terminado explotando y, de paso, legitimando la respuesta dura del Gobierno de Mariano Rajoy. No es la menor de las paradojas que el principal responsable de que la situacin catalana se haya ido pudriendo con el paso del tiempo, obtenga en estos momentos un apoyo cerrado de los grandes grupos mediticos y de buena parte de la ciudadana.

Y, sin embargo, no hay mal que por bien no venga

Durante estas semanas polticamente frenticas que hemos vivido con la crisis catalana, son muchos los polticos y analistas que han criticado tanto la votacin del 1-O como la declaracin de independencia del 27-O por no cumplir unos requisitos democrticos mnimos.

Con respecto al 1-O, fueron muchsimos quienes insistieron en que la participacin haba sido muy baja, por debajo del 50% del censo. Segn las autoridades catalanas, fueron a votar 2,26 millones de personas, lo que supone solamente un 42% de participacin. Si tenemos en cuenta que unos 700.000 votos fueron incautados por las fuerzas de seguridad, la participacin final estara cercana al 50%. Adems, se ha sealado una y otra vez que la votacin no poda considerarse un autntico referndum por falta de garantas (en el censo, en el recuento, etc.). Al ser un referndum convocado unilateralmente, sin la aprobacin del Gobierno central, los partidos no independentistas llamaron a la no participacin, con lo que aproximadamente la mitad de los catalanes no se dieron por convocados.

Con mayor razn, cuando el presidente Carles Puigdemont se vali de los resultados de la votacin del 1-O para dar legitimidad a la declaracin de independencia en el Parlamento cataln el 27-O, hubo una avalancha de crticas diciendo que Puigdemont no contaba con los apoyos necesarios para dar un paso tan trascendente como la declaracin de independencia de un territorio. La mitad independentista de Catalua no poda imponer a la otra mitad el proyecto de constitucin de un Repblica catalana independiente de Espaa.

Lo interesante del caso es que al utilizar ese tipo de argumentos sobre la legitimidad democrtica de los pasos dados por Puigdemont, se estaba cambiando el marco de anlisis de forma quiz no pretendida. Hasta el 1-O, la principal razn para oponerse al referndum era que este no tena cabida en la Constitucin. En cambio, a partir del 1-O, el problema ha sido la falta de garantas democrticas. Igualmente, hasta el 27-O, el argumento para oponerse a una declaracin de independencia apelaba a la indisoluble unidad de la Nacin espaola que proclama la Constitucin. Pero a partir del 27-O la crtica se transform en que Puigdemont no contaba con los apoyos necesarios para tratar de formar una Repblica catalana.

De esta manera, el debate ha abandonado los parmetros constitucionales, entrando de lleno en parmetros democrticos. Si alguien defiende que la votacin del 1-O no puede considerarse como un autntico referndum, est asumiendo que si el referndum se hubiese realizado con garantas, previo pacto entre los Gobiernos central y cataln, no habra habido motivo de crtica. Y si el resultado hubiese sido incontestable (ms de la mitad del censo a favor de la independencia) no habra quedado ms remedio que tomarse en serio la demanda de independencia.

Asimismo, cuando se rechaza la declaracin del 27-O porque no haba una mayora suficiente a favor de la independencia, nos metemos de lleno en la lgica democrtica, pues lo que la crtica presupone es que si la mayora hubiera sido suficientemente amplia, Puigdemont habra tenido buenas razones para proclamar el Estado cataln.

Lo quieran o no, quienes han utilizado estos argumentos se encuentran atrapados en el marco democrtico. Quiz eso ayude a explicar por qu en la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, un 57% de los entrevistados en el conjunto de Espaa declaraban estar a favor de la celebracin de un referndum pactado en Catalua (frente a solo un 38% que se opona). Entre los votantes del PSOE, un 59% as lo pensaba. Y entre los votantes del PP y Ciudadanos, un 40 y un 45% respectivamente estaban de acuerdo con que se celebre un referndum pactado en Catalua!

La encuesta de El Mundo ha pasado convenientemente desapercibida entre los comentaristas habituales. Habr que esperar a ver si el resultado se confirma en futuros estudios. Por el momento, parece corroborar que una buena parte de los espaoles ha entrado ya en la lgica democrtica. No es una ganancia menor. Si la crisis catalana, con el referndum fallido y una estrafalaria declaracin de independencia, ha podido servir para algo, es para que mucha gente se vaya convenciendo de que la mejor manera de resolver el conflicto consiste en una negociacin entre Catalua y el resto de Espaa que conduzca a un referndum pactado y con garantas.

Ignacio Snchez-Cuenca es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Carlos III de Madrid. Entre sus ltimos libros, La desfachatez intelectual (Catarata 2016), La impotencia democrtica (Catarata, 2014) y Atado y mal atado. El suicidio institucional del franquismo y el surgimiento de la democracia (Alianza, 2014).

Fuente: http://ctxt.es/es/20171101/Firmas/15996/Catalunya-CTXT-Ignacio-Sanchez-Cuenca-lecciones-referendum-dialogo.htm



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