Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2017

Genios de la maldad que siembran odio para borrar la verdad

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


De Colombia podra decirse que hoy es un pas sin guerra, pero no todava un pas en paz. En la guerra participaron, como en toda guerra del siglo XX, unos primeros (el estado y su entorno), unos segundos (insurgencias levantadas en armas contra el estado) y unos terceros (civiles, empresas, con vinculo o compromiso especialmente con el estado). Superada la guerra al estado corresponde respetar y hacer respetar los derechos humanos de toda la poblacin, incluidos primeros, segundos y terceros de la guerra, pero adems tiene el deber de garantizar el derecho a la memoria, a la reparacin a las victimas y a la verdad. Saber la verdad de lo ocurrido es una necesidad vital para que nunca mas vuelva la guerra, no es solo un tema central para invocar la justicia o beneficiar a oportunistas electorales, es ante todo un factor de dignidad, un antdoto contra el odio que esta al cuidado de genios de la maldad que se niegan a ver curar las heridas y a permitir realizar los anhelos de paz.

Los genios de la maldad, producen cosas que resultan difciles de creer, pero que ocurren y es mas grave cuando la verdad revela lo ocurrido pero otros con la misma genialidad intentan borrarlas por segunda vez, no importa si usando la ley como instrumento o inventando mitos y falsedades. En toda guerra actan primeros, segundos y terceros (como en las pelculas hay actores principales, secundarios y extras) y todos sin excepcin son corresponsables de la tragedia humana, aunque con distintos niveles de implicacin, sea por participacin directa, ignorancia o inocencia. Los genios de la maldad estn en muchas partes, pero tampoco en todas partes, y como buenos criminales su mejor capacidad es la astucia que tienen para disear y hacer el mal y saber borrar las huellas.

Cmo creer por ejemplo, que mientras ocurra la guerra en Colombia hubiera una poltica de horror extendida se cruzaran primeros segundos y terceros para sembrar miedo con motosierras para destrozar cuerpos humanos o con hornos crematorios para desaparecer huellas o con informes falsos para inventar enemigos y subir estadsticas de victorias inexistentes o cobrar por supuestas balas disparadas en operaciones de combate que nunca ocurrieron?. En cada cosa, en cada hecho hubo primeros, segundos y terceros en las escenas del horror y solo la verdad podr liberar al pas de la crueldad de ese pasado. La maldad en el pas tiene races de poder, desigualdad, injusticia, otorga privilegios y sigue experiencias que aunque tenebrosas deben saberse, volverse parte de la verdad.

En paralelo y como referencia para potenciar el momento sin guerra que vive Colombia, del holocausto nazi queda la enseanza de que se supo la verdad solo despus de terminado. Mientras los campos de exterminio estaban repletos de cadveres nadie sabia de los infernales recorridos de los trenes transportando las victimas, ni tampoco sabia que decenas de funcionarios -hombres y mujeres- con cargos militares o de oficina, hacan turismo por los ghettos para distraerse viendo la miseria de los judos famlicos y hediondos y convencerse de que se estaba ayudando a morir para salvarlos.

Cmo creer que entre las cosas cotidianas de ese mismo holocausto haba mas temor a lavarse las manos con cierto tipo de jabn porque ola mal y daba asco, que ver asesinar sin piedad a un ser humano para hacer ese jabn?. El jabn del asco por tener mucha espuma resultaba bueno para lavar ropa y era el Doctor Spanner (destacada figura acadmica) quien hacia lo posible para que ese olor desapareciera y hasta se encargaba de pedirle a las empresas qumicas que le enviaran aceites aromticos. Nada habra de extrao en esa historia, si no hubiera sido porque una comisin de la verdad que se encargo de investigar los crmenes nazis en Polonia llam a varios terceros para preguntar por lo que hacia ese Doctor. Dos profesores colegas suyos, despus de insistir en que no saban nada, reconocieron que el Doctor Spanner era una eminencia de la anatoma patolgica pero que adems era miembro del partido nazi. Uno dijo que pudo suponer que Spanner si era capaz de producir jabn con los cuerpos de condenados a muerte y presos seguramente porque pudo haber recibido una orden que cumpli por ser miembro de un partido muy disciplinado. El otro dijo que podra haber hecho el jabn por su preocupacin con la situacin del pas que pasaba por un dficit de grasas y por el bien del estado. Un estudiante que ayud respondi que a l nunca se le ocurri pensar y que tampoco nadie nunca le dijo que hacer jabn con grasa humana era un delito, o que estaba mal. Otros sealaron que era normal y que adems siempre se vea que al lugar donde estaban los tanques llenos de cadveres y las cubetas con cuerpos partidos y desollados, solan ir respetables personalidades y profesores, y que incluso haban visto a los ministros de salud y de educacin recibidos con honores por el rector de toda la academia de medicina con quien recorran sin prisa el las instalaciones y laboratorios del instituto donde se produca el jabn.

La gente no tenia miedo del horror en marcha, porque no experimentaba la realidad en su totalidad, ni sabia del todo de la crueldad, ni la muerte tocaba a sus puertas, pero en cambio tenia miedo a lavarse con ese jabn, a pesar de que quienes lo producan reclamaban que de lo que hacan nadie tenia que saber nada, estaba prohibido hablar de eso, los estudiantes del instituto trabajan all o se asomaban a ver pero nunca dijeron nada. Muchos saban que el Doctor Spanner prefera cadveres con cabeza, no los toleraba cosidos a balazos porque deca que daban mucho trabajo y se pudran. Los mejores para l eran los de la casa de locos porque eran buenos y tenan cabeza. Solo cuando se acababan los cadveres de reserva, echaba mano de decapitados. La receta del jabn estaba a la vista colgada en la pared porque una asistenta la haba trado del campo de exterminio y siempre sala bien, pero nadie pareca saber nada. La produccin se hacia en el crematorio del Instituto y la diriga el Doctor Spanner junto con el preparador jefe Von Bergen, que era el encargado de buscar los cadveres. Una vez que fueron insuficientes Spanner us su reputacin para pedirle a los alcaldes que no enterraran los cuerpos que los necesitaban y ellos saban para qu.

Para hacer el jabn, la piel era separada con maquinas y curtida para hacer quien sabe que, pero en todo caso era para convertirla en mercanca, en objeto de lujo. Los estudiantes eran los encargados de separar la grasa de los cadveres y guardarla aparte. Spanner era un civil que se alist en las SS como medico, no fue al campo de guerra, ni mato a nadie con sus manos, fue un tercero que trabajo desde el instituto y al final se fue, quien sabe a donde, pero antes de irse le mando a sus estudiantes que siguieran trabajando la grasa recogida durante el semestre e hicieran bien el jabn y trataran bien los huesos y limpiaran todo con perfeccin para que si alguien revisaba todo tuviera un aspecto como dios manda para que nadie supiera nada y que por favor quitaran la receta de la pared.

En una guerra de cincuenta aos, que termina en medio con una telaraa de complejidades, hay terceros y segundos y primeros responsables, unos ayudaron, otros invirtieron, otros actuaron. Habr quien diga que nunca nadie le dijo nada o que si algo ocurri fue lejos de all y habr quienes le tengan miedo a algn olor que presuman viene de los cuerpos y la grasa de los muertos ajenos, pero no a la muerte misma. Decir la verdad, es asunto de primeros, segundos y terceros, una obligacin tica para contribuir (mas all del tribunal de justicia y la ley) a decir la verdad, a hacer memoria para eliminar violencias. Hay que tenerle miedo a seguir en la oscuridad de lo ocurrido, dejar solos a los que se niegan a encontrar los claros de luz y hacer que de la guerra se sepa todo lo ocurrido, sus horrores, sus olores, sus temores, sus financiadores, sus benefactores y su genios de la maldad escondidos a veces entre la figura de respetables seores acorazados con el poder del actor principal de la guerra.

 

-Notas tomadas del pequeo gran libro Medallones de Zofia Natkowska, editado en 1946. La autora, particip en la comisin de investigacin de los crmenes nazis y expone all ocho relatos que sirven para aprender a no olvidar la crueldad y a descubrir las cosas difciles de creer, pero que as fueron.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter