Portada :: Espaa :: Crisis poltica en Catalua
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2017

La batalla de [por] Catalua, 2017

Antonio San Romn Sevillano
Rebelin


Mire vuestra merced que aquellos que all parecen no son gigantes sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino

Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha; Edicin del Instituto Cervantes, 1998, p. 95


La mxima de Herdoto: "Nosotros, los griegos, contra ellos, los brbaros" se apoyaba en diferencias culturales y lingsticas ms que biolgicas.

Jos Enrique Ruz-Domnec, Espaa, una nueva historia, Crculo de Lectores

 

Vivimos aos de soberbia, maniquesmo y corrupcin indisimulados con altas dosis conjuntas de hipocresa y cinismo. Nuestra sensacin de incertidumbre ante el futuro est en su punto ms alto. Para muchos, especialmente los jvenes, la emigracin se ha convertido en el nico recurso posible para progresar, incluso para sobrevivir con una cierta decencia econmica. Para los que ni siquiera la emigracin nos servira, nos quedan la resignacin, la esclavitud de la ignorancia o la lucha por sobrevivir en nuestra libertad, moral, al menos. Son los claroscuros de un momento nico, como cualquier otro de la Historia, cuya cima hosca vamos escalando cada da envueltos por la confusa lucha de intereses econmicos, personales y de poder de politicastros mediocres y/o rapaces y depredadoras oligarquas econmicas. Esta crisis se manifiesta en todas las democracias occidentales, pero se ve reforzada en Europa por lo que acostumbramos llamar la construccin europea, que se parece cada vez ms a una deconstruccin de la soberana.

Christian Salmon, La ceremonia canbal. La performance poltica, Barcelona, 2013


En Espaa, como una consecuencia ms de dicha crisis, aadiendo el particularismo de la historia socio-poltica propia, se exterioriza en esta Batalla de [por] Catalua, 2017.

Para un ciudadano corriente, contextualizar el conflicto de poder entre los principales representantes polticos del Estado espaol y la lucha por la independencia catalana presenta grandes dificultades.

Gillo Pontecorvo, en su pelcula La batalla de Argel, escribe un guin cinematogrfico en el que presenta una armoniosa correspondencia entre sus propuestas temtica y conceptual y el uso del lenguaje cinematogrfico. Su principal lnea narrativa reside en el vnculo particular entre el desarrollo de los personajes y la propuesta temtica del filme, con un uso descarnado de la realidad.

Pero, cmo puede un ciudadano corriente definir en nuestra inhumana y desfigurada realidad- personajes pblicos que son mscaras de intereses econmicos, que utilizan conceptos legalistas inmersos en ideas abstracto-sentimentales para hablarnos de poltica de Estado y ejercerla contra soluciones sociales que busquen el bien comn? Personajes como Mariano Rajoy Brey, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Soraya Senz de Santamara, Dolores Cospedal y sus sucesivos escalones de poder en ambas jerarquas nacionalistas, no son slo la mscara de s mismos cada uno de ellos, sino los disfraces tragi-cmicos de esta nueva tragedia mediterrnea.

Si en la pelcula de Pontecorvo los personajes, a medida que avanza el film, van siendo definidos gradualmente por la importancia que tienen sus objetivos para el problema poltico que se trata, nuestros principales personajes-mscaras llevan definindose y siendo definidos por jueces y medios de comunicacin cmplices- desde hace aos. Uno a uno debieran estar descalificados no slo poltica, sino intelectual y, seguramente, la mayora de ellos, ticamente. Todos, de una manera u otra, estn ligados a la abrumadora y dolorosa corrupcin que embarra a nuestra clase poltica, empresarial y meditica. Corrupcin que, sin el consentimiento de la mayora social, no podra darse. Quienes votan una y otra vez a estos personajes participan ticamente de su corrupcin. Por tanto, es una corrupcin que ensucia nuestra vida cotidiana. El familiar, amigo, vecino que vota una y otra vez a un personaje/partido manifiestamente corrupto, contamina nuestras relaciones de cada da. Evidentemente, nuestro familiar, amigo, vecino ha excluido o, directamente, asesinado en su propia conducta una necesaria tica del bien comn.

A medida que avanza el filme de Pontecorvo, los principales personajes del film, Omar Ali La Pointe y Phillipe Mathieu, son presentados como smbolos de la resistencia y del colonialismo respectivamente, que sirven al espectador para una profundizacin en los matices que se atribuyen a los personajes y, por tanto, al conflicto general.

Todos luchan por sus ideales. Omar Al LaPointe se convierte en un destacado militante independentista pese a sus comienzos como trilero y proxeneta. Phillipe Mathieu reprime y aborta la insurreccin en defensa del imperialismo francs y su deber militar, pero admira veladamente los ideales y el herosmo de sus contrincantes. El nico deber del soldado, dice, es la victoria, aunque no comparta los medios de lograrla. Mantiene una relacin inusual con el problema argelino, puntualmente con cierto trato, digamos, respetuoso, casi cordial aunque no condescendiente- con los lderes rebeldes. Es evidente que Rajoy ni nadie en su partido ni en el grupo constitucionalista- tiene nada de Mathieu. Ni Puigdemont, Junqueras o Anna Gabriel de Ali La Pointe. Los intereses personales de cada uno de ellos me son desconocidos. Esto no es un guin cinematogrfico abierto.

Es evidente, al menos para m, que la poblacin de Catalua no es una etnia nica. La poblacin de Catalua, es pueblo. Y cataln, slo porque vive en Catalua. Y, para comunicarnos, necesitamos adjetivar. Pero, ante todo, slo es pueblo. Con una diversidad socio-cultural copiosa y frtil, vista desde la meseta castellana. La cultura catalana, como la vasca, la andaluza, la gallega, las diversas francesas, italianas, portuguesas, marroques, etc., tan cercanas fsica y culturalmente todas ellas al lugar en el que vivo, s son una diferenciacin con respecto a mi propia cultura leonesa-castellana, a la pequea socio-cultura de mi patria materna. Y esta diversidad cultural, que gracias a la variedad geogrfica enriquece nuestra vida humana ms cercana, enriquece nuestra vida intelectual, cuando los sentimientos patrios elementales educados en el franquismo sociolgico ms casposo- no la dominan.

Y este, quizs, sea el gran problema de las diferencias socio-polticas entre el pueblo, que enfrenta a los diferentes ciudadanos que habitamos en la Pennsula Ibrica. El problema de los sentimientos impuestos e impostados frente a la racionalidad del bien comn.

La manipulacin de los sentimientos se le da muy bien a las derechas protofascistas que son todos los nacionalismos. No olvidemos que este movimiento de liberacin de los pueblos europeos, el nacionalismo, surge teorizado con el movimiento romntico alemn. Recuerdan? Aquel que condujo a los alemanes a la concepcin ms racista y exterminadora que lleg a gobernar en el siglo XX. Cuyos herederos hoy toman fuerza por todo el mundo, especialmente centro Europa. En Espaa avivados por polticos y medios nacionalistas espaoles- los vemos atreverse a salir de las cuevas a que la sociedad los haba confinado. Y salen ejecutando la violencia con toda la caspa franco-falangista que les permiten las autoridades que gobiernan. Quizs ya vayan preparando nuestras cunetas Por qu hay elementos de las fuerzas y seguridad del estado militando en tales grupos?

Unos ven la independencia negando ms de tres veces el nacionalismo cataln- como solucin a todos los males, otros como un mal menor o un paso necesario para cambiarlo todo. Esto, al menos en sus declaraciones, parece la meta poltica inmediata independencia- que exhiben los dirigentes de la CUP. As aparentan en los medios de comunicacin a los que puedo acceder. Ven el independentismo como esa puerta necesaria para t ratar de cambiar de base las estructuras y los valores que imperan en nuestra sociedad, para no replicar el modelo estatista espaol que no nos gusta a muchos de nosotros. Se separan en su lucha social de nosotros. Olvidan toda solidaridad con el resto de pueblos peninsulares. Apoyan Rojava, Palestina y otros movimientos sociales lejanos geogrficamente. A la sociedad peninsular nos proponen una promesa para el da de la victoria independentista, vamos, para el ms all!, a cambio de nuestro apoyo. Largo me lo fiais!

Algunos otros, que se autoadjetivan de izquierdas, debieran hacrselo mirar. No olviden que personajes como Felipe Gonzlez, Guerra, Bono, Corcuera, Leguina y un largo etctera, se autoadjetivan de izquierdas a grandes voces en los grandes medios de comunicacin de sus intereses. Y hasta Solana, aquel que fuera Secretario General de la OTAN para bombardear a los serbios y destrozar-desmembrar Yugoslavia, se autoadjevita de izquierdas. stos parecen ser los referentes del PSOE, el otro gran partido que ha gobernado en Espaa y que, trabajando para el mantenimiento y salvaguarda del capitalismo, se opone a que los catalanes se manifiesten polticamente a travs de las urnas.

