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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2017

La historia indita del guerrillero Baigorri

Unai Aranzadi
Rebelin


La primera vez que o hablar de un vasco que muri en Colombia tratando de abrir un foco guerrillero fue a principios del ao 2005, durante una visita a un campamento del Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN) Ao tras ao fui descubriendo nuevos datos, y aquello que pareca una leyenda, termin siendo una conmovedora biografa, desconocida hasta hoy.

Los ms veteranos del ELN, se referan a l como Pedro Irragorri, y en ocasiones simplemente como el cocinero vasco. En Cuba, en Colombia e incluso en Europa, cada vez que me reuna con militantes de la que ya es hoy, la guerrilla ms antigua del mundo, las referencias a esta enigmtica figura de la que no hallaba ni una sola referencia escrita, dato o siquiera, prueba de su existencia, eran tan vagas y difusas como las historias que muchas veces cuentan aquellos que creen haber visto un fantasma. Era solamente una leyenda? Y de no serlo, cunta verdad haba en todos esos episodios que hacan de l un personaje extraordinario, propio de una novela? Con el paso de los aos, ansiando datos rigurosos, y confrontando los relatos orales que unos y otros me exponan, comenzaba a tomar cuerpo la sorprendente biografa de un personaje real, que fue cocinero, que en Cuba conoci bien a los hermanos Castro y al Che, y que en 1972 muri a manos del ejrcito en el noreste de Colombia, borrndose, tras su martirio, toda evidencia que pudiera probar su existencia.

Pero no fue ni en una de las visitas a militantes del ELN en Colombia, ni en uno de mis encuentros con los refugiados de esta guerrilla en Cuba donde finalmente pude dar con la clave para resolver el misterio, sino que fue en Donostia, y gracias a Fermin Munarriz, amigo y periodista de GARA, como pude resolver la incgnita. Haciendo uso de su astucia y jugando con unos elementos mnimos, Munarriz fue capaz de concluir que definitivamente el personaje en cuestin se apellidaba Baigorri, y que este apellido abunda en Navarra. Ni corto ni perezoso, no pidi favores ni busc en Google, simplemente cogi un listn telefnico, y uno a uno fue llamando a aquellos domicilios de Pamplona-Irua en los que figuraba el apellido Baigorri, que no son pocos. La suerte, el destino, o simplemente la tenacidad del periodista que basa su trabajo en el arte de intentarlo, le hicieron dar de golpe con la casa de Pablo, hermano menor del fascinante Pedro Mara Baigorri Apezteguia. Pocas semanas despus quedaramos los tres en la sede pamplonica del Lagunak Mendi Taldea. Era la primera vez que alguien le entrevistaba para dar a conocer esta asombrosa historia.

La familia Baigorri Apezteguia es originaria de Maeru, en la merindad de Lizarra, una tierra rica en vinos, pero Pedro creci en Etxarri-Aranatz, porque nuestro padre, se explica Pablo, estuvo all destinado. Entre montones de mapas que hablan por s solos del inters que en esta familia suscitan las montaas, se acomoda y habla. Despus de la guerra civil, mi padre se qued mal y no encontraba trabajo. Aunque era de ideas republicanas al final tir por donde pudo, y se hizo Guardia Civil, por eso mi hermano, que naci al final de la guerra, en 1939, creci en Etxarri, donde jugando con los otros nios hablaba euskera y fue muy feliz, al punto de visitar el pueblo siempre que regresaba del extranjero a Navarra.

En la larga noche de la posguerra vasconavarrra, las penurias fueron muchas. En el caso de su familia, sobre todo, econmica. ramos tres hermanos, y mi madre ama de casa. As que siendo el mayor, Pedro Mari tuvo que comenzar a trabajar muy pronto. Su primer empleo fijo, como a los diecisis aos, fue en el Hotel Yoldi, que a mediados de los cincuenta era de lo mejorcito que haba en Pamplona. Pero el hecho de que tanto en la calle como en casa de los Baigorri, las conversaciones polticas brillaran por su ausencia, no quera decir que no existieran. En la cocina del hotel Yoldi haba un hombre mayor que mi hermano, que fue el que le introdujo de verdad en el mundo de la cocina. Este cocinero era guipuzcoano, y deba de tener ideas de izquierda. Con mi hermano se port como un padre, y su influencia en Pedro Mari fue decisiva.

