Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2017

Isaac Deutscher, un marxista al que nunca deberamos olvidar

Ariel Petruccelli
Herramienta


Para la cultura de izquierdas, el ao que est por expirar ha sido un ao de conmemoraciones: los ciento cincuenta aos de El Capital, cien aos de la Revolucin de Octubre, cincuenta del asesinato de Ernesto Che Guevara. En medio de esta triple conmemoracin, pocos han reparado que en 2017 se cumplen tambin cincuenta aos del prematuro fallecimiento de Isaac Deutscher.

Al momento de morir era Deutscher como lo haba sido a lo largo de ms tres dcadas un pensador a contracorriente. Ajeno por igual a la fobia anti-comunista que por entonces dominaba Occidente cuanto a los mitos del comunismo oficial emanados desde Mosc o Pekn, Deutscher ni siquiera poda ser considerado plenamente uno de los suyos por los pequeos grupos trotskystas, sus antiguos camaradas: al fin y al cabo haba considerado inoportuna la creacin de la Cuarta Internacional y haba disentido con Trotsky respecto de las posibilidades de una revolucin poltica en la URSS. Pese a todo no era exactamente un escritor marginal. Sus ideas y anlisis eran demasiado penetrantes, sus explicaciones asombrosamente claras y sus narraciones exquisitamente bellas como para que sus escritos pasaran desapercibidos. Aunque sus libros estaban rigurosamente prohibidos en la Unin Sovitica y en Polonia su patria natal, y aunque sobre sus obras caa el oprobio de los cruzados de la guerra fra (de uno y otro bando), los lectores de New Left Review y Les Tempes Modernes pudieron disfrutar con cierta regularidad de sus anlisis y comentarios sobre la poltica internacional, y su influencia sobre algunos intelectuales marxistas de primer nivel ha sido considerable. Perry Anderson acaso el intelectual marxista contemporneo ms destacado reconoci alguna vez: para nosotros tuvo una importancia primordial la influencia en nuestra formacin de Isaac Deutscher.[1]

Quin era Deutscher?

Los aos de formacin   Isaac Deutscher naci en Cracovia, Polonia, en 1907, en el seno de una familia juda de clase media (su padre era propietario de una imprenta). A la edad de 15 aos ya mostraba un considerable talento para las letras, y a los 17 era un poeta bastante conocido en Cracovia. Pero dos aos despus y contra todas las esperanzas de su padre, que anhelaba la carrera de Rabino para l el joven Isaac ingresa al Partido Comunista Polaco, que actuaba en la clandestinidad. Desde ese momento, y hasta el resto de sus das, Deutscher sera un marxista convencido.

Su inicial formacin en el contexto de la Polonia de fines de aos 20 y comienzo de los 30, as como su participacin activa en una organizacin como el Partido Comunista Polaco con su fuerte tradicin luxemburguista y sus propensiones herticas han dejado una huella perdurable y ntida en el escritor maduro. El imperturbable internacionalismo de Deutscher y su basto cosmopolitismo tienen su origen en esta experiencia local inicial.[2]

La produccin intelectual de Deutscher en su perodo de militante activo dentro de una organizacin poltica formal el Partido Comunista Polaco (PCP) y, luego, la oposicin trotskista constituye, por razones obvias, el segmento menos conocido de su labor: se trata de textos divulgados por organizaciones clandestinas o semi clandestinas y escritos en lengua polaca. Hasta donde sabemos, ninguna compilacin ha intentado reunir cuando menos una parte de este material. Pese a ello, las lneas maestras de la evolucin poltica del joven Deutscher son bastante ntidas.

Al momento de su ingreso al PCP el partido se hallaba dividido desde haca aos entre una tendencia mayoritaria y otra minoritaria. Pero Deutscher no se alineara con ninguna de ellas; una actitud que ya prefiguraba la independencia intelectual y poltica as como la sobriedad en los juicios que caracterizaran al escritor maduro:

(Yo) no perteneca a ninguna de las dos (tendencias), quizs porque cuando entr en el partido, a la edad de diecinueve aos, la lnea divisoria haba sido ya marcada y yo no entenda realmente de qu se trataba. Pero s recuerdo con claridad que en 1926-27 tena una sensacin muy aguda de cun ftil era la disputa. Me pareca que la mayora tena el defecto de cierto oportunismo y que la minora se distingua por una dinmica ms revolucionaria. Lo que me molestaba en sta era su tosquedad intelectual y su inclinacin al sectarismo. Consideraba yo que la mayora representaba un pensamiento ms serio y una tradicin marxista ms honda. ste era el modo de ver que predominaba en el grupo de camaradas con quienes entonces andaba yo, comunista joven.[3]

A comienzos de los treinta Deutscher formula a la Internacional Comunista una serie de crticas semejantes a las de Trotsky. Bsicamente cuestionaba la lnea ultraizquierdista que concentraba los ataques de los comunistas en los social-fascistas (y especialmente en el ala izquierda de la socialdemocracia), al tiempo que haca un llamado en favor de la accin conjunta socialista-comunista para enfrentar al nazismo. Este posicionamiento poltico le acarre la expulsin del PCP.

Me expulsaron del Partido Comunista Polaco en la primavera de 1932 por haber publicado un ensayo titulado El peligro de una nueva barbarie en Europa, (...) dedicado exclusivamente a la cuestin alemana. (...) Peda yo una accin conjunta de los comunistas y socialdemcratas contra el nazismo en Alemania y contra la dictadura de Pilsudski en Polonia. Deca que el nazismo, si llegaba a vencer, aplastara a los dos partidos (...) y agitara el espectro de una segunda guerra mundial. Eso era un delito contra la lnea del partido en aqul momento. Yo era el portavoz de un grupo antiestalinista, la primera oposicin de este tipo en el partido polaco, y nos pareca que nuestra misin principal era advertir al partido, al Comintern y a la clase obrera del peligro que representaba el nazismo. La razn oficial para mi expulsin del partido fue que yo haba exagerado el peligro del nazismo y creado pnico en el movimiento obrero. En cierto modo, era verdad: en los aos 1931-32, el nazismo me haba puesto en un estado tal de agitacin y angustia febril. Naturalmente, los que en aqul tiempo no sintieron ese pnico estaban ciegos.[4]

Tras su expulsin, Deutscher organiza junto a sus camaradas un grupo de oposicin que mantiene contacto con Trotsky. En octubre de 1936 durante el primero de los grandes procesos de Mosc redacta un opsculo en el que, adems de desmantelar los absurdos circunstanciales de las pruebas presentadas por los estalinistas, desnuda para decirlo con las palabras de Perry Anderson la implausibilidad psicolgica de un presunto terrorismo que se humilla ante sus acusadores, una audaz conspiracin que se disolva en abyecta autoflagelacin, y conjetur los verdaderos mecanismos mediante los cuales haban sido arrancadas las confesiones de Zinoviev, Kamenev y los dems: la promesa secreta de la GPU de otorgarles el perdn despus del juicio a cambio de su suicidio moral en el banquillo de los acusados, que slo les sirvi para ser eliminados en una ejecucin sumaria.[5]

La oposicin trotskista polaca gozaba por entonces de una buena insercin dentro de la clase trabajadora local. Pero en 1938, ao en que se lleva a cabo el congreso constituyente de la Cuarta Internacional, los polacos son el nico grupo participante que recusa esta decisin. El documento presentado por los delegados polacos fue redactado por Deutscher (quien no asisti personalmente al cnclave). En el mismo se argumentaba tal como el propio Deutscher lo recordara aos despus que "no tena sentido tratar de crear una nueva Internacional cuando el movimiento obrero, en general, iba en descenso, durante un perodo de intensa reaccin y depresin poltica, y que todas las Internacionales anteriores haban debido su xito, en cierta medida, al hecho de que se haban formado en momentos de auge revolucionario". La creacin de cada una de las Internacionales anteriores constituy una amenaza definida al rgimen burgus... Tal cosa no suceder con la Cuarta Internacional. Ningn sector significativo de la clase obrera responder a nuestro manifiesto. Es necesario esperar.... Los polacos convenan con Trotsky en que la Segunda y la Tercera Internacionales estaban moralmente muertas, pero advirtieron a la conferencia que era frvolo subestimar la lealtad que le profesaba a esas Internacionales la clase obrera de muchos pases; y aunque los polacos apoyaron el Proyecto de Programa de Trotsky, exhortaron una y otra vez a sus camaradas a que se abstuvieran de hacer un gesto vaco y cometer una insensatez.[6]

Tras la ocupacin de Polonia por las tropas de Hitler y Stalin (1939), Deutscher se marcha al exilio londinense. Y sera en Inglaterra, ya alejado de la militancia poltica directa y en una lengua el ingls que no era la suya, donde habra de dedicarse al estudio histrico-biogrfico, el gnero en el que descollara como un maestro inigualado.

