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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2017

Sequa, la manifestacin aguda de un desafo crnico

Gonzalo Delacmara
EFE.doc

No podremos decir que no fuimos advertidos. Umberto Eco sealaba los riesgos de lo que llamaba "bulimia intelectual", entendida como una insaciable curiosidad estril o un grado de dispersin extrema. Fernando Savater se refera de modo anlogo a la "ignorancia hiperinformada". Con frecuencia, observamos que hay incluso quien celebra la ignorancia.


Hay, sin embargo, una manifestacin de esa ignorancia que parece especialmente inquietante. La sequa, como fenmeno meteorolgico extremo, no escapa a esos esfuerzos. Ahora bien, aunque las descripciones son imprescindibles, hay un notable dficit a la hora de analizar, de explicar, de comprender.

En 1993, el economista chileno Manfred Max-Neef escribi un breve ensayo (Desarrollo a Escala Humana, edit. Icaria) en el que alertaba sobre tres grandes desafos, vigentes casi un cuarto de siglo despus. Todos ellos convergan en la incapacidad no ya para comprender sino incluso para entender qu significa comprender. El primero de ellos es nuestro compromiso con opciones secundarias. El segundo, el uso de aproximaciones simplistas para analizar realidades complejas. El tercero, el empobrecimiento del lenguaje, tras el cual viene la ruina de las ideas.

Las preocupaciones sobre la adaptacin al cambio climtico, la seguridad hdrica a medio y largo plazo y las recurrentes sequas reflejan una por una esas fallas del pensamiento. Todas ellas permanecen casi ocultas en el da a da, eclipsadas por lo acuciante, que sepulta lo imprescindible. Por otro lado, reciben un tratamiento maniqueo, esquemtico, sesgado. Adems, a menudo no se establecen distinciones entre clases de sequa, de modo que se dificulta ostensiblemente la comprensin del fenmeno y algo, si cabe, ms importante: la implicacin del ciudadano, su asuncin de responsabilidad, como paso previo al cambio voluntario de comportamiento. Se potencian el infantilismo y el esoterismo; es decir, se ocultan los problemas y se omite el coste de las soluciones.

Quizs el lector conozca que la hidrosfera tiene un volumen esencialmente estable de agua en ocanos, mares, ros, lagos, acuferos o depsitos de hielo y nieve. El agua de mar representa el 97,5 % del total; el agua dulce slo un 2,5 %. De la misma, el 68,9 % (este porcentaje vara, como es lgico, en funcin del clima), est en forma de hielo y nieve perpetua en el rtico, el Antrtico y los glaciares. El 30,8 % es agua subterrnea. Slo el 0,3 % del total est disponible, con mayor o menor dificultad, en lagos, sistemas fluviales y otros cuerpos de agua. Pese a ese exiguo porcentaje, lo cierto es que esos recursos deberan ser suficientes para atender las necesidades de la poblacin mundial y los diferentes ecosistemas acuticos del planeta. Sin embargo, las presiones sobre esos recursos son dinmicas y crecientes.

En todo caso, ms relevante que la cantidad global de agua es el reconocimiento de que los seres humanos intervenimos en el ciclo del agua, alterando su calidad para mal, contaminndola; para bien, tratndola para mejorar sus caractersticas -, su disponibilidad en un momento dado, para un uso especfico, en un lugar concreto.

El ciudadano tiende a percibir, incluso antes de que nadie le informe de ello, una nica dimensin de la sequa (la sequa meteorolgica), es decir, un descenso significativo de las precipitaciones, normalmente dilatado en el tiempo. Esa cada de las precipitaciones va de la mano de temperaturas ms altas, vientos ms intensos, humedad relativa baja, menos nubes, mayor insolacin. El resultado de todo ello es un descenso en la escorrenta de agua superficial y de la recarga de las aguas subterrneas.

Esa clase de sequa suele preceder no slo a una cada del caudal de los ros o la cantidad de agua disponible en acuferos sino tambin en los volmenes embalsados (es decir, a una sequa hidrolgica), en relacin al promedio de un periodo de referencia. Mucho antes de que descienda la cantidad embalsada de agua hay usos del agua que ya padecen de modo ntido la carencia de lluvia: los cultivos de secano, por ejemplo, de los que depende la alimentacin de buena parte de la poblacin del planeta (especialmente de los pases ms pobres). La agricultura de secano representa ms del 95 % de la tierra cultivada en frica subsahariana, 90 % en Amrica Latina, 75 % en Oriente Prximo y el norte de frica, 65 % en el este de Asia y el 60 % en el sur de ese mismo continente.

La sequa, como manifestacin aguda de un desafo crnico, es identificada permanentemente como uno de los principales riesgos globales (Global Risk Report, Foro Econmico Mundial), constituye uno de los principales motivos de desplazamiento forzoso de refugiados y tiene un impacto econmico y social inefable all donde tiene incidencia. Pese a ello, no slo recibe una atencin que, siendo generoso, uno podra calificar como descuidada. La informacin sesgada hacia lo meteorolgico o lo estrictamente hidrolgico no slo nos impide entender la verdadera dimensin del desafo sino que incentiva nuestra complacencia, una mirada indulgente, pasiva, a veces incluso ablica respecto a un fenmeno cuyas consecuencias no seran tales de no ser por nuestra propia accin.

El consumo mundial de agua se ha triplicado en los ltimos 50 aos y la demanda de agua crece a una tasa que duplica el ritmo de crecimiento de la poblacin mundial. La escasez estructural de agua afecta ya al 40 % de la poblacin mundial. En 2025 se estima que 1.800 millones de personas vivirn en pases o regiones con escasez absoluta y dos terceras partes de la poblacin vivir en condiciones de estrs hdrico (es decir, con una brecha entre la disponibilidad a largo plazo de agua y la demanda de sta). Desde 1900, la FAO estima que ms de dos mil millones de personas se han visto afectadas por la sequa, ms que cualquier otro riesgo fsico para la salud. La sequa exacerba la desnutricin y la recurrencia de hambrunas, potencia la pobreza extrema, aumenta las tasas de mortalidad prematura y de morbilidad.

Hay situaciones extremas en Irn, China, Indonesia, Afganistn, India, Chile, Jordania, Estados Unidos y sequas recurrentes en otras regiones del planeta como la costa peruana, Brasil, Australia, algunos otros pases de Oriente Medio, Singapur, Espaa, Italia, Portugal, Grecia, etc.

Creer que las sequas mejorarn de modo relevante es ilusorio, cuando no temerario. El cambio climtico aumenta la frecuencia, la intensidad (duracin, descenso de precipitaciones y agua embalsada, rea afectada) y el impacto (prdida de cosechas, etc.). En los primeros meses de 2017, las temperaturas medias en la superficie del planeta crecieron 0,94C respecto al promedio del periodo 1950-1980, de acuerdo a la NASA. Eso hace de 2017 el segundo ao ms clido de la historia, hasta el momento, despus de que 2016, 2015 y 2014 ya batieran ese rcord.

Podemos seguir mirando hacia otro lado, aturdidos por una actualidad que a veces creemos importante cuando con frecuencia es un monumento a la frivolidad. La sequa supone una anomala transitoria, ms o menos prolongada, pero con mucha probabilidad ser cada vez ms parte de nuestra vida, un brote de nuestra dolencia subyacente: garantizar la seguridad hdrica en un contexto de adaptacin al cambio climtico.

Gonzalo Delacmara, Director Acadmico del Foro de la Economa del Agua

 

NOTA: Este artculo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Fuente: http://www.efedocanalisis.com/noticia/sequia-la-manifestacion-aguda-desafio-cronico/



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