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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2017

Es posible la reconciliacin en el mbito poltico?

Marcelo Colussi
Rebelin


Comprender todo no significa perdonar todo. Sigmund Freud


I

Utilizado en el mbito social, pocos trminos estn tan cargados como el de "reconciliacin". Cargado en todo sentido: poltica, emotiva, incluso filosficamente; la asociacin que se hace con lo religioso y su prctica de "perdn" es inmediata. De esa cuenta, "reconciliacin" no es una palabra inocente, neutra, asptica. Mucho menos neutros son, por tanto, los complejos escenarios en que aparece ni los procesos poltico-sociales en que se desenvuelve, en que intenta cobrar cuerpo.

Un exhaustivo recorrido semntico en torno a su significado muestra que la nota distintiva que lo caracteriza, en cualquier definicin que se presente, est en el hecho de retornar a un estado previo: el prefijo "re" implica retorno, regreso, hacer por segunda vez. "Re - conciliar", de esta forma, sera "volver a un estado previo de conciliacin". Es decir: all donde haba armona y equilibrio, y por algn motivo se rompi, volver a ese estado primero sera justamente la reconciliacin. Segn el Diccionario de la Real Academia Espaola, por tanto, reconciliar es "volver a las amistades, atraer y acordar los nimos desunidos".

En general cualquier definicin de la palabra que podamos buscar resalta siempre esa misma esencia. Sin nimo de abundar innecesariamente en una exgesis etimolgica, citemos slo a ttulo ilustrativo otra posible conceptualizacin (del Diccionario Enciclopdico de Derecho Usual de Guillermo Cabanellas): "restablecimiento de la amistad, el trato o la paz, despus de desavenencia, ruptura o lucha". En definitiva, y casi a modo de sntesis de un recorrido filolgico que no viene a cuenta presentar aqu, queda claro que lo que prima en esta nocin es el " restablecimiento de vnculos que se rompieron a causa de un conflicto".

En el mbito interpersonal, en el espacio micro, domstico, esto funciona con facilidad. Numerosos, casi cotidianos podra decirse, son los ejemplos que atestiguan estos procesos: desavenencias conyugales, entre amigos, entre compaeros de trabajo, entre vecinos, etc., terminan amistosamente superndose el problema puntual con un retorno a la situacin primera de equilibrio, de armona. La cuestin se complica se complica exponencialmente, diramos, se torna casi un dilema, a veces insoluble cuando se trata de la reconciliacin en trminos macros, en trminos de un colectivo social, de un pas.

Qu significa "reconciliar" cuando se trata de una sociedad? Quin debe reconciliarse con quin? Para qu reconciliarse?

II

Estas no son meras preguntas retricas. Por el contrario, son los cimientos principales que deben considerarse en toda accin que involucra poblaciones golpeadas por conflictos armados, por guerras internas, por procesos tremendamente destructivos en los que las poblaciones, pese a la crueldad de lo vivido, necesitan seguir compartiendo un mismo espacio comn en su existencia diaria una vez terminado los enfrentamientos.

Que dos amigos o dos cnyuges enemistados por alguna desavenencia de la vida cotidiana puedan reconciliarse, es algo frecuente, en modo alguno problemtico. No surgen all dudas filosficas ni polticas sobre quines son los sujetos en juego en el proceso, ni por qu o para qu se reconcilian. Es esto casi un imperativo de la cotidianeidad: en el mbito micro no se puede vivir en perpetuo estado de conflicto con los rodeantes. Una sana y racional "negociacin con la realidad" impone deponer o moderar puntos de vista personales en pro de una convivencia tolerable, donde todos pueden perder algo para ganar la posibilidad de convivir con relativa armona en el grupo. Vale aqu aquella mxima de "nadie est obligado a amar al otro, pero s a respetarlo", en el sentido de tolerar diferencias para asegurar un clima que permita seguir viviendo a todos en el da a da.

Luego de procesos blicos, y ms an cuando se trata de guerras internas, guerras que desgarran una sociedad, tal como viene sucediendo con fuerza creciente desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, momento a partir del cual las grandes potencias capitalistas ya no se enfrentaron ms entre s, es ya cannico hablar de reconciliacin. Depuestas las armas al menos es lo que suele decirse hay que "pacificar los corazones". Ello es cierto relativamente: sin dudas, terminadas las operaciones militares, hay que buscar los mecanismos que permitan bajar la agresividad desatada. Las guerras producen complejas modificaciones subjetivas (en lo individual) y ticas (en lo social): todo ser humano, puesto en esa circunstancia, puede matar a otro semejante en nombre del ideal que sea, al despersonificarlo y convertirlo en "el enemigo" a secas, lo cual justifica todo. Y cualquier sociedad puede avalar esas modificaciones, incluso premindolas. De hecho, es un hroe quien ms enemigos elimina; en vez de declararlo "asesino", se le condecora. Los valores en juego en estos perodos se transforman dando lugar a complejas y a veces enfermizas culturas militarizadas. Cmo entender, si no, los genocidios?

En el contexto de los post conflictos, "pacificados los corazones", no es infrecuente que sujetos que hicieron parte de las fuerzas enfrentadas y fueron "enemigos", una vez alcanzada la paz continen con su vida cotidiana normal producindose entonces espontneos procesos de reconciliacin, de acercamiento. Pero ese es un nivel personal, subjetivo. Ello no alcanza para plantear un proceso social, infinitamente ms complejo por cierto.

El entendimiento armnico entre dos sujetos no constituye la clula de las relaciones sociales; por el contrario, lo que define las relaciones sociales tiene que ver con el conflicto (diversos conflictos: econmicos, interestatales, tnicos, de gneros, etc.) en tanto motor de los procesos histricos. Las guerras no son peleas entre dos individualidades llevadas a una expresin colectiva. Las dinmicas que ponen en marcha conflictos armados son entrecruzamientos de elementos mucho ms complicados, de ms alambicada textura que una desavenencia entre dos personas. Los enfrentamientos armados, justamente ms an las guerras internas donde quienes se enfrentan son los miembros de un mismo colectivo nacional rompen los tejidos sociales. El tipo de conflictos armados que se han ido imponiendo luego de la Segunda Guerra Mundial busca, entre otras cosas, el enfrentamiento en el seno de la sociedad civil, el involucramiento de la poblacin no-militar, la conmocin psicolgica con secuelas ideolgicas y polticas de largo plazo. Guerras donde el objetivo militar no est representado por las otras fuerzas armadas enfrentadas en paridad de condiciones sino, directamente, por toda una poblacin civil sobre la que se acta. De hecho, esos enfrentamientos, manipulados por las grandes potencias capitalistas pero peleados por los pases pobres del Sur (donde el cuerpo lo ponen, obviamente, las poblaciones empobrecidas de esos pases) han producido infinitamente ms vctimas desde 1945 a la fecha que los 60 millones de muertos acontecidos durante la Segunda Guerra.

Estas facetas de la guerra que buscan desgarrar culturalmente a una poblacin, apuntan a generar el terror indiscriminado, hacer que nadie quede al margen del conflicto, involucrar a todos en los mecanismos de la muerte. En estas nuevas guerras que vemos expandirse por todos los continentes (con excepcin de Europa y Estados Unidos o las grandes potencias socialistas o ex socialistas, como China y Rusia) ya no hay ejrcitos combatiendo entre s: cualquier persona es un potencial blanco. El bombardeo a distancia, las minas antipersonales, la guerra meditico-psicolgica pasaron a ser el mecanismo ntimo de estas guerras.

La magnitud de la tragedia humana en juego en estas estrategias es inconmensurable. Ello no es azaroso; responde a un maquiavlico plan framente trazado que busca esa descomposicin social y ante la cual los mecanismos de afrontamiento que disponen los seres que la sufren nunca son suficientes. Todas las sociedades cuentan con alternativas para hacer frente al sufrimiento psicolgico y para sobrellevar medianamente bien situaciones duras: diferentes y variadsimos rituales ante el dolor de las tragedias, ante la muerte, ante conmociones que rompen la cotidianeidad; de ah las religiones, los psicofrmacos que reducen la ansiedad, evasivos varios como las bebidas alcohlicas o ciertos narcticos. De todos modos, lo que se busca con este nuevo tipo de estrategias de guerra sucia donde se enfrentan grupos de una misma sociedad (guerrillas y Estado contrainsurgente, por ejemplo) supera todo tipo de respuesta: ningn mecanismo de afrontamiento del dolor puede extinguir el miedo que dejan todas estas intervenciones militares.

Sin dudas las estrategias de descomposicin del tejido social tienen el valor de una catstrofe no-natural imperecedera, de "catstrofe social", tanto por lo sufrido propiamente dicho (la masacre, la violacin, la tortura, la desaparicin forzada de personas) como por las condiciones en que se hacen. Qu sujeto individual o qu sociedad pueden salir indemnes, perdonar fcilmente, olvidar, creer en las instituciones del Estado o seguir una vida "normal" despus de sufrir estas catstrofes? Y ms an si consideramos que en buena medida un alto porcentaje de esas catstrofes se sufren a manos de los iguales, de los propios vecinos, de miembros de la propia familia. Cmo un campesino pobre e histricamente excluido puede lograr perdonar y reconciliarse con un igual, con otro campesino tan pobre y tan histricamente excluido que le perpetr atrocidades inimaginables? Ejemplos al respecto abundan en todas las guerras que vemos hoy da en curso o en las de reciente finalizacin, en frica, en Asia, en Latinoamrica: hutus matando tutsis o patrullas de autodefensa campesina (aliadas forzosas del ejrcito) matando a otros campesinos (base social de la guerrilla de izquierda). Alguien se beneficia de esto, sin dudas; y no son precisamente los implicados directos. Cmo lograr la reconciliacin de vctimas y victimarios tras estos procesos de odio estimulado?

III

Los traumas psquicos dejan marcas, y aunque se atiendan, muchas veces esas secuelas persisten de por vida. En trminos individuales, pensemos en las pesadillas repetitivas de aquellos que estuvieron al borde de la muerte (en la guerra, en accidentes, en naufragios, mujeres violadas sexualmente); la magnitud resultante del ataque externo fue tan grande que nunca terminan de procesarlo. Lo mismo puede verse en trminos colectivos: acaso los judos masacrados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial pudieron reconciliarse con sus verdugos, o fue necesario ah un tremendo trabajo post guerra incluyendo los famosos juicios de Nremberg para, no digamos reconciliarse, sino haber obtenido una mnima armona social que permite seguir existiendo al tejido social alemn, con un continuado, constante, diario trabajo de recuperacin de su memoria histrica? "La culpa no se hereda" , pudo decir en ese contexto el canciller Willy Brandt, "pero se heredan responsabilidades, misiones" . " Olvidar es repetir ", reza un cartel en la entrada del museo del horror de Auschwitz, y pese a que hoy por hoy no pareciera posible repetirse un holocausto con similares caractersticas, no dejan de surgir grupos neonazis. Ms que reconciliacin, all hubo justicia, lo cual no es lo mismo. Atender las heridas de estos desgarradores conflictos no es buscar simplemente el perdn: es buscar inexorablemente la justicia y la reparacin de lo sufrido. Si algo significa reconciliacin es eso. Si no, no pasamos de la declaracin pomposa sin efectos reales.

Algo similar podemos ver en Espaa: ms all del "destape" post franquista con la masiva incorporacin de esa sociedad a la modernidad europea, socialdemocrtica y favorecida en trminos econmicos, los fantasmas no reconciliados de la Guerra Civil an perduran cinco dcadas despus del holocausto vivido (all no hubo un Nremberg, y recin quiz ahora se plantea la posibilidad de hacer algo al respecto).

Una vez ms la pregunta entonces: qu reconciliar en los procesos de post conflicto? "Ahora est por salir la Ley de Verdad y Reconciliacin" , deca una vctima en Sudfrica. "Eso est muy bien, pero de todos modos yo no me reconcilio. A m me llevaron catorce horas en tren de Ciudad del Cabo a Johannesburgo, a un tribunal. Pero me llevaron en un vagn de ganado y con cabras, y por esa humillacin no hay ley que haga que me reconcilie" . Es acaso un "provocador" antidemocrtico quien declaraba esto, un "enfermo" mental desadaptado? Sin dudas: no. Quiz no haya mayor expresin de salud mental que su negativa a reconciliarse. En Chile, sistemticamente cada 11 de septiembre, una parte de la poblacin manifiesta contra la dictadura del ahora ya fallecido general Augusto Pinochet, no faltando las pancartas que rezan: "Ni olvido ni perdn! No a la reconciliacin!" Son unos boicoteadores del estado de derecho chileno quienes as se expresan? En cualquiera de los casos citados la respuesta es "no". La reconciliacin de una sociedad que sale de un profundo conflicto interno plantea estos interrogantes: puede haber reconciliacin a partir de una ley?

La reconciliacin entre los miembros otrora enfrentados de una sociedad puede darse, por supuesto que s. "Pisamos la misma tierra, compartimos el aire" , deca una vctima del conflicto armado en Guatemala. All, luego de 200.000 muertos y 45.000 detenidos-desaparecidos en la guerra interna, los hijos de vctimas y victimarios del rea rural juegan juntos, y la vida cotidiana impone la convivencia. Pero no son las leyes quienes logran la reconciliacin; los instrumentos jurdicos crean las condiciones para poder procesar las pesadas cargas de dolor que dejan los conflictos. La reconciliacin es otra cosa.

Un genuino proceso de reconciliacin, de acercamiento con el otro que fue mi enemigo en el pasado, puede darse. Los tejidos que desgarran estas guerras asimtricas que ahora vemos expandirse por diversas regiones del globo guerras marcadas por las estrategias psicolgicas que toman como objetivo militar la poblacin no combatiente para crear la desorganizacin y la desestructuracin social, luego de las catstrofes sociales que significan esos enfrentamientos intestinos comienzan a recomponerse. No de la manera ms adecuada, por cierto, pero utilizando una metfora que puede ser elocuente, al igual que la piel que es rasgada por un cuchillo, desde el momento mismo en que comienza a ser herida por la hoja del arma, de esa misma manera, los mecanismos de cicatrizacin comienzan a trabajar para recomponer el tejido roto. Si la herida provocada por el pual sobre la piel, al igual que la herida provocada sobre el tejido social por el conflicto interno, no es adecuadamente atendida, presentar problemas. Tiende a cicatrizar, a recomponerse, de ese no hay dudas. Pero mal. Las marcas quedan, y se pueden tornar horribles.

Una cicatriz mal tratada la de la piel o la de las relaciones que hacen el todo social es siempre fea, impresentable, vergonzante. Las heridas de la guerra, con el paso del tiempo, van cerrando. Pero la reconciliacin implica mucho ms que un manto de olvido y un dar vuelta la pgina confiando en que "el tiempo y la perentoria necesidad de seguir viviendo juntos en una comunidad" lograrn el acercamiento entre las partes antes enfrentadas. Implica un proceso que redefine las relaciones sociales en una sociedad fragmentada de tal forma que los antiguos enemigos puedan coexistir aceptablemente uno a la par del otro. Ese proceso, entendido como un fenmeno social que trasciende historias puntuales de un determinado victimario junto a una determinada vctima, necesita de mecanismos legales que creen las condiciones a partir de decisiones polticas consensuadas y de instrumentos especficos que posibilitan la vida con dignidad de todos y todas por igual, superando las heridas dejadas por el pasado enfrentamiento.

La reconciliacin lleva dos elementos implcitos como mecanismos fundamentales que la definen: por un lado, el reconocimiento de lo que pas, la recuperacin de la verdad, y por otro, el mecanismo en virtud del cual las partes encontradas deben: a) arrepentirse (una de las partes), y b) perdonar (la otra parte). Es decir: verdad, arrepentimiento y perdn.

Retomando la idea ya expuesta: en un nivel micro es posible sucede a diario que se cumpla ese ciclo. La reconciliacin implica la voluntad de ambas partes de querer seguir una relacin emptica, arrepintindose y perdonando, sobre la base de no negar lo que pas, de lo que las enfrent. El problema se plantea cuando ese esquema se traslada a la sociedad como un todo. Como lo que define un todo social no son las buenas intenciones individuales sino las relaciones de poder, en ese complejo tejido, y a nivel macro, es mucho ms difcil encontrar arrepentimiento y la voluntad de pedir perdn. Si la dinmica de las sociedades est dada por la lucha de clases, es ms que evidente que la clase dominante (que es la que sojuzga a la dominada, que es la que gana las guerras) no tiene nada de qu arrepentirse, nada de lo qu pedir perdn. Es ms confuso ver ah el mecanismo, y ms difcil que pueda realizarse: si es un grupo de poder, en nombre de sus intereses, el que victimiz a otro grupo, podemos creer que honestamente estar dispuesto a pedir perdn? Es por eso que, en trminos sociales, la historia siempre est contada a medias, desde la lgica del grupo dominante. "La historia la escriben los que ganan", se dice. Por qu se sentiran culpables los ganadores?

