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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2017

Puerto Rico
La va boricua hacia la independencia

Rafael Rodrguez Cruz
Rebelin


Las verdaderas revoluciones son eventos originales. Siempre llegan a contrapelo de las opiniones revolucionarias prevalecientes. Esta mxima puede aplicarse a todos los grandes cambios polticos y sociales de la historia mundial, as como de nuestro continente. Tan nica fue la Revolucin haitiana de 1791, como lo fue la revolucin de Estados Unidos en 1776. Y ni hablar de la Revolucin rusa o de la cubana. Cada una fue un acontecimiento completamente original en sus desenvolvimientos; y sus inicios y desenlaces no estuvieron ni siquiera exentos de la influencia de accidentes histricos. No olvidemos: el derrocamiento del zarismo en Rusia en febrero de 1917 ocurri inmediatamente despus de una de las peores tormentas de nieve en San Petersburgo. Y el desembarco del Granma por poco se frustra por las lluvias y vientos del mar Caribe. Eso s, en cada una de las instancias revolucionarias mencionadas siempre estuvo presente un liderato nuevo que, contra viento y marea, supo convencer a las masas de la futilidad de los esquemas defendidos hasta entonces por los lderes tradicionales. As es la vida.

La verdadera tarea del momento para nuestro movimiento, programticamente hablando, no consiste en estar pendientes de si Carmen Yuln gana o pierde la nominacin de Time Magazine o si se pone una camiseta con bandera o no. Nuestra tarea intelectual, la que no estamos efectuando correctamente, es la de descifrar si hay hoy en Puerto Rico una serie de condiciones, objetivas y subjetivas, que apuntan a una va original para la solucin de nuestro problema nacional. Si es ese el caso, y yo creo que lo es, es entonces hora de encontrar una manera original y ms efectiva de comunicarnos con nuestro pueblo. No podemos seguir malgastando nuestras energas machacndole a la gente la tesis de que la colonia se desplom. Y quin no sabe eso? La pregunta es adnde se dirige todo esto. En la vida todo es ir...

El punto de partida de todo anlisis no puede ser sino nuestro pueblo. Uno de los eventos ms importantes en la historia moderna de Puerto Rico, digamos de las dos ltimas dcadas, ha sido el tremendo salto cualitativo en la conciencia anticolonial de nuestra gente. S, hay en la cultura boricua muchos resabios y vestigios del pasado colonial. Y que esperbamos? Ya lo deca Jos Mart: Un pueblo que ha sufrido siglos de coloniaje, tarda otro siglo en liberarse. Pero este pueblo antillano, que no deja de exhibir conductas exasperantes y que calman la paciencia de cualquiera, tambin ha sabido decir que no al imperio, es decir, rechazar lo injusto y subyugante, en asuntos de no poca monta: el bombardeo de Vieques, la encarcelacin de nuestros prisioneros y prisioneras polticas, el asesinato de don Filiberto, el aprisionamiento de scar, aparte de las mltiples luchas sociales y ambientales de los ltimos veinte aos. Y qu es lo que queremos? Un pueblo que se quite el coloniaje como quien se quita un pantaln o una camisa? Cuando se le ha puesto ante una injustica mayor, que ofende su sentido de ser, la nacin boricua (y especialmente sus valientes mujeres luchadoras) han dicho que no. Y cuando ha dicho que no, es no!

La razn de lo anterior es una: nuestra cultura. El salto cualitativo en la conciencia anticolonial de nuestro pueblo se estado nutrido de una explosin cultural, que no ocurra desde la dcada de los treinta, en todas las comunidades boricuas. Basta con caminar por los barrios de la dispora, por ejemplo, para ver cmo el baile de bomba se ha convertido en el himno de afirmacin cultural y sobrevivencia de la juventud puertorriqueas. En la isla no es distinto. Es le renacer de nuestra espiritualidad afroantillana, con su sueo de libertad para El Caribe entero. Seamos justos: De Vieques para ac tambin ha florecido nuestro arte en las calles, en los murales, en la literatura, en la msica y en todos los renglones del quehacer cultural. Mara no se ha llevado nada de eso. Por el contrario, le ha dado ms fuerza. Sin esa vitalidad cultural nuestra gente no habra sobrevivido ni la tormenta ni lo que ha venido despus.

Igualmente, significativo, es el reencuentro de la dispora con los que no se fueron. Aos de distanciamiento fsico entre los distintos componentes de la nacin boricua, no socavaron en nada nuestro sentido de pertenecer a un mismo pueblo, de compartir una historia de logros, sufrimientos y aspiraciones. La emigracin masiva de familias boricuas, particularmente entre 1940 y 1960, con lo dolorosa que fue, significa que hoy tenemos en el interior de Estados Unidos una reserva permanente de sentimiento cultural y patritico, el cual no lo ha tenido, desgraciadamente, ningn otro proceso revolucionario de Amrica Latina. Cierto, no falta uno que otro boricua en la dispora que quizs exhibe desdn haba lo nuestro y admiracin ciega del dspota que nos maltrata. Pero de ah a que haya en la dispora un esfuerzo organizado para luchar en contra de las aspiraciones anticoloniales de Puerto Rico, eso jams! Repito: Nunca la ha habido, y jams la habr! Si cuando all en la isla, ya fuere por el cansancio, el peso del coloniaje o la propaganda imperial, han faltado brazos para enarbolar en alto nuestra bandera y sus causas, ac no hemos faltado al deber y, con amor desprendido, hemos dicho presente. Qu lujo, hermanos y hermanas! No hay tal cosa como una gusanera boricua en las entraas del monstruo.

No voy a detenerme en la tesis del desplome de la colonia. Ya! No es justo continuar machacndole a la gente las mltiples maneras en que, con su conducta electoral previa, ha contribuido a la crisis que hoy vivimos. Aqu no hay inocentes, si hasta a la izquierda le toca su agita.

Qu es lo decisivo sobre la coyuntura actual, lo que puede hacer la gran diferencia? Pues lo que tenemos al frente: el prestigio internacional que han alcanzado hoy nuestros reclamos anticoloniales y denuncias del despotismo del imperio. Mara, paradjicamente, lo ha puesto en su sitial ms alto. En ese prestigio universal hay que incluir, adems de los que siempre han estado ah, como Cuba, al pueblo estadounidense. Nuestro tesn y voluntad de sobrevivencia no han pasado desapercibidos para el ciudadano comn del imperio, especialmente para los que suean con un mundo de justicia y paz. Mara ha sido nuestra embajadora por el mundo. Somos un pueblo humilde, gente de paz, que nunca ha tenido ni ejrcito propio ni ha invadido nacin hermana, buscando ventajas para s. Entre nosotros y la comunidad internacional no hay animosidad alimentada por intereses egostas y mezquinos. Ese es nuestro capital ms grande: el prestigio internacional de nuestra lucha anticolonial. Sepmoslo usar! Albizu, estoy seguro, lo habra hecho.

Ante ese conjunto de hechos, finalmente, hay que destacar la dialctica de los huracanes en El Caribe. Desde el gran cicln de 1780, en que la clase blanca dominante eurocaribea sacrific criminalmente ms de 20,000 esclavos negros en todas las Antillas, prefiriendo salvar los animales de trabajo antes que capital humano, cada tormenta, con sus vientos e inundaciones, ha despertado la espiritualidad antillana, es decir, nuestra cultura universal y deseo perenne de libertad. No va a ser esta una excepcin. En lo que va de Mara para ac, la nacin boricua ha dado muestras de una valenta y voluntad de vida colosales. Mara ha sido la gran escuela que nos viene preparando para la tarea fundamental: la independencia. Ese gran proyecto solo puede llevarlo a cabo una nacin que ha resistido las ms complejas vicisitudes, el coloniaje, la emigracin, la pobreza, dos huracanes y el despotismo y la arrogancia imperial. S, hay pesimismo, esperanza desesperada. Yo, sin embargo, veo ms optimismo, ms temple forjado al calor de la adversidad. Me perdonan la certidumbre.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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