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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2017

Gramsci en Francolandia
Tecnocracia, populismo y territorio

Lino Campubr
CTXT

Los ingenieros y cientficos fueron intelectuales orgnicos del franquismo en el sentido que l le daba al trmino. Esto oblig a repensar su obra en la Espaa tecnocrtica y nos obliga a repensar la teora gramsciana


Antonio Gramsci ha vuelto a volver. Y cada vez que reaparece se le lee de manera distinta. Una vuelta de tuerca inesperada sera aplicar sus ideas al estudio histrico del franquismo, y a ver qu pasa! Antes de meterse a ello conviene sin embargo refrescar su idea del intelectual orgnico, uno de los pilares de su filosofa poltica y clave para repensar el lugar del militante comunista en la lucha revolucionaria del Prncipe Moderno: el Partido (comunista, se entiende).

Para Gramsci la unidad de anlisis histrico y poltico es el Estado-nacin. Es en su seno donde se produce la lucha de clases. Como intento de entender el triunfo del fascismo en Italia, que haba logrado enchironar nada menos que a un dirigente del Partido, como era l, escribi entre 1929 y 1935 los Quaderni del carcere, dnde se pregunta cul es el papel de la hegemona poltica y cultural como complemento de la coercin para resolver la lucha de clases en el seno de una sociedad poltica: cuando la clase dominante consigue que las clases dominadas acepten su ideologa, se constituye en el Estado-nacin un bloque histrico, una integracin (siempre inestable) de grupos con intereses enfrentados. Los intelectuales orgnicos son los encargados de poner en marcha esa ideologa, y su labor consiste en gran parte en hacer encajar las estructuras productivas con las superestructuras ideolgicas.

Para ser intelectual orgnico en un sentido gramsciano, por tanto, el requisito no es perpetrar muchos libros, fumar en pipa o hacer de tertuliano. El criterio es la funcin de cohesin social en un momento histrico determinado. Y cada organismo histrico pide un tipo de intelectual distinto. Si el clero o los maestros haban sido los intelectuales tradicionales del Antiguo Rgimen, las sociedades industriales segregan otro tipo de intelectuales: el empresario capitalista crea junto a l al tcnico industrial y al especialista en economa poltica, al organizador de una nueva cultura, de un nuevo derecho, etc. (Q12, 1). Gramsci supo ver que el consenso entre gobernantes y gobernados no es slo cuestin de palabras, sino que depende de la organizacin de la produccin, y que los tcnicos, ingenieros y encargados de fbrica se haban convertido en el eslabn organizativo entre el pueblo y las lites.

Y que tiene que ver esto con el franquismo? Poco a poco. En trminos gramscianos, una guerra civil es la ruptura de un bloque histrico; es la resolucin extrema de una crisis orgnica en la que, por razones que van desde la crisis econmica hasta las relaciones internacionales, se rompe el consenso hegemnico. Como dice Luciano Cnfora, toda guerra civil es la lucha de dos legitimidades y la pregunta de las preguntas es cmo buscar una solucin poltica a la misma que sea capaz de crear un nuevo consenso ms all de la coercin.

Nuestra guerra civil. Franco y los grupos que le apoyaron vencieron, pero inmediatamente tuvieron que convencer. Construyeron la paz de su victoria con armas, represin y terror, pero slo eso no hubiera sido suficiente para mantenerla durante cuarenta aos (y, en algunos aspectos, ms all). A lo que voy: los ingenieros fueron intelectuales clave para organizar el nuevo bloque histrico de la Espaa de posguerra.

La justificacin no cabe aqu (he escrito un libro sobre ello). Cientficos e ingenieros de rigurosa formacin cientfica fueron agentes polticos clave en la transformacin del territorio y de las relaciones internacionales durante la Guerra Fra. Hasta hace poco se debata si hubo o no ciencia y tecnologa en la Espaa franquista. Ahora la discusin est en qu tipo de ciencias y tecnologas favorecieron qu tipos de desarrollos de un rgimen heterogneo tanto por su composicin como por su desarrollo. La historia poltica del franquismo cambia cuando se la mira desde el punto de vista de la ciencia y de la tcnica, desde el cual obtenemos imgenes muy distintas de la industrializacin capitalista, los sindicatos verticales, la integracin europea, el activismo ecologista, la dependencia energtica, los conflictos del Shara Occidental y Gibraltar e incluso del nacionalcatolicismo!

Esto ltimo es importante para fijar el papel de los ingenieros como intelectuales orgnicos del franquismo. Nacionalcatolicismo suena a sotanas y palios; a vrgenes y rosarios; a siglo XVI y al Escorial. Y era todo eso. Pero era tambin una ideologa industrializadora basada en un razonamiento simple: para que Espaa se convierta en baluarte del catolicismo y la doctrina social de la Iglesia, debe sobrevivir en un mundo de materialismos (capitalista, por un lado, sovitico por el otro) y debe hacerlo con independencia poltica y econmica; y continuaba el argumento un pas pequeo y pobre en recursos slo puede lograr esto mediante la investigacin en ciencias aplicadas. Lo dice tal cual el fsico, ingeniero industrial y sacerdote jesuita Agustn Prez del Pulgar en El concepto cristiano de la autarqua (1938). Pero se encuentra tambin en la teora y prctica del Consejo Superior de Investigaciones Cientficas (y uno de sus ms acabados productos: el Opus Dei), del Instituto Nacional de Industrial, de las Universidades Laborales La transformacin fsica del territorio nacional haba de ser la realizacin y el soporte de una realizacin espiritual de la historia de Espaa, de su redencin.

Muchos factores se confabularon en la supervivencia del rgimen, desde los acuerdos entre familias polticas hasta las coyunturas internacionales. Pero los ingenieros nacionalcatlicos fueron capaces de vincular fuerzas productivas e ideologa en una nueva hegemona cultural que aglutin a grupos muy diversos y que adems logr adaptarse a las nuevas circunstancias segn andaba el tiempo. En una primera frase, y parafraseando al Marx del 18 de Brumario, podemos decir que los ingenieros de Franco industrializaron Espaa disfrazados de Reyes Catlicos. En una segunda fase (pero que guarda muchas ms continuidades ideolgicas y materiales con la primera que las que la distincin habitual autarqua/desarrollismo da a entender), la fanfarria imperial fue dejando paso a la tecnocrtica.

Seguramente quien mejor represent este segundo periodo fue Gonzalo Fernndez de la Mora, que aunque no era ingeniero fue ministro de Obras Pblicas entre 1970 y 1974. Sus ensayos sobre El crepsculo de las ideologas (1965) y el Estado de obras (1976) justificaban al franquismo por su labor econmica, y lo hacan en un perodo en el que idelogos de ambos lados del Teln de Acero (Radovan Richta por el lado sovitico; Daniel Bell por el gringo) pregonaban las mismas ideas: en un mundo atravesado por la tecnologa, la poltica tradicional deba dejar paso a la administracin tcnica de la produccin. La lucha de clases, el comunismo y el capitalismo, las batallas imperiales todo eso quedaba atrs en la era industrial, en la que cientficos e ingenieros deban tomar el control de la economa poltica con vistas a una mayor productividad.

Volvemos a Gramsci. El marxismo de los aos 20 y 30 tena que explicar dos graves imprevistos: la ruptura de la Segunda Internacional y el fracaso de la revolucin en Europa durante la Primera Guerra Mundial. Gramsci trat de hacerlo rechazando tanto el determinismo de Bukharin, que crea la revolucin inevitable, como la teora leninista de la vanguardia revolucionaria. Para que la revolucin triunfara en Europa, donde los vectores ascendentes de la sociedad civil al Estado estaban muy desarrollados, el Prncipe Moderno deba contar con el consentimiento de un pueblo-nacin altamente organizado. Los tcnicos industriales y gerentes de fbrica eran los cuadros ms indicados para lograrlo. Aunque haban surgido del empresario capitalista, ste los haba extrado del pueblo-nacin: si podan convertirse en intelectuales orgnicos del proletariado era porque ya formaban parte del mismo.

La propuesta se entiende mejor si miramos los vaivenes de la clase universal como sujeto revolucionario desde Hegel hasta Gramsci. Para Hegel los intelectuales encargados de las artes, el derecho, la religin o la filosofa eran los encargados de mover la Historia hacia delante mediante la realizacin del espritu absoluto. S, las clases productivas eran necesarias para el desarrollo de las fuerzas productivas (espritu objetivo), pero el desarrollo de la conciencia, de la historia en el sentido idealista, era cosa de las clases pensantes. El materialismo de Marx consista en darle la vuelta a la relacin entre el espritu objetivo y el espritu absoluto: el primero no slo tena preferencia cronolgica sino ontolgica, porque de l dependa el avance de la historia. Por eso la clase universal era la clase productiva, los proletarios. Los intelectuales tradicionales slo representaban a los gobernantes, y eran una clase parcial; su conciencia no era absoluta sino falsa (y a la correccin de esta falsa conciencia dedicaron los lderes soviticos y chinos sus respectivas revoluciones culturales).

En el marxismo clsico haba una conexin interna entre la historia de la tecnologa y el socialismo: la produccin es esencial para la naturaleza humana, pero la separacin entre productores y propietarios haba alienado esa esencia. La colectivizacin de los medios de produccin se aadira al crecimiento de las fuerzas productivas, un proceso hasta cierto punto independiente y autnomo, y corrern a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva (Marx, Crtica del Programa de Gotha, I).

Marx y los marxistas no estaban solos en el entusiasmo por el papel de la tecnologa en la historia. El movimiento tecnocrtico de los aos 20 confiaba a la tcnica la gua de la Historia, como despus haran Fernndez de la Mora y sus homlogos yanquis y comunistas. Thorstein Veblen profetiz en 1921 un futuro sin lucha de clases en los que los ingenieros sustituiran a los capitalistas para reorganizar la produccin. Los ingenieros eran la nueva clase universal.

Por eso Gramsci se hubiera sorprendido (amargamente) de que los ingenieros fueran los intelectuales orgnicos del franquismo. Comparta con sus contemporneos la visin de la tecnologa como la promesa de una nueva Arcadia. Y, aunque luch fervientemente contra la idea de que la Historia tuviera una direccin determinada, siempre que en los Cuadernos habla de los tcnicos e ingenieros como intelectuales orgnicos supone que lo seran del proletariado. Por aquello de que ya formaban parte de un pueblo-nacin que l consideraba revolucionario: el desarrollo tcnico puede pensarse como separado de los intereses de la clase dominante, e incluso como unido a la todava clase subalterna (Q12, 50). No olvidemos que Gramsci escriba para vencer en una lucha a muerte; es normal que a veces mezclara el deber ser con el ser y quisiera ver la botella medio llena.

Pero realidad, yo te maldigo! el caso es que en Espaa y otros lugares los ingenieros se alinearon con el cesarismo capitalista y no con la revolucin. Es ms, fue esa alianza la que permiti aplacar la revolucin proletaria mediante el desarrollo del Estado del bienestar. Gramsci haba credo que el fordismo (convertir a los trabajadores en clientes) slo funcionara en el contexto norteamericano (Q22, 13); pero se expandi a travs del New Deal y despus el Plan Marshall como modo de frenar a los soviticos. Igualmente, Gramsci dudaba que las clases dirigentes fueran a invertir parte de sus ganancias en ganar el favor del pueblo-nacin ms que en contextos muy especficos (Q22, 6); pero el consumismo se convirti en la hegemona cultural de los pases capitalistas. Y a esto se apunt el franquismo. El Seiscientos y el pisito: la creacin de una clase media que asegurara una transicin tranquila hacia una democracia capitalista del gusto del To Sam.

Y en eso desembarc Gramsci en Espaa. Los Cuadernos no se tradujeron al espaol completos hasta 1975, y se publicaron en Mxico. Pero en la segunda mitad de los aos 60 aparecieron en nuestro pas las primeras antologas. Y en 1973, el camarada Jos Mara Laso public Introduccin al pensamiento de Gramsci, la primera introduccin terica del marxismo en Espaa, centrada sobre todo en el papel del Partido en la conformacin de un nuevo bloque histrico.

Abra la obra de Laso un prlogo de Gustavo Bueno, que un ao antes haba dado la vuelta a la ontologa del Diamat con sus Ensayos materialistas. Bueno afirmaba en su prlogo que lo ms caracterstico de Gramsci era haber identificado el espritu objetivo (recordemos, el motor de la Historia para Marx) con la historia del Estado-nacin. Y la historia de una sociedad orgnica exiga la reinterpretacin del binomio base-superestructura en trminos orgnicos y no arquitectnicos: la base productiva, el esqueleto, soporta a la superestructura, pero a su vez la necesita para sostenerse en pie y para nutrirse y desarrollarse (esta metfora era tambin la preferida por Gramsci). La nica crtica a Gramsci que Bueno hizo explcita en su prlogo fue a cuenta precisamente del concepto de intelectual orgnico, crtica que luego extendera al uso de Gramsci por parte del Eurocomunismo abanderado por Santiago Carrillo: si el intelectual slo es orgnico cuando cumple una funcin orgnica en una sociedad ya organizada orgnicamente, dnde reside su funcin organizadora? En el fondo, el problema era asignar unidad de intereses al pueblo-nacin, suponerle unidad poltica (revolucionaria) y hacerla extensiva a todas sus partes, incluidos los ingenieros.

Segn lo dicho hasta ahora, Gramsci no pudo prever la evolucin del capitalismo en distintas sociedades y, dado que su nocin de intelectual orgnico era explcitamente histrica, no tiene nada de particular que, pasados tantos aos y tantas cosas (incluida la cada de la URSS), los que venimos despus nos veamos obligados a repensarla. Pero acert de pleno en que el materialismo poltico deba tener en cuenta que las transformaciones econmicas basales de una sociedad poltica siempre se dan canalizadas a travs de las superestructuras que, como el metabolismo, les proporcionan las energas y les dan su forma especficamente histrica. Recordemos el nacionalcatolicismo y su funcin industrializadora y de transformacin del territorio a travs de laboratorios, iglesias, campos de arroz y centrales nucleares.

Y, pum!, la democracia. Se enterraron la revolucin, el comunismo de Laso y el eurocomunismo de Carrillo. Lleg el PSOE y se eclips a Marx, Lenin y Gramsci a favor de Kant, Krause y Habermas (vale, ya s que no son lo mismo). Hubo que esperar otros aos hasta la eclosin del 15M y, despus, de Podemos para que Gramsci volviera a sonar con fuerza. igo Errejn lo trajo filtrado por sus maestros, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Reivindica de Gramsci la afirmacin de la importancia de la hegemona cultural, pero renuncia a reconocer ninguna conexin fuerte con las estructuras materiales y productivas. Desde este idealismo, los intelectuales orgnicos ya no son los tcnicos o los ingenieros, sino los expertos en palabras y en el manejo poltico de significantes vacos. Podemos ha entendido el populismo como una tecnocracia de significados.

Hay voces dentro y fuera de Podemos que sealan el olvido del materialismo como su pecado original, con coletazo final en el lo cataln. El discurso y el debate se ha centrado en la voluntad democrtica del pueblo (de nuevo, suponiendo su unidad), no en las implicaciones materiales inmediatas que tendra una fractura del territorio espaol sobre el sistema fiscal distributivo y como nueva frontera separando ciudadanos iguales ante la ley y cada vez ms desiguales ante el cajero automtico.

En la era de la globalizacin y de Internet, hablar de territorio es de pobres. Pero, no nos engaemos: los cables, la fibra ptica, la electricidad, el coltn, el uranio, el petrleo los recursos que nos sostienen siguen disputndose a base del control militar de territorios fsicos. Ni la autodeterminacin ni la soberana popular significan nada sin soberana econmica. Preguntemos en Grecia! En la Europa de los tiburones manufactureros y en el capitalismo de los tigres financieros, es desde luego imposible lograr esa soberana econmica sin alianzas supraestatales. Pero dejarse dividir es dejarse vencer antes de empezar la partida.

Fuente: http://ctxt.es/es/20171115/Culturas/16219/gramsci-franquismo-tecnocratas-regimen-populismo.htm



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