Portada :: Opinin :: 2017, cien aos de la revolucin rusa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2017

Ante el Centenario de la gesta ms importante de la Humanidad
La revolucin rusa interpela al futuro

Gustavo Robles
Rebelin


Es preciso soar, pero con la condicin de creer en nuestros sueos. De examinar con atencin la vida real, de confrontar nuestra observacin con esos sueos, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasa V.I.Lenin

 

Estamos, en trminos histricos, en el Centenario del acontecimiento ms importante de la Humanidad: la Revolucin Rusa. El 7 de noviembre de 2017 se cumplen 100 aos de aquella gesta, en la que los explotados de la Rusia zarista tomaron el Palacio de Invierno y el Poder, vanguardizados por los bolcheviques, dejando atrs siglos de opresin y desdichas. Con Lenin a la cabeza, estos se propusieron crear una sociedad totalmente diferente a las que los seres humanos modelaron a lo largo de la historia: una donde no existiera la explotacin del hombre por el hombre, ni sus consecuencias nefastas, la desigualdad, la injusticia y la miseria.

La Revolucin Bolchevique abri la puerta de innumerables procesos revolucionarios en el mundo que maduraron a su luz. Hizo ver que se poda. Lo pobres podan rebelarse y triunfar. Y es que, ms all de las diferencias culturales de los pueblos de la Tierra, ninguno escapaba (ni escapa) a las lacras de la explotacin y la pobreza. La virtud de los revolucionarios rusos fue comprender la realidad de su pueblo (su cultura y nivel de consciencia general, sus angustias y aspiraciones), y saber organizarse bajo una frrea disciplina partidaria para capitalizar toda esa potencia en pos del objetivo revolucionario, enmarcados en la teora que ha guiado a millones de personas con el mismo anhelo desde mediados del siglo 19: el marxismo. Eso no fue casualidad, pues fueron Marx y Engels quienes mejor explicaron la estructura de la sociedad capitalista de la poca, y la relacin de poder de los explotadores sobre los explotados de todas las pocas. Y lo hicieron no con el slo nimo de explicar la realidad, sino de modificarla, tal cual expresara el filsofo alemn en el punto 11 de su Tesis sobre Feuerbach.

Octubre (segn el calendario juliano), la Revolucin, el Estado Sovitico, su esplendor y sobre todo su cada nos llaman desde la esencia de la Historia Humana para interpelarnos a quienes tuvimos aquello como un faro, como norte, y a quienes suean con un mundo donde el hombre sea hermano del hombre y nunca lobo.

Es necesario erradicar el culto y analizar aqul periodo con la rigurosidad que exige la ideologa que le dio sustento: ms all de las pasiones, lejos de toda idealizacin, que es lo que hubiesen hecho y exigido, en definitiva, los mismsimos Marx, Engels y Lenin. No puede ignorarse semejante implosin despus de 70 aos de experiencia sovitica, derrumbe que el pueblo atestigu desde sus casas. No puede atribuirse simplonamente a la accin contrarrevolucionaria del imperialismo burgus: si bien obviamente la hubo, la URSS hoy existira si se hubiesen hecho las cosas como era debido hacerlas. Que la cada haya sido una experiencia de las contradicciones y claudicaciones de la cpula, tiene todo que ver con la forma en que se desarroll aqul Estado despus de la muerte de Lenin, donde el PCUS llev las riendas y releg a la clase a recibir los beneficios de las polticas del partido, en lugar de socializar el poder en las masas, contradiciendo al propio lder de Octubre cuando, en sus Tesis de Abril, haba labrado la consigna todo el poder a los soviets. Eso, en los hechos, no ocurri nunca. Como tampoco se vio la etapa del socialismo, si se entiende como tal la socializacin de los medios de produccin y el gobierno de la clase (y no del partido): en lo que vulgarmente se conoci como socialismo real, nunca se super la etapa del capitalismo de estado, donde la burocracia del PC se transform concretamente en la nueva burguesa.

Si la caracterstica principal del sistema capitalista es la propiedad privada y el trabajo asalariado, en el bloque sovitico la propiedad privada pas a ser estatal pero nunca social, y el trabajo asalariado nunca dej de existir.

Tal vez por ese lado, porque las desigualdades nunca se extinguieron, haya que buscarle la vuelta a la explicacin de semejante fracaso.

Quienes vivimos aunque sea algunos aos de aqul mundo extinto, donde la clase obrera (con las desviaciones del caso) haba logrado niveles de organizacin tales que poda discutir la estructuracin de la Humanidad con la burguesa imperialista, hoy somos apenas sobrevivientes del naufragio. La realidad nos ha golpeado de manera brutal, y nos exige asumirla con entereza pero tambin inteligencia, dignidad y humildad para afrontar la lucha presente y futura. Venimos de una derrota. Y esa derrota ha calado en la sociedad mundial transformndose en cultura, lo que se suma a la cultura ya impuesta por la burguesa y su modo de produccin. Para la mayora de los seres humanos el comunismo muri, aunque no tengan idea de lo que es el comunismo o lo hayan asociado a una experiencia dirigida por comunistas que ni siquiera lleg a la etapa del socialismo. Los instrumentos de dominacin cultural de la burguesa imperialista se han encargado desde entonces de afirmar esa falacia y convertirla en verdad para los habitantes de la Tierra.

Marx Y Engels explicaron claramente cmo se organiza la sociedad capitalista, dividida en la estructura, donde se desarrollan el modo de produccin y las fuerzas productivas, y la superestructura, donde se desenvuelve la ideologa dominante en la sociedad y crea su Estado, sus leyes, sus instrumentos de convencimiento, de formacin y de represin. Tambin explicaron que toda relacin en la naturaleza y en las construcciones humanas es dialctica. Y que por lo tanto, tanto en la estructura como en la superestructura se expresan las contradicciones que genera el sistema: en la estructura, la contradiccin econmica y social palpable y concreta que es la de los intereses de los capitalistas contra los intereses de los trabajadores; y en la superestructura, la ideolgica, donde la burguesa ha impuesto e impone la suya, en detrimento de la de los trabajadores, hoy ms confusa que nunca, pues mientras hasta hace unos aos se luchaba por la liberacin poltica y social y por el poder, hoy se contenta con pelear por formas de explotacin ms humanizadas. Ms all de lo que quieran esgrimir los denostadores del marxismo, queda expuesto que Marx y Engels se ocuparon de las cuestiones objetivas de la explotacin capitalista, expresadas en la estructura social, basndose en las formas del capitalismo de su poca; pero tambin de las cuestiones subjetivas, plasmadas en la superestructura y tan importantes o ms que las meramente economicistas. El obrero tiene ms necesidad de respeto que de pan deca Marx, y con ello haca hincapi en lo verdaderamente importante de su pensamiento: si haba respeto entre los seres humanos, habra igualdad y si haba igualdad, habra pan para todos. De cada quin segn su capacidad, a cada cual segn su necesidad, otra de las frases humanistas del gran Karl. Los fundadores del socialismo cientfico saban que la conciencia social se forjaba en el modo de produccin del sistema imperante, por lo cual haba que dominar el conocimiento de ese factor concreto de la realidad para poder cambiarlo, pero el objetivo era una sociedad donde cada ser humano pudiese ser objetivamente libre y subjetivamente feliz. El obrero tiene ms necesidad de respeto que de pan, pero para poder lograr ese respeto, debera destruir las condiciones materiales que determinaban su carcter de explotado. se fue el espritu que gui a las masas rusas a la Revolucin.

Si el modo de produccin genera las ideas para sostenerlo y con ello los privilegios de quienes dominan, su imposicin en la sociedad toda genera una cultura, entendiendo la cultura como los usos, tradiciones y costumbres de un pueblo. Es por eso que para el trabajador del sistema burgus, no hay trabajo si no hay patrn, y no hay otra realidad que la que vive. Su lugar en la sociedad est determinado de antemano y no se puede modificar. Para afirmar ello, estn las herramientas del sistema ms all de los lugares de trabajo, como los medios de comunicacin masivos o los planes de estudio en las polticas educativas. Y ni hablar del aparato de represin estatal. Entonces, es all donde debe estar la tarea fundamental de todo revolucionario: en interponer la cultura de lo nuevo (el socialismo) a la impuesta por la clase dominante, a travs de la accin poltica. sa es la tarea. Denunciar la realidad creada por los capitalistas. Mostrar otra posible, elaborada por los trabajadores. Convencer. Convencer a las mayoras de que otra realidad es posible. La revolucin no es un instante, es un proceso que implica la acumulacin de todo el conocimiento humano en el marco de la lucha de clases.

Hay que entender que slo con el convencimiento de las masas, con el cambio de paradigmas superestructurales en la estructura social, cualquier cambio ser duradero. Los pueblos deben persuadirse de que el sistema en el cual han vivido durante siglos ya no les puede solucionar los problemas de la vida cotidiana, para abrazarse en un nuevo paradigma. Si eso pasa, el cambio es irreversible. Es lo que ha ocurrido a lo largo de la historia con el esclavismo y el feudalismo. Y si bien esos conceptos subsisten en lo formal en algunas expresiones de la sociedad mundial actual, son marginales y minoritarios, absorbidos por el modo de produccin burgus y su avasallante dominio de las relaciones sociales del presente planetario. Para terminar con ello, debe haber una accin de masas que d fin a esa hegemona e imponga la suya propia. A eso Marx y Engels llamaron dictadura del proletariado, pues vieron que slo la clase trabajadora tena las herramientas necesarias y concretas para llevar a cabo tal labor, guiando a las dems clases explotadas y marginadas por los capitalistas. Pero las masas no actan con razn, lo hacen explosiva y hasta caticamente. Para encarrilar esa energa hace falta una direccin pensante, una vanguardia, algo que supieron construir los bolcheviques. La tarea de todo revolucionario es generar las condiciones para hacer realidad ese concepto. Entonces, se pueden discutir las diferentes visiones de la poltica revolucionaria, se pueden y se deben debatir las tcticas y hasta las estrategias, pero lo que no puede dejar de verse es que para abordar las conciencias de los pueblos debe hacerse desde la coherencia ideolgica para que el mensaje sea potente y creble.

