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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2017

No cejemos en el empeo de ser, entre todos, la encarnacin resuelta de Fidel

Luis Toledo Sande
Resumen Latinoamericano


Ni de lejos soy un caso aislado, y siento que, aunque lo haga a ttulo personal y pobremente, hablo como un integrante ms de la mayora revolucionaria del pueblo cubano. El triunfo de la Revolucin inici para el pas lo que desde la poesa y el sentimiento patritico Jos Lezama Lima llam una era de posibilidades infinitas. Despus de truncarse la independencia de Cuba con la intervencin de los Estados Unidos, comienzo de las guerras de rapia de los tiempos calificados de modernos, aunque van mereciendo lo de Dante a este tiempo llamarn antiguo, y de transcurrir la repblica mediatizada y plagada de crmenes que se instaur con esa intervencin, el Primero de Enero de 1959 trajo todas las esperanzas y abri las puertas a realizaciones fundamentales, sorprendentes.

Cuando el Poeta Nacional, Nicols Guilln, escribi, como en copla de pueblo, te lo prometi Mart y Fidel te lo cumpli, lo asista la historia. Los mpetus desatados en 1953 en la estela de Jos Mart retomaron los que, con el Apstol al frente, resumieron los empeos previos, intentaron transformar la Cuba que era cuando l viva, y trazaron rumbos para la que se deba alcanzar. Lo sembrado se hizo sentir con grandezas por entre la frustracin neocolonial, y en ese entorno los aos de lucha que abarcaron el 26 de julio de 1953, el desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956 y la toma del poder revolucionario en el alba de 1959, vinieron a realizar reclamos fundamentales abonados seeramente por Mart. l crey en la fuerza del ejemplo, la lucha, las ideas y la persuasin, en la tica, y, organizador de una guerra necesaria, saba que un pueblo no se funda como se manda un campamento.

Fidel abraz esos ideales, convencido, con Mart, de que urga lograr no solo la plena independencia sino la libertad, y un saneamiento tico de la nacin fundado en la bsqueda de la equidad y la justicia, para que la repblica revolucionaria garantizara el culto de la ciudadana a la dignidad plena del ser humano. Y esa repblica no merece regalar a la neocolonial o mediatizada el rtulo de la Repblica, como si Cuba no hubiera sido una repblica, en armas, desde Guimaro, y no siguiera siendo, a partir de 1959, una repblica en construccin y perfeccionamiento constante y necesario, con las armas en las manos del pueblo, no solo del ejrcito regular.

El triunfo de enero puso ante los ojos y el alma de la nacin una realidad, no una mera metfora: no hubo fuerza imperial capaz de impedir que los nuevos mambises entrasen victoriosamente en Santiago de Cuba y tomaran toda la nacin. Se dice en pocas lneas, pero qu proeza! Y esa proeza, que tuvo y tendr muchos nombres luminosos, se sintetiz esplndidamente en uno de ellos. Otro poeta, el Indio Nabor, se refiri a la sustitucin de las sombras o las tinieblas por la luz, y dijo en versos que aqu se glosan: eso tuvo un nombre, solo tuvo un nombre, Fidel Castro Ruz.

Los pobres de esta tierra supieron lo que eso significaba, y lo supieron y admiraron tambin los pobres de otros lares, y personas no pobres, pero con el sentido tico y justiciero necesario para apreciarlo. Tambin lo supo el imperio, que no tard en tratar de derrocar a la Revolucin que lo desafiaba y erradicaba la dominacin impuesta por l, y hoy sigue en pie, y seguir a pesar de los designios imperiales. Eso explica la rabia de csares y sometidos, una rabia que hoy se refuerza con el pattico emperador de turno, y ha generado durante ms de medio siglo los mayores obstculos contra la realizacin de las posibilidades infinitas.

