Portada :: Cuba :: Hasta siempre Comandante!
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2017

Fidel: el tributo de los recuerdos y la lealtad

Wilkie Delgado Correa
Rebelin


Y hoy que le rendimos el tributo al hroe que fue y ser siempre, confiaremos que Ud. siga mandando, junto con sus predecesores Carlos Manuel de Cspedes y Jos Mart, para preservar la revolucin y la patria.

Comandante, el tiempo ha continuado su decurso inexorable y los das han empezado a acumularse con su carga de sucesos nuevos, muchos quizs repetidos inevitablemente, pero ese viernes 25 de noviembre de Ud., apenas arriba al primer aniversario y muchas cosas pasarn, esperemos que para bien, en ese escenario de la humanidad que llamamos historia, y que un da mientras se le juzgaba, prisionero y en condiciones aciagas para sus ideales, Ud. vaticin, -desafiando la condena segura que entonces le esperaba por sus actos de rebelda y el asalto al Cuartel Moncada-, que la historia lo absolvera. Y aquel final premonitorio de su alegato en el juicio fue realidad durante su larga vida de 90 aos.

Fueron tantas las veces que los enemigos le mataron en planes, deseos, declaraciones y en anuncios de muerte en las ms variadas circunstancias, que Ud., estratega como nadie, quiso despedirse de la vida, despus de sugerirlo en su ltimo mensaje ante el VII Congreso del Partido, con esas afirmaciones de que Tal vez sea de las ltimas veces que hable en esta sala", y en cuanto al legado, consciente de su siembra, afirm, con ese su tacto de modestia, y despojando la frase del carcter personal, le imprimi al final el sello plural al afirmar que Pronto deber cumplir 90 aos Pronto ser ya como todos los dems. A todos nos llegar nuestro turno, pero quedarn las ideas de los comunistas cubanos Apenas unos meses despus de aquella intervencin y despedida, falleca en la misma fecha en que se cumpla el 60 aniversario de la salida del yate Granma hacia Cuba con su carga de libertadores.

Y estas palabras en voz de Ud. fue como una idea dominante, heredada de Jos Mart, quien afirm en su ltima carta inconclusa del 18 de mayo de 1895: Para m ya es hora S desaparecer. Pero no desaparecer mi pensamiento. Un da despus, el domingo 19 de mayo, caera en combate para levantarse para todos los tiempos, pues como expresara: Yo morir sin dolor, ser un rompimiento interior, una cada suave, y una sonrisa Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad. Y as, si se cae, se cae en una hermosa compaa Triunfaremos.

Y para mayor consecuencia con su credo, filosofa y convicciones, heredado de Mart, muchas veces, en formas variadas, Ud. expres. Hay un pensamiento, una idea, una frase de Mart que produjo en m profunda e inolvidable impresin. Me ense, me agrad y desde entonces siempre la he tenido presente: Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maz. Era para Ud., adems de un mandato moral esencial, un antdoto contra la vanidad, endiosamiento y los delirios de grandeza, que han perdido a tantos hombres pblicos, incluso grandes.

Y para una vez ms sorprender y ensear an despus de su muerte, hizo en vida un pedido sagrado a los dirigentes de la Revolucin y al pueblo para que no se erigieran monumentos en su memoria ni dieran nombre a las miles de posibles instituciones y otros sitios que, sin duda, se hubieran hecho realidad con el propsito de rendirle el merecido homenaje. Se acat esta ltima voluntad, y se asumi como natural y justo en Ud. algo que jams haba ocurrido en pas alguno ni en poca ninguna desde que el mundo es mundo. En ello iba implcita adems la estocada final a sus inveterados enemigos. Slo sus cenizas, guardadas en el interior de una roca, a modo de monolito, con su nombre FIDEL al frente, en el cementerio de Santa Ifigenia, proclaman su existencia ya ida y sempiterna, junto a una idea esencial de su pensamiento que es su concepto de Revolucin. Nada ms, y es todo, porque all, all y acull, en cercanos y lejanos confines, se le recordar y venerar como ese David de los siglos XX y XXI que fue capaz de enfrentar a ese Goliat imperial y vencerlo en todas sus tentativas de asesinarle y destruir a su pequea y grande patria.

En este primer aniversario de su partida hacia la eternidad, debemos reiterar que a los cubanos nos unen a Ud. muchas afinidades e identificaciones, muchos valores que dan sentido a la vida, muchas visiones y sueos que sirven de rumbo para el quehacer revolucionario, rebeldas para intentar una y otra vez transformar los mundos chicos y grandes. La antorcha de luz que entregara en vida a la multitud de relevos que le acompaaron en la marcha luctuosa hasta el camposanto, no se puede apagar ni puede detenerse jams la marcha hacia el futuro, predicando y haciendo revolucin.

Y hoy que le rendimos el tributo al hroe que fue y ser siempre, hay que recordar las ideas expresadas en el primer gran discurso de Ud. el primero de enero de 1959, el da del triunfo de la revolucin, en Santiago de Cuba. En este discurso estn contenidas las principales ideas y los principios que han sido gua de la Revolucin durante ms de cincuenta aos en que, apegada a la verdad, cumpli con las promesas y el compromiso hechos ante el pueblo de Cuba, en el cual ha confiado consecuentemente durante toda su trayectoria al frente de los destinos del pas. Por eso la revolucin existe con su pujanza. Deca Ud. entonces:

() He demostrado suficientemente mi fe en el pueblo, porque cuando vine con 82 hombres a las playas de Cuba y la gente deca que nosotros estamos locos y nos preguntaban que por qu pensbamos ganar la guerra, yo dije: porque tenemos al pueblo. Y cuando fuimos derrotados la primera vez, y quedamos un puado de hombres y persistimos en la lucha, sabamos que esta sera una realidad, porque creemos en el pueblo; cuando nos dispersaron cinco veces en el trmino de 45 das, y nos volvimos a reunir y reanudar la lucha, era porque tenamos fe en el pueblo, y hoy es la ms palpable demostracin de que aquella fe era fundamentada.

Tengo la satisfaccin de haber credo profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compaeros; esa fe que es ms que una fe, es una seguridad completa en nuestros hombres.

() Trataremos de hacer lo ms posible por nuestro pueblo, sin ambiciones, porque afortunadamente estamos inmunes a las ambiciones y a la vanidad. Que mayor gloria que el cario de nuestro pueblo!

Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambicin, porque como dijo nuestro Apstol: toda la gloria del mundo cabe en un grano de maz, y no hay satisfaccin ni premio ms grande que cumplir con el deber, como lo hemos estado haciendo hasta hoy y como lo haremos siempre. Y en esto no hablo en mi nombre, hablo en nombre de los miles y miles de combatientes que han hecho posible la victoria del pueblo; hablo del profundo sentimiento de respeto y devocin hacia nuestros muertos, que no sern olvidados. Los cados tendrn en nosotros los ms fieles compaeros. Esta vez no se podr decir como otras veces que se ha traicionado la memoria de los muertos, porque los muertos seguirn mandando.

Por suerte as ha sido en la historia de la revolucin, e interpretando dialcticamente el presente y futuro previsibles, nos consuela y alienta que junto a los vivos de todas las generaciones, siempre confiaremos que Ud. siga mandando, junto con sus predecesores Carlos Manuel de Cspedes y Jos Mart.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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