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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-11-2017

VHM: no a la censura; no al miedo

Roberto Caballero
Tiempo Argentino


Vctor Hugo Morales es un periodista perseguido en democracia. Alz su voz contra el mayor oligopolio de medios del pas y desde entonces viene siendo vctima de una campaa de hostigamiento sin precedentes. Con su sueldo embargado por Clarn y el Partido Judicial, con un saga interminable de notas en los medios hegemnicos demonizando su figura, desde que asumi Cambiemos, adems, ya fue despedido dos veces. La razn es una: se ha instaurado nuevamente el delito de opinin en Argentina. Lo que sucede con Vctor Hugo Morales es la prueba de este infame captulo de la historia nacional, donde existen las listas negras de comunicadores crticos, y la censura abierta e indirecta es fomentada desde los principales despachos de la Casa Rosada. No son errores, es una poltica de disciplinamiento que busca atemorizar y acallar las voces disidentes.

Nadie puede desconocer su trayectoria profesional, ni su capacidad de convocatoria. Medio al que va, medio que incrementa su audiencia. Libro que saca, se vende como pan caliente. Y, sin embargo, Clarn se ha ensaado tanto con l, porque no puede dejar pasar que un periodista haya desnudado sus prcticas mafiosas que mantienen en situacin de vigilancia y potencial castigo a buena parte de la dirigencia poltica, judicial, sindical y empresarial. Demasiada verdad hay en las palabras de Vctor Hugo Morales para esta democracia de baja intensidad, con un estado de derecho amenazado desde el propio Estado y con la libertad de todos en riesgo permanente.

Por supuesto, el ataque a Vctor Hugo Morales ocurre en un contexto. El de mayor concentracin comunicacional del que se tenga memoria. El de mayor concentracin de poder en manos de un mismo signo poltico desde el retorno de la democracia. Con una indita confluencia entre el poder econmico y el poltico, con un aval electoral legitimante de oscuras decisiones, de fabulosas manipulaciones y de una violencia institucional que se aplica, sin miramientos, contra los que piensan distinto a los eventuales administradores de la cosa pblica.

La fragilidad de las libertades pblicas no es de carcter meteorolgico. Es la consecuencia de un gobierno intolerante que no quiere convivir con miradas cuestionadoras. Que asume como parte indelegable de su tarea la represin de las voces que le disgustan. Cuenta para eso con un impresionante blindaje meditico, que naturaliza lo abyecto hasta lo inconcebible. Y que produce un efecto anestesiante en las conciencias ciudadanas, capturadas por el desinters, cuando no por la indiferencia ante semejantes atropellos.

Segn el gobierno, debera ser el mercado el nico reaseguro de la libertad de expresin. Falacia repetida en cuanto pasillo de ministerio se recorra. Pero cuando el mercado tuvo su custodia, las empresas periodsticas de este pas silenciaron un genocidio. Es el Estado el que debe regular y proteger un derecho humano elemental, como el de acceder a informacin provista desde las diversas opiniones plurales que componen la sociedad. Qu sucede cuando el Estado no quiere hacerse cargo de su deber? Lo que pas con Vctor Hugo Morales, vctima de una empresario amigo de Mauricio Macri comprador de los medios del Grupo Indalo, intervencin mercantil que no lesiona slo su libertad de trabajo, tambin impide a su audiencia el ejercicio de su propia libertad para informarse.

No puede naturalizarse el despido o la censura de los periodistas crticos. Porque, adems, se da a la vez tanto en los medios pblicos como en los privados. Hace un mes, tambin en C5N, fue Roberto Navarro, en los dos aos desde la asuncin de Macri, la lista se completa con todos los hacedores de la exitosa programacin de la vieja Radio Nacional, los integrantes de 678, y los miles de periodistas-trabajadores de prensa que han sido echados, suspendidos o precarizados en todo este tiempo, producto del salvaje ajuste en el sector propiciado por los actuales funcionarios. Es un paisaje absolutamente desolador, que favorece tambin la autocensura.

Prrafo aparte merece el silencio cmplice o, incluso, la justificacin de estos procedimientos de parte de periodistas colonizados moralmente por los accionistas que los emplean. Avergenzan. No tanto por la sumisin destinada a conservar su trabajo como por el empeo que ponen en indultar a los editores que ofician de verdugos de la Casa Rosada. Cada voz que se acalla es un centmetro menos de la libertad de todos; aunque no lo parezca, tambin la ms tarde o ms temprano de los comunicadores oficialistas.

Vctor Hugo Morales no merece nada de lo que le pasa. Como tampoco merece Argentina que las opiniones de un comunicador se castiguen con el despido, la lista negra o la lapidacin pblica alentada desde las usinas de Cambiemos. La libertad de vivir sin miedo a ser castigado por la ideologa profesada es una premisa bsica de la convivencia en democracia.

El gobierno traspasa todos los das un nuevo lmite. Y as como nos obliga a vivir hoy en un cerrado apagn informativo, maana estar tentado a creer que aquello que no est, no existe, es decir, que ha desaparecido solo, y que quizs hasta se haya fugado clandestinamente hacia algn pas europeo, con sus mentiras fanticas bajo el brazo. Con el despido de Vctor Hugo Morales, estamos todava lejos de ese escenario totalitario casi irreversible, pero mucho ms cerca que ayer. Eso debera preocupar a todos, ahora. En el futuro va a ser tarde.

Como parte de la solidaridad cosechada en estas horas por Vctor Hugo Morales, periodistas, comunicadores, acadmicos, militantes de los Derechos Humanos y artistas se manifestarn el martes 21 alrededor de la Pirmide de Mayo, a las 12 horas. Porque el objetivo de la censura es anular voces y meter miedo, y la mejor manera de resistir es reunirse y repudiar a viva voz lo que est pasando.

Fuente: http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/72543/vhm-no-a-la-censura-no-al-miedo-por-roberto-caballero



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