Si la misin de todo revolucionario es hacer la Revolucin, y para ello hay que convencer a las masas de que el sistema en el que nacieron, se desarrollaron y vivieron hasta el presente no sirve a sus intereses y hay que crear uno nuevo, el acto revolucionario no se agota en la toma del poder. La revolucin es un proceso que hay que parir antes de ese acto, y hay que seguir desarrollando despus de acontecido. Para la toma del poder hay que prepararse y organizarse de manera tal que se pueda derrotar al poder burgus en todos los planos, pero sobre todo en el militar: derrotado el brazo armado de la burguesa, no habr obstculos para avanzar en los cambios de raz, destruyendo la institucionalidad del sistema. Al mismo tiempo, en ese proceso anterior al asalto al poder, hay que ir creando los atributos propios del sistema futuro, para que sectores cada vez ms amplios de la clase vayan interactuando y asumindolos como propios: a la (in)Justicia burguesa, hay que oponerle una justicia proletaria; las asambleas obreras y populares deben ir desarrollando su propia legalidad; las tomas de fbrica deben adelantar el cambio de carcter de la produccin; y las organizaciones ms avanzadas deben crear fuerzas en condiciones de chocar y vencer a las de la burguesa. No hay otra forma de poder hacerlo. Aquellos que se autoproclaman revolucionarios e insisten en slo concentrarse en la lucha economicista y electoral, se engaan a s mismos, engaan al proletariado y lo desvan de su camino, de su tarea histrica. Esperar a que toda la clase o la mayora est convencida para asaltar el Palacio de Invierno, es muy parecido a resignarse a la derrota permanente. Si la consciencia de las masas surge del modo de produccin, slo despus de conquistar el poder se moldear efectivamente esa consciencia hacia el socialismo. Eso es lo que nos ensean desde la historia Lenin y los bolcheviques.

Sin embargo, la confusin en el espectro revolucionario es total desde la implosin del campo sovitico. Los sacudones de la hecatombe todava se sienten en la actualidad. Los pretendidos revolucionarios nos desenvolvemos en el caos inevitable que deviene de todo derrumbe. Y desde el caos no se convence a nadie, mucho menos desde el desorden, el desatino, la necedad o el sectarismo resultantes. Pero si la divisin es funcional al inters de los monopolios, mucho ms lo es el techo que se han autoimpuesto la mayora de las organizaciones de izquierda, incluso aquellas que dicen tener a la revolucin como estrategia: la ausencia total de la lucha por el poder como poltica y la concentracin tozuda y claudicante en el economicismo y el electoralismo.

La realidad de la izquierda revolucionaria hoy, en nuestro pas y en el mundo, muestra un sector marginal de la sociedad con aspiraciones adultas pero comportamiento infantil. Un sector de la sociedad que dice querer dejar atrs la cultura de la burguesa, pero que la termina reproduciendo en todo lo que pergea. Un sector de la sociedad que dice estar en contra de la propiedad privada, pero que cada espacio que genera lo considera propio y no socializable. Un sector de la sociedad que ha conformado incontables direcciones que, en su gran mayora, terminan acomodndose dentro de las instituciones del sistema que dicen combatir. Direcciones que se aslan de los movimientos concretos de las masas en el devenir de la lucha de clases, y no aciertan a confluir ni siquiera ante el espanto del avance burgus hacia formas menos disimuladas de esclavitud para los trabajadores. Habr que madurar ms temprano que tarde porque la divisin y el aggiornamiento ya no son tolerables y son absolutamente funcionales a los privilegios de los explotadores del mundo.

Eso es lo que nos demandan Octubre y la memoria de los bolcheviques, a casi 100 aos de su heroica gesta: ser merecedores de su legado, asumiendo lo que realmente hay que hacer, dejando de lado todo lo que es funcional al poder de la burguesa y sus instituciones. No sirve de nada homenajear el Centenario del hito de un pueblo que destruy a su burguesa y enfrent al imperialismo, si no se intenta hacer lo mismo de manera concreta.

Lenin nos llama desde el fondo de la historia. Marx y Engels nos convocan. Los bolcheviques nos interpelan. Sin dudas, un Congreso de la Izquierda revolucionaria sera de fundamental importancia para debatir la manera de abordar el futuro, para dejar atrs los vicios de la vieja izquierda, su divisin eterna y su involucin hacia el reformismo. Para, en definitiva, retomar la senda revolucionaria, nica va para destruir al sistema capitalista y sus miserias e inequidades.

Slo as seremos dignos de aquellos que escribieron la pgina ms gloriosa de los marginados de la Tierra.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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