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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2017

Prlogo del libro, Por qu fracasa el socialismo en el largo siglo XX?
Un homenaje a los 150 aos de El Capital de Marx

Rafael Bautista S.
Rebelin


El propsito inicial de este libro fue respondernos a la pregunta: por qu el socialismo fracasa en el siglo XX? Esta nueva versin, de un trabajo anterior1, quiere subrayar ese propsito; porque la promocin entusiasta del llamado socialismo del siglo XXI, no posee un diagnstico en regla del fracaso del socialismo pasado. Slo escuchamos y leemos argumentos que abogan por una adaptacin terico-prctica a la situacin promovida por el capitalismo tardo (lo cual recuerda la carta de presentacin del posmodernismo, situndonos en una condicin post-moderna que supuestamente habra dado fin a las grandes narrativas, marxismo incluido); de modo que, al no haber una exposicin crtica de los lmites, sobre todo tericos, del socialismo del siglo XX, tampoco se produce una nueva fundamentacin del nuevo socialismo.

Esta falta de reflexividad crtica se acenta cuando, como secuela posmodernista, se asume un escenario post-marxista. El abandono de la obra de Marx fue promovido por el posmodernismo, dejando a toda la izquierda indefensa ante la argumentacin que, desde Weber hasta Popper, haba desarrollado la ciencia burguesa a ttulo de ciencia universal2. Hasta ahora los marxistas no saben distinguir el concepto de ciencia que presupone la obra de Marx y que responde a la tradicin de la Wissenschaft o ciencia crtica, en contraposicin a la science anglosajona o ciencia estndar (pertinente al capitalismo); la segunda se impone definitivamente, por las armas, desde la segunda guerra mundial y nuestras academias, cuando adoptan inocentemente el concepto de ciencia del triunfador, no son capaces de hacer esa distincin capital a la hora de proponerse la produccin de conocimiento propio.

En la perspectiva de la science anglosajona defendida por el empirismo lgico, el racionalismo crtico, la filosofa analtica y el posmodernismo se forman generaciones de marxistas que ya no pueden hacer una recepcin crtica de la obra de Marx3 sino que, o la convierten en un dogma de fe o la declaran mera ideologa sin importancia cientfica. Por eso no fue de extraar la abjuracin pblica que se desat ante el derrumbe del muro de Berln; pasarse de bando fue lo ms natural, al extremo de advertir que varios de los impulsores del neoliberalismo fueran precisamente apstatas. El fracaso era doble no slo porque se haba perdido la lucha, con la cada del socialismo, sino por el abandono, desercin, y delacin que protagonizaba esa migracin poltica. Una cosa es perder, pero otra capitular, pasarse a las filas del enemigo y concluir su cometido.

Pero aquello es la culminacin del desencanto. Que la izquierda haya siempre estado implicada en la reversin de los procesos revolucionarios para reponer a la derecha siempre acechante, forma parte de la constante histrica que retrata el fracaso en su ms hondo desconcierto. En esa historia, su propia vocacin de poder qued siempre relativizada y condenada a ser siempre resistencia y nunca transformacin efectiva.

Las consecuencias polticas del fracaso destacan esa fatalidad. Y se reafirma ms por el hecho que, cuando se accede al poder, sucede una suerte de domesticacin que, no slo modera los mpetus revolucionarios, sino que promueve la abdicacin. Por eso las oportunidades perdidas son sucedidas por dcadas de repliegue popular, ante nuevas y ms impetuosas arremetidas conservadoras. Por eso son fracasos histricos. Entonces, cmo se explica esta tragedia que envuelve la historia del socialismo, sobre todo, en el siglo XX?

La adopcin de un concepto de ciencia no es, como se cree, indiferente al proyecto poltico que me propongo. Las apuestas polticas son siempre, y de modo previo, apuestas que ya se dan epistemolgicamente. Porque aquello, adems, viene determinado por el marco categorial4 que presupongo (del cual no siempre soy consciente); ste define el tipo de relacin que establezco con la realidad, es decir, en tanto expresa una perspectiva, define tambin la praxis que impulso, porque el tipo de relacin que establezco con la realidad, configura los mrgenes de factibilidad (lo que es posible y lo que no). Por eso la realidad no es nunca una realidad a secas sino que est determinada por el marco categorial que presupongo y, desde el cual, interpreto la realidad. La realidad se me aparece con sentido desde cierta perspectiva; veo slo lo que tiene sentido y guarda correspondencia con esa perspectiva, por eso me permite inteligir y pensar slo aquello que destaca esa perspectiva.

La falta de reflexividad en torno a los marcos categoriales, por parte del marxismo, denota la ausencia de reflexin dialctica a la hora de emprender el camino de la ciencia. Marx mismo subtitula a El Capital: crtica al sistema de categoras de la ciencia econmica burguesa. Con ello est ya indicando un punto de partida: el concepto de ciencia que reivindica es crtico, o sea, no es descriptivo. Por eso sostiene en la famosa tesis 11 sobre Feuerbach que, hasta ahora, slo se ha interpretado la realidad, cuando de lo que se trata es de transformarla, o sea, de originar una nueva apertura de posibilidad con la realidad, o sea, un nuevo concepto de praxis.

Marx es consciente de la reflexin categorial porque la lgica dialctica que despliega su crtica le conduce a desmontar el carcter fetichista, ya no slo de la mercanca, sino del sistema de categoras de la ciencia burguesa (expresado en la economa pero extensible a todos los otros mbitos). Es decir, lo que Marx descubre es que el encubrimiento sistemtico de las relaciones de explotacin y dominacin que produce el capital, se desarrolla en el sistema de categoras que fundamenta a la ciencia burguesa.

Ahora bien, ese sistema de categoras, como decamos, constituye una perspectiva, una visin de mundo, que enmarca hasta nuestras expectativas y que, por eso mismo, presupone un determinado modelo ideal5 que sostiene y legitima al horizonte que abre aquella perspectiva. Entonces, lo que, metodolgicamente, la dialctica le permite a Marx, es remontarse lgicamente al modelo ideal que presupone el capitalismo.

Pero esto slo es posible si parte desde otro modelo ideal, porque en el anterior se funda el sistema de categoras que est sometiendo a crtica; por eso dice: imaginemos una comunidad de hombres libres6, o sea, propongmonos otro mundo, ya no ste sino definitivamente otro. O sea, lo que est diciendo es que transitemos existencialmente hacia otro modelo ideal. Cuando hace esto es que se le aparece el capitalismo y el mundo que ha constituido en todas sus miserias y contradicciones; por eso, al final de su vida, no deja de expresar su odio y desprecio cada vez mayores hacia la sociedad capitalista [Marx] quien antes haba dado la bienvenida al impacto del capitalismo occidental sobre las estancadas economas precapitalistas como una fuerza inhumana pero histricamente progresista [se muestra] cada vez ms horrorizado por esta inhumanidad7.

Esa inhumanidad es producida y la produce la produccin capitalista, es decir, produce una humanidad deshumanizada, cmo produce eso?, por medio del consumo. Porque nunca consumo slo mercancas sino lo que contienen y expresan; en definitiva, una forma de vida . Esa forma de vida, mediante el consumo, llega a formar parte de m, o sea, constituye mi subjetividad . Y la constituye de acuerdo al modelo ideal que presupone. Por eso Marx, para exponer la lgica suicida del capital, expone su modelo ideal y en ste aparecen sus mitos (a los que Marx llama robinsonadas). Entonces, lo que consumo son sus mitos ; por eso dice que la mercanca capitalista se halla envuelta en el misticismo del mundo de las mercancas, en la magia y la fantasmagora que nimban los productos del trabajo fundados en la produccin de mercancas8.

Ese misticismo , magia y fantasmagora denota una cobertura mtica que le otorga, a la mercanca, un aura hasta religiosa; por eso su carcter fetichista consiste, entre otras cosas, en su consagracin en cuanto objeto de culto. Pero la mercanca no adquiere semejante carcter por s sola, esto es slo posible si el portador de aqulla se vaca de vida para, por una cesin de voluntad, transfiere valor a la cosa, de modo que la cosa aparece como persona y la persona como cosa.

Esto sucede con el desarrollo. El carcter fetichista de la mercanca no aparece con la mercanca sino que ella sintetiza este carcter porque el fetichismo forma parte constitutiva del modelo ideal que presupone el capitalismo: la modernidad. Por eso el capitalismo produce, mediante el consumo, el tipo de humanidad que la hace posible: la sociedad moderna (slo modernizndose es que el capitalismo tiene sentido). Mediante el consumo es que me constituyo en subjetividad moderna porque, si lo que consumo, es el modelo ideal contenido, lo consumo en la forma de mitos; los mitos son el aura mgica que alimenta mis sueos y expectativas. Uno de esos mitos es el desarrollo. Mi consumo entonces ya no est determinado por mis necesidades sino por el mito; el mito es como un velo que no me permite ver lo que ese tipo de consumo produce en m.

El desarrollo es imposible sin otro mito: el progreso infinito. Una sociedad funcionalizada en torno al progreso infinito, vive para el progreso. El progreso se vuelve un fetiche que promete todo, a condicin de que, tambin, se comprometa todo. En ese comprometerlo todo es que descubre su carcter fetichista, pues eso tiene un lmite, pero el progreso no vislumbra lmites. El bienestar y la opulencia que produce, produce tambin derroche, lo que caracteriza a la sociedad moderna, diseada en torno al aprovechamiento ilimitado de los recursos.

El desarrollo nace de ese diseo. Pero los recursos no son infinitos y, en consecuencia, el derroche tiene un lmite. Pero la lgica del desarrollo requiere un crecimiento econmico siempre exponencial. Esta contradiccin es lo que destaca la crisis climtica producida por la civilizacin petrolera, sostenida por el mito del desarrollo y el progreso. El prometerlo todo hace que lo arriesgue todo, como el iluso: cree que nunca ha de perder nada. As acta la sociedad moderna, basa su forma de vida en una ilusin: los recursos son infinitos, por eso derrocha todo. Por tenerlo todo, inevitablemente, destruye tambin todo. Es la constancia del capitalismo: produce destruyendo. Destruye la fuente de donde procede todo lo que hace posible nuestra vida. Pero ya no vemos aquello, porque lo que vemos es lo que el mito quiere que veamos.

Vemos desarrollo, pero ya no vemos la destruccin que se produce. Vemos progreso, pero ya no vemos las ruinas que deja a su paso. Vemos modernizacin, pero ya no vemos el costo humano y natural que representa aquello; las mercancas se abaratan, porque el precio real lo pagan otros, con sus vidas. Pero nada de eso vemos, porque el mito encubre nuestra visin. Vemos slo lo que el mito quiere que veamos. Eso se llama fetichismo.

El marxismo ortodoxo parte, muy a su pesar, de una metafsica de la historia. Ve al capitalismo como la etapa desarrollista que presupone el socialismo, en una secuencia fatdica de las supuestas leyes de la historia. Esta metafsica, culminada en la filosofa de la historia de Hegel, atraviesa al socialismo. Pese a que las revoluciones socialistas no se dan, precisamente, en los pases capitalistas ms avanzados (para desmentir aquella metafsica), lo que hace el socialismo es desarrollar a sus pases en los trminos desarrollistas que propagandizan los pases ricos. Pero con esto no se genera las condiciones para socializar la economa sino todo lo contrario, siembra el contexto para la contra-revolucin.

La visin desarrollista, naturalizada en la propia izquierda, le hace perder de vista que el capitalismo, para imponerse, necesita destruir toda otra forma de produccin y, con ello, toda otra forma de vida, para imponerse e imponer su propia forma de vida: la sociedad moderna (slo de ese modo aparece como lo nico posible). Para ello genera una nueva visin de la historia, donde todo lo previo se inferioriza, es decir, se cancela toda posibilidad histrica de restauracin y, de ese modo, toda apuesta slo puede enmarcarse dentro del discurso auto-justificativo de la modernidad; y de esto se da cuenta hasta el propio Marx, gracias al dilogo que entabla con los populistas rusos: subray [Marx] en forma creciente la viabilidad de la comuna primitiva , sus poderes de resistencia a la desintegracin histrica e incluso su capacidad de transformarse en una forma superior de economa sin destruccin previa 9. El propio socialismo, en lo sucesivo, se encargar de anular toda esta capacidad de trasformacin de lo ms genuino de nuestros pueblos, para constituirse en el generador de la reposicin conservadora y la consecuente adopcin del capitalismo ms acabado por no decir salvaje en nuestros pases.

Ingenuamente se cree que el desarrollo es independiente del proyecto poltico que se asuma, pero el desarrollo propaga y sostiene toda una ideologa prescriptiva que modela y enmarca una visin de mundo pertinente exclusivamente para el capitalismo. Atrapados en el modelo ideal que presupone el capitalismo, es decir, la modernidad, los socialistas piensan que oponerse al desarrollo es volver a la prehistoria, haciendo gala de un eurocentrismo que afirmar su colonizacin mental; creyendo, como dogma de fe, en la descualificacin que produce la modernidad de todo lo que no es ella, para aparecer siempre, la modernidad, como lo nico posible y deseable.

Lo que ponemos a consideracin crtica, en este texto, es que es imposible superar el capitalismo si no se desnuda y desmonta el modelo ideal que lo hace posible y que se encuentran expresados en los mitos que le legitiman. El fracaso del socialismo del siglo XX es producto de una falta de reflexividad crtica que, entre otras cosa, sucede por una recepcin a-crtica de la obra de Marx. Una recepcin crtica debiera de haber producido el paso metodolgico de la teora del fetichismo a una teora de la descolonizacin. Slo de ese modo podra haberse emprendido una crtica al mito del progreso y el desarrollo. Cuando Marx habla de otras formas de produccin, se est refiriendo a otros modelos ideales. El marxismo interpret aquello con pasar la produccin, en el mejor de los casos, a manos obreras, o a la direccin estatal; pero nunca se propuso lo que se colige de otra forma de produccin, esto es, la produccin de una nueva subjetividad . Si la subjetividad sigue siendo moderno-capitalista, es imposible esa otra forma , porque la produccin produce, siempre y en primer lugar, sujetos: qu tipo de sujetos vamos a producir depende de qu tipo de produccin vamos a impulsar.

La tematizacin del desarrollo, en cuanto mito, nos descubri una constante que se advierte en casi todos los tericos del socialismo: nadie pone en duda el horizonte de expectativas que promueve el propio capitalismo y que podra sintetizarse en: la modernizacin radical (desarrollo y progreso) como programa de vida. El posmodernismo nunca atin a considerar que la verdadera gran narrativa haba relativizado todo, incluso la vida, para ser el sacrificio perfecto en el altar del desarrollo. La condicin posmoderna no era post sino la modernidad acabada; como tambin el socialismo no fue sino, en palabras de Franz Hinkelammert, modernidad in extremis.

As como la situacin poscolonial no significa la superacin de la colonialidad, as tambin, podemos decir, que el socialismo de los gobiernos progresistas, aun cuando se planteen un post-neoliberalismo, nunca se proponen un post-capitalismo. No saben cmo salir de ese entuerto, porque no basta con criticar (porque no todo el que critica es crtico) sino de haber podido trascender existencialmente el paradigma de vida que presupone el capitalismo.

Entonces, este texto quisiera, a diferencia de otros tantos que critican al desarrollo, mostrar metodolgicamente el cmo es posible transitar hacia un ms all que el desarrollo para organizar una efectiva trascendencia de los lmites hasta cognitivos que nos ha impuesto el mundo moderno del desarrollo. Una crtica al desarrollo no concluye con un no al desarrollo sino con delimitar lo que es: el desarrollo no es un fin en s mismo, por lo tanto, no podra ser, ni siquiera, criterio econmico, menos para una nueva economa (porque lo que interesa, en sta, son sus finalidades, el para qu).

El socialismo del siglo XXI debiera ser consciente del eurocentrismo que ha preado a la tradicin marxista y que ha devenido en la colonialidad subjetivada de sus protagonistas. El fracaso histrico del socialismo tendra incluso que, poner en la mesa de debate, si el socialismo tiene todava sentido. Para acabar de desencajar a los ortodoxos: as como Marx termin dando la razn a los populistas, en contra de los bolcheviques; as tambin, podemos decir que, Marx, dara la razn, hoy en da, a los pachamamistas, en contra de los desarrollistas. Pero ya no se trata de dilucidar qu pensara sino de actualizar su pensamiento ante los retos actuales. Se trata de pensar con Marx, ms all de Marx. Y eso tiene que ver con recuperar y restaurar formas de vida negadas y excluidas, que puedan proporcionarnos nuevas alternativas, ante la orfandad utpica en la que nos ha hundido el mundo moderno.

Por ltimo, debo sealar que estas reflexiones no podran ser posibles sin una comunidad de argumentacin; en ese sentido, quisiera manifestar mi agradecimiento a nuestra comunidad de argumentacin que, como comunidad de vida, hace posible que despleguemos estas ideas y las vayamos afinando y puliendo siempre, para su mejor comprensin. Entonces, a los y las integrantes de el taller de la descolonizacin, a la comunidad del guila y el cndor, mi ms sincero agradecimiento. Y, con el permiso de nuestras Huacas, Achachilas, Uywiris, nuestra PachaMama y nuestro AlajPacha, a nuestros abuelos y abuelas, a nuestros ancestros y nuestros muertos, a todos ellos va dedicado este libro.

Notas

1 Bautista S., Rafael: Del mito del desarrollo al horizonte del Suma Qamaa, CBDDHH, 2012.

2 A qu nos referimos cuando hablamos de ciencia, lo exponemos en la Introduccin de este trabajo.

3 La obra de Hugo Zemelman nos sirve precisamente para advertir que no basta tener ante s, una teora crtica, porque se puede hacer una recepcin a-crtica hasta de una teora crtica. Cfr. Zemelman, Hugo: Uso crtico de la teora, IPN, Mxico, 1987.

4 A diferencia de los marcos tericos, que delimitan recortes cognitivos de la realidad, los marcos categoriales configuran relaciones de sentido con la realidad; de modo que fundan el sentido de la praxis (o el tipo de intervencin en la realidad) que impulso. El sentido es lo que establece las condiciones de posibilidad de la praxis, o sea, la factibilidad de un proyecto no es algo privativo o el apriori que impone lo dado (de los realistas) sino que, tambin se enmarca en la apertura de objetividad de la perspectiva asumida. Cfr. Hinkelammert, Franz: Las armas ideolgicas de la muerte, DEI, San Jos, Costa Rica, 1977; tambin: Zemelman, Hugo: op. cit.

5 Ver nota 103.

6 Cita proveniente del captulo I de El Capital : El carcter fetichista de la mercanca y su secreto . Amplifiquemos la cita, dice: como la economa poltica es afecta a las robinsonadas , hagamos primeramente que Robinson comparezca en su isla ; o sea, Marx dice que la economa burguesa es afecta a las robinsonadas y no es consciente de ello, es decir, parte de una situacin hipottica inventada y pretende, mediante aquello, explicar la realidad, pero si Robinson comparece en su isla , resulta que la situacin (o modelo ideal) de la cual parte la economa burguesa, el capitalismo, nunca existi y, por lo tanto, no puede ser punto de partida ; por eso dice despus: trasladmonos ahora de la radiante nsula de Robinson a la tenebrosa Edad Media europea, o sea, realicemos un trnsito , trascendamos el modelo ideal que presupone el capitalismo y lo que encontramos, ya no es la tenebrosa edad media, porque desde el capitalismo y el mundo moderno, todo lo anterior aparece como inferior, salvaje, devaluado, pero, si ya no vemos con los ojos del capitalismo, lo que encontramos es que, en lugar del hombre independiente nos encontramos con que aqu todos estn ligados por lazos de dependencia , es decir, la libertad liberal, lo que hace, es romper con los lazos de solidaridad que posean los mundos anteriores, que no eran tan malos como dice la modernidad; por eso remata con la necesidad de partir, de modo consciente, de otro modelo ideal, porque la praxis humana se impulsa desde un horizonte de creencias que no se funda en la razn, por eso dice: imaginmonos finalmente, para variar, una comunidad de hombres libres que trabajen con medios de produccin colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo comn. Cursivas nuestras.

7 Prlogo de Eric Hobsbawn, en: Marx, Karl y Hobsbawn, Eric: Formaciones econmicas precapitalistas, Mxico, Siglo XXI, 1978, p. 36.

8 Captulo I de El Capital : El carcter fetichista de la mercanca y su secreto.

9 Prlogo de Eric Hobsbawn: op. cit., p. 36. Cursivas nuestras.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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