En Pamplona, Pedro, demostr tener muchas inquietudes. Se hizo socio de la biblioteca municipal, practicaba el judo, iba al cine a ver dos veces seguidas la misma pelcula, y pasaba mucho tiempo con sus amigos disfrutando de festejos como los Sanfermines. Aunque a ratos era poco hablador y no era de beber mucho, s que le gustaban las fiestas populares, aunque no el encierro. No le pareca que mereciese la pena perder la vida bajo las astas de un toro. Siempre deca, que morir as era malgastar una vida, recuerda su hermano. A grandes pasos, el jovencsimo Baigorri dio muestras de sus buenas dotes para la artes culinarias. Recomendado por su mentor en los fuegos, dio el salto a Donostia, donde entr a formar parte del equipo que cocinaba en el lujoso Hotel Mara Cristina. All hizo amigos, sala a bailar e iba a la playa de la Concha, afirma Pablo mostrando una fotografa de un grupo de jvenes en los que se ve a un Pedro robusto y sonriente. Era muy responsable. En casa haca falta ayuda, y enviaba parte de lo que ganaba. Siempre, siempre. Nunca dejaba de hacerlo. Para entonces, las inquietudes polticas de Pedro estaban ya desatadas, pero, o bien no quiso, o no vio el momento, o quizs simplemente no encontr fuerzas para darlas a conocer en casa. Nunca nos dijo nada, aunque yo creo que el ya estaba decidido a meterse en algo de izquierdas, pero eran los cincuenta y haba poca cosa movindose, o al menos el no supo cmo tocar puertas. Un da, comenzando la jornada en el Hotel Mara Cristina, un mando de la Guardia de Franco fue a darle una inesperada noticia: El generalsimo viene al hotel y usted ha de hacerle la comida. Pasadas unas horas, el dictador degustaba un men del mismo navarro que pocos aos despus cocinara innumerables veces para Fidel Castro, su hermano Ral, y el Che Guevara.

La labor de ms de 40 aos como compositor de textos en la imprenta del Diario de Navarra han hecho de Pablo Baigorri un hombre atento a los detalles. Un da nos dijo que se marchaba a Pars. A finales de los aos cincuenta, y ms an para alguien tan joven, aquello tena sus motivos. Crees que fue a buscar la revolucin fuera para no enfrentarse en casa a su padre?, le pregunto. S, algunas veces lo he pensado, responde alto y claro. Pero el viaje a la ciudad de la luz estaba profesionalmente justificado. Previo paso por un restaurante espaol del Barrio Latino, entr a trabajar en un prestigioso hotel de cinco estrellas: El Prncipe de Gales.

Como le sucediera a tantos otros compatriotas, en Pars, Pedro se sinti ms libre que nunca. Se compr una bicicleta con la que recorra la ciudad de punta a punta, merendaba con unas primas que vivan en la metrpoli, y se apunt a clases de francs en la Nouvelle Universit. Fue all donde se enamor de una joven mexicana, que tras muchas giras internacionales como bailarina de danzas folclricas, decidi tomarse un ao sabtico aprendiendo francs en la capital gala. Se llamaba Colombia Moya, y era hija de un conocido escengrafo que en los aos treinta se traslad de Medelln a la Ciudad de Mxico. Juntos, comenzaron a frecuentar el ambiente de los refugiados de izquierda, que poco a poco y a causa de la doctrina Monroe de los Estados Unidos, iban viniendo de Latinoamrica. Los bares y restaurantes del Barrio Latino eran su espacio natural, y aquel idealismo compartido tom an ms fuerza a la postre de las noticias que llegaban de Cuba, pues la revolucin del Movimiento 26 de Julio acababa de triunfar. Arrancaba la dcada de los sesenta, la toma del poder era posible, y lo que hasta entonces pareca una utopa, ya era un Gobierno consolidado con silla en Naciones Unidas.

