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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2017

The Handmaid's tale
El arte de la resistencia

Guillermo Paniagua
Haka Bedi/ SerialK


Si alguien se propusiera impulsar la extincin de la humanidad no le hara falta dotarse de una batera de meteoritos, convocar a iracundas divinidades ni movilizar un destacamento aliengena. No, los homo sapiens sapiens nos extinguiremos solitos, solitas sin la ayuda de nadie ni de nada y lo haremos menos por nuestra descomunal capacidad de crear poder destructor que por nuestra descomunal capacidad de olvidar o renegar de nuestra condicin de frgiles sbditos del reino animal. Irona donde las haya, la nica especie que tiene la capacidad de reconocerse como tal se empea en no hacerlo por un uso inapropiado -soberbio y desbocado- de este kit casero de luces largas y pequeo retrovisor existencial que llevamos desde siempre en la mochila y que llamamos conciencia.

Engredos por haber sido dotados de este tesoro cuya localizacin sigue burlando las pericias filosficas y neurolgicas de filibusteros acreditados, suerte de garra invisible y tentacular capaz de mover y remover objetos alejados en el tiempo y en el espacio, gnada que almacena y secreta redes de significados que llamamos Cultura, los seres humanos seguimos tozudamente convencidos de que los nicos animales que frecuentamos son los que nos dejan pelos domesticados en el sof, los que nos alegran salvajemente los paseos montesinos o los documentales domingueros y los que, segn la coccin, terminan dificultando nuestra digestin. Hasta para los ms realistas - para los que al menos vislumbran que nuestra estada en el planeta puede ser, como la de cualquier especie, efmera- nuestra extincin no es sinnimo de ejercicio de humildad terrenal sino que se proyecta como la culminacin explosiva del relato pico de nuestra todopoderosa inteligencia nuclear. Ante semejante e insoportable delirio de grandeza, The Handmaid's tale, adaptacin serial de la novela escrita por Margaret Atwood en 1985, nos recuerda que lo ms probable es que el fin del fin sea ms bien el de la soledad de una especie que, poco a poco, por los efectos colaterales de su insistencia prometeica en dominar un frgil medioambiente del que no se siente parte, se ha vuelto ni ms ni menos que estril.

Con esta primera tesis, bao de humilde naturalismo antropolgico y de sensato ecologismo radical, The Handmaid's tale no se limita a identificar un nudo gordiano para la teora poltica emancipadora sino que se encarga de desovillarlo a lo largo de su primera temporada desvelando otras tres reflexiones no menos importantes. Por un lado, esta gran serie nos recuerda que si bien esta condicin tan fundamental en la existencia y desarrollo de nuestras comunidades humanas, y por lo tanto premisa ineludible en la evaluacin de sus limitaciones y potencialidades, parece ajena a la gran mayora es en la exacta medida en que la lite econmica y poltica nos la ha arrebatado. Grandes expropiadores de bienes y significados, de recursos naturales y retricos, de medios de produccin y de reproduccin, los sectores dominantes saben perfectamente que en ltima instancia es en nuestra condicin de animales habladores y trabajadores, y ms especficamente en su control, en donde se juega la partida. Una minora poderosa que, desde esta premisa y cuando lo considera necesario, no duda en liquidar como lo hace en la Repblica de Gilead -la teocracia dictatorial establecida en el territorio que actualmente ocupan los Estados Unidos y en la que se desarrolla esta historia- cualquier atisbo de derechos sociales, civiles y polticos. Y controlar mediante el terror y la coaccin directa la fuente de todos sus problemas a la vez que la solucin a todos ellos: nuestros cuerpos.

Cuerpos ahorcados o deportados, renombrados y desmembrados; cuerpos cuya elasticidad como dispositivos materiales de construccin de subjetividades les convierte en el soporte predilecto para el ejercicio del poder disciplinario en su afn de cambiarlo todo para asegurarse de que todo siga igual. Cuerpos que esta serie nos ensea deambulando bajo una paz de cementerios retratada en planos largos de exteriores perversamente encuadrados, en planos generales aspticos con una fotografa que recoge un cotidiano sofocante de colores lavados sin chispa cromtica que no sea la del rojo escarlata y saturado de los cuerpos uniformados de unas mujeres, las "Criadas", grupo del que The Handmaid's tale nos cuenta la historia. Mujeres que al mantenerse frtiles pese a la esterilidad dominante se han visto forzadas a integrar una hermandad compuesta por unas pocas elegidas cuyo fin es el de entregarse cuerpo y alma para asegurar descendencia al amo de turno. "Criadas", un destino entre otros, como el de las lesbianas mutiladas o ejecutadas por su "traicin al gnero" y por ejercer una sexualidad no reproductiva; el de las "Marthas", trabajadoras domsticas que a falta de poder asegurar la reproduccin biolgica de la clase dominante aseguran su reproduccin social, y finalmente el de las mujeres de los Comandantes, las Esposas, y el de las adoctrinadoras, las "Tas", de crueldad proporcional a su nivel de alienacin, encarnacin de la dosis de cipayismo necesaria al blindaje de cualquier sistema de dominacin. Y es que, tercera y central reflexin de este relato serial, cuando la dominacin se intensifica es el heteropatriarcado el primero en trasladar de las cavernas a las calles sus pertenencias ms preciadas y en esmerarse a dejarlas todas atadas y bien atadas.

En un impresionante retrato visual de esa pestilencia caverncola The Handmaid's tale se adentra en la brutalidad que padecen las mujeres supervivientes de Gilead centrndose en la historia de la Criada Offred (en castellano, DeFred), nombre impuesto a la joven protagonista June, magistralmente interpretada por Elisabeth Moss, y que traduce literalmente su nueva condicin de esclava reproductiva propiedad privada del Comandante Fred Waterford. De identidad y cuerpo expropiado -un robo que se instituye no solamente como pilar narrativo de esta historia distpica sino tambin como lo demuestra impecablemente Silvia Federicci en su obra Calibn y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulacin originaria como pilar sociopoltico de otra historia llamada Capitalismo- June se desliza silencio y laboriosamente en la gelatina translcida de unos interiores petrificados en tiempos coloniales y puritanos- la casa de su amo- suerte de bodegn o, mejor dicho, de naturaleza muerta donde la familia que la posee espera tensamente que el milagro de la vida ocurra. Sern las vibraciones ssmicas aunque retenidas de la cara de June retratadas en unos magnficos primeros planos de clara inspiracin bergmaniana o antonioniana, junto a una voz en off que adquiere en este contexto asfixiante inauditas cuotas de contrapoder libertario las encargadas de confirmar el paso del tiempo a la espera del ritual de violacin de rigor. La llamada "Ceremonia" que unos espeluznantes planos cenitales filman recordando que -como lo hacen los saludos o muletillas oratorias seudosocializantes que salpican los pocos dilogos existentes- todo lo que acontece en Gilead se hace bajo un ojo ("Under his eye"), el de Dios, el de los espas omnipresentes y, inevitablemente, bajo el de la cmara cinematogrfica. Este rgano artificial que la directora Reed Morano maneja con elegancia visceral auscultando las vivencias del cuerpo de una mujer mediante unos planos cuyo tamao, ngulo y contenido -como la poco usual escenificacin de una braga con sangre menstrual- desmontan, como preconizaba la fundadora de los estudios feministas sobre el cine Laura Mulvey, la hegemona de la mirada masculina (male gaze) en los relatos cinematogrficos. Una mirada, como todas, poltica y politizante que nos permite zambullirnos en en esta ficcin serial para, si hacemos buen uso de ella, lograr mantenernos a flote en nuestra propia y tempestiva realidad.

Una realidad que esta serie nos invita a escudriar y no precisamente aludiendo a las fechoras fascistas del ISIS o a las de algn strapa exotizado sino a las propias canalladas que se evidencian en la actual desacomplejada ofensiva machista, racista y neoliberal minuciosamente regada en muchos pases del capitalismo industrializado por el ms rancio colonialismo e integrismo catlico. Una realidad, la nuestra, donde los vientres y los valores se alquilan, donde los cuerpos y los derechos se violan, infame despropsito que no ha nacido de un da para el otro y cuyo estado latente y soterrado no se ve, sin embargo, del todo reflejado, salvo en los momentos previos a la inminente instauracin de la Repblica Gilead, en los flashback un tanto idealizados de la vida anterior de las protagonistas de esta ficcin. Aspecto nada desdeable ya que al fin y al cabo lo que diferencia los grandes relatos distpicos de los insufribles engendros del gnero post-apocalptico es el esmero de los primeros en evitar la proclividad de los segundos a apuntalar una posicin conservadora y conformista dispuesta a condenar un futuro potencial con tal de salvar su presente actual. Pero quizs, pensndolo bien, los que pecamos de ingenuos somos nosotros y en verdad el hecho de no detenerse en las tendencias preexistentes en las que se abreva el fascismo es justamente por una lcida apuesta del guin que se hace cargo provocativamente de equiparar cegueras compartidas, las nuestras y las de las protagonistas, ante el acecho de la realidad.

En cualquier caso, lo que s hace y muy bien esta serie , cuarta y ltima tesis que queremos aqu destacar, es la identificacin de otras tendencias tambin soterradas, contradictorias y violentas: las condiciones en las que se fragua toda Resistencia. Exasperadamente lenta, difcil y dolorosa en su gestacin tanto en el guin como en nuestras historias de vida, la Resistencia se construye muchas veces, como lo analiza James Scott en su gran libro Los dominados y el arte de la resistencia, desde pequeos actos silenciosos, discretos, artesanales, desde prcticas cotidianas alejadas de las grandes declamaciones tribuneras pero que asumiendo paulatinamente su carcter compartido y colectivo crean las condiciones polticas para que algn da aquellas -las proclamas- se puedan dar sin adolecer de falta de contenido ni de pblico. As es como seguiremos paso a paso a la protagonista en su viaje inicitico en territorio revolucionario cuyas escalas se darn a veces bajo la forma de una breve conversacin o intercambio de mirada con otra Criada, a veces como una digna y silenciosa condescendencia para con el Comandante en una partida de scrabble y otras mediante una gesta orgsmica clandestina. Escalas espeleolgicas en las grietas del sistema.

En sntesis, si The Handmaid's tale nos ofrece el magistral retrato de la historia de una mujer ante la dificultad de la Resistencia es para sealar a las mujeres como parteras de la Historia y vanguardia de la Revolucin.

 

Fuente: http://halabedi.eus/2017/11/16/serialk-el-arte-de-la-resistencia-handmaids-tale-guillermo-paniagua/



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