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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2017

Yo tambin: violencia de gnero en La Habana

Conner Gorry
Havana Times


He sido agredida fsicamente en dos ocasiones. Las dos veces iba sola de camino a casa, por la noche. Y en ambos casos estaba comprometiendo mi seguridad. El primer ataque ocurri alrededor de 1993, en Monterey, California, yo estaba borracha. En el segundo, llevaba puesto audfonos, msica a todo volumen, mientras bajaba por la Calle 23 en La Habana.

Si bien, en teora, todas las personas tienen derecho a beber, escuchar msica y caminar solos hacia sus casas, la experiencia de vida, especialmente en m caso que crec en un barrio violento de Nueva York plagado de drogas, ensea a las hembras algo completamente diferente. Todas las mujeres que leen esto ciertamente han sufrido hostigamiento, acoso, asalto o han sido objeto de gran cantidad de proposiciones durante sus vidas.

Entre el primer y el segundo incidente hice dos cosas que transformaron mi vida por completo: dej de beber de manera definitiva y tom clases de defensa personal para mujeres. Cuando el hombre de casi seis pies de altura me atac por la espalda, mientras caminaba por la calle principal del Vedado, uno de los barrios ms concurridos de La Habana, saba exactamente qu hacer. Y lo hice, enviando a ese tipo a correr como un par de medias baratas.

Les cuento todo esto, porque varias amistades y conocidas han sido atacadas ltimamente. Mi amiga Vernica, una joven hermosa y tetona que apenas alcanza los cinco pies de altura con tacones (los cuales nunca usa), una tarde caminaba hacia la casa de un amigo, cuando un hombre montado en una bicicleta trat de arrebatarle el bolso. Ella luch con l y el malhechor sali corriendo. Simplemente un robo fallido?, quizs. Un crimen inescrupuloso que sali mal?, tal vez.

Pero sucedi lo mismo un par de semanas ms tarde, cuando ella regresaba a casa del trabajo. Apenas comenzaba a oscurecer y ella estaba a solo una cuadra de su vivienda. Cuando ella me cont sobre el primer incidente y luego el segundo, me hizo recordar lo que me haba contado sobre un incidente en un autobs.

Hace algunos aos, cuando Vernica tena 20 aos, ella y su amiga Luna viajaban en el autobs 69 en direccin a una exposicin de arte. La guagua (autobs), al estilo tpico cubano, estaba lleno a ms no poder y la gente segua apretujndose. Si alguna vez has viajado en una guagua cubana, sabes que no hay espacio para deslizar una cua, los cuerpos estn sumamente apretados.

Normalmente, las personas (normales) acomodan la cercana alejando las partes sensibles y erticas o manteniendo de manera estratgica una bolsa o mochila sobre dichas partes. Pero hay otros que encuentran el viaje en autobs como una oportunidad de oro para un poco de friccin.

Mientras las dos amigas chismorreaban y se rean, un tipo viejo y desagradable comenz a presionar su desagradable y vieja verga contra Vernica. De manera inconsciente de lo que pasaba a Veronica, Luna se adentr en una historia sobre su ex. Chica, nos bajaremos en la prxima parada, dijo Vernica, con voz metlica. Pero an no hemos llegado!, respondi Luna. Nos vamos a bajar!, indic Vernica mirando fijamente a Luna.

Justo antes de realizar su movimiento haca la puerta, Vernica dio la media vuelta y con una rodilla bien colocada le dio un duro golpe en los huevos al tipo. Esta pequea y joven mujer no es el blanco fcil que aparenta: a los ladrones o abusadores.

Pero no todas las mujeres y nias tienen las mismas habilidades que Vernica. Una universitaria de los Estados Unidos, que estudia aqu durante un semestre, aprendi rpidamente el recorrido fijo de los taxis conocidos como almendrones. Extiendes tu mano, descubres si se dirigen a la ruta que deseas y subes a bordo de esos viejos armatostes procedentes de Detroit junto con media docena de cubanos; 10 pesos ms tarde llegas a tu destino (o cerca de este).

Es costumbre que en esos vehculos se sienten dos personas con el conductor -cuando esos asientos estn disponibles. La estudiante universitaria, a quien llamar Laura, mont adelante de manera obligada, hasta que otro pasajero detuvo el automvil y abri la puerta principal. Laura se desliz hacia el conductor, como hace cualquiera. Despus de un par de cuadras, el conductor empuj su mano a travs de la falda y la coloc en la parte interior de su muslo.

Aterrorizada, horrorizada, ella qued fra y no emiti ninguna respuesta, sino que simplemente dese que el viaje y la indecencia terminaran lo antes posible. Laura no saba qu hacer o qu poda hacer, o tal vez tema que una reaccin la pusiera en mayor peligro. Eso no es raro, especialmente en situaciones interculturales en las que el cdigo de conducta y las normas, as como las consecuencias y sensibilidades son confusas o desconocidas.

En otro episodio -a falta de una mejor palabra- un grupo de mujeres jvenes (nuevamente, de los Estados Unidos) estaban en un guateque lleno de msica, baile, un cerdo asado y ron por la libre. Mientras la noche se volva ms oscura y embriagada, uno de los lugareos que estaba demasiado bien lubricado en ese punto, comenz a arrastrar a una extranjera tras otra a la pista de baile. Las agarraba de manera literal, les pona las manos encima, obligando virtualmente a las invitadas a bailar con l. Incmodas, las muchachas no saban cmo lidiar con aquel hombre y tenan miedo de hacer algo inapropiado.

Si bien yo s exactamente lo que hara si alguien me maltratara o pusiera su mano dentro mi falda, el contexto cultural y las sensibilidades locales son factores que vale la pena considerar: mis amistades cubanos fueron unnimes en su opinin de que la mayora de las cubanas, aunque no todas, le diran al conductor que metiera su mano donde el sol no da y le gritaran al borracho que se perdiera (o algo peor aun) tan pronto l le pusiera las manos encima.

No importa de dnde seas, a veces no tenemos los recursos o las maneras para enfrentar esas situaciones como nos gustara. Un buen ejemplo son dos cubanas que conozco. Ambas tienen poco ms de 20 aos y las dos fueron violada recientemente: una en Centro Habana y la otra en el Vedado.

La mujer del Vedado se fue a su morada, trat de eliminar los rastros de la violencia, un chorro de lgrimas se mezcl con el de la ducha y llam a un amigo. Este corri hasta su casa para brindarle socorro y una sensacin momentnea de seguridad.

La otra, la llamar Luca, fue atacada a unas pocas cuadras de donde viva, mientras iba de regreso a su hogar proveniente del trabajo. Luca, una morena bella y elegante, tiene un cuerpo del tipo Adele: alto, fuerte y slido. An as, su atacante la domin y se sali con la suya.

Aunque estaba bastante cerca de su casa, fue directamente a la polica e inform del ataque. Aplicaron el kit estndar para casos de violacin, tomaron su declaracin y la descripcin del atacante. Rpidamente atraparon al reincidente, que estaba en libertad condicional, y lo enviaron de vuelta a la crcel.

Mara Elena, Esther, Iris, yo, y probablemente t tambin, todas hemos conocido la violencia de gnero de un tipo u otro. Mi pregunta es: qu vamos a hacer al respecto?, qu podemos hacer al respecto?

Levantar sensibilidad es fundamental, por supuesto. Mostrar solidaridad hacia otras fminas tambin es necesario, ahora ms que nunca, eso est claro. Qu significa eso? Por un lado, no juzgar ni criticar las reacciones de otras mujeres (o las no acciones) frente a esta violencia. No todas tienen la voluntad o los medios o la fuerza para defenderse.

A muchas se les ensea de hecho, la sociedad refuerza de manera consistente a la mujer como paradigma de educada y sumisa por lo que nosotras tragamos en seco y soportamos todo tipo de mierda represiva para no ser etiquetadas como una rompe-bolas. Qu extremismo! Con el tiempo y a travs de la historia, las mujeres se han visto reducidas a uno de los dos polos opuestos: pussy o zorra, Madonna o puta, si t quieres. Cualesquiera de las presidentas ejecutivas que lean esto (y que tienen salarios ms bajos que sus contrapartes masculinos) seguramente sabrn de lo que estoy hablando.

Para romper ese paradigma y aumentar nuestra seguridad personal, necesitamos apoyarnos unas a otras. Si sales con amigos y ves a una mujer siendo acosada o molestada por una atencin no deseada, extindele la mano, invtala a tu mesa, ponla en tu crculo de baile, protege su bebida mientras va al bao. Lo mismo sirve para cuando ests en la calle por la noche. Si te encuentras con una mujer caminando sola, ofrcete para acompaarla. Los nmeros dan seguridad.

Una cosa que toda mujer y nia puede hacer para reunir y aumentar su fuerza interior y protegerse con confianza, es tomar clases de autodefensa. Esas clases cambiaron mi vida y he visto como la de otras cambi tambin. Estoy decidida a comenzar a ofrecer un curso en Cuba Libro para que ms mujeres puedan aprovechar su poder.

El problema es que an no he encontrado un instructor(a) calificado que pueda impartir las tcnicas, los conceptos y las estrategias necesarias, mientras que al mismo tiempo se cree un espacio seguro para que las fminas compartan sus historias, lgrimas, miedos y traumas, un elemento importante en la dinmica de empoderamiento. Si conoces a alguien que encaje con esa descripcin (quizs t misma!?), por favor ponte en contacto. Dominar el espaol es imprescindible.

Mientras tanto, cualquier persona que est ansiosa por comenzar con sus habilidades de seguridad debe obtener de manera inmediata una copia de The Gift of Fear: Survival Signals that Protect Us from Violence (El regalo del miedo: seales de supervivencia que nos protegen de la violencia), de Gavin de Becker. O mejor aun, consiga tres: uno para usted, uno para una amiga y otro para Cuba Libro. Eso marcar la diferencia.

Conner Gorry es una periodista y escritora radicada en La Habana desde 2002. Ella es Editora para MEDICC Review y su nuevo libro 100 Places in Cuba Every Woman Should Go (Travelers Tales) saldr en 2018.

Republicado de www.hereishavana.com



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