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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2017

Bruselas promociona el TTIP canadiense
Bienvenido a la tierra prometida de "CETA-Land", empresario

Alejandro Lpez de Miguel
Pblico

Mientras el Tribunal Superior de Justicia de la UE revisa el polmico acuerdo comercial entre los 28 y Canad, el Gobierno de Mariano Rajoy, Bruselas y todo un conglomerado de organizaciones e instituciones, algunas de ellas financiadas con dinero pblico -del ICEX a la Cmara de Comercio- se lanzan a vender las bondades del tratado con una nueva campaa comunicativa en la que no caben las desventajas del CETA; las zonas de sombra son, en todo caso, errores de comprensin.


Cecilia Malmstrm, comisaria de Comercio, en una imagen de archivo. REUTERS

Oropeles, lazos de terciopelo y un toque de brillantina; el CETA tiene que estar deslumbrante. Es la tierra prometida para las pequeas y medianas empresas -aunque stas no tengan el menor protagonismo en el acuerdo-, es el Disneyland Pars de las pymes, la puerta a un paraso sin paro, precariedad ni problemas de ningn tipo. Bienvenido a CETA-Land, empresario.

Para Bruselas, el Gobierno de Mariano Rajoy y varias organizaciones e instituciones partidarias de este acuerdo -algunas, receptoras de dinero pblico, como el ICEX o la Cmara de Comercio de Espaa-, toca defender a capa y espada el tratado de libre comercio entre la UE y Canad, que se aplica provisionalmente desde finales de septiembre. Lo estn promocionando -y lo promocionarn- con dinero pblico, obviando las sombras que rodean al acuerdo, el informe del Parlamento Europeo que advierte de que destruir ms de 200.000 empleos, el apoyo incondicional de las grandes corporaciones.

Este viernes la Casa de Amrica de Madrid se convirti en el laboratorio de la nueva campaa comunicativa de Bruselas, #Hablemosdecomercio; slo en las primeras dos horas tomaron la palabra una quincena de personas, todas en favor del acuerdo. Ceta: un impulso al comercio entre Espaa y Canad era la puesta de largo de una estrategia a medio y largo plazo para, en palabras del propio director internacional de la Cmara de Comercio, Alfredo Bonet, recurrir a unos empresarios para convencer a otros de las bondades del polmico tratado "Los empresarios creen ms a los empresarios que a las instituciones".

Con el Tribunal Superior de Justicia de la UE revisando el CETA y los crecientes recelos ante este tratado o su homlogo estadounidense TTIP -en va muerta-, aunque hayan sido las grandes empresas quienes ms se han reunido con el Ejecutivo comunitario para hablar de estos tratados, Bruselas se empea en afirmar que el TTIP canadiense es la esperanza blanca de las pymes. Donde antes haba silencio ahora hay una estrategia de mrketing y relaciones pblicas y de hecho la Comisin tiene empresas en nmina dedicadas a este fin.

En este escenario, el viernes reparti entre cerca de los dos centenares de asistentes a esta puesta de largo coloridos dosieres cargados de imgenes y desmentidos: sobre la proteccin de un total de 143 denominaciones de origen europeas -en Espaa slo entran el 10%, menos de 30-, sobre los compromisos de cara a los convenios de la OIT con el CETA -aunque el incumplimiento de compromisos en materia laboral no pueda sancionarse-, o sobre los 10 "mitos" sobre acuerdos comerciales, con eslganes del tipo "hay transparencia mxima en las conversaciones" [Aqu, 10 ejemplos de esa "transparencia mxima"].

Que durante las negociaciones los propios eurodiputados slo pudieran acceder a los textos durante dos horas por consulta, en habitaciones cerradas, desprendindose de telfonos y relojes, bajo vigilancia, y firmando un compromiso para no desvelar nada de lo ledo es, por tanto, "transparencia mxima". El protocolo es negar los riesgos, forzar la sonrisa, aunque no siempre haya argumentos para mantenerla.

Porque, como vena a decir Jos Vicente Gonzlez, los riesgos del acuerdo no son tales y slo obedecen a una mala comprensin del texto. Gonzlez esvicepresidente de la CEOE, la misma organizacin que lanz un estudio -cuya autora quiso atribuir a una universidad- pagado por su propio think tank para vender el TTIP. Es la misma lnea que adopt la patronal europea, Business Europe, cuando vio peligrar el acuerdo comercial con EE.UU. y es la que han repetido este tipo de organizaciones hasta la fecha.

La cara b de "CETA-Land"

La banda sonora de CETA-Land contina con la repeticin de cifras -"El 91% de las empresas espaolas que exportan a Canad son pymes"; "las exportaciones a Canad alcanzaron los 1.139 millones de euros en los primeros ocho meses de 2017"-con el acento en sus ventajas para las pequeas y medianas empresas, en genrico -"Ahorrarn tiempo y dinero", segn Christian Burgsmller, miembro del Gabinete de la Comisaria de Comercio, Cecilia Malmstrm-.

Despus llega el turno al reconocimiento -nuevamente genrico- de las bondades del comercio, especialmente si se produce bajo el paraguas del CETA, "el acuerdo ms ambicioso negociado hasta la fecha". "Abrir nuestras sociedades y nuestras economas nos hace ms prsperos, ms innovadores, ms igualitarios y ms democrticos", afirmaba el viernes el embajador de Canad en Espaa, Matthew Levin.

De hecho, y aunque segn la nota de prensa elaborada para la ocasin la jornada "tena como objetivo representar la visin de todos los implicados en el tratado", no se escucharon voces discordantes. En la tierra prometida del CETA no hay espacio para la crtica.

"Denunciamos que, por ensima vez,el Gobierno de Espaa organiza con el sector privado un acto pblico -y con dinero pblico- sobre CETA y la poltica comercial, en el que la sociedad civil est absolutamente excluida y no tiene voz alguna". Son palabras de Tom Kucharz, portavoz de la Campaa estatal no al TTIP, CETA y TiSA, un conglomerado de casi 400 organizaciones sociales que lleva aos alertando de los peligros del acuerdo.

"La oficina en Madrid de la Comisin Europea, una institucin que est obligada a dar voz a todas las partes, slo organiza actos pblicos para dar voz al sector corporativo. Nunca da voz a las organizaciones que trabajan crticamente sobre las polticas europeas. Una vergenza", resuma. En vano, porque nada puede arruinar el ambiente festivo de CETA-Land. La msica sigue, show must go on.

En este paisaje quedan lejos la opacidad absoluta de las negociaciones, las advertencias de organizaciones laborales, medioambientales o sociales, la ausencia de mecanismos vinculantes que permitan sancionar a las corporaciones que incumplan sus compromisos en estas materias. No existe -nunca existi- el informe encargado por el Gobierno francs de Emmanuel Macron que afirma que en las 1.600 pginas del tratado "no se garantiza efectivamente el principio de precaucin", que "no contiene ningn compromiso vinculante en materia medioambiental", o que "Canad todava permite 46 sustancias activas que fueron prohibidas hace mucho tiempo en otros pases".

Los tribunales arbitrales a la carta para las grandes empresas -sobre los que miente Bruselas cuando afirma que decidirn "jueces"- no tienen importancia. Tampoco la tiene que Espaa sea ya el tercer pas del mundo en el rnking de los ms demandados ante este tipo de tribunales. No importa que no haya estudios sobre el impacto del CETA en Espaa, que ni Congreso ni Senado hayan abierto una sola comisin o subcomisin para intentar predecir algunos de sus efectos. "Las empresas europeas ahorrarn cada ao 590 millones en aranceles" es siempre una buena respuesta a cualquier pregunta, venga de donde venga este dato -algo que tampoco aclara el colorido dosier-.

En definitiva, en privado, los representantes del Ejecutivo comunitario se muestran menos triunfalistas, pero en pblico ya han dejado claro cul ser su estrategia, aunque esta ya no sea noticia: quienes se opongan al CETA sern llamados "proteccionistas", "detractores del comercio", "populistas". Y el populismo no tiene cabida en CETA-Land. Los compromisos para las empresas, tampoco.

Fuente: http://www.publico.es/politica/analisis-campana-bruselas-vender-ttip-canadiense-bienvenido-tierra-prometida-ceta-land-empresario.html

 


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