Portada :: Cultura :: Leer
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2017

Resea de Vidas a la intemperie de Marc Badal (Pepitas de calabaza y Cambalache)
Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino

Jess Aller
Rebelin


Marc Badal (1976) est empeado en conjugar la teora y la praxis de la agroecologa, a la que ha dedicado ya varias obras. Vidas a la intemperie, editado por Campo Adentro en 2014, reaparece ahora de la mano de Pepitas de calabaza y cambalache con prlogo de Irene Garca Roces, y nos transmite el duelo por algo que se ha ido y a la vez una invitacin a visitar las huellas que ha dejado, porque eso implica conocer nuestro origen y poner una base para lo que hay que construir. El volumen lo completa Mundo clausurado (2016), una mirada sobre la fractura histrica que supone el paso del agro diversificado y adaptado al medio al monocultivo. Son las plantaciones coloniales en Amrica y Asia que hacen posible la modernidad capitalista, y hoy mismo, es la agricultura basada en petrleo y pesticidas qumicos, que nos lleva a una intoxicacin permanente a travs de un sistema productivo que se desarrolla sobre un medio asptico y desinfectado.

La ciudad como sede del poder y de la cultura. El campo como territorio en extincin: lo que se ve de soslayo desde la ventanilla para mantener la ficcin de que existen ciudades distintas, espacio colonizado espiritualmente por la televisin y la prisa, despojado de sus cadencias y sus liturgias. Marx y Engels predijeron que el mundo campesino caera arrollado por la industrializacin. Hoy vemos la profeca cumplida, un etnocidio con rostro amable. Los urbanitas adoran sobre todo regresar en sus ocios a lo que ya no existe en parodias como el turismo rural: cuentos de la abuela, viejos recuerdos y repostera. Sin embargo, otros se empean en saber de aquel mundo complejo en equilibrio, dotado de sus propias leyes, en el que todo se aprovechaba y la variedad favoreca la supervivencia, en el que era costumbre deleitarse con los ritmos de la vida y con la obra bien hecha.

Pero el libro recoge otras ideas que las de Marx y Engels, proyectos que no fructificaron. Bakunin crea en el potencial de los campesinos rusos para protagonizar una revolucin que impidiera el desarrollo en Rusia del infierno capitalista. Los nardniki intentaron en la dcada de 1870 el acercamiento al pueblo, pero encontraron desconfianza y hostilidad en exceso; la siguiente estrategia para despertar a las masas fue el terrorismo. Aleksandr Vaslievich Chaynov trat de reorganizar la agricultura rusa tras la revolucin segn un modelo cooperativista, pero en 1929 se impuso la gran colectivizacin; en 1932 es deportado a Kazajstn y en 1937 ejecutado. Ellos soaron otros mundos, la pervivencia del campo, la salvacin del hombre.

Echando la vista atrs, vemos que la Alta Edad Media se caracteriz por un vaco de poder hegemnico, y tal vez por eso fue la edad de oro del campesinado. El feudalismo pudo no ser tan malo. El desastre viene luego. Un listado de revueltas rurales en Europa desde el siglo XVII resulta abrumador, y hay que contar tambin con la protesta silenciosa y cotidiana, del furtivismo, por ejemplo. Resistencias frente al explotador, aunque los paisanos demasiadas veces fueron utilizados por los sectores ms reaccionarios en sus luchas contra la revolucin. Sin embargo, su conservadurismo no era el de los poderosos, sino slo el de quien pretende mantener a flote su propio mundo. Los sueos truncados los llevarn a pactar con los seores pequeas mejoras, un reformismo de supervivencia.

La literatura con frecuencia tiende a idealizar la vida rural, de los clsicos griegos y latinos al campo patriarcal, donde armonizan las clases, de los realistas conservadores como Pereda, pasando por La Arcadia de Lope o el discurso a los cabreros del Quijote. Otras veces, enfrentado con la dura existencia de la aldea, un escritor siente como propio el drama que contempla; es el caso de Cristo se detuvo en boli de Carlo Levi o Gente de las pusztas del hngaro Gyula Illys, y poetas como Fred Kitchen o Stephen Duck . No faltan tampoco autores que reflejan la visin distorsionada que las clases dominantes tienen del paisano, inculto y egosta, como ocurre en Balzac, Zola o Maupassant.

Tras la barahnda de las miradas sobre el campesino, el libro trata de explorar tambin cmo se vea l a s mismo. Conscientes de ser la base de la pirmide social, alimentando a todos y a todos sometidos, se sentan inferiores, vulnerables, las vidas a la intemperie del ttulo. Atados al terruo, inervaciones del pramo o la dehesa, ellos dieron forma a un mundo que slo recorran cuando eran reclutados como carne de can para los ejrcitos. Bosques, caminos, praderas y puentes son su obra annima en la que no los reconocemos. Vivan sumergidos en lo que nosotros llamamos el paisaje, y que ellos perciban como parte de s, atentos a signos que marcaban los ritmos de la vida y la muerte, la cosecha y el hambre, tan simples como una nube o un brote en la tierra. Los conceptos de lo bello y lo til no se haban escindido an en ellos.

Su conocimiento se basaba en la observacin, con todos los sentidos, de la naturaleza y la labor de los mayores, y era capaz de hallar en el acervo de la experiencia colectiva pautas para guiarse en el arriesgado oficio de reproducir la vida; pistas y patrones, pero nunca certezas:se dice que , muchas veces ocurre as텔 Y cuando todo es oscuro, la supersticin crea mscaras de seguridad a las que aferrarse. La vida campesina muestra con frecuencia un aliento de autntica comunidad, de existencia compartida, en trabajos y cosechas, en fiestas y rituales, aunque el orden social a veces degenere en espantos como lo que nos narra Ismail Kadar, en Abril quebrado; muerte y venganza repetidas en un duelo sin final.

Somos los hijos de los que se fueron sin escribir su historia, dejndonos apenas un esbozo de sus representaciones del mundo. En Vidas a la intemperie la memoria y la mirada se entrecruzan para tejer el retrato de algo perdido que necesitamos recuperar porque nos va la vida en ello, un lugar donde, con todos sus pesares, el trabajo era armonioso y se cea a los ritmos de la naturaleza: Las canciones de labranza de los campesinos de Tivissa (Tarragona) presentaban una configuracin musical muy parecida a las que cantaban las madres para acunar a sus criaturas. Labrar la tierra y mecer la cuna eran dos actos de una intimidad equiparable. El campesino mostraba al cantar cmo viva su relacin con la tierra. La despertaba del sueo veraniego con el mismo tacto con que una madre duerme a su pequeo

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter