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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2017

OMC, TLC, ONG
Cul es nuestra prioridad? Quin marca nuestra agenda?

Aram Aharonian
Rebelin


Es difcil desprenderse de vicios que vienen de muchos aos. A veces nos sorprende que mientras los pueblos bregan por sus conquistas y sus futuros, la dirigencia de partidos progresistas y de movimientos sociales asume otra agenda o, simplemente, se suma por mimetizacin o conveniencia a una agenda contraria.

Hay dos formas de inclusin en la vida poltica y social: siendo proactivos o siendo reactivos. Desde el campo popular, ante un periodo enormemente regresivo, suele asumirse siempre la postura defensiva, reactiva, dependiente de contrarrestar la agenda de la derecha, sin capacidad de desarrollar la propia, la que prioriza nuestras necesidades, intereses, anhelos. O sea, nuestra agenda.

Ha sido muy difcil construir en los ltimos aos comunicacin popular, porque incluso los gobiernos progresistas nunca creyeron consistentemente en la necesidad de polticas de comunicaciones para asentar la pluralidad informativa y desarrollar una mayor y creciente participacin social y ciudadana.

Hablamos de batalla de ideas, de guerra cultural, y las recitamos cual consignas. Pero hemos carecido por culpa compartida por gobiernos y comunicadores- de informacin propia, ms all de clamar que tal o cual medio hegemnicomiente. Hemos acumulado posgrados en "denunciologa" y lloriqueo, inmovilizadores para cualquier disputa o sueo social.

El sndrome de plaza sitiada hay que defenderse permanentemente de un posible ataque enemigo- se adue de nuestros propios espacios de informacin y en la reaccin defensiva permanente y de corto plazo de los ataques hostiles. Se olvid la agenda propia, el dilogo con la ciudadana y el debate con los adversarios polticos.

Informamos para los convencidos. No es forma de presentar una batalla ideolgica, en la que ni siquiera intentamos acercar a quienes no piensan como nosotros al ubicarlos en forma generalizada como lejanos, o, peor an, como enemigos inamovibles .

La derecha se apropi inescrupulosamente de las palabras y de las ideas. Hoy no tiene vergenza de hablar de libertad, democracia, eficiencia, cambios de estructura para el futuro, transicin engaando, manipulando y tergiversando. Mientras tanto, desde el campo progresista solo hablamos de pasado, de dcadas ganadas o de inclusin social pasada.

Y a falta de ideas propias, compramos o cooptamos referencias equivocadas o atravesadas. Seguimos atados a nuestro colonialismo cultural, comprando en forma superficial espejitos de colores de cualquier moda intelectual externa.

Nuestros gobernantes pagan a expertos en general europeos- que si bien desconocen nuestra idiosincrasia, nuestra historia, memoria, luchas, anhelos, sueos, no pierden oportunidad para decirnos dnde queda Latinoamrica y qu debemos hacer. Obviamente, hay pocas y muy valiosas excepciones. Ya no resulta necesario que vengan en las carabelas a ofrecernos espejitos de colores: nosotros los vamos a buscar, para que confeccionen nuestras agendas y traten de prostituir nuestros principios y luchas.

Hoy, mientras debiramos estar juntos quienes defendemos la produccin y el trabajo nacional y regional sindicatos, empresarios, acadmicos, movimientos sociales, estudiantes, desocupados, pequeos y medianos empresarios, campesinos- para que no se concrete un asimtrico tratado de libre comercio (TLC) del Mercosur con la Unin Europea que los gobiernos plantean acordar inmediatamente, los vendedores de espejitos nos imponen otra agenda.

Nada de denunciar especficamente la falta de transparencia sobre qu se est negociando contra reloj ni de las consecuencias nefastas que podra tener sta para nuestras economas, nuestros pueblos, nuestro futuro, un TLC que, puede anticiparse, ahondara desequilibrios y asimetras tal como ha quedado evidenciado en acuerdos similares de Europa con otros pases de la regin, como Chile, Colombia, Ecuador, Per. Un TLC que significar el ingreso masivo de productos manufacturados de origen asitico con marca europea que devastar la industria local, a favor el enriquecimiento de las corporaciones trasnacionales, las lites locales y el consiguiente empobrecimiento de los pueblos.

De todas formas, la atencin meditica parece centrarse hoy -no casualmente- solo en la Reunin Ministerial de la Organizacin Mundial del Comercio (OMC) que se realizar en Buenos Aires el mes prximo. Mientras los representantes de la reunin oficial se renan se llevar adelante una agenda alternativa de movimientos sociales, que incluye los ms variados (y algunos hasta simpticos) temas: neoliberalismo y salud, feminismo frente al libre comercio, deuda y poder corporativo, bienes comunes, justicia climtica, soberana energtica y educativa, economa social y solidaria, Israel como brazo armado de la OMC , el ALBA frente la OMC hasta una mesa especial sobre "pensamiento crtico latinoamericano", seguramente dirigida por europeos.

Un reciente documento del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) seala que tras 16 aos de iniciadas las negociaciones, la Ronda de Doha ha fracasado reiteradamente en sus intentos de concluir y tiene pocas perspectivas de avanzaren el corto plazo lo que significa tambin la crisis del multilateralismo ()

Los pases ms sumergidos han quedado excluidos de este crecimiento desigual, siendo adems notoriamente marginados de la agenda y negociaciones de la OMC. O sea, nuestra regin no espera sacar nada positivo de esta reunin en Buenos Aires, aunque Mauricio Macri y Michel Temer s esperan que en ese marco se suscriba el acuerdo del Mercosur con la UE.

Las experiencias de acuerdos de libre comercio (TLC) de pases de Amrica Latina con economas centrales evidencian no slo la profundizacin de inequidades entre economas con grados de desarrollo muy distintos, sino tambin la desintegracin de sus aparatos productivos y el deterioro de la balanzas de pagos, llevando a la quiebra de pequeas producciones, e impidiendo de hecho armonizar cambios tecnolgicos y productivos con un desarrollo sustentable.

Esta negativa experiencia debera alertar sobre el peligro que se repita el mismo esquema en la negociacin Mercosur-UE hoy en marcha, que se est llevando reservadamente y sin siquiera realizar estudios sobre sus posibles impactos econmicos y sociales.

Vale la pena recordar, sealan los acadmicos, que tras el rechazo del ALCA, las negociaciones con la UE quedaron estancadas por varios aos a raz de objeciones similares a las que se hicieran oportunamente a la iniciativa estadounidense.

No solo es llamativo que el tema Mercosur-Unin Europea no est en el foco de atencin ni en la Cumbre oficial ni en la agenda y movilizaciones paralelas de los movimientos sociales los mismos das, sino que no se lo relaciona con la crisis de la OMC que justamente ha llevado, al fracasar el multilateralismo, a la proliferacin de TLC como el que se apura a concretar inmediatamente.

No ser que estamos equivocados molestando con las negociaciones entre Mercosur y la Unin Europea, ms perniciosas que las del ALCA segn los propios eurodiputados? No ser que los TLC son buenos para los pueblos tal como podra inferirse de las declaraciones de los gobiernos neoliberales y el silencio de las fundaciones y ONG con financiamiento externo, y nosotros estamos dispersando fuerzas unitarias de la Semana de Accin Global contra la OMC? No ser una versin progre del verso de insertarnos en el mundo de Mauricio Macri y Michel Temer?

Es lgico que desconfiemos. La experiencia histrica demuestra que, recurrentemente, cuando las agendas y decisiones no han sido las nuestras, no hemos sido los beneficiarios, sino dolorosamente- apenas las vctimas. Pero una cosa es ser asesinado y otra partcipe-suicida de una muerte anunciada, lejos de los intereses de nuestros pueblos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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