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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2017

Qu hay detrs de la epidemia de balazos en el pas de la violencia

Fernando M. Garca Bielsa
Rebelin


Hay claras evidencias de la incapacidad de los Estados Unidos de abordar seriamente el problema de la violencia con armas de fuego, pese a que durante aos ha existido un debate para el control de las mismas.

Acaban de asesinar a la mitad de los feligreses en una pequea iglesia en Texas, incluyendo ocho menores. Un mes antes un tirador sin motivo cierto dispar rfagas sobre una multitud de 22,000 asistentes durante un concierto en Las Vegas, matando a 58 personas y otras 500 quedaron heridas, todo ello con un arsenal porttil de 42 rifles, ametralladoras y otras armas (y miles de cartuchos de municiones) adquiridas legalmente en las ocho semanas previas al acontecimiento.

Ocurren docenas de hechos de ese tipo cada ao. Entre los ms impactantes: en la secundaria Columbine (muertos 12 estudiantes y un maestro; Colorado, 1999), la escuela primaria Sandy Hook (20 nios; Connecticut, 2012); cine de Aurora (12 muertos y ms de 70 heridos, Colorado, 2012); iglesia en Charleston (9 personas, Carolina del Sur 2015), la discoteca Pulse de Orlando (49 personas, 2016) y otras. La lista de masacres seguir creciendo sin parar hasta que la sociedad asuma el debate y se promulgue un control de armas sensato.

Cuando se han incrementado los asesinatos de personas negras a manos de la polica, sin embargo, ante la proliferacin del uso de armas letales y asesinatos masivos como los mencionados, el gobierno se muestra incapaz para enfrentar el problema e impotente para cumplir de una de sus funciones bsicas de proteger a la ciudadana.

El resultado es que sin dudas Estados Unidos padece una epidemia de balaceras y asesinatos masivos, cada vez ms brutales e impactantes. Mientras los homicidios con armas de fuego han decrecido, los asesinatos en masa por disparos han incrementado su frecuencia y gravedad en los ltimos diez o quince aos.

Aunque en parte ello viene a ser una prolongacin de una larga historia y una cultura marcada siempre por la violencia y el racismo desde los das de la expansin hacia el oeste y del casi exterminio de la poblacin indgena originaria, as como de los linchamientos ejecutados por el Ku Klux Kan y otros, tales hechos no estn ajenos a la extrema polarizacin, la actual decadencia social y al deterioro moral en extensos segmentos del pas.

Las encuestas sealan que una considerable mayora de estadounidenses estn a favor de mayores controles en la venta y posesin de armas de fuego, y por la prohibicin de aquellas ms mortferas.

Pero, aunque minoritarios, son muchos tambin los que abogan por el derecho a portar armas de fuego, bien con propsitos deportivos de cacera, o como proteccin ante la delincuencia y algunos con la ilusin de poder defenderse de la epidemia de violencia. Detrs est el aliento y la manipulacin por una minora poderosa e influyente en el quehacer y las decisiones que se adoptan en Washington.

Estos tienen su fuerte en la influyente National Rifle Association (NRA), en el arraigo de los derechos a la caza y el deporte, y en la intromisin en la poltica de la poderosa rama fabricante de armas del pas. Actualmente hay unos 300 millones de armas de fuego en manos privadas en Estados Unidos. Los datos indican que no es alta la proporcin de aquellos que las utilizan para la caza. No hay ninguna nacin del mundo que se acerca siquiera a tales per cpita de armas de fuego ni de muertes ocasionadas por las mismas.

Actualmente armas diseadas para propsitos blicos estn disponibles para la venta individual va Internet y en muchas armeras sin mayores requisitos ni controles efectivos. De eso se nutre en parte la ocurrencia en los ltimos aos de una oleada de violencia por parte de ciudadanos enfurecidos quienes protagonizan balaceras y caceras humanas peridicas en escuelas, centros comerciales y otros lugares pblicos. Segn informe del Center of Disease Control and Prevention entre 2001 y 2013, haban muerto por armas de fuego dentro del pas 406,496 estadounidenses, o sea, ms de 30.000 por ao.

La mayor frecuencia de tales hechos es ms que alarmante. Hay algo enfermizo e inhumano en la proliferacin de individuos que toman sus armas e indiscriminadamente y a mansalva disparan contra transentes o feligreses sin motivo alguno, o motivados quien sabe por qu traumas o instintos primitivos.

