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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2017

Secuelas del terrorismo de Estado
Heridas sin limpiar en Uruguay

Azul Curdo
Brecha


Unas doscientas causas por delitos de lesa humanidad permanecen impunes en Uruguay. Desde la vuelta a la democracia, slo hay 13 sentencias definitivas. Las estrategias de dilacin son tan efectivas que los represores mueren libres. Decenas de sobrevivientes brindaron su testimonio y sus pruebas en esta ltima dcada pensando que, con la llegada del Frente Amplio al poder, por fin veran la justicia, pero sta sigue tuerta y, cuando tarda, no es justa. Qu consecuencias deja narrar lo vivido a un pueblo que no oye?

La nuca de Ivonne Klingler se eriza cuando escucha pasos a lo lejos. Son ellos? Nos llev ms de treinta aos decir lo que nos haban hecho. El mundo est al revs: ya no puedo bailar cumbia, la ponan a volumen bien alto para torturarme. Pasaron seis aos desde la denuncia por violencia sexual como forma de tortura sistemtica durante el terrorismo de Estado. En este perodo ya murieron tres compaeras, tres denunciantes.

Hablar es sanador, pero tambin removedor. Lo dice Luca Arzuaga, con voz suave y segura. Es una de las 28 denunciantes y mira a la cmara para el spot de la reciente campaa No hay derecho, que enfatiza la falta de justicia en causas de lesa humanidad. Detrs tiene los muros grises y resquebrajados de la ex crcel de Miguelete.

Si no se tramita, el trauma se dilata volvindose situacin traumtica, profundizada por el aqu-no-ha-pasado-nada o, lo que es peor, esto ya pas. La impunidad y el olvido, que a veces parecen sinnimos, producen efectos negativos en aquellas personas directamente afectadas, pero tambin generan un dao psicosocial incalculable, considerando que no hay estadsticas oficiales sobre las vctimas y que la reparacin dista mucho de ser integral (vase recuadro Reparacin en pedacitos).

Para procesar y denunciar lo ocurrido, para dejar de ser marionetas de los represores, la reconstruccin de las historias personales y de la historia colectiva ha sido iniciativa de las vctimas, mediante talleres de memoria o literarios, psicodrama y terapias grupales e individuales.

Estados depresivos, ataques de pnico, dolencias fsicas, conflictos familiares conforman constelaciones sintomticas (1) en el espacio sideral donde deambula una persona que sobrevivi al despojo de su identidad y fue sometida a torturas aberrantes.

Dar testimonio en tiempos que parecan menos difciles, tres dcadas despus y con el gobierno de izquierda tan deseado, podra haber habilitado un clima social que por fin escuchara y luchara por justicia. Con espordicos intentos y sin grandes recursos destinados a polticas pblicas de memoria, aqu seguimos.

***

Nos buscamos la manera de sobrevivir, en colectivo. Nosotras. Nos juntamos. Por los compaeros. Por la lucha. Hacemos grupo. Nos narramos. Otra vez bordar, pero ahora palabras. En prisin bord Libertad en armenio y bordo ahora ese encierro de desnudez y humillacin. Cuento, recuerdo, me atraganto. Lo digo firme, otra habla bajito y temblorosa. No estoy segura de querer encontrarme con esa que fui. No me arrepiento de haber sido guerrillera. Eso es por lo que me detuvieron, no por ser mujer. Pero lo que nos hicieron tuvo caractersticas especiales por mi gnero, aunque a los varones tambin los violaron, pero de eso no se habla.

Penetracin con objetos. El juez no entiende que eso es violacin. Desnudez forzada: el juez tampoco comprende que eso es violencia sexual. El tipo de traje y corbata, que debe fallar a favor o en contra, me pregunta si me confund, que yo le estoy diciendo que me llevaron a la Casa de Punta Gorda, pero antes le dije que viva en otro barrio.

Puta, sucia, muda, loca. A veces me siento as. El delirio slo se frena rodeados de afecto.

Despus hay que volver. A la casa. A los hijos. A la vida. Dejar de ser espectro. Pero la capucha, aunque te la corras, la segus cargando en la espalda.

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La espalda hecha aicos de Nstor Nieves. Plantn, caballete, gancho, en las antiguas oficinas de hacendados de La Tablada Nacional. La risa como escudo, provocacin y resistencia. All donde hubo tanta muerte cmo proyectar la memoria? Primero, resguardar el lugar para seguir buscando los cuerpos de scar Tassino, de Flix Ortiz, de Miguel Mato.(2) Mientras, este 22 de noviembre a las cinco de la tarde inaugurar una placa recordatoria de los horrores all padecidos. Luego seguir dando testimonio y construyendo memoria.

