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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2017

Bajo el sol del capital
Frente a la soledad del capital, la soledad del otro

Jos Antonio Mrida Donoso
Rebelin


El Sol es solo una esfera llena de hidrgeno, si te acercas demasiado, solo te quemars
Hiromu Arakawa


Cierro otro peridico y pienso no hay esperanza. La soledad me golpea con fuerza. Me voy al frente de la nueva caja ahora ya pantalla laminada- igual de tonta que antes. Mi dedo se posa un instante sobre la ltima tecla y en el buscador de google leo: qu hacer cuando uno se siente asquerosamente solo. Aprieto Enter y entro. Aproximadamente 71 resultados. Mi curiosidad acaba nada ms empezar a leer las primeras lneas de la primera pgina a la que me conduce el buscador, tan poco inteligente como mi esperanza por esperar encontrar respuestas. Los hay que recurren a las redes sociales, a su propio ego en el confort de su crcel. Al da siguiente, acudirn al sastre a que cia su traje de falsas carcajadas en el que esconder sus miserias, sin dar cuartel a las advenedizas sonrisas.

Vuelvo a escribir, entre comillas, la soledad del capital Un resultado.

La soledad, esa que se esconde en toda piel, propia y ajena, que golpea con fuerza cuando menos o ms lo esperas, la que tiene todo hijo de vecino por saberse o no saberse vivo, la que en apariencia ausente y silenciosa, siempre nos acompaa como sombra omnipresente, la que ataca con furia o dulzura, la que abraza a toda presa cuando deja por un momento el mundo alienado y se para, al lado de su cama, de un camino, de una frontera, de la otredad de alguien o algo. All, a las a fueras de todo, la soledad ensea sus garras y nos hace enfrentarnos a nosotros mismos, al hombre sin erudicin, sin trampas ni cartn, a penas con las armas que nuestra mente nos deja para vencerla a travs de engaos y autoengaos all donde yace la tica.

Pero la soledad no tiene por qu ser individual. La soledad ausente es el mayor monumento que nos deja la mentira. El creernos importantes en el mundo de los yoes, subrayarnos con rotulador fosforescente en el contexto de los millennials, la generacin X que mut de los baby boomers, para elevamos deslumbrantes y tremendos como el sol. A pesar de que cada da se ilumine un nuevo da, a pesar de que cada da, pueda iluminarse un mundo nuevosiempre har falta un centenar de soles para alumbrar el trasfondo de la estupidez humana.

Solos, sin nadie en el espejo, ocupados en nuestra soledad, buceando en los recuerdos que la llenan, lejos del mundano ruido construido afuera, a veces cuando uno hace de su soledad su patrimonio, la admira y la desea, es cuando ms se percata de la necesidad humana de compartir. De ah que muchos, cuando se sienten solos, escriban o lean con la esperanza de llegar al otro para dejar su me, mi, conmigo. Ciertamente, el sistema se jactar ante la idea de que pueda seguir existiendo alguien tan desesperado que es incapaz de haber matado cualquier esperanza de comunicacin. Pocos son los medios en los que leer silencios sin ruido Ya lo deca el historiador romano Quinto Curcio Rufo Los ros ms profundos son siempre los ms silenciosos. Y entre tanto arroyo ruidoso quedan tan pocos ros en los que verter o leer palabras, ideas reflejos y esperanzas. Pero los hay, hay lectores que esperan alcanzar a entender, a entenderse, a entendernos y rehacernos. La comprensin del otro no nos quita la manta soledad, solo nos da herramientas para poder arroparnos con ella y sentir su calor, para aprender a buscarla cuando hace fro, llamarla por su nombre y simplemente, convivir con ese t que es tan yo, tan nuestro. La ausencia del nosotros en el ruido de los medios, ese que nos dice qu y cmo pensar, vivir y solo si queda tiempo y bajo la excusa de exorcizar antes de volver al ruido y quedarse sordo para siempre, soar, en el fondo evidencia que en todo peridico, haya o no haya noticias, esperanzas y silencios, mantenga o no puntos de fuga, siempre dispondr del mismo nmero de palabras.

Por eso, aunque la mayora pueda confundir lo que ha ledo en ciertos peridicos con noticias y haya gente dispuesta siempre a creer y mantener el ruido de las mentiras, algunos, un buen da o noche- las matan y dejan que la verdad salga a relucir, que caiga la careta y an a sabiendas de lo imposible de lo absoluto, el infinito pasa en un solo instante y construyen un juntos, un nosotras, un frente comn de pequeas grandes mujeres, hombres, peces, gotas de agua con ganas de hacerse mar y llegar al ocano. Ellas, que en su ciclo de agua inundan de agua las nubes que poblarn la tierra que pisas, son las nicas capaces de hacer caer el individualismo ms atroz, el mismo que augura que ya no habr nada nuevo bajo el sol, solo desigualdades distintas. Y es que, bajo el sol del capitalismo atroz, la pobreza se siembra y una vez hecho del individuo el centro, encerrados en nuestras propiedades, flamantes templos en los que profesamos la religin del yo, la misma que normaliza la desigualdad y predica ver al otro como al enemigo al que vencer y aniquilar, solo un diluvio parece poder salvarnos.

As, aunque la injusticia se venda como el mal menor necesario de la nica ideologa posible, tal y como expres Margaret Thatcher -la misma que fue tan laureada tras su muerte por algunos polticos espaoles- con su famoso There is no alternative, t y yo sabemos que mientras haya alguien dispuesto a leer y a escribir al margen, siempre habr esperanza, espacios donde no quepa el ruido que nos impide pensar en el nosotros, en el soar despiertos para irrumpir con un basta!, hasta aqu! Que no nos engaen! Por eso lees, leo, leemos y escribimos en el silencio de la soledad, para escucharnos, encontrarnos en los recovecos de nuestros susurros y aullar al enajenado sol que condescendiente, esconde las sombras de sus miserias. Y es que, aunque el silencio nunca nos traicione, cuanto ms calla, ms escandalosos parecen hacerse los ecos provenientes de afuera, de suerte que, si no es compartido, acabar por convertirse en la peor de las mentiras -cmplice, vctima y verdugo- y la estridencia del me, mi conmigo lo envolver todo. Y es que como apuntaba el poeta italo-argentino Antonio Porchia Si yo no creyera que el Sol me mira un poco, no lo mirara.

Jos Antonio Mrida Donoso, profesor asociado de la Universidad de Zaragoza

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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