El historiador

Su primera obra, Stalin, una biografa poltica, fue publicada en 1949, cuando el biografiado an viva y se hallaba en la cspide del poder dentro de una Unin Sovitica envuelta en los fragores de la Guerra Fra. El Stalin fue, en su tiempo, objeto de una sonora polmica. Las lecturas que por entonces se hicieron de sus pginas nos hablan a las claras tanto de la ceguera del dogmatismo ideolgicamente beligerante, cuanto de la ecuanimidad y el equilibrio de la reconstruccin histrica de Deutscher. Si para el Daily Worker, Organo del Partido Comunista de los Estados Unidos, el libro era obra de un portavoz del gran capital y de la City de Londres que haca un empleo inescrupuloso de cuanta calumnia se hubiera utilizado en contra de Stalin y de la Unin Sovitica; autores como Bertram Wolfe, David Shub y Franz Borkeneau descubran que el propsito de Deutscher era ocultar la verdad sobre Stalin, produciendo la ms habilidosa apologa de la poltica exterior sovitica publicada en muchos aos.[7]

La antipata que siente Desutscher por Stalin es evidente en el conjunto de la obra (slo la paranoia de la guerra fra pudo lograr que hubiese lectores que lo considerasen un apologista de Stalin). El hombre de acero era demasiado tosco intelectualmente, moralmente inescrupuloso y curiosamente provinciano (pese a ser el dirigente de un movimiento mundial) como para despertar la simpata de un intelecto tan sofisticado y una personalidad tan cosmopolita y moralmente ntegra como la de Deutscher. Pero esta antipata subjetiva interfiere muy poco dentro de la estructura ms propiamente explicativa y analtica del texto. Aunque los rasgos distintivos de Stalin como personalidad adquieren contornos ntidos a lo largo de la narracin e incidentalmente desempean un importante papel explicativo[8], el enfoque de Deutscher es rotundamente contrario a considerar a las acciones (afortunadas o desgraciadas) de las personalidades histricas como la causa fundamental de los eventos sociales y del desarrollo histrico. La constitucin de una burocracia dictatorial y con pretensiones totalitarias dentro de la Unin Sovitica no es, desde la ptica de Deutscher, reductible a ni explicable por la figura de Stalin; por ms que algunos rasgos particulares del llamado estalinismo resulten incomprensibles sin l.

Cul es la imagen global de Stalin que nos deja su bigrafo? Para researla nada mejor que el siguiente prrafo:

...Stalin pertenece a la estirpe de los grandes dspotas revolucionarios, la misma a que pertenecieron Cromwell, Robespierre y Napolen. No es sino correcto poner igual nfasis en cada parte de esta descripcin. Stalin es grande ... por la magnitud de sus empresas, el alcance de sus acciones y la vastedad del escenario que ha dominado. Es revolucionario, no en el sentido de que haya permanecido fiel a todas las ideas originales de la revolucin, sino porque ha puesto en prctica un principio fundamentalmente nuevo de organizacin social ... Finalmente, su inhumano despotismo no slo ha viciado una gran parte de sus logros, sino que an puede llegar a provocar una reaccin violenta contra stos, en que la gente podra inclinarse a olvidar, durante un tiempo, contra qu reacciona, si contra la tirana del estalinismo o contra su ejecutoria progresista en lo social.[9]

A pesar de sus no pocos mritos intrnsecos, esta biografa inicial puede ser considerada como un ensayo general de la obra maestra de Deutscher: los tres volmenes dedicados a la vida de Trotsky. Comparada con los kilmetros de mediocre material biogrfico anti-estalinista y pro-estalinista producidos por entonces (y an, aunque en una cantidad infinitamente reducida, en nuestros das), el libro de Deutscher sobresale como una obra erudita, equilibrada en sus juicios y aguda en sus interpretaciones. Dos dcadas despus de la primera edicin del Stalin, un crtico tan bien enterado y exigente como Edward Carr todava lo consideraba insustituible.[10] Y sin embargo, a la par de la triloga sobre Trotsky aparece, extraamente, como una obra menor.

En los tres volmenes dedicados a Trotsky, Deutscher se supera a s mismo y alcanza las ms altas cumbres de la produccin biogrfica. Este logro, con todo, no es la consecuencia de un proceso de maduracin intelectual. El Deutscher que escribe el Stalin es ya un escritor maduro y un investigador ampliamente familiarizado con sus fuentes. Lo que marca la diferencia es el propio objeto de estudio. Como alguna vez lo hiciera notar Edward Carr, Trotsky es el personaje ideal para una biografa.[11] Pero esto no es slo, como sugiere Carr, porque Trotsky tuviera una personalidad ms acusada, ms contradictoria, ms compleja ... que las de sus camaradas rivales, en la gran empresa de la Revolucin rusa.[12] Esto es cierto, pero lo que concede un plus a la vida de Trotsky es el carcter trgico de su desarrollo, y su trgico final.

De hecho fueron los ltimos aos de Trotsky los que inicialmente atrajeron la atencin de su bigrafo: Cuando por primera vez conceb la idea de escribir una triloga biogrfica sobre los dirigentes de la Revolucin Rusa, pens incluir un estudio de Trotsky en el exilio, no una biografa completa. Los ltimos aos de Trotsky y el trgico fin de su vida estimulaban mi imaginacin ms profundamente que la primera parte, ms mundana, de su historia. Pero durante el proceso de investigacin Deutscher descubre los profundos lazos que unen al joven y al viejo Trotsky, y que dan a su tragedia una nota distintiva peculiar: Al reflexionar sobre el asunto escribe empec a dudar de que Trotsky en el exilio pudiera ser comprensible si no se narraba la primera parte de la historia. Despus, examinando los materiales histricos y las fuentes biogrficas, llegu a darme cuenta, ms claramente que antes, de cun profundamente enraizado estaba el drama de los ltimos aos de Trotsky en las fases anteriores, e incluso en las ms tempranas, de su carrera.[13]

La singular vida de Trotsky da a esta triloga todas las caractersticas de una tragedia clsica. Deutscher era sumamente consciente de esto. En el prefacio a El profeta armado escribi: La pregunta que tiene un inters subyugante para el bigrafo es: en qu medida contribuy el propio Trotsky a su propia bancarrota? En qu medida se vio l mismo obligado, por circunstancias crticas y por su propio carcter, a abrirle el camino a Stalin? La respuesta a estas preguntas revela la tragedia verdaderamente clsica de la vida de Trotsky, o ms bien una reproduccin de la tragedia clsica en los trminos seculares de la poltica moderna....[14]

A diferencia del grueso de los bigrafos que cuando brillan literariamente fracasan como historiadores, y cuando se adentran en la vida individual del biografiado culminan olvidando las determinaciones sociales Deutscher posee, junto al genio literario, rigor erudito para analizar documentos, perspectiva histrica para valorar los hechos y penetracin psicolgica para comprender a las personas. De este modo, su triloga sobre Trotsky puede ser leda simultneamente como una bella novela, un excelente libro de historia y una estimulante reflexin poltica.

A la inversa de lo ocurrido con Stalin, la simpata que siente Deutscher por Trotsky es igualmente evidente. Pero esta carga subjetiva, una vez ms, se ve ampliamente compensada por un gran rigor documental y una implacable bsqueda de objetividad en la presentacin de los hechos. En sus pginas tanto los crticos como los apologistas de Trotsky pueden hallar todo el material que deseen. La simpata subjetiva realza la carga dramtica y la belleza literaria del texto, sin menoscabar el rigor histrico de la reconstruccin. En un prrafo revelador Deutscher sintetiza as su abordaje a Trotsky:

Yo considero a Trotsky, ciertamente, como uno de los jefes revolucionarios ms notables de todos los tiempos, notable como luchador, pensador y mrtir. Pero no me propongo presentar aqu la imagen glorificada de un hombre sin mcula y sin tacha. Me he esforzado por mostrarlo tal cual fue, en su estatura y su fuerza verdaderas, pero con todas sus debilidades; he tratado de mostrar la potencia, la fecundidad y la originalidad extraordinarias de su mente, pero tambin su falibilidad. Al examinar las ideas que forman su distintiva contribucin al marxismo y al pensamiento moderno, he intentado separar lo que en mi opinin tiene, y probablemente seguir teniendo durante mucho tiempo, un valor objetivo y duradero, de lo que reflej situaciones meramente transitorias, emociones subjetivas o errores de juicio. Me he esforzado en todo lo posible por hacerle justicia al carcter heroico de Trotsky, para el cual encuentro pocos parangones en la historia. Pero tambin lo he mostrado en sus muchos momentos de irresolucin e indecisin: describo al Titn batallador cuando vacila y titubea, y, ello no obstante, contina avanzando al encuentro de su destino.

Como ya se apuntara, la vida de Trotsky posee un innegable tinte trgico: las circunstancias de su muerte y los avatares de su familia as lo confirman. Pero es a Isaac Deutscher a quin corresponde el mrito de haber revelado los delgados hilos que unen el trgico final con las etapas ms tempranas de su carrera. Las palabras con las que finaliza El profeta desarmado son una muestra elocuente de esto:

Cuando Trotsky inst ahora (1921) al partido bolchevique a sustituir a las clases trabajadoras, no pens, en medio de la precipitacin del trabajo y las controversias, en las siguientes fases del proceso, an cuando l mismo las haba pronosticado haca mucho tiempo (en 1903) con extraa clarividencia. La organizacin partidaria sustituira entonces al partido en su conjunto; entonces el Comit Central sustituira a la organizacin; y finalmente un solo dictador sustituira al Comit Central. El dictador aguardaba ya tras bastidores.[15]

Pero an otro mrito corresponde a Deutscher: mostrar las implicancias y las consecuencias sociales y polticas de la tragedia del hombre. Lejos de estancarse en las alternativas de la vida personal ya de por s subyugante de Trotsky, Deutscher nos muestra al hombre luchando en medio de fuerzas sociales a las que no siempre comprende y escasamente domina. En este sentido, la tragedia de Trotsky es mucho ms que una tragedia personal: es una tragedia social la tragedia de la Revolucin Rusa ejemplificada y agudizada en su figura. Y esa tragedia ya se comienza a vislumbrar poco despus de la prcticamente incruenta insurreccin de octubre.