La intuicin de Irma Correa la llev hasta La Tablada, suponiendo que all poda estar su marido. Todava no hay respuestas, aunque se las exigieron a la Comisin para la Paz, pidiendo que les digan quines haban declarado que Mato pas por all.

Vernica Mato, su hija, cumpli 41 aos el sbado pasado. El ltimo recuerdo que tiene de su padre es cuando le regal una bicicleta el Da de Reyes de 1982. Veintitrs das despus lo secuestraron y desde entonces es una figura potica, dice ella, un desaparecido, algo que anda por ah. Aos de terapia en el Servicio de Rehabilitacin Social (Sersoc) la ayudaron a construir su identidad como hija de. Ahora, mientras mira a Nstor Nieves y otros que conversan en un descanso de la grabacin de los spots, piensa: Ellos estn vivos y podran ser mi padre. Los veo heridos.

Vernica nunca ha ido al ltimo lugar donde fue visto vivo su padre. El da que iba a ir a conocer La Tablada me vino un dolor de cabeza insoportable que me paraliz, dice.

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Nieves todava teme a la electricidad y, entre los recuerdos que fluyen sobre las torturas padecidas durante su desaparicin forzada en La Tablada y los cuatro aos preso, dice chistes: cuenta que cuando lo metan en agua, para picanearlo, me ponan sal y les faltaba vinagre para hacerme ensalada. No le festejamos el chiste. Lo miramos y escuchamos en silencio. Sus ojos se ponen llorosos, como los de su compaero Javier Tassino, hermano de scar, que tambin sufri la prisin poltica. Ambos se quiebran un poco, bajan la mirada cuando hablan de sus hijos, de los reclamos que les han hecho por esos aos de abandono. Tassino se excusa ante quien lo mira fijo: Lo hicimos porque pensbamos que bamos a darles un mundo mejor. Pero pasaron hambre, perdimos todo lo que tenamos.

La nieta de Tassino es quien obliga a la familia a recordar. Tiene 12 aos, pero desde chiquita pregunta por el seor de la foto que su abuelo Javier tiene en su escritorio. Es el to abuelo scar, de quien han rescatado casetes que le enviaba desde la clandestinidad a su otro hermano que viva en Venezuela, cartas que le mand a Javier entre el 75 y 77, el diario que scar escribi y que esta nieta termin, escribiendo en las ltimas hojas un pensamiento precioso que su ta Karina ley en la presentacin del libro Las palabras guardadas (Taller Ex Presar, 2017).

Es bravo tener a una persona tanto tiempo sin la verdad. Es monstruoso que no quieran compartir lo que saben, dice Karina, que se pregunta desde hace 40 aos dnde est su pap y qu hicieron con l, mientras recuerda cmo le dibujaba a su hermano algunos Superman y otros hroes para que jugara y luego los guardase en la bolsa de Los Justicieros. Cuando volvi la democracia pensamos que mi pap iba a aparecer.

Karina sabe que el informe que le entreg la Comisin para la Paz miente porque dice que su pap se suicid cuando fue sin custodia al bao, algo imposible en un centro de represin. La falta de verdad no te deja cerrar lo que pas, y en tu cabeza sigue siempre esa imagen, como una nebulosa.

Cmo obtens una sociedad ms justa sin justicia?, pregunta Karina, educada en la solidaridad y el amor de su familia, en especial de su ta, que durante cuatro aos la llev a visitar a su mam Disnarda Flores, primero en el Fusna, luego en el penal. En junio del 76 la encontraron en el Fusna; estaba desaparecida desde noviembre del 75. La nia entraba sola y se encontraba con su madre vendada y apuntada por armas. Karina luego tuvo hepatitis y desde entonces siempre anduvo muy sensible del hgado. Desde 2013 comenz a participar del taller Ex Presar y est ms aliviada de esos dolores. Antes no poda hablar. Escribir es su terapia. Dos aos despus colabor en la produccin de la exposicin Ausencias, (3) que para ella signific poner el cuerpo, adems de la palabra.

***

Javier Tassino conoce el silencio de la muerte y la valenta de sealar al asesino de lvaro Albi en Coraceros. Todava hay quienes insisten en que ah no hubo detenidos, pero Javier estuvo all, y all levant su venda para ver quin haba matado a su compaero. Dice que no le quedaron secuelas, aunque al rato recuerda el simulacro de fusilamiento un 29 de julio, en pelotas. Haba cado con impermeable, bufanda y rompevientos. Al rato estaba desnudo. No tengo secuelas, pero cuando hay apenas algo de fro me tengo que abrigar enseguida o me pongo horrible.

