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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2017

Elogio de las banderas

Santiago Alba Rico
Ctxt

Los smbolos son de todos cuando el pas, el poder, la riqueza son de todos. Pero para que sean de todos hay que transformarlos en su matriz. Las emancipaciones tambin tienen su tela.


LA BOCA DEL LOGO

Hace quince aos, tras una visita al Lbano, escrib un homenaje a la bandera que ahora retomo con algunas variaciones, un poco irritado con los abanderados trileros de todos los partidos pero tambin con los cosmopolitas abstractos que levitan, sin vrtigo, medio metro por encima de la tierra firme.

Nunca me han emocionado las banderas, ni siquiera de nio, a esa edad en la que apenas representan la instructiva convergencia de nombres majestuosos y colores elementales. Pero tuve que ver bailar sin suelo a un puado de jvenes palestinos en el campo de refugiados de Nahr-al-Barid para comprender que una bandera puede ser a veces, ms que nada, una cadera. Es terrible, sin duda, que una bandera represente casi siempre el desprecio por el otro, la mentira rentable, la esclavitud sublimada, pero es muy bueno, muy bonito, muy sano y habla muy conmovedoramente de los lmites felices de la condicin humana el hecho de que -al revs- la virtud, la belleza, la bondad, el amor, las fuerzas ms abstractas e inasibles, las ms ntimas, tengan que cristalizar y slo puedan expresarse a travs de un grumo de materia: un volumen, un color, una textura, un cuerpo. No hay escapatoria posible. Cada vez que rechazamos las banderas, nuestro rechazo se convierte, como poco, en una insignia. Y por qu rechazarlas? Un pauelo en un caballo, una cinta en el cabello, un anillo en el dedo, no pueden ser las banderas de un abrazo? El fuego, no es la bandera de la cultura humana? El sol, no es la bandera de la razn? Y la ropa colgada en el balcn, no es la bandera de la limpia y dura normalidad domstica?

La buena voluntad de los izquierdistas es inseparable de una cierta falta de circunspeccin; es decir, de un cierto desprecio por los detalles. All donde las diferencias se asocian a jerarquas, no se nos ocurre otra forma de luchar contra las jerarquas que negar todas las diferencias; ni otra manera de combatir los instrumentos de la opresin que liberar al hombre de todos los instrumentos, incluso de los de la liberacin. As, contra las reglas de la tirana nos conformamos muchas veces con la afirmacin vaca de una libertad gelatinosa e inspida. As, contra el nacionalismo chovinista y el expansionismo colonial, desdeamos todas las banderas so pretexto de que no son ms que un trapo. Bueno, un trapo. Los tanques son slo hierro. Las estatuas son slo piedra. Los novios son slo carne. Las palabras son slo aire. Y todos, pobres y ricos, de derechas o de izquierdas, somos por igual cuerpos. Contra las banderas, incurrimos en una especie de idolatra al revs, mediante la cual sumimos todas las diferencias en una pasta original a la que no reconocemos ningn valor o solo uno venenoso y negativo. Yo estoy a favor de la idolatra, la cual se inclina ante la madera, el ladrillo, la tela y la piedra. Pero no me inclino ante el hierro si tiene forma de tanque ni ante las estrellas estampadas en el uniforme de un marine ni ante la tela ideolgica en la que se ha urdido -sangre y pus- el rojigualda destino de Espaa. Idlatras, s; idlatras, siempre, pero idlatras con criterio. Amamos que las cosas se materialicen, pero no amamos por igual todas las cosas que se materializan. Materialista no es el que cree en la materia sino el que se pasma o se rebela ante la variedad jeroglfica de sus cristales; el que la protege de los ahormadores sin entraas, el que distingue entre una horca y una percha y no confunde el rojo de una rosa con el rojo de una fosa.

Los humanos deberan tener una bandera slo hasta que tuviesen un suelo de verdad o cuando el suelo estuviese amenazado en su raz o si el suelo se llamase y contuviese Un-Poco-De-Justicia; y en este ltimo caso se tendra una bandera como se tiene una mancha en la camisa favorita o una cicatriz en la rodilla: marcas de uso de las que nadie se avergenza pero para las que nadie reclama un homenaje. Me conmueve la bandera de Palestina. Me gustara creer en la de la ONU. Me enternece y embravece la arco iris del orgullo gay. En cuanto a la espaola, no me ofende en un estadio y entre las manos de un seguidor de la Roja y s en la sede del PP. Hay cosas ante las que uno se puede inclinar sin humillarse y otras cuya sola existencia es ya una humillacin. Nos inclinamos ante un nio porque es perfecto; nos inclinamos ante el amado porque es bello; nos inclinamos ante una montaa porque es grande; nos inclinamos ante un desgraciado porque es ms dbil; nos inclinamos tambin ante una bandera cuando es una cadera. No podemos inclinarnos, en cambio, ante el engao, la traicin, el servilismo, la tortura, el desprecio por el otro, el vicio de uno mismo, la tirana y la barbarie, por muy inocentes que sean los colores con que se anuncien.

Pues ocurre que el contrapunto exacto, sobre la misma lnea, de los izquierdistas abstractos que dicen que la bandera es slo un trapo lo constituyen los derechistas de toda laya que declaran que la bandera es de todos porque es lo nico que estn dispuestos a compartir. La bandera es de todos cuando el pas, el poder, la riqueza son de todos. Pero para que el pas, el poder, la riqueza, sean de todos hay que transformarlo en su matriz. Las emancipaciones tambin tienen su tela. En un mundo en el que incluso la razn y la piedad -lo ms invisible y delicado- se expresan con trapos y ladrillos y en el que la universalidad slo puede defenderse a partir de un territorio concreto y malogrado, la causa del hombre contra la estrechez de las patrias ha de tener por fuerza fronteras y banderas; ha de tener tambin su patria. Fronteras cada vez ms anchas, banderas cada vez menos aparatosas. Patrias cada vez ms matrias.

Por muy grande que sea la bandera espaola en cinemascope -gran nube contra el sol- de la sede del PP en la calle Gnova de Madrid, no es lo bastante grande como para cubrir el cielo ni para ensombrecer todos los rincones de la tierra. No cubre a mis amigos ni sus dolores, ni a mis compaeros ni sus cabreos, ni mis rboles ni mis mermeladas ni mis elucubraciones ni mis anhelos. No cubre Espaa entera. Para todo eso habr que encontrar o recuperar tambin colores y bordar una (o varias) banderas republicanas, democrticas, plebeyas y biodegradables. Y el que no se incline ante ella(s), ser porque se est inclinando en libertad ante algo ms serio, ms placentero o ms hermoso.

Santiago Alba Rico es filsofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos dcadas en Tnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El ltimo de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).
@SantiagoAlbaR

Fuente: http://ctxt.es/es/20171122/Firmas/16329/banderas-patrias-izquierda-alba-rico-ctxt.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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