Con respecto a la lucha argelina en la pelcula La batalla de Argel, la profundizacin del director en el pueblo se percibe, por ejemplo, en la inclusin del nio que opera como mensajero del Frente de Liberacin Nacional. Y, sobre todo, en la voluntad, en la disidencia que se les atribuye a las mujeres que participan activamente en dicho grupo. Esto, en ltima instancia, contribuye a ampliar y enaltecer el carcter social de la lucha por la independencia de un pueblo, el argelino, que tambin tiene regiones socio-culturales diferentes. Pero, para todos ellos y en aquellos das, su principal enemigo era el colonialismo francs.

Es evidente que una gran parte de la poblacin catalana se ha manifestado en este transcurso de lucha por la independencia. Otra gran parte por el no. No s cuntos de ellos tienen presente que nuestro verdadero enemigo es el capitalismo.

No es verdad que el pueblo cataln se haya hecho visible el 1-O. Que diferentes grupos sociales se hayan manifestado por separado. Apenas hay diferenciacin entre hombres o mujeres, jvenes o viejos. Al pueblo cataln, en conjunto, lo ha hecho visible a escala global la brutal actuacin de la polica y guardia civil, comandadas ambas fuerzas por el gobierno de Mariano Rajoy Brey. Evidentemente, los miembros de fuerzas y seguridad del estado han actuado como de ellos se espera cuando se les manda a reprimir. Y ms, si se les educa para ello, para ver que toda disidencia del patrioterismo espaol se merece cualquier tipo de castigo. Los responsables son los polticos que les han mandado ejecutar esa represin, y an se jactan del deber cumplido por dichas fuerzas. Es decir, de que les han obedecido. Estos dirigentes han visibilizado la represin sobre un pueblo.

La seccin independentista del pueblo cataln se ha ido haciendo visible durante los ltimos aos. Que los dirigentes espaolistas no lo hayan querido ver, es otra cuestin. Se han hecho visibles a travs de puestas en pblico, de performance polticas perfectamente estructuradas. Siempre ha habido grandes personajes catalanes ligados al mundo teatral. Performance es un anglicismo tomado del verbo ingls to perform, que significa fundamentalmente: representar, interpretar, actuar. Por tanto, Performance : representacin, actuacin, interpretacin. Y el nacionalismo cataln ha figurado perfectamente, con grandes directores de escena.

La parte del pueblo cataln que se ha manifestado independentista o simplemente partidario del referndum, lleva formando parte de la performance incesante que han ido organizando los polticos y dirigentes de asociaciones sociales partidarios de la independencia.

En Catalunya existe un magma muy importante de movimientos sociales, cooperativas, entidades, personas crticas y combativas a ttulo individual, un movimiento popular fragmentado s, pero que en torno a diversas fechas forma parte de las actividades performativas/asociativas organizadas por polticos e intelectuales organizados en pro de la independencia.

La variedad cultural ofrece la posibilidad de enriquecer la vida intelectual. Diversas culturas son diferentes formas de comprender la vida, que, aquel que es capaz de aceptar tratando de comprenderlas, de hacerlas propias, enriquecen su vida intelectual-espiritual. Esta aceptacin-comprensin de otras culturas nos acerca a la verdad, sea sta cual sea. Esta variedad cultural es lo que niegan y combaten los diversos nacionalismos, ya sean el cataln o el espaol, que son los que vienen al caso. A veces hasta el exterminio, como estamos viendo en Myanmar -el ejrcito de la premio nobel est aniquilando despiadadamente a la comunidad rohingya-, Yemen, Chile y Argentina, tantos pases africanos!, y tantos y tantos sitios de este pequeo y terrible mundo humano.

El pensamiento colonialista somete las caractersticas de la cultura de los pueblos, en los que se incluyen las lenguas autctonas, a la caricaturizacin de los rasgos tnicos de las poblaciones sometidas por la fuerza, generalmente, de las armas. La derecha nacionalista espaola siempre ha ridiculizado no slo a los catalanes. Todos aquellos pueblos que poseen una originalidad propia que les diferencia del ms rancio espaolismo, ha sido, no slo ridiculizado, sino reprimido. Cuando un pueblo o una parte de un pueblo determina rebelarse utilizando su propia cultura como arma y escudo contra otra parte del pueblo que utiliza, a su vez, su cultura como escudo y como arma, cuando ambos contendientes basan lo ms elemental de sus propias culturas en acontecimientos histricos construidos sobre leyendas y esperanzas mesinicas, ambos pueblos construyen una tragicomedia que se desarrollar en las acciones propias de una tragedia estpida.

Pero debemos saber, ser conscientes, que detrs de este tipo de enfrentamientos entre historias inventadas de pueblos, hay unos intereses econmicos y polticos depredadores contra tales pueblos.

Cuando la representacin del Otro cataln/espaol- se presenta como cultural/econmicamente inferior al yo-nosotros espaol/cataln-, slo se admite al Otro como enemigo real cuando ste puede infringir un dao real equivalente al que el Yo-Nosotros puede infringir. Y, por tanto, slo ante esta disyuntiva ambos contendientes se admiten como iguales en el dilogo que debe establecerse para evitar la estpida mutua destruccin.

La evidencia de la subjetividad sobre la que se sustentan los derechos inalienables de los pueblos debiera servirnos para mirarnos cada maana en el espejo y comprobar que la imagen reflejada es tan transparente que podemos ver a nuestro vecino en nuestra propia silueta an sin habernos lavado ninguno las legaas de los tiempos. Todos debiramos tener nuestras pruebas del genoma para saber quines son nuestros ancestros.

"Naciones enteras han perdido su entidad como tal cuando la memoria social ha sido secuestrada por la retrica poltica. [p. 31 ] [] Al perder la memoria social han perdido la capacidad de realizar una historia [p. 32]", J-E Ruiz-Domnec

La cronologa interior de la pelcula de Pontecorvo no permite ms filtraciones y referencias histricas como que hubo intentos por parte de una minora rabe de lograr una Argelia francesa y los problemas derivados de esta postura, los intentos de dotar a Argelia de un estatuto por parte del ejecutivo parisino e incluso las problemticas en la cpula de FNL determinadas por sus poltica de acciones terroristas.

Los grandes medios nacionalistas de uno y otro bando espaolista y catalanista- ocultan incluso llegando a la difamacin- que hay otras asociaciones, otras muchas personas, que no son nacionalistas, que proponen otras soluciones contra el desenlace de vencedores y vencidos . Que hay movimientos que puedan proponer otro imaginario social, basado en el reconocimiento de prcticas comunitarias y comunales de modelos para la sociedad del futuro. Un modelo social que deje de ser una disputa entre banderas nacionalistas y abarque dinmicas homogeneizadoras econmicas, que no culturales, entre las gentes europeas, primero, para abarcar un mundo despus.

La lucha violenta independentista del FNL fue derrotada por los 150.000 hombres de las Unidades de Paracaidistas francesas. Pese a la derrota, la independencia del pas, a partir de la mitificacin del FNL, era cuestin de tiempo.

No s si la independencia de Catalua tiene un futuro. La comunidad de pueblos es la que, en mi modesta opinin, puede salvaguardar el futuro de la Humanidad.

PS-Exabrupto:

Qu se puede decir de periodistas presuntamente deportivos que, corrompiendo la realidad, hacen casus belli de las declaraciones como ciudadano de un jugador de futbol (Piqu) y del dudoso color de una raya en la camiseta de la seleccin nacional de ftbol, pero no comentan o ensalzan las declaraciones, tambin como ciudadano, de otro jugador (Ramos) que hace gala de espaolista?

Qu calificativo merecen esas personas que se indignan por el dudoso color de una raya en esa camiseta de ftbol y se muestran indiferentes ante la corrupcin rampante de unos polticos -incluso les votan una y otra vez- y empresarios que expolian a todo el pas? Ciudadanos incluidos esos periodistas deportivos- qu no dicen nada ante las expropiaciones de viviendas, las estafas bancarias, la degradacin de la sanidad pblica, la educacin, la atencin a los ms [email protected], etc., tramas todas ellas que les empobrecen directamente a ellos. Pueden ser considerados patriotas o, simplemente, imbciles? Los periodistas desde luego no son imbciles. Los perros de Epuln tienen ms tica y dignidad que ellos.

Hay ms ideas sobre la tierra deca Michel Foucault que las que los intelectuales a menudo imaginan. Y estas ideas son ms activas, ms fuertes, ms resistentes y ms apasionadas de lo que pueden pensar los polticos. Hay que asistir al nacimiento de las ideas y a la explosin de su fuerza. Y esto no en los libros que las enuncian, sino en los acontecimientos que manifiestan su fuerza, en las luchas que se llevan a cabo para las ideas, por o contra ellas. No son las ideas las que mueven el mundo. Precisamente porque el mundo tiene ideas (y porque produce muchas sin cesar), no es conducido de manera pasiva segn los que lo dirigen o los que querran ensearle a pensar de una vez para siempre.

Christian Salmon, En memoria de Manuel Fernndez-Cuesta, https://www.infolibre.es/noticias/opinion/2013/07/15/en_memoria_manuel_fernandez_cuesta_5923_1023.html

[Original de Michel Foucault, Les reportages dides, en Dits et crits, vol. III, 1976-1979, Paris, Gallimard, 1994, p. 707.]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter