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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2017

Criminales de guerra, carniceros en paz

David Torres
Pblico


Como tantos otros, el concepto de criminal de guerra resulta siempre relativo: depende mucho de si el criminal en cuestin perdi o gan la guerra. As, tras la Segunda Guerra Mundial, los Aliados se permitieron el lujo de juzgar en Nremberg no slo a ciertos jerarcas del aparato nazi, como Gring, Bormann o Frank, sino tambin a altos mandos responsables de matanzas, mdicos que colaboraron en los campos de exterminio, empresarios que se lucraron con la industria del genocidio y magistrados que impusieron las leyes de pureza racial.

Fue una labor pionera en la historia de los derechos humanos, aunque se quedara sin juzgar un importante bancal de criminales, precisamente los del bando aliado. Por citar slo tres casos: la violacin masiva de ms de siete mil civiles italianos por obra y gracia del Cuerpo Expedicionario Francs -los Goumiers-; la masacre de Katyn, donde alrededor de veinte mil prisioneros polacos fueron ejecutados por el ejrcito sovitico; o el bombardeo de Dresde, en el que cuatro ataques areos combinados de las fuerzas areas britnicas y estadounidenses arrasaron la llamada Florencia del Elba con un saldo de entre cuarenta mil y cincuenta mil vctimas civiles.

Mencin aparte merecen las dos bombas atmicas arrojadas sobre Japn por orden del presidente Truman, dos vistosas atrocidades que mataron ms de ciento diez mil personas, dejando a su paso un incontable reguero de secuelas, y cuya justificacin estratgica (causar un efecto psicolgico tan devastador que obligara al ejrcito japons a capitular) no se sostiene por el simple hecho de que se lanz una bomba el 6 de agosto en Hiroshima y otra el 9 de agosto en Nagasaki. Ms que para Hirohito, Fat Man era un mensaje en clave para Stalin. Haba que ensearle a la URSS que en el frente del Pacfico no tena nada qu hacer y que, adems, contaban con ms de una.

De manera que s, que est muy bien que el Tribunal Penal Internacional haya condenado al general Ratko Mladic por genocidio y crmenes contra la humanidad durante la guerra de Bosnia, pero es una sentencia que nos deja un poco fros a quienes vimos escapar a Pinochet con su dodotis -gracias al apoyo de Margaret Thatcher y de docenas de mamporreros ms- y a quienes nunca veremos sentarse en el banquillo a un genocida de la talla y el talante de Henry Kissinger. Ms que fros, indiferentes y bastante mosqueados a quienes tenemos que seguir soportando, ao tras ao, los homenajes, los monumentos y las calles decoradas con los nombres de quienes dedicaron lo mejor de tu talento a cazar espaoles como a conejos.

No es slo la sombra insoslayable de la cruz en el Valle de los Cados, el mayor monumento al fascismo sobre la faz del planeta; ni la tumba, en la Baslica de la Macarena en Sevilla, del general Queipo de Llano, responsable del asesinato de Federico Garca Lorca y de ms de cinco mil civiles indefensos en la peor matanza de la guerra civil, la Desband, un ataque contra civiles indefensos que abarrotaban la carretera de Mlaga a Almera. Es la infamia inalterable de casi cuarenta aos de paz -una poca de extraordinaria placidez, segn Mayor Oreja- en la que los criminales seguan a lo suyo, violando mujeres y torturando inocentes con la bendicin de la iglesia. Hay demasiadas Srebrenicas impunes en el mundo para alegrarse por la condena de un carnicero ms.

Fuente: http://blogs.publico.es/davidtorres/2017/11/23/criminales-de-guerra-carniceros-en-paz/



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