Tampoco dice tener secuelas Baldemar Taroco, aunque su mdica le diga que tiene la espalda hecha pelota y su esposa le diga que l se traga todo lo que le pas, a diferencia de ella, que hizo terapia.

Ana Mara Reyes se cans de ver cadveres en los cuarteles buscando a su marido, Nstor Nieves, quien ahora sube la escalera de la redaccin tomado de un bastn alto como l. Estuvo ocho aos clandestino, durante ese lapso engendraron cuatro hijos: un varn, que tena 7 cuando secuestraron a su pap, una nia de 4, y mellizas paridas en el Saint Bois cinco meses antes de la cada. Ana Mara pari sola las tres veces. Al recuperar la libertad, Nieves estudi y se recibi de mdico, aunque el camino no fue fcil. Su hijo mayor es psicomotricista, otra de sus hijas trabaja en una guardera. Tras conflictos, desmayos, forcejeos, destratos, hace seis aos decidieron hacer terapia familiar. Dicen que les hizo bien reunirse. Fue una cosa interesante. Nuestros hijos hablaron por primera vez, dice Nstor.

Hay hijas jvenes, nacidas despus de la dictadura con mucho esfuerzo de sus padres por recomponer el matrimonio y apostar a seguir juntos, que buscan respuestas, relatos, detalles, y no los encuentran porque sus madres y sus padres no quieren contar. La violencia extrema puede producir que las personas queden como cargadas y con temor a herir a los dems. Las detenidas conocieron la parte ms horrorosa del ser humano: peligroso, destructivo, salvaje, lo que hace dudar de la condicin humana y ataca la confianza en el otro y en s mismo. Ese contacto con lo ms descarnado genera una coraza, explica la psicloga Mara Celia Robaina. Tambin es cierto que la gente, en general, no quiere saber lo que pas. Todos queremos creer que el mundo en el que vivimos es previsible, agrega esta mujer que, desde chiquita, escucha los problemas de los presos. Su mam y dos de sus seis hermanos fueron presos polticos. Como era menudita, a los 15 aos Mara Celia pareca de 12: hasta esa edad pudo ingresar como nia a las visitas, y por eso poda entrar y sacar informacin del penal.

Ex integrante del Sersoc, luego de la Cooperativa de Salud Mental y Derechos Humanos y actual funcionaria de la Inddhh, Robaina realiz, junto con la trabajadora social Alba Pastorini, un acompaamiento psicosocial, entre 2010 y 2013, al grupo de ex presas polticas que presentaron la denuncia por violencia sexual.

Hablar es sanador, pero tambin riesgoso si no se tiene contencin, advierte. Es importante contar con un espacio grupal slido, de confianza, donde poder decir lo que no se haba contado nunca, ese dolor recndito, callado, apretado. La psicloga destaca que esa experiencia sigue dando frutos porque varias denunciantes siguen involucradas en temas de memoria, verdad, justicia y reparacin.

Declarar es poner algo de alivio en una tensin tan fuerte, es decir: Yo guard este silencio mucho tiempo, ahora lo dije y le paso el peso a la justicia para que se haga cargo. Fui tratada por la justicia militar como alguien despreciable. Declarar ante la justicia las hace salir del lugar desubjetivante de la tortura, las empodera como ciudadanas que construyen democracia. Ahora bien, cuando ese sistema democrtico no responde, hablar deja un saldo negativo en quienes brindan su testimonio. Para hacerlo tuvieron que enfrentar muchos obstculos, hablar con sus hijos, con sus parejas, se expusieron ante la prensa. Es necesario que el Estado uruguayo se haga cargo, investigue, brinde una serie de dispositivos de acompaamiento psicosocial para reparar de manera integral a las vctimas y haya justicia, que no deje impunes las causas, aade Robaina.

***

Mabel Fleitas mira la puerta-ventana. Detrs de la cortina se dibujan sombras, se oyen voces, pero su mirada se desva hacia la derecha. Al terminar la entrevista confiesa: Si entraba alguien estoy segura de que me paraba de un salto, como en el cuartel.

Junto a sus tres hermanas y otros 20 adolescentes fueron detenidos en abril del 75 en el cuartel de Treinta y Tres. Todos eran militantes de la Ujc (Unin de juventudes Comunistas) Pasaron hasta junio all, luego fueron enviados a dependencias del Consejo del Nio en Montevideo, o a la crcel, si haban cumplido 18 aos. Si ya ramos pobres, salimos extremadamente pobres, sin la posibilidad de estudiar entre el 77 y el 79, porque se nos prohiba entrar en cualquier centro educativo, ni participar en clubes sociales o plazas de deportes. Dolor, desarraigo. Insilio y exilio. Intentar rearmarse una y otra vez. Buscar al compaero. Buscar papeles: en Relaciones Exteriores, en el Inau (Instituto del Nio y Adolescente de Uruguay), noticias, comunicados que la mencionan y que prueban que le pas lo que le pas. Juntar papeles y querer tirarlos todos en la puerta de la Presidencia y gritar: Qu parte no entendieron?!. Armar un archivo, el cuerpo de la prueba. Poner el cuerpo dando testimonio, acompaando a compaeros, escuchando a los adolescentes que tienen la misma edad que tuvo y dicen, al colocar la placa en el liceo al que fue, que ellos no quieren una dictadura. Repararnos. Estudiar bibliotecologa, terminar algo para que la vida no quede trunca y no ganen ellos.

Hice terapia diez aos, despus de un da en que me cay la ficha de que la culpa me haba calado. La negacin es la manera de hacerte fuerte, habiendo pasado por descrditos sobre nuestro relato por parte del pueblo e incluso de algunos compaeros y de las propias familias que no fue mi caso. Un comunicado infame del Comando General del Ejrcito, reproducido por los principales diarios del pas, nos marc a fuego en el pueblo y en la capital. Fuimos inoculados con penicilina por supuestas enfermedades venreas, aunque la mayora ramos vrgenes todava, apenas empezbamos a tener noviecitos. Sufrimos abusos sexuales y exmenes genitales sin consentimiento ni guantes por parte del mdico que luego le orden a una de las detenidas una revisacin mensual estando libre, perpetuando su tortura fsica y psicolgica. Muri denunciado e impune.

Perdieron piezas dentales por golpizas, por estrs, por mala alimentacin. O comen sano y hacen ejercicio pero tienen el colesterol alto. De dnde viene este estrs maldito? Varios integraron al miedo como compaero de por vida.

Nos cost entender que tenemos que hablar dice Klingler. A esta altura hay que meter el dedo en la llaga, hace mucho dao ocultar. Eso, en este momento, es proteger este tipo de prcticas destructivas del otro. Las heridas siguen abiertas y no van a cicatrizar si no logramos una correcta visin de las cosas.

Notas

1) Eatip, Gtnm-RJ, Cintras, Sersoc, Dao transgeneracional. Consecuencias de la represin poltica en el Cono Sur. Santiago, 2009. 

2) Parar para seguir, Brecha, 3-XI-17. 

3) Ese agujero, Brecha, 29-V-17.


Reparacin en pedacitos

En diciembre de 2005 el doctor Ricardo Elena elabor el informe Fundamentos para una ley compensadora y jubilatoria de los sometidos a prisin prolongada y tortura (Ppt) en Uruguay, que fue entregado por Crysol a los legisladores como insumo para la ley reparatoria. Se explica que el estrs causado por Ppt produce inmunodepresin y enfermedades de todo tipo: infecciosas, degenerativas, neoplsicas y psquicas. Hay un aumento de la frecuencia de enfermedades y de muertes, y menor expectativa de vida de los sometidos a Ppt que los no sometidos a esta agresin.

Slo considerando algunos de los casos consultados para esta nota, de los 50 denunciantes en la causa Boiso Lanza, cinco murieron: cuatro por cncer, el restante por problemas cardacos. De los 20 denunciantes por la causa de Treinta y Tres murieron cuatro: dos por problemas cardiovasculares, los otros fallecieron antes de los 40 aos, en la indigencia. Tres de las 28 denunciantes por violencia sexual fallecieron de cncer. Otras vctimas y familiares sufren problemas respiratorios o mal de Parkinson, ataques de pnico, miedo a la oscuridad, pesadillas con la tortura o insomnio por los recuerdos.

La Oficina de Atencin a las Vctimas del Terrorismo de Estado fue creada para atender a las personas amparadas por la ley 18.033 y/o la ley 18.596, a sus hijos y nietos, con derecho a recibir en forma gratuita y vitalicia la asistencia psicolgica, psiquitrica, odontolgica y farmacolgica, recibiendo cobertura integral de salud segn el prestador elegido.

Sin embargo, los distintos entrevistados sealaron que no alcanza, que el servicio se rige bajo una concepcin mdica, poco afn a terapias de otro tipo, y que queda restringida a Montevideo.

Por otra parte, no se contempla acompaamiento ni apoyo teraputico antes, durante y despus de declarar en las causas como s ocurre en Argentina, aunque un proyecto de este tipo fue presentado a Javier Miranda cuando ocupaba la Direccin de Derechos Humanos del Mec (Ministerio de Educacin y Cultura) e incluso lleg a Graciela Jorge cuando diriga la Secretara de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, pero se les respondi que no haba recursos para implementarlo.

https://brecha.com.uy/




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