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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2017

Catalunya: la astucia y la represin no resolvern el problema de Espaa

Manolo Monereo
eldiario.es


Las crisis desvelan la realidad o, al menos, la hacen ms compleja, ms polismica. A estas alturas sabemos dos cosas; mejor dicho, se van a clarificar dos cosas que antes se ignoraba o se queran ignorar. Ahora ya no es posible. La primera es evidente: que la nacin o la nacionalidad espaola existe; y la segunda, que el movimiento independentista movilizado, audaz, fuerte, sigue siendo minoritario en Catalunya.

No me gustara entrar mucho en debates filolgicos. Hay una identidad fuerte, heterognea, difusa de gente que se considera espaola. Lo hace de un modo laico, no excluyente y sabindose parte de una pluralidad de seres humanos. Lo que quiero decir es que el nacionalismo espaol es minoritario. Tanto es as, que para buscar la hegemona tiene que camuflarse en el nacional-constitucionalismo e incorporar irremediablemente al PSOE. Es cierto que puede haber muchos ciudadanos espaoles que sean nacionalistas sin saberlo; pero, en todo caso, minoritarios. Lo digo de una manera directa para evitar equvocos: la identidad espaola, en sus diversos grados y motivaciones, no significa la presencia mayoritaria de un nacionalismo excluyente y autoritario.

Algunos lo dijimos desde el comienzo con desigual suerte, es verdad. El paso del nacionalismo cataln al independentismo iba a generar, tarde o temprano, la presencia de una minora de grandes dimensiones espaola y hasta espaolista. La pluralidad de culturas existente en Catalunya ha coexistido en un marco autonmico porque nadie iba a ser sometido a elegir entre Catalunya y Espaa. Este era un salto con consecuencias porque catalanes que se sienten espaoles con toda normalidad y naturalidad ven en peligro, no solo su identidad sino que empiezan a vivir dramticamente una condicin post espaola que los convierte en extraos en su propia tierra que, dicho sea de paso, muchos la han construido con sus propias manos en condiciones de sobre explotacin y, paradojas de la vida, defendiendo los derechos nacionales de Catalunya.

La realidad ha evidenciado ms cosas que convendra no olvidar ahora que estamos ya en plena campaa electoral. Las ltimas elecciones autonmicas catalanas el movimiento independentista las plante como un plebiscito. No ganaron, mejor dicho, tuvieron mayora parlamentaria pero no consiguieron la mayora del electorado. Los partidos mayoritarios tenan varias posibilidades y escogieron una especialmente arriesgada: romper con la legalidad estatutaria e iniciar un proceso de secesin. Hay que decir que han conseguido movilizar a una parte significativa de Catalunya y que esta movilizacin ha sido sostenida en el tiempo en una dialctica muy pensada de accin/reaccin que ha situado al gobierno espaol en un escenario con muchas dificultades.

El clculo estratgico se ha hecho explcito con el tiempo. El punto de partida era, en principio, potente: control de las instituciones del Estado en Catalunya, especficamente, de los funcionarios y de los Mossos a lo que haba que aadir una influencia determinante en los medios de comunicacin pblicos. El rgimen puyolista cre una trama entre poderes polticos, econmicos y comunicacionales que, solo en la fase final, ha entrado en crisis. Todo esto es bueno insistir sobre ello- con una movilizacin muy importante (centenares de miles de personas) que han encontrado en la independencia de Catalunya su utopa concreta transversal y liberadora.

No creo que sea aventurado decir que en los clculos estratgicos del ncleo dirigente independentista estaba, en primer lugar, la idea de que la Unin Europea (confundir la Unin Europea con Europa es arriesgado siempre) sera neutral o que incluso podra apoyar el proceso independentista. Imagino que algo sabran y que deberan de tener alguna informacin que el resto de los mortales no conocamos. Un segundo elemento llevara a pensar que el movimiento independentista vislumbr, pens que el Estado espaol no tendra fuerza suficiente para bloquear o impedir el proceso. Habra un tercer elemento que no sabemos a estas alturas si se tuvo en cuenta cuando se inici el proceso. Me refiero a la capacidad del gobierno de construir una amplia mayora parlamentaria articulada en torno a unos medios de comunicacin casi unnimes y con el apoyo, ms o menos explcito, de una parte significativa de la poblacin espaola.

La estrategia de Mariano Rajoy ha sido, en muchos sentidos, inteligente. A la guerra de maniobras emprendida por el gobierno de la Generalitat ha respondido con una estrategia de desgaste que no solo le ha dejado la iniciativa al adversario, sino que le ha permitido ganar tiempo, acumular fuerzas y hacer evidentes las contradicciones del contrario.

Rajoy jug fuerte desde el principio. Lo primero fue ganarse el apoyo del amigo americano, hoy especialmente complicado por la figura de Donald Trump. Luego, tejer acuerdos con la Unin Europea, sus gobiernos e instituciones y, ms all, intentar neutralizar una campaa internacional del gobierno cataln especialmente eficaz.

Rajoy dejaba hacer, les permita avanzar favoreciendo que el gobierno independentista fuese cada vez ms audaz rompiendo amarras con una parte de la poblacin catalana, haciendo emerger todas sus contradicciones. La hiptesis de una direccin plebeya del proceso que confirmara la autonoma del movimiento en Catalunya, al final no ha dado mucho de s. Cuando el presidente Puigdemont, en el ltimo minuto, intent pactar una salida que impidiera la aplicacin del 155, ya era demasiado tarde. Rajoy se dio cuenta de que haba ganado la partida y estaba en condiciones de ceder o no y dejarle al presidente de la Generalitat la decisin definitiva. La proclamacin de la supuesta independencia habra que calificarla de proclamacin/fiasco. La desbandada fue general y entramos ya de lleno en una campaa electoral que, a mi juicio, puede producir sorpresas significativas. El ingreso en prisin de una parte del gobierno de Catalunya y la orden internacional de bsqueda del resto, ha sido el inicio de una represin que se est aplicando con una calculada gradualidad. Se habla, incluso, de que no habr presos el da de las elecciones

Creo que se puede decir que la lucha contra la represin ha impulsado de nuevo un movimiento que haba perdido el norte y que careca de una slida direccin poltica. Ahora estamos en el slvese quien pueda electoral y, a partir de ah, reorganizar fuerzas y reformular una estrategia que ha demostrado enormes carencias.

Todo hace pensar que las elecciones del da 21 de diciembre sern especialmente complicadas. Las encuestas hablan de un mapa electoral muy parecido al anterior, sin grandes novedades. Tengo la impresin de que puede haber sorpresas y que nos encontremos con un parlamento cataln diferente y de composicin ms heterognea. Lo importante, a mi juicio, est por llegar. La llamada crisis catalana es tambin la de Espaa como pas y como Estado. Se puede eludir y hasta ignorar, pero la crisis del Rgimen del 78 sigue abierta; se podra matizar diciendo que la restauracin ha avanzado y que las fuerzas de la ruptura democrtica han perdido influencia, se han dividido y tienen dificultades para definir un proyecto de sociedad, de gobierno y de Estado diferentes.

Termino como empec: el problema es Espaa; Catalunya es causa y efecto. Olvidar esto es engaarse y engaar. La cuestin federal, tarde o temprano, llegar, no como un sucedneo o un ensimo transformismo poltico-institucional sino como proyecto para cambiar el tipo de Estado y sus relaciones con la sociedad. Tambin llegar la cuestin social con todas sus implicaciones y, lo fundamental, ms temprano que tarde, emerger la madre de todos los debates: la necesidad de un proceso constituyente que active al soberano de nuestra Constitucin, el pueblo.

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Catalunya-represion-resolveran-problema-Espana_6_708389166.html


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