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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2017

La crisis de Corea, EE.UU., inestabilidad geopoltica en Asia y proliferacin nuclear

Pierre Rousset
International Viewpoint


Los Estados Unidos ha vuelto a retomar la ofensiva en el Este de Asia durante la crisis de Corea. China ha perdido temporalmente la iniciativa. El imperialismo norteamericano est lejos de haber ganado la partida, pero ha sumado puntos importantes cuyo alcance afecta a toda la regin -y al resto del mundo, sobre todo debido a la aceleracin de la carrera armamentista nucleares que induce. Las relaciones de poder geopolticas estn en constante evolucin en esta parte del mundo. Largamente anunciado, el reposicionamiento de los Estados Unidos en el pivote Asia-Pacfico no lleg a producirse bajo la presidencia de Obama. Donald Trump ha comenzado a retirarse de esta regin clave, denunciando los acuerdos de libre comercio en negociacin (la Asociacin Transpacfico - TPP) y dejando as el campo libre a China, que est promoviendo, con cierto xito, la Asociacin Econmica Regional (RCEP) .

Durante la crisis de Corea, Donald Trump tom la iniciativa, esta vez en el plano militar, donde la supremaca de Estados Unidos es ms abrumadora. Su carcter es imponderable, y su forma de abusar de Twitter y sus insultos son a la vez inquietantes y risibles. La pelea de gallos entre Trump y Kim, sin embargo, no debe ocultar que la ofensiva de Estados Unidos es seria, sostenida y comienza a tener profundas consecuencias.

Un cierto equilibrio inestable y conflictivo se ha desarrollado en el Este de Asia. Beijing tuvo la iniciativa en el Mar del Sur de China, gracias a su peso econmico y la ocupacin militar de la zona martima. Washington ha tendo la sartn por el mango en el norte gracias a su red de bases y sus aliados ms o menos subordinados (Corea del Sur, Japn). Rusia, a pesar de ser la potencia en Siberia, se ha mantenido al margen.

Este equilibrio slo puede ser temporal. En el Sur, Washington ha enviado a la 7 Flota hasta el borde de las islas artificiales construidas por China, mientras que en el norte, Pekn ha enviado aviones y barcos para impugnar las reclamaciones japonesas en el micro-archipilago de Senkaku / Diaoyu, probando con ello la determinacin de EE.UU. Este equilibrio inestable ha sido roto por la amplia intervencin de Estados Unidos en la cuestin de Corea, pero tambin por la llamada de atencin del Pentgono en las Filipinas.

El despliegue de la ofensiva de EE.UU.

Las sanciones econmicas no han obligado, hasta ahora, a los dirigentes de Corea del Norte a doblegarse o abierto una crisis en el rgimen. Washington ha subestimado la capacidad de Pyongyang para resistir. Durante el conflicto de Corea de 1950-1954, los Estados Unidos redujeron el Norte al polvo y cometieron crmenes de guerra. No se han olvidado y, a pesar de que la poblacin norcoreana vive en una gran pobreza, tiene miedo, sobre todo, a una nueva agresin devastadora. Ha surgido una lite social privilegiada y modernizada, que proporciona una base social al poder autocrtico de los Kim - que se ha expandido al permitir que las relaciones de mercado se desarrollen en los poros de la economa planificada. El nacionalismo tnico es un cemento ideolgico eficaz. Una represin preventiva impecable impide la aparicin de una alternativa dentro del propio rgimen.

El hecho de que las sanciones anteriores no hayan tenido xito no significa, por supuesto, que no se produzca un punto de ruptura en el futuro. Esta es una de las cuestiones abiertas que plantea la evolucin de la situacin.

La sptima serie de sanciones adoptadas por la ONU el 5 de agosto de 2017 pretende privar al rgimen de mil millones de dlares (850 millones de euros) de ingresos anuales por exportaciones. Se prohbe la creacin de nuevas empresas conjuntas entre compaas extranjeras y Corea del Norte; congela cualquier inversin adicional de las ya existentes; aumenta las cuotas de los trabajadores de Corea del Norte en el extranjero; prohbe el atraque en los puertos de todos los pases a los barcos norcoreanos que violen las resoluciones de la ONU; y congelan los activos del banco de comercio exterior de Corea del Norte.

El 11 de septiembre de 2017, el Consejo de Seguridad de la ONU adopt un nuevo conjunto de sanciones que incluyen un embargo parcial y progresivo del petrleo y sus derivados (total de gas natural). Esta vez, con pocas excepciones, todas las empresas mixtas con Corea del Norte quedan prohibidas y las ya existentes deben cerrar en el plazo de ciento veinte das. Washington est tomando medidas contra los bancos.

En cuanto a la guerra ciberntica, con Obama se cre un programa de guerra electrnica, en particular para sabotear el programa nuclear de Corea del Norte. Es posible que la serie de accidentes (lanzamientos de misiles defectuoso, etc.) puede explicarse como resultado de ello, pero no ha impedido un progreso considerable en el desarrollo de la capacidad militar nuclear de Corea del Norte.

Washington ha mantenido una presin militar constante contra Corea del Norte, en particular mediante maniobras navales realizadas conjuntamente con el Ejrcito de Corea del Sur anualmente. Se ha formado una unidad de lite de Corea del Sur con el mandato de asesinar a Kim Jong-un. Esta presin ha sido reforzada de manera constante con la creacin de una base submarina en la isla de Jeju, la presencia de un portaaviones, el despliegue de bateras de misiles THAAD, y finalmente el sobrevuelo de bombarderos en la zona costera de Corea del Norte, algo que no haba ocurrido desde la dcada de 1950.

La ofensiva multifactica de los Estados Unidos slo ha confirmado, a los ojos del rgimen de Corea del Norte que su supervivencia depende de su capacidad nuclear. No se ha doblegado. Sin embargo, la poltica de Washington ya ha dado sus frutos en Corea del Sur, Japn, China, Filipinas, y ms generalmente en el espacio geopoltico de Asia.

Corea del Sur es una piedra angular del sistema regional de los Estados Unidos. Sin embargo, las elecciones de 9 de mayo de 2017 fue un revs muy serio para Donald Trump. Despus de una gran movilizacin ciudadana, ocupando el espacio pblico, notable por su alcance y duracin, el rgimen surcoreano anterior (derecha radical, heredera de las dictaduras de antao) fue derrotado en las urnas. La poblacin ha dado mucha ms importancia a las cuestiones domsticas (escndalos de corrupcin, represin, etc.) que a las tensiones militares regionales. La poltica militarista de Estados Unidos a sus ojos solo beneficia a Trump, no a ellos.

El nuevo presidente, Moon Jae-in, pertenece a un movimiento poltico muy importante en Corea del Sur que no rompe con los cnones del neoliberalismo, pero concede una gran importancia a la cuestin nacional, a saber, la reunificacin del pas, en particular mediante negociaciones (su partido es clasificado como de centro izquierda). Moon se haba opuesto al despliegue acelerado de las bateras de misiles THAAD en territorio de Corea del Sur y, desde su eleccin, ha abogado por abrir un dilogo con Pyongyang. Esto fue recibido con una brutal rechazo de Kim Jong-un, lo que provoc que su iniciativa diplomtica perdiese todo crdito. En estas condiciones y frente a la espiral de provocaciones y contra-provocaciones, tanto nucleares como militares, entre Kim y Trump, ha quedado parcialmente a un lado por el momento.

Es probable que la hostilidad a la poltica de agresin de Estados Unidos se mantenga fuerte en la poblacin de Corea del Sur. El presidente Moon acaba de decidir enviar ayuda humanitaria a la poblacin del norte por valor de 8 mil millones de dlares; un gesto que tiene una dimensin poltica. Sin embargo, las condiciones para actuar del movimiento anti-guerra son ahora mucho menos favorables que en mayo pasado.

Mientras tanto la derecha japonesa ha aprovechado su oportunidad. La derecha militarista gobernante quiere acabar de una vez por todas con la clusula pacifista de la Constitucin, pero en su mayora, la poblacin se opone a esta revisin constitucional del artculo IX. Los misiles de Corea del Norte sobrevuelan peridicamente el archipilago japons (sin causar pnico).

El primer ministro Abe Shinto decidi disolver la Cmara de Representantes y la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias. No tena necesidad de hacerlo, ya que gozaba de una mayora deE dos tercios en ambas cmaras. Su plan: aprovechar la situacin actual para renovar su mayora en 2018 y garantizar as la continuidad de su gobierno hasta 2021 (y tambin desviar la atencin de los escndalos de favoritismo que afectan a su esposa).

Abe no corri apenas riesgos al optar por unas elecciones anticipadas. La oposicin est dividida. El nico peligro era un nuevo partido poltico, el Partido de la Esperanza (iniciado por Yuriko Koike, gobernadora de Tokio, que se identifica con Emmanuel Macron!). Al actuar con rapidez, Abe Shinto se a asegurado que no tiene tiempo para echar races.

a relacin entre Japn y Estados Unidos es compleja. Tokio es el principal aliado de Washington en la regin (sede de sus mayores bases militares) pero tambin una potencia potencialmente competidora. Por ahora, sin embargo, Abe Shinto est apoyando a Donald Trump, afirmando que cualquier intento de dilogo con Pyongyang es intil.

En Filipinas, el presidente Rodrigo Duterte, elegido en mayo de 2016, ha denunciado violentamente la presencia de los EE.UU. en el archipilago, insultando a Barak Obama. Se ha acercado a China (buscando atraer inversiones), y se ha abierto a Rusia. La crisis en la isla meridional de Mindanao ha dado a Washington la oportunidad de recordar en voz baja que no se puede cambiar de alianzas como de camisas.

En mayo, estall un violento combate en la ciudad musulmana de Marawi entre las fuerzas gubernamentales y los movimientos islamistas yihadistas, provocando una gran crisis humanitaria y dando a Duterte la posibilidad de imponer la ley marcial en toda la isla de Mindanao. [1] La amenaza del estado de guerra instaurado an persiste.

Los Estados Unidos ha proporcionado, segn los acuerdos de defensa que siguen siendo vlidos, una ayuda polivalente al ejrcito de Filipinas - cuyos oficiales son enviados a las academias militares de EE.UU.: armas, pilotaje de aviones no tripulados de observacin, informacin tctica, asesores armados sobre el terreno, y todo lo dems. Cosas que ni China ni Rusia pueden hacer hoy.

El rgimen Duterte tiene rasgos dictatoriales (quizs 13.000 ejecuciones en un ao en nombre de la guerra contra las drogas). Su futuro sigue siendo incierto. En cualquier caso, los Estados Unidos acaban de reafirmar su presencia en su antigua colonia, mientras que el archipilago de Filipinas ocupa una posicin estratgica en el Mar del Sur de China - un rea sobre la que Pekn quiere consolidar su hegemona. Otros pases de la regin no van a dejar de tomar nota.

Por ahora, Beijing es incapaz de tomar la iniciativa en la cuestin de Corea . China est sufriendo la situacin. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se ha visto obligado a votar, como Rusia, el reforzamiento de las sanciones contra Pyongyang. Por lo tanto, todas las empresas econmicas de Corea del Norte en suelo chino, o las empresas mixtas en las que Corea del Norte participa, sern disueltas. Debe quedar claro: su influencia en el rgimen de Pyongyang es muy pequea, si tiene alguna. Si este ltimo colapsa, China puede ver algn da bases del Ejrcito de Estados Unidos en su frontera; una pesadilla.

Distintas personalidades chinas estn haciendo sonar las campanas de alarma en los medios de comunicacin internacionales. Su argumento es simple: Corea del Sur es mucho ms importante para China que el Norte. Pyongyang perder su enfrentamiento con Washington. Beijing debe negociar con urgencia con Estados Unidos un plan de intervencin en caso de que el rgimen de Corea del Norte entre en una crisis abierta; de lo contrario estar fuera de juego y la respuesta a la crisis ser rentabilizada exclusivamente por EE.UU.

El problema es que este tipo de negociaciones (secretas o pblicas) es que requiere un clima mnimo de confianza, que no existe, y que probablemente no puede existir entre una potencia ascendente (China), que requiere su lugar en el sol, y una potencia establecida (Estados Unidos), que no va a dejar de lado su preeminencia.

Adems, Washington puede confiar en una slida red de alianzas interestatales, mientras que Beijing slo puede oponerse a ellas con acuerdos puntuales frgiles con Rusia o con pases que no tienen peso estratgico.

China mantiene una fuerte capacidad de iniciativa internacional en otras reas y en otros lugares. En Corea, sin embargo, se enfrenta a dos opciones malas: apostar por la capacidad de resistencia del rgimen de Pyongyang sea la que sea la poltica de este ltimo, o buscar concesiones de los Estados Unidos mientras est en una posicin de debilidad. Beijing no parece haber encontrado, hasta ahora, cmo abrir una tercera va.

La racionalidad letal de Kim Jong-un

La responsabilidad histrica del imperialismo estadounidense en la crisis coreana es evidente [2]. La guerra de 1950-1053 no tuvo nada que ver con la defensa de la democracia (el rgimen pro-estadounidense en el Sur era una dictadura) o el derecho de los pueblos a la libre determinacin: era una cuestin de enfrentamiento con el rgimen maosta y evitar la victoria de una autntica revolucin coreana. Washington siempre se ha negado a firmar un tratado de paz con Pyongyang, incluso cuando el rgimen de Corea del Norte miraba hacia el interior (el reino ermitao). Por tanto, el estado de guerra se ha mantenido con las consecuencias muy reales mencionadas antes.

En el pasado (con Clinton, en particular), los acuerdos diplomticos limitados (como el congelamiento de la ayuda energtica en el programa nuclear) han demostrado su eficacia - pero Washington, ms o menos rpidamente, dej de respetarlos. Muchas voces autorizadas han instado a Donald Trump este ao a abrir negociaciones con Pyongyang, pero sin xito. La crisis coreana permite a los Estados Unidos recuperar la iniciativa en el este de Asia, al ejrcito de Estados Unidos exigir un aumento de su presupuesto y a Trump a olvidarse de sus problemas internos. Por qu dejar de hacerlo?

El rgimen de Corea del Norte estaba ya antes amenazado, y esa amenaza ya es real. Teniendo en cuenta el destino de Saddam Hussein en Irak o Gadafi en Libia, es lgico que Kim Jong-un haya llegado a la conclusin de que EE.UU slo respeta a los estados nucleares. Como muchos expertos han sealado, las opciones de Pyongyang son racionales; pero de qu racionalidad estamos hablando?

Kim Jong-un, ha reinterpretado el concepto de disuasin nuclear de los dbiles frente a los fuertes. Poda haber quedado satisfecho con una capacidad de disuasin focalizada en Corea del Sur y Japn. Pero asegura amenazar a los Estados Unidos directamente. A pesar de los progresos realizados en misiles intercontinentales, el carcter tcnico de la bomba o el tamao de las cabezas nucleares, an est lejos de su objetivo. Por otro lado, contribuye a la reactivacin de una carrera de armamento general (que incluye los escudos de defensa antimisiles), que esta restaurando permanentemente la preeminencia de EE UU y tiene consecuencias nefastas en todo el mundo.

Al optar por una escalada nuclear, Kim Jong-un ha rechazado otra via: hacer un llamamiento a las aspiraciones populares de paz en la regin frente a la poltica militarista de los Estados Unidos. Sin embargo, esta opcin alternativa era posible y no simplemente correcta en principio. Como prueba de ello, el derrocamiento de la derecha revanchista en Corea del Sur y la eleccin de Moon Jae-in - o la fuerza profunda del pacifismo japons; por no hablar de la fragilidad de Trump en EE.UU. En Pakistn, la India y en las Filipinas, existen movimientos antinucleares y anti-guerra.

Podran haber encontrado, con la crisis de Corea, un punto de convergencia transasitico. Era una oportunidad importante, porque la movilizacin conjunta de los movimientos del Sur, Sudeste y Este de Asia no es fcil, dado que cada regin tiene su propia historia.

En la ONU, 122 estados han adoptado este ao un tratado para abolir las armas nucleares. Todas estas luchas continan, pero se debilitan por la poltica de Pyongyang.

La racionalidad de las polticas de Kim Jong-un se basa en la naturaleza de su dinasta, un rgimen autocrtico, etno-nacionalista. La misma idea de apelar a la solidaridad internacional, de promover el desarrollo de los movimientos populares antiimperialistas, de la construccin de amplias alianzas diplomticas, de jugar con las divisiones internas en los Estados Unidos, es obviamente orgnicamente ajena al rgimen norcoreano.

Debemos denunciar el intervencionismo de Estados Unidos, exigir el cese de su poltica de guerra, buscar una inmediata desescalada, luchar por el desmantelamiento de sus bases y la retirada de sus fuerzas armadas. No es necesario presentar a Kim Jong-un como un hroe de la resistencia al imperialismo para hacerlo.

El gran juego de Asia

Asia Central, Asia del Sur, el Sudeste de Asia, el Lejano Oriente ... los mundos musulmn, indio y chino ... Asia no existe histricamente como una entidad - a excepcin, sobre todo del siglo XX, geo-estratgicamente, a causa de China, cuyas fronteras se extienden desde Corea a Kazajistn. La competencia EE.UU./China se juega en todos los continentes y en todos los campos, pero tiene una intensidad particular en Asia.

Desde la implosin de la URSS, se han producido espectaculares reversiones de alianzas. En el pasado, Washington y Beijing apoyaban conjuntamente a Islamabad contra Nueva Delhi, respaldada por Mosc. Hoy en da, los Estados Unidos favorecen a la India. China, por su parte, est asegurando su control en Pakistn con importantes inversiones relacionadas con la construccin de un corredor que le de un acceso privilegiado al Ocano Indico.

En el sur de Asia, adems de la lucha hegemnica Estados Unidos / China, la competencia China / India es decisiva, desde Sri Lanka a Nepal o en Afganistn. India, China y EE.UU. compiten directamente en Birmania, recientemente abierta a la inversin extranjera. [3] El sudeste de Asia est diplomticamente paralizada por las divisiones entre los estados clientes de China (Laos, Camboya, Brunei) o Tailandia, bajo la influencia de China; un Vietnam que se opone ferozmente a Beijing; Malasia y Singapur, que ocupan nichos de mercado en el mercado mundial, pero estn bajo la presin econmica de China; y el gigante de Indonesia, que an vive en la era ideolgica de la Guerra Fra.

Los equilibrios geoestratgicos en Asia son cada vez ms inestables. Aunque China ha perdido por el momento la iniciativa en el este del continente, ha puesto en marcha un gigantesco proyecto de expansin hacia el sur y el oeste: el desarrollo de dos nuevas rutas de la seda (en referencia a las antiguas rutas comerciales que unan Asia a Europa), la ruta martima a frica y Oriente Prximo, la ruta terrestre a Kazajstn y a Europa del Este. Este proyecto est todava en sus etapas iniciales y es demasiado pronto para saber lo que realmente suceder; pero simboliza la ambicin de la China de Xi Jinping.

Por la abolicin de las armas nucleares

Estamos en presencia de dos movimientos contradictorios. Por un lado, la carrera de las armas nucleares ha estallado de nuevo. El impacto de la crisis de Corea en China lo ilustra. Hasta ahora, Beijing consideraba que la posesin de un nmero relativamente limitado de misiles y ojivas le haba permitido ser miembro del selecto club de las potencias con armas nucleares y aplicar la doctrina (perversa) de la disuasin de los dbiles frente a los fuertes.

El despliegue de bateras de misiles antimisiles THAAD en Corea del Sur ha cambiado el juego. Su mbito de aplicacin abarca una gran parte del territorio chino, y no slo el norte de la pennsula coreana, neutralizando en gran medida el arsenal chino existente. Por lo tanto, Beijing debe adquirir una flota de submarinos estratgicos (como Rusia) para dispersarlos en los ocanos. Para ello, debe modernizar sus submarinos y hacerlos menos ruidosos, cambiar su sistema de mando, miniaturizar sus cabezas nucleares y todo lo dems. Todas estas cosas no son obvias; pero la decisin, en principio, parece tomada.

El caso de Corea del Norte tambin muestra que la proliferacin nuclear contina ms all de los poseedores oficiales de este tipo de armas (ya se han sumado Israel, Pakistn, India ... maana Japn?). Si existen, las armas nucleares acabarn por ser utilizadas un da. Potencias como EE.UU. o Francia lo estn considerando. La principal amenaza nuclear para el mundo, obviamente, no viene de Pyongyang y su micro-arsenal, sino de Washington, la superpotencia en esta rea. Basta escuchar a Trump.

La contra-tendencia se expresa mediante la aprobacin en la ONU el pasado mes de julio del Tratado para la abolicin de las armas nucleares, abierto hoy a la ratificacin y la firma de los Estados - y boicoteado por las potencias [ 4 ]. Quin en Francia ha odo hablar de este Tratado? El consenso nuclear francs ha ahogado la noticia. Con la excepcin de algunos pases (Japn, India, Pakistn y algunos otros), la izquierda alternativa no ha participado en el movimiento por el desarme, prefiriendo en el mejor de los casos limitarse a declaraciones de principio. La crisis coreana podra ser una oportunidad para hacer un examen de conciencia, permitir una inversin poltica seria en esta cuestin vital.

Notas: [1] ESSF (article 41565), Philippines: The Battle of Marawi, the crisis in Mindanao and the role of solidarity: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article41565 [2] Pierre Rousset, ESSF (article 41214), La crise corenne et la gopolitique en Asie du Nord-Est : du pass au prsent: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article41214

[3] Pierre Rousset, ESSF (article 42065]), Burma (Myanmar): The Rohingya, the Burmese regime and the geopolitical stakes]:http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42065

[4] John Macklin, ESSF (article 42169), ICAN wins the Nobel Peace Prize for work on UN nuclear weapons ban treaty: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42169

Pierre Rousset es un reconocido especialista en la historia del movimiento comunista en Asia, veterano militante de la izquierda alternativa francesa y editor de la pgina web Europe Solidaire Sans Frontieres.

Fuente: http://www.internationalviewpoint.org/spip.php?article5229

Traduccin: Enrique Garca para Sin Permiso

 



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