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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2017

Revolucin

Jose Mari Esparza Zabalegi
Rebelin


Estuvimos en Mosc en el centenario de la Revolucin, otero mgico para recordar qu supuso aquella gesta para los pobres del mundo, qu queda de ella y qu futuro nos espera.

La manifestacin que otrora congregara millones de personas, apenas reuni tres mil almas cndidas, la mitad extranjeras. Pasamos dos veces por detectores, y caminamos por aceras valladas entre manadas de policas. No fue eso lo ms desgarrador, sino escuchar desde la tribuna, frente a la Plaza Roja, una sola reivindicacin: el derecho a trabajar ocho horas diarias! Lo logrado hace cien aos y reducido a siete horas en 1936, (junto a la jubilacin a los 60 aos, 55 las mujeres y 50 en casos especiales, como tener 5 hijos) hoy da es un sueo en la selva del mercado laboral.

Nuestros abuelos tambin soaron con esas condiciones cuando salan pautri, jornaleros, a la plaza del pueblo; nunca tuvieron vacaciones ni cobraron paro. A la vejez, beneficencia. Amrica como recurso. De Rusia les vino toda esperanza: el derecho al descanso, la jubilacin, la Seguridad Social, vacaciones pagadas, casas baratas para obreros, sanidad pblica, educacin general. De muetes creamos que las chicas no saban ni correr, hasta que comenzamos a ver a las soviticas en las primeras televisiones: hacan atletismo, trabajaban de camioneras, torneras o astronautas; llenaban las universidades; se divorciaban y controlaban su natalidad. Aunque nos decan que el comunismo las haca machorras, a nosotros nos parecan igual de hermosas y adems, luego lo supimos, eran la vanguardia del feminismo.

Un espectro recorri Europa, aterrorizando a los viejos poderes. La Iglesia comenz a sacar encclicas sociales que evitaran el socialismo. El fascismo invent el socialnacionalismo para cortar el derrape de las masas hacia la izquierda. La derecha invent la democracia cristiana, el ceder algo para que no les quitaran todo. Los tibios se agarraron a la socialdemocracia para impulsar el estado de bienestar. Creci el cooperativismo como frmula intermedia; el sindicalismo, los frentes populares Visitar la URSS y hacerse comunista era todo uno. Solo entendiendo esa fascinacin se comprende que muchos de los fusilados en 1936 gritaran Viva Rusia! y que vivan entre nosotros octogenarios de nombre Lenin.

La estrella roja alcanz su cnit cuando se desangr derrotando al nazismo. Incapaces de vencerla, los pases capitalistas comenzaron la guerra fra, con un ojo puesto en los avances de la URSS, y con el otro reconociendo las demandas de su ciudadana, para que el incendio rojo no se propagara. Y temblaban cuando nuevos pases se descolonizaban o pasaban a la rbita socialista, incentivados por la utopa sovitica, la Universidad de cuadros Patricio Lumumba o los eficaces AK-47, el mgico fusil de asalto, icono de todas las revoluciones del siglo XX. Gracias a ese miedo del capitalismo, fuimos la generacin que mejor ha vivido.

Malherida por la burocracia, la corrupcin y la rutina, era evidente que aquella madre del cordero mundial necesitaba cambios y libertades profundas, y por ellas apostamos, incluso editando algunos libros ingenuos, confundiendo reformas con derrumbes.

La cada de la URSS supuso el fin de la guerra fra y el comienzo de la caliente. Desenfrenado, el imperialismo impera. Hay ms guerras, ms refugiados, ms diferencias sociales que nunca. Con la piata de lo pblico en la URSS, comenz el desmantelamiento de lo pblico en Europa. Sin competencia tecno-ideolgica, hasta las cosas comenzaron a ser ms obsolescentes: la fbrica rusa que haca bombillas de larga duracin fue la primera que cerraron.

Aqu ya estn vaciando los fondos de la Seguridad Social, mientras regalan 40.000 millones a la banca. Por qu nos van a dejar a nosotros lo que se pueden llevar ellos? As, la esperanza de jubilacin se aleja, la sanidad empeora, el trabajo se precariza. La emigracin que conocieron nuestros abuelos vuelve para nuestros hijos, sodomizados en unas condiciones de trabajo que nosotros ni conocimos ni hubiramos aceptado. Los desplazamientos provocados de millones de refugiados rebajarn las condiciones de vida de todos. Privatizan hasta los asilos, para trincar los pocos ahorros que nos queden. Siempre nos quedar Critas. Y el cielo.

Sin modelos revolucionarios, sin pases socialistas, sin armas estratgicas, la izquierda y los sindicatos son incapaces de frenar el proceso de acumulacin de plusvalas, la sucesin de guerras, la opresin de los pueblos, la desertizacin del planeta. Adems, el discurso falaz de la no-violencia, dirigido siempre a los de abajo, castra los debates. Jams el pacifismo de los corderos hizo vegetariano al lobo.

Qu hacer? Se preguntan hoy muchos jvenes, como en su da se preguntara Lenin. Y a fuer de sinceros, solo les podemos decir una cosa: Haced la Revolucin. Pacfica, violenta, ciberntica o como sea, pero Revolucin. O conquistando hegemonas, como descubre en los vascos el alemn Raul Zelik en su reciente libro La izquierda abertzale acert. Pero siempre Revolucin. Porque si no surgen revolcones y nuevas victorias que ilusionen a la gente, que la animen a la toma del poder, que asusten a los poderosos y les obligue a repartir la gallina que nadie dude que maana nuestros descendientes volvern a ser siervos y, pasado maana, esclavos.

Ya s que no era necesario ir a Mosc para llegar a esta evidencia pero, qu quieren que les diga, desde la Plaza Roja se vea todo ms claro.

Jose Mari Esparza Zabalegi es editor

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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