En trminos de una sociedad, reconciliacin no es olvido, no es borrn y cuenta nueva con un llamado a deponer odios del pasado. La basura escondida debajo de la alfombra no se ve; pero ah est, y siempre es posible que pueda reaparecer. Hay un axioma de la ciencia psicolgica que dice "lo reprimido siempre retorna, de manera deformada, como sntoma, pero no desaparece: se reactualiza". Si lo reprimido es una historia no contada, una historia de abusos y violaciones, eso sigue estando presente en los imaginarios sociales, en la memoria colectiva de los pueblos que los sufrieron, reapareciendo de distintas maneras como sntomas; o para decirlo con terminologa clnica: con malestares diversos, con nuevas manifestaciones de violencia, con gran dolor. E incluso se transpasa a las nuevas generaciones. La cultura de violencia que permanece siempre por un determinado tiempo, indefectiblemente, al terminar una guerra, es producto de esos odios que se dispararon y toman mucho trabajo reconvertirse, apaciguarse.

En cualquier sociedad que sale de una guerra interna la palabra reconciliacin es equvoca, llama a ambigedades, produce contradicciones. En muchos casos hace alusin velada al olvido de lo ocurrido, a la amnista de los victimarios; es decir: fomenta la impunidad. Ello va de la mano de un llamado al entendimiento, a la buena voluntad, al amor y la concordia. Pero en trminos de grupos sociales la experiencia de numerosos casos en distintas sociedades de post guerra lo ensea con patetismo, ese "estallido de paz y armona" no surge nunca espontneamente. Esas cosas tan loables por s mismas pero siempre tan lejos de las buenas voluntades la historia no se hace con buenas voluntades sino, lamentablemente, con violencias ( "la violencia es la partera de la historia" , se ha dicho sin ingenuidad), y la reconciliacin en especial, que es el tema que nos convoca, ms all que puedan circunscribirse a un papel firmado que las legaliza, no se decretan. Pueden ser legales, pero no legtimas. En todo caso, gracias a lineamientos que se fijan en legislaciones pero que se edifican en las relaciones concretas entre los miembros del colectivo, son construcciones que tienen que ver con los juegos de poder que se dan en la sociedad.

Que el concepto de reconciliacin es equvoco, que est muy cargado y no es nada inocente nos lo puede mostrar, entre otras cosas (solo para poner algn ejemplo demostrativo) el hecho que la derecha poltica en la actual Repblica Bolivariana de Venezuela llama a "reconciliarse" al presidente Nicols Maduro, lder de una revolucin con tintes socialistas. Por qu ese llamado? Qu significa en ese contexto "reconciliacin": un pedido de no seguir profundizando medidas populares que podran desbancar a los tradicionales sectores de poder? Si podemos tener cierto recelo en el uso de esta palabra, todo lo dicho hasta aqu es suficiente prueba para ver que constituye uno de los trminos menos ingenuos del vocabulario poltico. Si la vida poltica es, inexorablemente, la expresin de conflictos, la cara visible de la relacin de poderes asimtricos con que se constituyen las sociedades, los llamados a la reconciliacin pueden ser la forma velada de pedir no cambiar nada, no revisar ni pretender remover las estructuras establecidas.

En otros trminos, y en el contexto de los procesos post blicos: si es posible acercar partes enfrentadas buscando una aceptable forma de relacionamiento en que se procesen sanamente historias desgarradoras, ello necesita no slo las declaraciones polticas sino, antes que nada, cambios reales en la distribucin de los poderes, acciones concretas que dignifiquen a las vctimas y castiguen a los victimarios, hechos constatables que permitan superar las secuelas y posibiliten seguir viviendo con mayor calidad de vida. Para todo ello son precisos elementos mnimos: 1) conocer y apropiarse la verdad histrica y 2) reparar las injusticias. Pero queda claro que para ello son imprescindibles modificaciones a las estructuras de poder que llevaron a la guerra. Sin esos reacomodos concretos, tanto la paz como la reconciliacin no pueden pasar de buenas intenciones sin efectos tangibles en la realidad.


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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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