Se ha tratado de apuntar a que son acciones individuales aisladas de personas malvadas o posedas por el demonio, y ms recientemente a inmigrantes musulmanes u otros, cosa que las estadsticas no respaldan. Aunque los asesinos tienen distintos perfiles se observan patrones causales complejos que incluyen la tradicin violenta y racista con que se conform el pas, su glorificacin en el cine y otros medios, las brutales acciones recientes en el exterior, as como las frustraciones y la ira acumulada en muchas personas en medio de la fragmentacin y el actual deterioro social en gran parte del pas.

Buena parte de los perpetradores son personas mentalmente inestables, interesadas en las armas de fuego y los explosivos, con cierta fascinacin con la muerte y el satanismo y, muchos, veteranos de las diversas guerras que el imperio realiza en todos los confines; guerra que han librado de forma continuada durante 16 aos sin lograr una victoria, pero donde cientos de miles de soldados pasan por experiencias traumticas mientras ellos, o ante su vista, se asesina a la poblacin civil, cometen brutales violaciones, etc.

En los ltimos aos estas intervenciones y acciones blicas se libran bajo el supuesto de la guerra contra el terrorismo, parte de la cual ha sido el uso de mercenarios y el auspicio de grupos terroristas locales, lo que provoca tambin una reaccin en cadena que se revierte en actos terroristas en suelo estadounidense.

La Segunda Enmienda constitucional y su manipulacin

La cuestin de la masiva posesin de armas en manos de la poblacin incluyendo armas automticas y de combate, de libre acceso en varios estados para cualquiera que se disponga a comprarlas y sin necesidad de trmites ni de presentar documentos de identidad , se escuda en una formulacin anexa a la Constitucin del pas.

Se trata de la Segunda Enmienda, ratificada por los trece estados originales all por 1790, pero luego sujeta a controvertidas interpretaciones. El texto reza as:

Siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre una milicia bien organizada no se coartar el derecho del pueblo a tener y portar armas.

Se aluda a una milicia bien organizada y en un contexto bien diferente al actual. De tal enmienda se han derivado los derechos a contar con escopetas de caza hasta el libertinaje actual a tener ametralladoras y armas de combate por individuos de toda calaa.

Algunos sealan categricamente que parte de la culpa de la actual crisis de violencia con armas de fuego recae sobre los miembros conservadores de la Corte Suprema y que sus dictmenes en casos recientes relativos a la Segunda Enmienda han estado polticamente motivados.

La interpretacin actual dista bastante de la original. La Corte Suprema ha afirmado que el derecho a portar armas es un derecho individual que tienen todos los estadounidenses. Y por tanto que ni el gobierno federal de los Estados Unidos ni los gobiernos estatales y locales pueden infringir ese derecho.

Aunque la mayora de la poblacin favorece exista algn grado de control bsico que evite que tales masacres ocurran, el apoyo a la Segunda Enmienda se ha incrementado progresivamente desde la dcada de 1990 tanto entre votantes liberales como conservadores. En 2016, el 76% de los estadounidenses se opone a la derogacin de la Segunda Enmienda; esta cifra era solo del 36% en 1960.

La industria de produccin de armas de fuego

En la intimidad de los crculos de Washington se sabe que en este asunto de la proliferacin de las armas de fuego es el dinero el que marca las jugadas. El dinero, del que los productores de armas y la Asociacin Nacional del Rifle (NRA) son una fuente fcil para nutrir fondos electorales y prebendas. Son esos, sobre todo intereses comerciales capitalistas, los que estn detrs de las interpretaciones de la Segunda Enmienda y los dictmenes de la Corte Suprema en favor de la plena libertad de tenencia individual de armas de fuego.

La extensa rama industrial de fabricantes de armamentos comercializa cada ao unos $ 49 mil millones USD y mantiene una estrecha y aeja alianza con el gobierno.

El crecientemente agresivo papel de los Estados Unidos en el mundo hace crecer los contratos gubernamentales y asegura caudalosas y estables ganancias para esas compaas. Ello se complementa dada la obsesin de millones de ciudadanos con poseer armas de fuego que, obviamente, contribuye sustantivamente a ese caudal de ingresos.