Ms de cincuenta aos despus, en un restaurante de la mejicana Avenida Insurgentes, Colombia Moya rompe un silencio de medio siglo para hablar de aquel tiempo en Pars como camarada y pareja sentimental de Pedro Baigorri. S, lo conoc en la Nouvelle Universit de la Sorbona. Lo recuerdo con unos zapatones grandes, y como un personaje extico por su trabajo de chef bien reconocido. Tenamos amigos comunes, y militamos juntos haciendo esas cosas que se hacan entonces. En pequeos cineclubs de Francia, los jvenes se indignaban con pelculas sobre la situacin en Argelia, Vietnam y otros conflictos del mundo. La guerra irregular estaba en auge, y fuera como fuese, la bailarina mejicana deja entrever que se movan con nombres falsos, en clulas clandestinas, repartindose tareas de las cuales prefiere no hacer memoria. Fue hace mucho tiempo y ya termin con esa vida, aunque eso no quiere decir que haya cambiado de forma de pensar ni me arrepienta. Cuando veo a esa gusanera hablando mal de Cuba Eso nunca. La seora, suspicaz y elegante, no da nombres concretos, ni habla de siglas u organizaciones. Tampoco quiere extenderse con el tiempo en esta primera cita, ni an menos dejarse tomar fotografas. El caso es que al final, yo creo que como despus de dos aos, en el sesenta y dos o sesenta y tres, me dijo que me fuese con l a Cuba, y nos fuimos. A m esa isla, que ya la conoca de antes por mis giras artsticas, me encanta, dice coqueta.

Gran parte de la izquierda parisina, y sobre todo la latinoamericana, orbitaba alrededor de la nueva delegacin cubana. Segn algunos testigos de la poca, resulta plausible, que a la embajadora Rosa Elena Simen, Pedro Baigorri le cayese en gracia, tanto por su determinacin revolucionaria como por compartir con l, races navarras. En Pars, Antonio Nez Jimnez conoci a Pedro, y le ofreci hacerse cargo de un proyecto para cultivar championes en Cuba, los cuales yo misma llev en avin, partiendo desde Europa semanas despus de que lo hiciera Pedro, recuerda Colombia Moya haciendo lo que parece un autntico ejercicio de memoria. Nez Jimnez, al igual que su amiga, la embajadora en Pars, Rosa Simen, era un hombre de ciencias. Adems fue barbudo, y haba hecho la revolucin con Fidel desde los das de Sierra Maestra. Fundador de la Sociedad de Espeleologa de Cuba, y en aquel entonces, director del Instituto Nacional de Reforma Agraria, vio en Pedro las cualidades necesarias para ser invitado como uno de los llamados, tcnicos, una suerte de milicia cooperante, en la que expertos de diversas reas contribuan al fortalecimiento de la revolucin cubana. Muchos de ellos, incluido el propio Pedro, se hospedaban en el ya mtico hotel, Habana Libre, desde donde parta cada maana a las cuevas en las que trataba de hacer que los hongos crecieran para alimentar a las generaciones de nios desnutridos que dej tras de s la dictadura de Fulgencio Batista. S, pero adems de eso, Pedro Mari tambin se dedic a surtir de vino a la isla. Lo s porque una vez, en una salida de montaa, una chica de Bodegas Sarri me sorprendi diciendo que mi hermano les hizo un pedido enorme a mediados de los sesenta, recuerda Pablo, an con ojos de sorpresa.

Con la llegada de Colombia Moya a La Habana, la pareja se instal en un pequeo chalet de Miramar, justo al lado de la casa de Nez Jimnez. La bailarina, hoy ya una coregrafa de prestigio internacional, rescata de su memoria vivencias que ya daba por cerradas. En Cuba Pedro empez a codearse con lo ms alto. Le tenan confianza todos. Fidel le apreciaba, y tambin Ral. Recuerdo el da que conoc al Che en una cena de nuestro crculo. Fidel era muy expresivo y hablador, pero el Che observaba en silencio desde su esquina. Era muy hermoso y muy agradable. Me pareci como un ngel. Corra la mitad de los sesenta, y en Pamplona, el matrimonio Baigorri Apezteguia, reciba cartas de su hijo. Contenan fotografas en las que se vea a Pedro cazando con Ral Castro. En otras junto a Fidel. Y en otras vestido de verde oliva con una pistola al cinto. Pero es una pena, porque mi madre las quem casi todas, lamenta, Pablo. Eran los das del franquismo y tener un hijo metido en algo as, a tanto nivel, daba miedo. Segn fue pasando el tiempo, llegando a 1965, la convivencia entre Pedro y Colombia se deterior, y un da la bailarina decidi regresar a Mxico. Desde ese da no le volv a ver ms. Tampoco fue muy bien el experimento con championes que las instituciones cubanas pusieron a cargo de Pedro. Sin un amor que lo anclara, y alejado de sus races, el joven navarro ahond en su determinacin por darlo todo en el internacionalismo ms combativo. La decisin estaba tomada. Hara el cursillo de guerra de guerrillas que los cubanos facilitaban a algunos grupos revolucionarios del continente americano. Consciente de los peligros que le aguardan a quien toma una decisin as, Fidel se mostr a disgusto con la idea de su predecible marcha. Quera tenerlo cerca. Era su chef de confianza.

De entre los muchos y muy variopintos cuadros polticos de la izquierda latinoamericana que pasaban por La Habana, Pedro conoci a un mdico que llamaba la atencin all donde fuera, pues media ms dos metros, hablaba sin pausa, y an habindose titulado en Harvard, opt por dejar atrs una prometedora carrera profesional, para sumergirse de lleno en la guerra popular. Se llamaba Tulio Bayer, un hombre de ribetes romnticos que ya en 1961 particip, junto a otros idealistas, en una guerrilla efmera pero gloriosa, del departamento de Vichada, al Este de su Colombia natal. Tras una serie de victorias puntuales, su guerrilla fue asfixiada por el ejrcito, pero aquellas gestas, por modestas que fueran, le otorgaron un gran renombre y cierto crdito internacional, ya que fue esta, segn algunos, la nica guerrilla que logr notoriedad en Sudamrica poco despus del xito de la revolucin cubana.

En Cuba, junto a Tulio Bayer, haba un joven estudiante de sociologa llamado William Ramrez Tobn. En menos de un ao, Pedro, William y Tulio formaran una curiosa guerrilla de tres. Sentado en un sof de su apartamento en Bogot, el hoy profesor universitario, William Ramrez Tobn, lo recuerda as: Hicimos juntos el curso de guerrilla. Muy bueno e intensivo, como de tres meses o ms. Aprendimos cosas como usar explosivos, armas y comunicaciones. Al terminar, cuando lleg la hora de viajar a Colombia para iniciar nuestra insurreccin, lo hicimos pasando por Pars, como maniobra de distraccin para que no se viese que venamos de Cuba. Aprovechando la estancia en Europa, William viaj con Pedro a Navarra. Sera la ltima vez que el matrimonio Baigorri Apezteguia podra abrazar a su hijo. Yo estuve en el pueblo de Baigorri con su familia. Recuerdo que Pedro le tena un gran respeto a su padre, que era muy alto, pareca un campesino, dice William, quien al igual que Colombia guarda memorias un tanto vagas.

Siguiendo la teora del foquismo que Ernesto Guevara y Rgis Debray desarrollaron (aquella que invitaba a iniciar la accin armada aunque las condiciones subjetivas an no estuviesen dadas) Tulio, William y Pedro se desplazaron a la Sierra Nevada de Santa Marta para ponerla en prctica. Mal armados, sin sistema de comunicaciones y con una persona de confianza que les suba provisiones cada quince das como nico enlace, su precariedad era notable. Sin embargo fueron muy bien recibidos por los habitantes de las montaas. El hecho de que Tulio fuese mdico jug a su favor, pues la desatencin sanitaria que sufran los campesinos de la zona era total. Pero segn pasaron las semanas, Tulio comenz a abusar del trago. Se la pasaba emborrachndose, escribiendo y fumando, hasta que un da le dije a Pedro que haba que hablar claro con l. Lo hicimos, pero Tulio lo neg todo, y desde entonces el tipo saba que yo era su opositor all. Un da que escaseaba la comida, Tulio les propuso salir de caza. Vaya usted por delante que yo le sigo, me dijo Tulio. Y a una de estas recuerda William- veo que se gira , me apunta y dispara. Por suerte no me dio y escap, pero el loco casi me mata. De vuelta en el campamento, William le dijo a Pedro que haba que hacer un juicio y matar a Tulio. Pero cuando se lo dije Pedro me mir con ojos de pnico, y me dijo, cmo se le ocurre algo as?. Yo creo que Pedro en el fondo era un tipo suave. As que totalmente emputado le dije que no le matbamos pero que le abandonbamos, y as hicimos. Nos fuimos sin avisarle. Tulio Bayer terminara exiliado en Pars, haciendo traducciones para el diario Le Monde, tratando de retomar su vocacin de escritor y asegurando que Pedro y William le haban traicionado. Una versin de lo ocurrido que casi ningn historiador toma en serio.

De vuelta en Bogot, Pedro y otros compaeros formaron una milicia urbana, al tiempo que solicitaron una reunin con varios mandos del ELN para sopesar su entrada. Mientras tanto, Pedro trabaj en algunas de las cocinas ms emblemticas de la ciudad, como la del ya clausurado Hotel Presidente, donde tuvo a William como pinche. El tiempo pasaba sin que el ELN les recibiera para discutir su posible incorporacin a la formacin armada, y Pedro se impacientaba, aunque sus compaeros le recuerdan disciplinado y humilde. Es que usted fjese que era alguien que vena respaldado por el mismo Fidel, pero l nunca hablaba de ello ni lo utiliz a su favor, destaca William. Los acostumbrados silencios de Pedro se hicieron ms profundos, y de un da para otro dej Bogot y se fue a vivir a Santa Marta. Preparaba algo.

l era un personaje muy misterioso, y muy atractivo por lo tanto. Misterioso porque vena de la vieja escuela clandestina que se daba en los aos cincuenta, pero muy claro en sus principios ticos, que era inamovibles. Alfredo Molano, socilogo, periodista y uno de los escritores que mejor conoce el devenir de las guerrillas, fue quizs la ltima persona que vio a Pedro antes de que este viajara por su cuenta al Departamento del Cesar para impulsar, con un puado de campesinos pobremente equipados, un nuevo foco guerrillero. Molano, que al igual que Pedro y William era uno de aquellos jvenes que haban realizado contactos con el ELN, recuerda al cocinero como, un vasco rebelde que senta mucho nuestro pas, porque yo creo que hay muchas similitudes en el paisaje quebrado y en el temple de la gente. Pero aquella nueva insurreccin a las faldas de la Serrana del Perij no dur mucho. Cerca de la vereda Media Luna, segn cuenta Molano, los militares del Batalln La Popa desplegados en Valledupar le prepararon una emboscada en la que Pedro Baigorri muri acribillado, presuntamente, junto a otros dos insurrectos. Estaba a punto de cumplir la edad de Cristo; 33 aos. El cuerpo qued prcticamente partido en dos por la rfaga de ametralladora, asegura Molano. Pocos das despus, William supo de su muerte. Me dio muy, muy duro, pero no sent sorpresa. Me pareci consecuente.

Aquel 11 de octubre de 1972, Pablo Baigorri Apezteguia se encontraba trabajando en la rotativa del Diario de Navarra. Como de costumbre, antes de componer una noticia en la imprenta, primero lea el contenido de esta, y as lo hizo, o mejor dicho, as quiso hacerlo, porque al leer, Guerrillero navarro muerto en Colombia no pudo ms que arrojar la nota y exclamar al responsable de turno: Sabes que me has dado la noticia de la muerte de mi hermano?. En casa el mazazo definitivo vino confirmado mediante una carta. Algo malo le ha pasado a Pedro Mari, dijo su madre con slo ver el sobre. Al funeral acudi todo el barrio de la Txantrea, y el prroco, de ideas progresistas, hizo una homila honrosa, elogiando la entrega de Pedro del mismo modo que otros sacerdotes de entonces defendieron la opcin preferencial por los pobres en Latinoamrica. La polica espaola no tard mucho en llamar al padre para ser interrogado en comisaria. Nos ayud que fuese un Guardia Civil retirado, si no la presin hubiese sido mucho ms grande, seala Pablo. An as les pusieron vigilancia. Notamos cmo nos rondaban, recuerda an abrumado. Hoy la familia Baigorri quiere conmemorar el herosmo de su hermano y to, con toda la dignidad y orgullo que entonces no les permiti la oscura noche del franquismo. Y para que este homenaje culmine con el retorno de Pedro a su tierra, el ao pasado solicit en nombre de la familia el hallazgo de sus restos en la fiscala colombiana. Entra as en la historia una biografa, que hasta hoy, pareca una leyenda.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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