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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2017

Elecciones generales: Todos dan lo mismo

Horacio Brum
Brecha


La mayora absoluta de los electores chilenos opt por no acudir a las urnas para elegir al sucesor de Michelle Bachelet. Una sensacin de rutina y ms de lo mismo pes sobre la ciudadana, y el abstencionismo super el nivel de las elecciones de 2013. El recin nacido Frente Amplio, que se propone recuperar los ideales de la izquierda no revolucionaria, dio la sorpresa y logr movilizar el voto joven y pisarle los talones al oficialismo.

Fue la muerte la que el domingo 19 de noviembre dio a Chile la noticia ms cargada de significado: el fallecimiento del ex comandante de la Fuerza Area Fernando Matthei, quien en 1988 fue el primero de los integrantes de la dictadura en admitir ante los medios de comunicacin que los militares haban perdido el plebiscito con el cual pretendan lograr el respaldo ciudadano para la permanencia de Augusto Pinochet en la presidencia hasta 1997. Esa derrota fue el prlogo de la vuelta a la democracia, que comenz con las elecciones generales de 1989. Segn muchas versiones, Matthei con su anuncio pblico defini el debate en el seno de la junta de comandantes en jefe, presidida por Pinochet, sobre aceptar o no el rechazo de los chilenos a la continuacin del rgimen.

En la noche del 5 de octubre de 1988, la alegra corri de una punta a otra de este largo pas; casi tres dcadas ms tarde, una sensacin de rutina y ms de lo mismo ha pesado como un poncho de plomo sobre la ciudadana chilena, que dud mucho si vala la pena acudir a las urnas el domingo pasado para elegir al sucesor de Michelle Bachelet. En otro hecho significativo, y como ha ocurrido desde 1935, cuando sus dueos y seores fuesen ellos maridos, padres o curas confesores y directores espirituales les permitieron votar, las mujeres de Chile se alinearon separadas de los hombres en los locales de votacin, frente a las mesas de mujeres. No importa que la presidente saliente haya cumplido su segundo mandato o que ya nadie acepte que el gnero masculino tenga derechos de dominio; los usos, costumbres y prcticas institucionales de esta sociedad suelen tener un ritmo que no va con el siglo: la educacin primaria gratuita y obligatoria slo lleg en 1925; la ley de divorcio data de 2004; jurdicamente el matrimonio es an la unin de una mujer y un hombre, y no hace ms de dos dcadas que en el Cdigo Civil se reconoci la capacidad de las mujeres casadas para administrar sus propios bienes.

En los ltimos aos la necesidad de cambios profundos, especialmente en un modelo econmico heredado de la dictadura que se basa en la reduccin al mnimo de derechos sociales como la educacin gratuita, la salud pblica de calidad y las jubilaciones dignas, ha provocado la movilizacin ciudadana. Sin embargo, como la clase poltica sigue sin adaptarse al ritmo de las demandas, existe la sensacin de que da lo mismo quien gobierne.

La palabra del zapatero

Don Sergio arregla zapatos en un stano oscuro y fro. Es su ocupacin desde que se jubil de un empleo pblico, y le ha permitido suplementar su ingreso para obtener la casa propia y dar a sus hijos la posibilidad de hacer carreras tcnicas. En una de nuestras tantas conversaciones sobre la realidad del pas, le toc el turno a las elecciones presidenciales. Yo vot por Allende y sal a la calle a gritar que por fin haba llegado el cambio Zapato en mano, puliendo un taco en una mquina improvisada por l a partir de un viejo motor elctrico, don Sergio haca su anlisis de la competencia presidencial y de las promesas de un Chile mejor que vena oyendo desde muchos aos atrs: Tres veces vot por Allende, desde que era senador, y cul fue el cambio? El cambio fue que tuvimos que hacer cola para comprar comida, mientras los de un lado y del otro se peleaban en la calle. Despus vinieron los militares y me tuve que tragar 17 aos de dictadura. Termin la dictadura, estos otros me volvieron a decir que ya viene el cambio, y hasta ahora, nada! Me han comido casi 40 aos de mi vida y sigo igual; por eso ya no creo ms en los que dicen que las cosas van a cambiar. Tomando el zapato con su otra mano, para poder gesticular mejor, continu: Sabe una cosa? Esta vez iba a votar por Piera, por probar, no ms. Despus me puse a pensar y llegu a la conclusin de que no tiene nada de diferente. Dan lo mismo todos!.

La conclusin del zapatero es la de los casi 7 millones de chilenos que resolvieron no seguir dando legitimidad con su voto a unos polticos que les parecen alejados de las necesidades reales de la mayor parte de los habitantes del pas. As como el ex presidente y candidato presidencial que encabez la votacin con casi 37 por ciento de los votos Sebastin Piera representa para muchos la derecha neoliberal maquillada, el senador y candidato presidencial oficialista Alejandro Guillier es visto como el continuador del reformismo fracasado de Bachelet. En el segundo reciclado de la coalicin de centroizquierda gobernante, Guillier se present a estas elecciones como el lder de Fuerza de la Mayora (una etiqueta poco imaginativa, ya que la presidenta Bachelet encabez la Nueva Mayora), pero el nuevo envoltorio no encant a los desencantados, como por ejemplo el historiador y comentarista poltico Rafael Gumucio Rivas. En uno de los anlisis que regularmente entrega por correo electrnico, Gumucio expres esta opinin sobre la izquierda oficialista: Ingenuamente crea yo que la izquierda chilena representaba la rebelin, la lucha por la igualdad, la bsqueda de mundos mejores; sus militantes eran los inconformistas, los constructores de utopas, los incmodos con el orden actual, pero confieso que me equivoqu rotundamente: hoy son los gendarmes del orden, los conservadores que quieren que nada cambie, aquellos que creen que su poder es permanente y prcticamente hereditario; la igualdad fue sacrificada al orden neoliberal.

El Frente

En este escenario de una clase poltica ensimismada como la defini hace ya muchos aos el ms importante estudioso de la transicin, el investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Norbert Lechner surgi el Frente Amplio (FA) con su candidata Beatriz Snchez, una periodista sin actividad poltica anterior. Inspirado en el FA uruguayo, el Frente chileno se propuso romper el bipartidismo imperante desde 1990 y recuperar los ideales de la izquierda no revolucionaria. Tenido en poco y hasta despreciado por los polticos tradicionales, debido a la supuesta falta de experiencia y de realismo de sus integrantes, el FA parece haber logrado que los jvenes volvieran a las urnas. Poco das antes de las elecciones, la Confederacin de Estudiantes de Chile inst al estudiantado a votar. Hay candidatos que claramente han expresado en sus programas recoger algunas de las demandas estudiantiles (). Es por eso que se hace importante que los estudiantes voten por quienes se han comprometido a realizar estos cambios. Ojal lo hicieran por quienes respaldan nuestras demandas, ya que () est muy claro cul es el candidato que no est con los estudiantes, sino que con el negocio de la educacin, dijo Sandra Beltrami, vocera de la Confederacin, aludiendo indudablemente en su ltima frase a Sebastin Piera.

Sea por el aumento del voto joven, o por el voto castigo de unos ciudadanos hartos de promesas de cambios incumplidas, la candidata presidencial del FA, Beatriz Snchez, logr aproximarse al lugar de la segunda fuerza en los sufragios (con 20,27 por ciento), a menos de tres puntos del candidato oficialista Alejandro Guillier (22,70 por ciento). Adems, los partidos integrantes de la coalicin obtuvieron 20 diputados y un senador.

Esta novedad no sirve para disimular la notoria cifra de abstencin de ms del 53 por ciento, superior a la de la primera vuelta de 2013, que fue del 50,6 por ciento. Y aun as el balance que hizo la presidenta Bachelet de la jornada electoral ante el periodismo y todo el pas pareca indicar que la clase poltica segua en su ensimismamiento: Hoy sabemos que Chile quiere seguir avanzando. Eso es lo que piden los ciudadanos, eso es lo que han dicho las urnas. Es el momento de la generosidad y la unidad en torno a los verdaderos principios y valores que compartimos, a la historia y los logros que juntos hemos consolidado, a nuestros ideales de futuro.

Ciudadanos consumidores?

Llevando agua para su molino, los defensores del modelo econmico impuesto en Chile han venido interpretando la baja participacin electoral como una prueba de la modernizacin de la poltica y de la sociedad en general. Ya durante las elecciones de 1999, cuando el candidato derechista Joaqun Lavn fue derrotado por Ricardo Lagos en segunda vuelta por menos de tres puntos, algunos analistas que son tenidos por profetas en el Chile de hoy opinaron que el efecto Lavn se deba a que el votante actual busca un liderazgo orientado al cliente, y que se valora ms la capacidad de gestin que el discurso ideolgico.

Los viajes, el turismo, los autos, la computacin () se han vuelto ms populares. Con ello ha ido cristalizando un tipo de ciudadano-consumidor mucho ms receptivo a los cdigos del marketing y la publicidad que al ideario de un lder poltico de antao, expres en ese momento el socilogo Pablo Halpern. Para el ex ministro y hoy defensor a rajatabla de la educacin privada Jos Joaqun Brunner, el ciudadano se ha vestido de consumidor. Los antiguos lo desprecian. Pero l repleta el mall panormico de la ciudad.

Lo cierto es que en Chile, tal vez como en ningn otro pas de Amrica Latina, los militares y sus tecncratas civiles, bien apoyados por los medios de comunicacin, tuvieron xito en hacer creer a muchos que todo es posible en materia de logros materiales. El ciudadano-consumidor puede tener un auto, aunque pase angustias durante varios aos para pagar el crdito; puede comprar todos los smbolos consumistas, aunque entre en una espiral interminable de cuotas y prstamos; y le es posible tener el ltimo modelo de celular y varias tarjetas de crdito, aunque los intereses y los costos de las llamadas sean extorsivos. No obstante, ese chileno siente que ha logrado algo en la vida y no est muy dispuesto a arriesgarlo, eligiendo para el gobierno a figuras poco conocidas o con un discurso muy radical. Dos meses antes de las elecciones, en un sondeo del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesin Social, que patrocinan las universidades pblicas y privadas ms importantes, el 43 por ciento de los encuestados se declar nada satisfecho con la democracia, y el 30 por ciento respald la idea de que a la gente como uno, nos da lo mismo un rgimen democrtico que uno autoritario.

En 1947, cuando un senador llamado Salvador Allende comenzaba a poner rumbo hacia la presidencia, el escritor criollista Mariano Latorre describa con estas palabras la realidad sociopoltica de su pas: el huaso (hombre de campo) econmico y el roto (proletario urbano) dilapidador son los personajes centrales del drama social de Chile. Aunque sus descendientes asistan a escuelas y liceos y lleguen a la universidad o se hayan enriquecido por los avatares de la fortuna, siempre aparecen, ms o menos disimulados, los rasgos que acabamos de mencionar. Enemigo de reformas, el huaso; revolucionario, el roto. Obstinado y creyente el primero; ateo e irrespetuoso el segundo. La derecha y la izquierda de Chile los cuentan en sus filas antagnicas. Entre ambos, acomodaticia y cauta, vegeta una clase media que busca en vano su posicin en la vida chilena. Tal vez, esa clase media es el ciudadano consumidor que el domingo 19 de noviembre se conform con mirar las elecciones en su televisor de pantalla plana y alta definicin, y comentar en las redes sociales los magros resultados.

https://brecha.com.uy/


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