Un reportaje a comienzos de 2016 sealaba que las industrias de fabricacin de armas de fuego estn en crecimiento: de 5,6 millones de armas fabricadas en 2009 a casi 11 millones en 2013.

Despus de cada masacre de las que escuchamos cada semana y mientras ms horripilantes son- aumentan el valor de las acciones y las ventas de tales corporaciones dada la fiebre ciudadana por pertrecharse con nuevas armas de fuego en sus hogares, pero tambin por el temor de que finalmente se establezcan mejores leyes para el control de armas; temor que es estimulado por la industria.

Al propio tiempo sta y la NRA hacen fluir mayores sumas hacia sus muy efectivos y bien financiados grupos de presin y hacia los propios comits de campaa de los miembros del Congreso a fin de ganarlos para sus posiciones, o intimidarlos para garantizar que el libertinaje sobre la venta y porte de armas siga prevaleciendo, por sobre los que reclaman que se establezca en todos los estados un registro y licencias de armas, requerimientos de antecedente y otros para su venta, etc.

Con la ayuda de la NRA y sin poner en peligro sus lucrativos contratos gubernamentales, los mayores productores de armas, durante dcadas, han frustrado regulaciones de la mayora de los estadounidenses apoyan.

Muy por el contrario el libertinaje aumenta. En febrero de 2017 el Presidente Trump firm una ley ya aprobada por el Congreso que hace ms fcil adquirir armas, incluyendo rifles semiautomticos, por personas con un historial de enfermedad mental.

Y actualmente continan los preparativos para lograr la aprobacin de una ley eufemsticamente nombrada para el mejoramiento recreacional y la tradicin de los deportistas que tambin hara ms fcil importar rifles de asalto, transportar las armas de un estado a otro y la compra de silenciadores.

Si no ocurre un milagro en la corrupta poltica del pas, parece que desafortunadamente veremos nuevas ocasiones en que algn estadounidense, incluso considerado hasta entonces un buen ciudadano, accione su gatillo ejerciendo su derecho y su libertad bajo la manipulada Segunda Enmienda.

Un informe en 2009 del ministerio de proteccin nacional (Homeland Security) alert que los problemas econmicos y la eleccin del primer presidente negro podran exacerbar las ansiedades econmicas y raciales y provocar reacciones violentas de los supremacistas blancos y de todos aquellos que perciben que la raza blanca estara bajo acoso.

Muchos de estos enarbolan una retrica demaggica, que llega a tener tintes fascistas y es un espejo de las polticas blicas del pas, anima a sectores desesperados a cometer acciones violentas con armas como actos de autodefensa y a organizarse en milicias para librar cruzadas de diverso tipo. En algunas regiones la paranoia y el discurso de odio se expanden, incluso entre los adolescentes.

Para muchos el poseer un arma es libertad; Hollywood ha enmarcado las armas como sinnimo de herosmo, virilidad y valenta. Un buen americano posee su arma.

Otros asuntos, como la llegada de inmigrantes, la demonizacin de latinos y musulmanes, siguen siendo polarizantes y manipulados por los polticos, as como desde los plpitos fundamentalistas y las entidades de derecha, muchas de las cuales estn fuertemente armadas.

De hecho, entre 2001 y 2015, ms estadounidenses resultaron muertos por extremistas de derecha que por supuestos terroristas islmicos.

Muchos estereotipos refuerzan la ignorancia, la intolerancia y el racismo. Un creciente nmero de norteamericanos blancos que han cado en la marginalidad o en condiciones de vida precarias, albergan altos grados de prejuicio y resentimientos, y son receptivos a las ideas conspirativas, ultranacionalistas y racistas.

En algunos, ello alimenta un temor y un egosmo mezquino, y hasta el fenmeno del angry white male (hombre blanco colrico) que ha dado pie a varios de los ms connotadas acciones de violencia racista. Las experiencias blicas brutales y desmoralizantes de cientos de miles de soldados desmovilizados y mercenarios tambin se reflejan en la viciada atmosfera nacional.

En un artculo de octubre de 2015 en Huffington Post, el experto Howard Fineman sealaba que una mezcla txica de historia, cultura, poltica y dinero est evitando -y continuar evitando- que se restrinja la tenencia privada de armas de fuego.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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