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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2017

Caso Santiago Maldonado
Ojal

Raquel Robles
Revista Anfibia


La muerte es la muerte. Es lo real, lo irreductible. Pero la muerte encarnada en un cuerpo es la certeza de un duelo que comienza. Alguien puede entender que un cuerpo roto pueda significar algo parecido a un alivio? En qu mundo de inmundicia vivimos en el que preferimos un huesito, una cadena de adn, un pedacito de pelo, a la incertidumbre? Ojal que el cuerpo que encontraron en el ro sea Santiago. Ojal que el cuerpo que encontraron en el ro no sea Santiago.

Alguien en el mundo puede entender que un cuerpo roto pueda significar algo parecido a un alivio? En qu mundo de inmundicia vivimos en el que preferimos un huesito, una cadena de adn, un pedacito de pelo, a la incertidumbre? Y puede alguien entender que al mismo tiempo no queramos encontrar nunca nada para poder seguir en el limbo de la ilusin cruel de que tal vez, quizs, de algn modo mgico, pueda volver el ser amado que no hay modo de no saber que est muerto? Cmo lograron hacernos esto? Cmo lograron que la incertidumbre fuera la condena y el nudo que no queremos deshacer a esa imagen en la que ellos siempre vuelven?

Hay un cuerpo rescatado del agua. Y siempre el agua, siempre los ros, siempre los peces acunando a nuestros seres queridos. Ser Santiago? En definitiva, es alguien que ha muerto y ha quedado a merced del agua. Y eso ya es un dolor suficiente. Pero en este pas nunca es suficiente. Porque secuestraron en las narices de todos a treinta mil personas, las torturaron las asesinaron y ocultaron sus cuerpos porque eso es lo que el eufemismo desaparecido quiere decir- y no es suficiente. Miguel Bru, tampoco alcanz. Julio Lpez todava no llen el vaso. Y probablemente Santiago sea otra perla amarga en el collar que llevamos en nuestros propios cuerpos doloridos.

En este pas se puede estar harto del tema de los desaparecidos y la vida sigue. Se puede tardar once aos para preparar un juicio contra torturadores y decir que es verdad que ocho o nueve personas son responsables de la gestin de un centro clandestino de detencin en el que fueron machucados los cuerpos de cientos. Se puede hacer un chiste tambin. El cuerpo encontrado en el ro tal vez conserve algo para que los forenses puedan investigar por las bajas temperaturas del agua como Walt Disney. Y la vida sigue.

Es tan violento que la vida siga cuando el dolor es un estilete que te va cortando en tiritas. Y sin embargo si no siguiera cmo podramos batir al enemigo. Aunque sea as, como invent la historia que dijo el Sargento Cabral. La esperanza es nuestra condena y nuestra victoria. Hayao Miyazaki, ese que nos salv la vida de nios con las series Heidi y Marco, el que hizo El castillo vagabundo y el Viaje de Chihiro, en su ltima pelcula nos dio la clave: el viento se levanta, hay que intentar vivir.

Pero cmo. Vivir, respirar, no ahogarse con el cuerpo que los perros encontraron a cuatro das de las elecciones, podra ser ya bastante heroico. Sin embargo para nosotros tampoco es suficiente. Estar mirando en la televisin, en las redes sociales, pegados a las pantallas de los telfonos hasta que alguien nos diga si es o no es Santiago, si Santiago sigue siendo un desaparecido o es un asesinado, en esta categora loca que hemos inventado los argentinos, como si desaparecido no significara tambin asesinado, no parece suficiente. Estar pensando en las elecciones, en la ancdota importante o ftil, segn para quin, de las elecciones frente a la brutalidad de este jueguito morboso al que nos someten (es o no es? reconocs la ropa en este cuerpo sin cara? podremos saber qu le hicieron despus de dos meses de ro?) tambin parece insuficiente. Violento inclusive.

Nada, ninguna cosa que podamos hacer, nos devolver la vida de Santiago, ni la de Julio, ni la de Miguel, ni la de Silvia, asesinada por testimoniar en un juicio por delitos de lesa humanidad. Tampoco a las miles de personas que destroz la dictadura. Ni los aos que millones vivieron en el exilio o en el horror de las crceles argentinas. Pero no hacer nada es sin dudas lo ms desacertado que podemos hacer. Y mirar la tele, decir qu barbaridad, esperar que nuestro mundo cambie votando as o as es bastante parecido a hacer nada.

El gran Kurt Vonnegut en su Matadero cinco propuso una explicacin ms racional al delirio del genocidio nazi: la abduccin de los cuerpos por extraterrestres. Convengamos que es menos loco pensar en un plato volador que te saca del tiempo y del espacio a que el ser humano sea capaz de masacrar a seis millones de personas. En su libro, el protagonista, Billy Pillgram es llevado a su planeta por los tralfamadorianos: Lo ms importante que he aprendido en Tralfamadore es que cuando una persona muere, slo muere aparentemente. Contina muy viva en el pasado, y por lo tanto es muy estpido que la gente llore en su funeral. Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirn. Los tralfamadorianos pueden contemplar todos los momentos de la misma forma que usted, por ejemplo, puede observar cualquier trecho de las Montaas Rocosas. Se dan cuenta de la permanencia de todos los momentos, y pueden contemplar cualquiera de ellos que les interese. Aqu en la Tierra creemos que un momento sigue al otro, como los guisantes dentro de la vaina, y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es ms que una ilusin.

No podemos saber si el paso del tiempo es una ilusin o no. Lo que quizs podamos afirmar es que todo vuelve a repetirse sin repetirse jams.

Este ao fui a la casa de donde se llevaron a mis padres. Haca mucho tiempo que no iba. Estaba alquilada. Los inquilinos queran entregrmela porque se iban. Me di cuenta de que nunca la haba visto as, despojada, sin nada, slo las paredes y el verde del fondo y ese lugar donde estaba la conejera con mis queridos conejos, donde an hoy se niega a crecer el pasto. Me puse a llorar. Como una loca. No saba que iba a llorar, pero sucedi. El inquilino que se iba me recogi del piso, me alz porque yo era una masa informe que slo saba llorar y me dijo no te preocupes flaca, no van a volver. l me hablaba de los militares, y tal vez sea un poco inocente creer que no van a volver cuando pasan cosas como la desaparicin de Santiago y la vida, como vimos, sigue. Pero lo ms increble, lo ms terrible es que yo me preocup. Me anotici. Yo no pens en los militares. Yo pens en mi pap y en mi mam. No van a volver. Una mujer de 46 aos llorando como una nena de 4 porque alguien le dice que no van a volver.

La muerte es la muerte. Es lo real, lo irreductible. Pero la muerte encarnada en un cuerpo es la certeza de un duelo que comienza. La muerte encarnada en el aire es que pasen los aos, las dcadas y cada vez volver a entender que la magia es una posibilidad demasiado remota. Ojal que el cuerpo que encontraron en el ro sea Santiago. Ojal que el cuerpo que encontraron en el ro no sea Santiago.

Fuente: http://www.revistaanfibia.com/cronica/ojala/



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