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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2017

Independencia o Gobiernos de Progreso?

Antonio Antn
Rebelin


El Govern de la Generalitat, actualmente cesado y procesado (o exiliado), ha fracasado en su proyecto de implementar ya una Repblica catalana, un Estado independiente. Es un hecho evidente, reconocido por los dirigentes del PDeCat y de ERC. La estrategia del bloque independentista ha mostrado sus debilidades frente al bloque de poder representado por el Gobierno de Rajoy. Sus lderes han comenzado una reflexin y una readecuacin estratgica basada en el reconocimiento de ese desequilibrio en la relacin de fuerzas sociopolticas y fcticas y de control institucional. Esperan reeditar su mayora en el Parlament en las elecciones del 21 de diciembre e insisten en continuar la construccin de la independencia, en el sentido de ampliar su base de apoyo ciudadano, as como econmico, institucional y europeo. Pero descartan (ambiguamente) la va unilateral como constitucin inmediata de un Estado soberano en confrontacin abierta con el Estado. No es la posicin de la CUP que insiste en lo acertado de la proclamacin de la independencia y exige su construccin inmediata desafiando el poder estatal y las dificultades estructurales.

Por mi parte, en un artculo publicado en Rebelin, el da 4 de octubre (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=232314),  valoraba el fracaso del Gobierno de Rajoy   en su actuacin contra la masiva y exitosa expresin cvica del 1-O, aunque insuficiente para considerarlo un referndum vinculante; pero tambin explicaba ya los lmites del independentismo, sealando las dificultades estructurales para imponer la independencia de Catalunya. En esos momentos las expectativas sobre la proclamacin de la independencia y su implementacin prctica estaban en lo ms alto.

Los nuevos acontecimientos, con una evolucin frentica, estn claros. El Gobierno de Rajoy, con sus apoyos parlamentarios de Partido Socialista y Ciudadanos , ha aplicado el artculo 155 con el cese del Govern , a pesar de la desaprobacin popular mayoritaria en Catalua y las grandes movilizaciones democrticas y soberanistas, y ha bloqueado el despliegue o desarrollo de la Repblica catalana. Al mismo tiempo, se ha mostrado la impotencia fctica de la va unilateral desarrollada por el bloque independentista cuyos dirigentes, finalmente, han reconocido solo su carcter simblico o declarativo con renuncia a su construccin operativa. As, aun defendiendo simblicamente la legitimidad del Govern y el Parlament , han aceptado la participacin en las elecciones autonmicas para el 21-D, convocadas por el Presidente del Gobierno espaol, cuyos resultados representativos, en el marco de la nueva realidad impuesta con los equilibrios de poder manifestados, abrirn una nueva etapa.

Reafirmacin democrtica y percepcin ms realista sobre el Estado independiente

Veamos algunos datos de la percepcin de la ciudadana y su evolucin. Segn la encuesta de Metroscopia , publicada el 12-11-2017, en esas semanas de octubre tras el 1-O y el 3-O (huelga general democrtica contra la represin policial), en torno a la primera aprobacin (dejada en suspenso) de la Declaracin Unilateral de Independencia (DUI) por el Parlament el 10 de octubre y hasta su aprobacin definitiva el 27 de octubre, el 51% de la poblacin catalana consideraba factible la secesin en un futuro ms o menos cercano.

No obstante, tras la aplicacin por el Gobierno del PP del artculo 155, tras su aprobacin por el Senado con los apoyos del Partido Socialista y Ciudadanos ese mismo da, el 62%, casi dos tercios (aunque el diario El Pas transcribe el 66%) de catalanes ve poco probable la independencia de Catalua, es decir, descartan la idea de que Catalua pueda separarse de Espaa y convertirse en un estado independiente en un futuro ms o menos cercano. O sea, de la mitad pasa a un tercio los residentes que confan en la implementacin inmediata de la Repblica catalana, por mucho que la afirmen como objetivo a largo plazo.

Por otro lado, siguiendo con Metroscopia , en Catalua, el 69% de personas encuestadas muestran su desaprobacin con la gestin del Gobierno de Rajoy y, expresamente, el 61% son contrarios a la manera en que se est aplicando el artculo 155. Ya anteriormente, a la pregunta Cree que una aplicacin del artculo 155 sera beneficiosa para apaciguar la situacin actual? , haba contestado NO el 61% y S el 13% (65% entre votantes del PP). Dato que contrasta con el 61% de la poblacin espaola (incluido el 56% de los votantes socialistas) que apoya la aplicacin del artculo 155.

En relacin a la posibilidad de llegar a un acuerdo que permitiera la permanencia de Catalua en Espaa, el escepticismo social es algo asimtrico y muy fuerte, aunque ha descendido ligeramente en ambos casos. Antes, un 56% de catalanes lo vean como algo muy difcil y despus ha bajado al 49%; y otro 49% cree que an hay esperanza, porcentaje que alcanza hasta el 60% para el resto de espaoles.

No obstante, a la cuestin de La mejor manera de resolver el problema entre Catalua y Espaa es que se celebre un referndum pactado y plenamente legal sobre la independencia de Catalua en el que los catalanes decidan si quieren o no seguir formando parte de Espaa, contesta De acuerdo el 82% (la casi totalidad de independentistas y de Catalunya en Com-Podem , e incluyendo el 75% del PSC, el 57% de Ciudadanos y el 49% del PP), y En desacuerdo el 16% (el 21% del PSC, el 41% de Ciudadanos y el 43% del PP).

Por tanto, aunque la mitad de la sociedad catalana ve difcil llegar a un acuerdo es muy mayoritaria (ms de cuatro quintas partes) la aspiracin a poder decidir mediante un referndum pactado y legal su relacin institucional con Espaa. En definitiva, se combina una reafirmacin democrtica referndum pactado- como procedimiento para resolver el conflicto, se mantiene un amplio bloque independentista, cercano a la mitad, pero se rebaja a un tercio la expectativa de poder implementar de forma inmediata una Repblica catalana independiente.

La incapacidad de la estrategia independentista

Volvamos a este ltimo aspecto. La aprobacin de la Declaracin Unilateral de Independencia por la mayora del Parlament que, no olvidemos, representa solo el 47,8% de la ciudadana catalana y la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin por parte del Gobierno del PP, junto con la actuacin del aparato judicial, han demostrado los lmites de la estrategia independentista tal como habamos avanzado. Haba, y se han demostrado posteriormente, dos tipos de razones.

Uno de carcter democrtico, derivado de los dficits democrticos de la consulta realizada, sin suficientes garantas al no estar pactada y sin interpelar en condiciones de igualdad y con una actitud inclusiva a la otra mitad de la sociedad catalana. Sus resultados no podan legitimar la independencia, tal como ha sido (y todava es) el ncleo justificativo del bloque independentista. Otro tipo de motivos eran de carcter fctico, los lmites de su contrapoder institucional (y popular) frente al poder del Estado y sus aparatos judiciales, de seguridad y econmicos, as como la falta de reconocimiento internacional.

Es decir, antes de la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin, por parte del Gobierno de Rajoy con el apoyo de Ciudadanos y el Partido Socialista ,   cesando y encarcelando al Govern y procesando a parte de la mesa del Parlament , ya se podan constatar dos hechos verdaderos: primero, la ausencia de una mayora ciudadana reforzada o un consenso social y poltico suficiente que legitimase claramente el paso inmediato a un Estado independiente; segundo, la incapacidad operativa de las supuestas estructuras de la nueva Repblica y la impotencia para convertir las instituciones autonmicas en instituciones ejecutivas independientes en confrontacin con el Estado espaol: desde el propio Govern y el Parlament, pese a la insistencia en su soberana total, hasta las estructuras de seguridad ( Mossos desquadra ) y administrativas (por ejemplo, de Hacienda) o la capacidad de contrapoder organizado en la calle.

Ambos hechos han sido producto de interpretacin interesada e irrealista. Primero, el embellecimiento de los propios apoyos ciudadanos (que no llegaban a la mitad), confiando en su necesaria tendencia ascendente, en particular intentando absorber, neutralizar o instrumentalizar la autonoma del tercer espacio representado por En Com-Podem (y en menor medida del PSC), con   infravaloracin del distanciamiento y la brecha producida respecto de la otra mitad de la sociedad catalana.

Segundo, la sobrevaloracin del poder institucional propio y su capacidad operativa independiente, que slo necesitara una cobertura jurdica propia para instaurar una legalidad contrapuesta a la del Estado espaol y ser soberano en el plano ejecutivo. De ah el idealismo discursivo y formalista del papel (poco) operativo de la Declaracin unilateral de independencia , ahora rebajada a acto simblico.

Tercero, infravaloracin del poder, la capacidad operativa y la legitimidad del contrario, el Estado Espaol, incluido el poder judicial, as como la determinacin del Gobierno del PP apoyado por la alianza del bloque monrquico y la subordinacin del Partido Socialista . No se trataba de un Gobierno fascista y desacreditado que utilizaba la violencia explcita de forma generalizada y, por tanto, fcil de desenmascarar y aislar cvicamente y en la opinin pblica europea. El Estado, que utiliz la represin abierta el 1-0, no ha tenido necesidad de utilizarla para imponer el cese del Govern ; solo su gran capacidad de coercin, incluida la judicial, con una aplicacin desproporcionada de la ley vigente, ha disuadido la actitud de desobediencia del aparato administrativo o la rebelda de las fuerzas de seguridad catalanas ( Mossos ), as como la operatividad de las hipotticas estructuras de doble poder ( Comits de defensa de la Repblica ).

Cuarto, la movilizacin social democrtica de rechazo al 155 y defensa de las instituciones catalanas se ha expresado masiva y cvicamente, especialmente en las dos grandes manifestaciones, con participacin no solo independentista sino democrtica, vinculada a los comunes . Pero tampoco ha sido suficiente para impedir la intervencin del poder ejecutivo en el Govern , liberar a los presos y revertir el 155. El desacuerdo mayoritario de la ciudadana contra la intervencin del autogobierno se puede convertir en una mayor deslegitimacin del poder estatal, en particular del PP, y una mayor legitimidad para las fuerzas soberanistas, no solo independentistas. Pero en el clculo electoral tambin interviene la credibilidad poltica de las alternativas propuestas y su gestin. Y en eso, he dicho que, en el caso independentista, ha faltado fuerza y coherencia y de ah su perplejidad.

El peso del poder econmico y europeo

A todo ello se han aadido dos elementos que han afianzado la realidad y la sensacin de impotencia en el control de su economa y el aislamiento institucional al no conseguir reconocimiento internacional. As, el desplazamiento de la sede social de varios miles de empresas (ms de mil, su sede fiscal, con su impacto presupuestario), ha supuesto una demostracin de desconfianza en el proceso independentista de la oligarqua empresarial y financiera catalana, en gran parte imbricada con el capitalismo espaol, vinculada a su mercado, conectada con las estructuras econmicas europeas -y mundiales- e insertada en sus lites dominantes.

Adems, el Govern ha demostrado su impotencia reguladora, as como las desventajas de un proceso incierto fuera de la UE, que contrastaba con una supuesta superioridad y mejora econmica como pas independiente sin la rmora de Espaa, menos modernizada. Pero ese relato se ha dado de bruces con la realidad. En la lgica subyacente de la hegemona neoliberal de sus principales responsables econmicos, el Govern mantena la creencia de la bondad de las mismas polticas econmicas de austeridad y prdida de derechos laborales y sociales, es decir, de conectar mejor con las estructuras de poder econmico europeas y el poder liberal conservador al que est inscrito el dominante (hasta ahora) PDeCAT.

La gran frustracin popular por la crisis social y la responsabilidad del Govern de Mas y, despus, de Puigdemont haba sido hbilmente trasladada hacia la cuestin nacional. Su salida no era cambiar las polticas de austeridad del Gobierno de Rajoy y el bloque de poder representado por Merkel, sino esperar que un Estado independiente construyese una Catalua prspera, separada de la atrasada Espaa. La ausencia de pacto fiscal y la solidaridad impuesta en la distribucin interregional, completaban el discurso de las ventajas de la independencia: estar en mejores condiciones econmicas y materiales, beneficiosas para el conjunto de la ciudadana, incluido sus capas populares, y as constituir una alternativa de salida a la crisis con toda su secuela de desigualdad y empobrecimiento. Aqu, conviene separar dos dinmicas contrapuestas: una la econmica, con orientacin neoliberal; otra, la social de carcter progresivo. Pero el modelo social de la Repblica catalana no est claro; ms bien es el de continuidad con las polticas dominantes en Espaa y la UE. Motivo aadido para la desconfianza en amplios sectores de las capas populares.

Y la alternativa social, aparte de hacer ajustes redistributivos de lo existente, es terminar con la austeridad y los presupuestos restrictivos de gasto pblico e incrementar el porcentaje de gasto social por habitante; es decir, aumentar el conjunto de la tarta presupuestaria (incrementando los ingresos) a repartir entre las Comunidades Autnomas que, sobre todo, va a gasto pblico social (sanidad, educacin, dependencia) y que est infradotada en los presupuestos (Espaa gasta unos siete puntos de PIB menos que los pases de la UE-15, los ms avanzados de la UE). La salida debe ser progresista, no de competencia interregional-comunitaria.

En el plano internacional, la ilusin del apoyo europeo tambin ha prevalecido y se ha ido desvaneciendo. No hay ningn inters fundamental de ningn pas importante para apoyar a la nueva Repblica catalana (como fue Alemania y la OTAN- para la independencia de Eslovenia y Kosovo o las repblicas blticas para aislar a Rusia-). El Gobierno de la derecha es fiel aliado al bloque de poder europeo y la integracin poltica, econmica y geoestratgica una realidad que interesa a todos los poderes en la UE, todava ms en la incertidumbre estratgica de sus alrededores (Rusia, Oriente Medio, Norte de frica) y de las dinmicas centrpetas y xenfobas en el interior de muchos Estados. Sin una negociacin o salida pactada, la unilateralidad aada incertidumbre para los poderes europeos (y mundiales), institucionales y econmicos, que se han manifestado en contra de una Repblica catalana.

Mayoras sociales tras una nueva agenda social y plurinacional

Por tanto, el proceso independentista necesitara ms legitimidad democrtica y/o ms poder poltico-institucional (y de seguridad) y control econmico, con mayores aliados (en Espaa y en Europa), o bien un fuerte debilitamiento del poder de las derechas en el Gobierno central. En estos momentos, su debilidad comparativa es evidente: el Estado espaol es ms fuerte, especialmente en lo segundo y con suficiente respaldo legtimo, legal e internacional, en parte derivado del apoyo de la direccin socialista.

La perspectiva independentista, tras el 21-D, y aunque vuelva a ganar la mayora parlamentaria e incluso una ligera mayora de votos, todava no tendra un nivel suficiente de las dos condiciones bsicas legitimidad y poder- para desafiar con otra va unilateral al Estado Espaol, al menos con la suficiente credibilidad para ganarle. Su posible reajuste estratgico pasa por controlar el Govern, ensanchar su apoyo social y conformar estructuras soberanas como acumulacin de fuerzas y medio para negociar un acuerdo ventajoso de incremento del autogobierno. Pero, para ello, bajo la previsible nueva hegemona de ERC en el campo independentista, tendra que activar una agenda social que permitiese acercar posiciones con Catalunya en Com-Units Podem, aunque le llevase al distanciamiento con el PDeCAT, y dejar aparcada la va de la imposicin de la unilateralidad. Se abrira la nica va realista y trasformadora de verdad, progresista en lo social, democrtica y pactada en el conflicto nacional, superando las brechas identitarias, y unitaria y solidaria con el cambio poltico en Espaa (y Europa).

En definitiva, ante el conflicto en Catalua y el bloqueo autoritario y regresivo del Gobierno de las derechas de Rajoy (y Rivera), se ha demostrado las dificultades de la estrategia independentista. Solo cabe una nueva estrategia, una salida de cambio ms democrtico y ms operativo (aun con sus enormes dificultades, incluido la ambivalencia del PSOE): echar al PP por parte de las fuerzas progresistas, ganar a las derechas unas elecciones generales, con un Gobierno de Progreso en Espaa, junto con otro Govern progresista en Catalunya, con nuevas mayoras sociales y polticas que aseguren el avance hacia una agenda social (tambin en el marco europeo), una fuerte democratizacin (empezando con la lacra de la corrupcin) y un mayor acuerdo en la cuestin territorial, con una respuesta democrtica, pactada y social en Catalua y una reforma sustancial de la Constitucin.

Antonio Antn. Profesor Honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid.

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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