A veces no me percato de que Fidel ha muerto. De veras muri? Quienes han perdido seres especialmente queridos padre, madre, no digamos una hija, o un hijo!, saben de la inercia emocional que, por entre el dolor, y quizs para tratar inconscientemente de revertirlo y salvar a quien sufre, lleva a menudo a pensar que no ha habido tal muerte. Pero la realidad es terca, y pone a uno ante ella. Entonces se siente el dolor, que es tambin fsico, porque desgarra desde el pecho de un modo que explica por qu los sentimientos se asocian ms con el corazn que con el cerebro, aunque sea en este donde se generan.

Con los seres de la cercana personal eso ocurre asociado a lo ms ntimo. En el caso de prdidas como la de Fidel el sentimiento lo abarca todo, porque tiene que ver con la supervivencia de toda una nacin no vista solo ni principalmente como espacio fsico, sino como conjunto de ideales, decisiones polticas, opciones vitales, querencias Cuando se piensa en la partida de Fidel se percibe algo muy parecido al desamparo. Nos habamos acostumbrado a que l estaba ah, y, aunque no era ni poda ni pretenda ser un dios, le saldra al paso a cualquier desaguisado, torpeza, desviacin que pudiera poner en riesgo, aunque fuera mnimamente, esa supervivencia necesaria y deseada.

Todos y todas debemos estar preparados para enfrentar no solo al enemigo imperialista y sus sirvientes de cualquier parte, sino tambin debilidades internas que pudieran menguar igualmente el proyecto revolucionario: malos hbitos laborales, indolencia, egosmo, indisciplina, falta de unidad, corrupcin, tendencias pragmticas que lleven a suponer que la prosperidad econmica puede garantizarlo todo. El proyecto merece vivir, desarrollarse, crecer, perfeccionarse, no en la imitacin a valores ajenos, sino en la necesaria creatividad heroica se piensa en Maritegui para llegar en plenitud a lo que debe ser, a lo que debemos y necesitamos construir slidamente.

En esa medida todas las personas que, cualesquiera que sean sus funciones y lugar en ese desafo, estn interesadas en salvar el proyecto, deben disponerse a formar, entre todas, un Fidel capaz de mantener el rumbo que l hall en Mart, y es mdula de la nacin. En el acto multitudinario que le rindi homenaje pstumo en la Plaza de la Revolucin me sum de modo natural, espontneo y consciente, como tantas personas, al coro enardecido que grit: Yo soy Fidel!.

Luego no me he sentido capaz de volver a hacerlo, no por falta de deseo ni por desidia, sino por conciencia de la grandeza inigualable que Fidel encarn. Pero respeto, sobre todo si lo hacen sinceramente y convencidos de lo que significa, a quienes siguen gritndolo. Pienso que lo ms importante, lo decisivo, es que en nuestro interior, en lo ms profundo y lcido de nuestras convicciones, con la resolucin de ser fi(d)eles a su ejemplo, el gran contingente de cubanos y cubanas que defendemos la Revolucin sabiendo lo que ella necesita, lo que demanda de nosotros, no cejemos en el empeo de ser, entre todos, la encarnacin resuelta de Fidel, incluida la leccin de humildad que dio al decir: Hemos hecho [sigamos hacindola, vale agregar] una revolucin ms grande que nosotros mismos.

A la prensa le corresponde cumplir en ese frente una misin educativa de primer orden, sin ceder a embullos irreflexivos ni dejar de combatir resuelta, firme, incesantemente, todo lo que le hace o pudiera hacerle dao al proyecto revolucionario. Para eso es necesario que, entre las razones por las que pueda destituirse justamente a directivos de medios de difusin y propaganda est, y se diga por las claras cuando proceda, el no haber contribuido con inteligencia y valor a erradicar un mal como el sndrome del silencio o secretismo, contra el cual la direccin del pas ha hecho llamados fundamentales cuando Fidel viva, y ha seguido hacindolos.

Fuente: http://cubaenresumen.wordpress.com/2017/11/25/no-cejemos-en-el-empeno-de-ser-entre-todos-la-encarnacion-resuelta-de-fidel/



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