Los bolcheviques hicieron su Revolucin de Octubre de 1917 con la conviccin de que lo que ellos haban iniciado era el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad. Vieron al orden burgus disolvindose y a la sociedad clasista derrumbndose en todo el mundo, no slo en Rusia. Creyeron que en todas partes los pueblos se rebelaban por fin contra su condicin de juguetes de fuerzas productivas socialmente desorganizadas y contra la anarqua de su propia existencia. (...) Cuando por fin alcanzaron la victoria, descubrieron que la Rusia revolucionaria se haba excedido y se hallaba en el fondo de un pozo horrible. Ninguna otra nacin haba seguido su ejemplo revolucionario. Rodeada por un mundo hostil, o en el mejor de los casos indiferente, Rusia se hallaba sola, desangrada, hambrienta, aterida, consumida por las enfermedades y abrumada por el abatimiento.[16]

Pese a ello, hacia 1921 y contra todos los pronsticos los bolcheviques logran permanecer y afianzarse en el poder, tras haber derrotado a todos sus enemigos (internos y externos). Pero es en ese preciso momento cuando se hace patente que no podrn cumplir las promesas revolucionarias. Cuatro aos de guerra internacional y dos aos de guerra civil haban desmantelado la dbil estructura industrial rusa. La clase obrera, base natural de la democracia proletaria y del poder bolchevique, prcticamente haba desaparecido. El reparto de las tierras entre el campesinado haba dado a los soviet el apoyo de los pobres del campo, pero ahora redundaba en un descenso de la produccin agrcola, mientras que los campesinos una vez que hubo pasado todo peligro de regreso de los terratenientes comenzaron a mirar con indiferencia e incluso hostilidad al poder urbano sovitico.

Es en esta terrible encrucijada histrica, en esta verdadera tragedia colectiva, cuando se comienza a perfilar la tragedia de Trotsky.

En la cumbre misma del poder, Trotsky, al igual que el protagonista de una tragedia clsica, dio un traspi. Obr contra sus propios principios y pasando por alto un solemnsimo compromiso moral. Las circunstancias, las exigencias de la revolucin y su propio orgullo lo colocaron en este trance. En la situacin en que se hallaba, difcilmente poda evitarlo. Sus pasos fueron el resultado casi inevitable de todo lo que haba hecho antes, y slo un paso separaba ahora lo sublime de lo siniestro: aun su negacin de los principios era dictada por los principios. Y, sin embargo, al obrar como lo hizo destruy el terreno que pisaba.[17]

La carga trgica se ve realzada en el ltimo tomo de la triloga, aqul dedicado a los ltimos aos de Trotsky. Y no slo por la sucesin de tragedias familiares y personales que culminan en el cobarde asesinato de Trotsky, sino fundamentalmente por la situacin poltica verdaderamente trgica en la que se encuentra el fundador de la IV Internacional durante todos los aos de su ltimo exilio. Esa tragedia consiste, bsicamente, en el conflicto entre la necesidad y la imposibilidad de la accin. Necesidad, porque ni su carcter ni las circunstancias le permitan a Trotsky abstenerse de la lucha poltica directa. Imposibilidad, porque su aislamiento fsico y el contexto internacional hacan infructuosos sus intentos por intervenir en la poltica mundial o local. Ese mismo contexto el de los aos 30 es el que llev a Deutscher a abandonar el combate poltico directo, y a concentrar sus esfuerzos en la investigacin histrica. Es por eso que resulta especialmente reveladora la simpata y la comprensin que muestra Deutscher ante la decisin de Trotsky de construir la Cuarta Internacional.

Si el ltimo captulo del primer volumen lleva por ttulo Derrota en la victoria y resea el drama de los revolucionarios que, tras vencer a todos su enemigos, descubren amargamente que no pueden cumplir sus promesas y sus sueos; el ltimo captulo del ltimo volumen se titula Victoria en la derrota, y nos muestra los importantes elementos de victoria que se encuentran en el Trotsky aislado y derrotado de finales de los 30. De este captulo proviene el siguiente prrafo, en el que Deutscher expone sus ideas sobre el legado de Trotsky, por un lado, y de Stalin, por el otro.

(A Trotsky) lo veo como la figura representativa del comunismo pre-stalinista y como el precursor del comunista post-stalinista. Empero, no me imagino que el futuro del comunismo reside en el trotskismo. Me inclino a pensar que el desarrollo histrico est rebasando tanto al stalinismo como al trotskismo y tiende a algo ms amplio que cualquiera de los dos. Pero cada uno ser rebasado probablemente de diferente manera. Lo que la Unin Sovitica y el comunismo toman de Stalin es, principalmente, sus logros prcticos; en otros aspectos, en lo que toca a los mtodos de gobierno y de accin poltica, ideas y clima moral, el legado de la era de Stalin es peor que vaco; mientras ms pronto se lo deseche, mejor. Pero precisamente en estos aspectos Trotsky tiene todava mucho que ofrecer, y el desarrollo poltico difcilmente puede rebasarlo si no es absorbiendo todo lo que hay de vital en su pensamiento y aplicndolo a las realidades que son mucho ms avanzadas, diversas y complejas que las que l conoci.[18]

Marxismo y literatura  

Las preocupaciones literarias son una constante en la obra de Deutscher. Esto se refleja, por supuesto, en la manera exquisita que adopta su narracin, pero tambin en el abundante uso de obras y recursos literarios. Hay muchos ejemplos al respecto: para explicar la demencia irracional de las Grandes Purgas recurre a un inolvidable dilogo imaginario entre Stalin y el Fantasma del Zar Nicols; la estancia de Trotsky en Noruega es comparada con la novela El enemigo del Pueblo, de Ibsen; Sal, un cuento de Isaac Babel, es utilizado para ilustrar la compleja situacin de los judios en la Rusia revolucionaria; fragmentos de Los hermanos Karamzov, de Dostoievsky, son citados para graficar el conflicto entre la autoridad empeada en moldear la sociedad exclusivamente desde arriba, y la sociedad ansiosa de libertad para decidir su propio destino; la conflictiva relacin entre oriente y occidente es ilustrada con el poema Los escitas, de Blok. Estos ejemplos se podran multiplicar con facilidad. Aqu nos vamos a limitar a reproducir el estremecedor dilogo imaginario entre el fantasma del zar Nicols y Stalin.

La sombra del ltimo zar debe habrsele aparecido a Stalin ms de una vez, mientras ste contemplaba los preparativos de Hitler para la guerra. Se podra esbozar una conversacin imaginaria entre el gobernante viviente y el fantasma: Tu fin se acerca, susurra el fantasma; explotando el caos de la guerra, destruiste mi trono. Ahora el caos de la guerra te tragar a t. Vosotros los monarcas destronados no aprendis nada, en verdad, replica el vivo. No fue la guerra la que te derrot, sino el partido bolchevique. Ciertamente, nosotros aprovechamos las condiciones creadas por la guerra, pero... Ests completamente seguro, le interrumpe el fantasma, de que ninguna oposicin ha de sacar provecho de una nueva guerra? Recuerdas la terrible agitacin de Petrogrado cuando lleg la noticia de que los alemanes haban capturado Riga? Qu sucedera si los alemanes reaparecen en Riga, o en Kev, en el Cucaso o a las puertas de Mosc? Te repito que t tenas al formidable partido bolchevique contra t, mientras que yo he desterrado a Trotsky y he aplastado a todos mis dems adversarios. El fantasma re a carcajadas: Y de 1914 a 1917 no te tuve yo a t acaso en Siberia y no estaban Lenin y Trotsky en el exilio? ...[19]

En la arquitectura de la obra de Deutscher los aspectos literarios ocupan un importante, fundamental, lugar: no son un mero complemento de la narracin verdica de lo que ocurri realmente o de las explicaciones propiamente dichas. Y sin embargo, el respeto por los hechos y las fuentes documentales es tan riguroso como la elaboracin de hiptesis explicativas. De este modo, los libros de Deutscher realizan una asombrosa sntesis entre narrativa histrica, conocimiento erudito y rigor explicativo. Esta sntesis es, por sus alcances, una verdadera rareza y una autntica proeza. El lector puede zambullirse en la narracin de Deutscher y dejarse arrastrar por ella con la misma embriagante excitacin que provocan las mejores obras de los grandes novelistas; pero tambin habr de encontrar un conocimiento erudito y una calidad explicativa semejante al de los grandes historiadores. Una somera comparacin con dos historiadores de primera fila Edward Thompson y Edward Carr resulta aqu especialmente pertinente.

Thompson es considerado uno de los mejores cuando no el mejor escritor socialista de su tiempo en lengua inglesa. Al igual que Deutscher, Thompson tambin senta una profunda inclinacin literaria, que lo llev inclusive a la escritura de poemas. Su obra clsica, La formacin de la clase obrera en Inglaterra, ha sido ampliamente elogiada por sus vvidas recreaciones de la vida, las luchas, los pensamientos y los sentimientos de la clase obrera inglesa inicial. La fuerza y la elocuencia de ese texto difcilmente sea superada. Pero el precio que paga Thompson por este logro es elevado. La contra-cara de la elocuencia con que son descritas las experiencias de los trabajadores es la ausencia de coordenadas objetivas con las que contrastar esas experiencias subjetivas. Y esta es una ausencia grave pues, como ha sealado Perry Anderson, impide someter a escrutinio emprico la validez de la tesis thompsoniana acerca de la codeterminacin de la clase obrera inglesa, que se habra hecho (cultural y polticamente) a s misma tanto como fue hecha (econmicamente) por la industrializacin. El mismo Anderson no deja de mostrar su sorpresa ante el hecho de que, al cabo de novecientas pginas, el lector no pueda enterarse de datos tan elementales como la envergadura aproximada de la clase obrera o su proporcin con respecto al resto de la poblacin.[20]

Este es un costo que no paga Deutscher. Sin aburrir al lector con un exceso de cifras y estadsticas, oportunamente proporciona esclarecedores datos sobre la cantidad de miembros del partido Bolchevique, el descenso de la produccin rusa durante la guerra, el nmero de miembros del Ejrcito Rojo, los alcances de la colectivizacin, etc. De este modo, las coordenadas objetivas poseen en las obras de Deutscher una presencia ms significativa que en el libro de Thompson, lo cual no debilita en modo alguno los aspectos subjetivos y humanos de la narracin.

La comparacin con Carr es igualmente ilustrativa. Durante muchos aos Deutscher y Carr mantuvieron una cordial y amistosa relacin, asentada en el mutuo respeto intelectual. Sus preocupaciones historiogrficas, adems, eran en buena medida coincidentes: la revolucin rusa. Ahora bien, la lectura de los catorce tomos de la Historia de la Rusia sovitica de Carr es una tarea ardua, fatigosa. El lector se sentir subyugado por la monumentalidad de su conocimiento erudito, pero difcilmente se sienta atrado por una narrativa densa, que por momentos se pierde en detalles, y que slo excepcionalmente es capaz de recrear el ambiente de vivencias subjetivas de los procesos que narra. Deutscher, en cambio, hace un uso ms somero y atinado de un conocimiento documental semejante, y consigue con maestra introducir al lector en el ncleo subjetivo de los procesos que relata.

Curiosamente, el tipo de historia narrativa que despleg Deutscher podra tener en nuestros tiempos (en el que la historiografa asiste a lo que se suele llamar retorno a la narrativa) una mejor acogida en el campo acadmico de la que tuvo al momento de ser escrita, cuando la historia social estaba desplazando a paso veloz a la historia evenementielle. Pero los prejuicios anti-marxistas presentes en el mundo acadmico siguen operando: Deutscher contina siendo virtualmente un desconocido en los salones universitarios.

Los escritos menores  

Durante muchos aos Deutscher se desempe como periodista, y por esta va pudo hacer conocer sus ideas sobre los principales acontecimientos de la poltica internacional de las dcadas de los 50s y los 60s. Tambin acostumbraba colaborar con ensayos de mediana extensin en publicaciones de la izquierda europea, como New Left Review y Les Tempes Modernes. Estos escritos, como es obvio, son obras menores comparados con sus grandes biografas. Pero su lectura resulta esencial para hacernos una imagen ms acabada de su pensamiento y de su personalidad. En estos escritos muchos de ellos de ocasin aparecen con mayor nitidez su propias experiencias subjetivas, y sus convicciones se hallan mejor expresadas. Son pginas que nos muestran a Deutscher como un pensador de izquierdas comprometido con el presente (y no slo como un erudito dedicado a la reconstruccin histrica del pasado). Finalmente, no se deben desdear las entrevistas (en ocasiones televisivas) y los encuentros con jvenes estudiantes, oportunidades en las que Deutscher pudo expresar sus ideas de manera an ms directa, si cabe.

Una porcin numerosa y significativa de estos materiales se halla reunida en seis compilaciones, todas traducidas al castellano: Herejes y renegados, Ironas de la historia, El marxismo de nuestro tiempo, El judo no-judo, La dcada de Jrushov y Rusia, China y Occidente. Es imposible, sin embargo, analizar en el contexto de este artculo toda la variedad de matices y argumentos desplegada por Deutscher en estos trabajos.

El legado de Isaac Deutscher  

Hasta el da de su muerte permaneci leal al socialismo, aunque intransigentemente crtico de las dictaduras que hablaban en su nombre. En sus ltimos aos se mostr escptico respecto a las posibilidades de una revolucin poltica desde abajo en la URSS, aunque crea que la lgica del desarrollo obligara tarde o temprano a que la elite dirigente iniciara una reforma por arriba. En esto disenta con Trotsky y sus seguidores, quienes esperaban alzamientos de los trabajadores. No dispongo aqu de espacio para evaluar la perspectiva deutscheriana de la revolucin y el socialismo. Baste con decir que combin optimismo histrico a largo plazo con una gran serenidad para afrontar los descalabros inmediatos. En uno de sus ltimos escritos explor sin hesitacin, incluso, la posibilidad de una restauracin capitalista. Si algo sobresale en su obra, es la combinacin de estoicismo para soportar las desventuras polticas de un mundo trastornado, con un irrenunciable optimismo a largo plazo. Quiz su optimismo y su indudable confianza en el progreso hoy parezcan exagerados. De hecho ya lo parecan a muchos de sus contemporneos. Pero, todo hay que decirlo, no era el suyo un optimismo ciego.

A cincuenta aos de su muerte, en un contexto internacional de desconcierto generalizado en las izquierdas, la lectura de Deutscher parece, ms que recomendable, simplemente imperiosa. Como dijera Anderson, en l haba algo de olmpica serenidad, algo de iconoclasta visionario, algo de astuto poltico La cultura de izquierdas necesita todos estos atributos.

Este artculo ha sido enviado especialmente por el autor para ser publicado en Herramienta

 

Notas:

[1] P. Anderson, Teora poltica e historia. Un debate con E. P. Thompson, Mxico, Siglo XXI, 1985, pg. 171. El nosotros al que se refiere el comentario de Anderson es la New Left Review. Las influencias deutscherianas en la formacin y desarrollo del marxismo andersoniano han sido reconocidas y especificadas por Gregory Eliott, Perry Anderson: el laboratorio implacable de la historia, Universitat de Valencia, 2004 (1998).

[2] Perry Anderson, El legado de Isaac Deutscher, en su Campos de batalla, Barcelona, Anagrama, 1998.

[3] Isaac Deutscher, La tragedia del Partido Comunista Polaco, entrevista concedida a K. S. Karol, publicada originariamente en Les Tempes Modernes, en marzo de 1958, reproducida en El marxismo de nuestro tiempo, Mxico, Ediciones Era, 1975, p. 168.

[4] Isaac Deutscher, Alemania y el marxismo, entrevista concedida a la televisin de Hamburgo el 23 de julio de 1967, publicada luego en New Left Review, e incluida en El marxismo de nuestro tiempo, op. cit., pp. 185-6.

[5] P. Anderson, El legado de Isaac Deutscher, op. cit., p. 94.

[6] La cita corresponde a I. Deutscher, Trotsky, el profeta desterrado, Mxico, Era, 1988, p. 380. Los fragmentos entre son citas textuales del documento polaco.

[7] I. Deutscher, Prefacio a una edicin popular, Stalin, Mxico, Era, 1988, p. 11.

[8] He dedicado un extenso texto a estudiar las tensiones al interior del pensamiento de Deutscher entre causalidad y responsabilidad as como entre estructura y sujetos. Ver: A. Petruccelli, Las antinomias de Isaac deutscher, El Rodaballo, Buenos Aires, ao VIII, Nro. 14, invierno 2002.

[9] I. Deutscher, Stalin. Biografa poltica, Mxico, Era, 1988, p. 511.

[10] E. Carr, La tragedia de Trotsky (1968), en su 1917 antes y despus, Barcelona, Anagrama, 1969, p. 160.

[11] E. Carr, La tragedia de Trotsky (1968), en su 1917 antes y despus, Barcelona, Anagrama, 1969, p. 160.

[12] E. Carr, La tragedia de Trotsky (1968), en su 1917 antes y despus, Barcelona, Anagrama, 1969, p. 159.

[13] I. Deutscher, Trotsky, el profeta armado, Mxico, Era, 1987, p. 9.

[14] dem., p. 11.

[15] I. Deutscher, Trotsky, el profeta armado, Mxico, Era, 1987, p. 477.

[16] I. Deutscher, Trotsky, el profeta desarmado, Mxico, Era, 1989, p. 16.

[17] I. Deutscher, Trotsky, el profeta armado, Mxico, Era, 1987, p. 445. En este pasaje Deutscher se refiere a la propuesta de militarizacin del trabajo formulada por Trotsky y a su apoyo a la prohibicin de las fracciones dentro del PC ruso.

[18] I. Deutscher, Trotsky, el profeta desterrado, Mxico, Era, 1989, p. 11-12.

[19] I. Deutscher, Stalin. Biografa poltica, Mxico, Era, 1988, p. 347-348.

[20] P. Anderson, Teora, poltica e historia. Un debate con E. P. Thompson, Madrid, Siglo XXI, 1985 (1980), pp. 33-43.

Fuente: http://www.herramienta.com.ar/content/isaac-deutscher-un-marxista-que-nunca-deberiamos-olvidar



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter