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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2017

A propsito del triunfo de Cambiemos y el ciclo histrico
El orden restablecido

Daniel Escotorin
Rebelin


Dos hechos relacionados entre s, dos elementos con vida propia y a su vez encadenados como causa y consecuencia de factores anteriores. El claro triunfo poltico de Cambiemos en las elecciones es uno de ellos. El anuncio de un paquete de reformas econmicas, el otro. El primero expresa en trminos sociales las expectativas y las ansias de una amplia franja social de recuperar su normalidad en el campo de la representacin poltica. Cul normalidad? vaciar los espacios pblicos de la poltica, y dado que es imposible sacarlo del mbito privado porque all manda la TV, sta se encarg de revestir a la poltica de un duro barniz de judicializacin a tono con las necesidades del nuevo poder renacido con Cambiemos. El crtico primer ao del gobierno PRO no solo no consigui ese primer objetivo, sino que adems lo exacerb pero limitado a reclamos gremiales que no lograron hacer recuperar presencia poltica por parte ni del otrora oficialismo ni de las fuerzas alternativas de izquierda. El repliegue al campo de la resistencia fue el sntoma de una nueva paridad poltica que se dirimira en las elecciones de este ao. En sintona los medios de comunicacin del establishment hacan su jugada apostando al desgaste poltico del principal espacio de oposicin (real o formal) llevando el debate a los fueros judiciales. En ese esquema, el gobierno encontr el terreno libre de obstculos serios para encarar la primera parte de su proyecto poltico: el tarifazo masivo y un discurso apuntando (nuevamente) al desprestigio del Estado. La estrategia funcion y el gobierno sali ms que airoso del examen electoral.

En consonancia el gobierno vena trabajando en la preparacin de una serie de reformas que tendern a conformar los pilares del nuevo modelo econmico: reforma fiscal, reforma laboral, reforma previsional. Medidas que tienden a liberalizar el mercado y el conjunto de relaciones econmicas y laborales. A una semana del triunfo el presidente esboz en lneas generales los lineamientos de lo que se viene y si algo qued claro es que ese esbozo no es un plan de gobierno hasta el 2019, sino que deja entrever que est proyectando para el prximo mandato. El PRO lleg para quedarse, la derecha argentina tiene (otra vez) casa propia.

Qu pas, que sucedi con aquella ola progresista que impregnaba el continente en el 2010? Como en los efectos de una pelcula, el efecto domin se revierte y las fichas cambian y vuelven a su postura anterior. Pero esta vez en Argentina se trata de algo mucho ms de fondo, cuyas resultas an son por cierto indefinidas. La etapa abierta a partir del 2015 va mostrando una nueva faceta en la vida poltica y en el largo proceso histrico de las representaciones polticas con sus cambios y permanencias. El dato excepcional fue la aparicin por primera vez en un siglo de una nueva fuerza poltica netamente de derecha con carcter nacional. Lo que en principio era un partido de distrito mas, aunque se tratase del segundo distrito electoral ms importante del pas pocos apostaban a una proyeccin seria por fuera de la General Paz. En el 2015 la alianza PRO UCR (CAMBIEMOS) triunfa por una combinacin de varios ingredientes: el fuerte rechazo y consiguiente polarizacin a la gestin de CFK, el discurso vacuo de Mauricio Macri en oposicin a la racionalidad poltizada del entonces gobierno nacional y el apoyo territorial prestado por el radicalismo para garantizar insercin y presencia poltica en el resto del pas, donde no llegaba la mnima estructura del PRO. Para el 2017 algunas cosas haban cambiado: el PRO ya cuenta con insercin en las provincias y la UCR se convierte en una fuerza secundaria y subalterna por lo que sin muchos prejuicios ni culpas la fuerza dirigente de la alianza desplaza a los radicales que sin entender ms nada que poco, lanzan berridos de quejas que mueren el aire del nuevo cielo amarillo.

En 1912 luego de sucesivas crisis polticas inauguradas en 1890 con la Revolucin del Parque, que dara lugar al nacimiento pico y mtico de la Unin Cvica Radical, el rgimen oligrquico y su partido el PAN ceden a las presiones del radicalismo y sanciona la ley que implementa el voto secreto, universal y obligatorio: la ley Senz Pea que permiti en 1916 la UCR derrotar al rgimen por primera vez. La oligarqua sin capacidad de imponerse ya por las urnas (va fraude) perder a su partido que se extinguir y con l por cien aos la capacidad de conformar una fuerza poltica propia y menos an como opcin de poder. Lo que sucedi all explica en parte la recurrencia por parte de las clases dominantes a los golpes de estado y la cooptacin - corrupcin de los partidos mayoritarios con base popular (la UCR y el PJ). Fue as hasta que la crisis del 2001 abri compuertas impensadas ante la crisis de representacin, tanto como para que aquel partido que haba derrotado al rgimen ahora le sirva de soporte electoral, entre otras cosas

Cuando el estallido del neoliberalismo en diciembre del 2001 hubo consenso en torno a identificar en los efectos posteriores a una etapa de crisis de hegemona: incapacidad de las clases dirigentes para sostener y reproducir consenso social en torno a su proyecto poltico. Esta crisis generalizada pona en cuestin a nivel general la representacin poltica, por lo que tambin se hablaba de crisis de representacin. No eran trminos ociosos y expresaban miradas polticamente distintas frente a las posibilidades reales del campo popular de constituir una fuerza alternativa autnoma. Se observ el repliegue de la fraccin ms ortodoxa de las clases dominantes bajo el predominio del capital financiero y la aceptacin del ascenso de una fraccin heterodoxa vinculada al nuevo esquema econmico mundial asentado sobre el boom de los commodities y el modelo industrial de ensamble. Esto expresaba ya no solo una cuestin de representacin sino tambin de predominio a nivel de fuerzas productivas. El agotamiento general del neoliberalismo empuj al capitalismo argentino a un modelo mixturado que necesit de arbitraje del Estado como agente normalizador del conjunto de las relaciones sociales y econmicas: actuar de forma perentoria sobre las calamidades que dejaba el neoliberalismo sobre amplias franjas sociales, restaurar la gobernabilidad y generar consenso para las bases del nuevo modelo en ciernes.

Las relaciones de fuerza mostraban una falsa paridad transitoria porque el repliegue de las clases dominantes era objetivamente momentneo y coyuntural, y las clases subalternas no emergen victoriosas de la crisis del 2001, por lo contrario son vctimas del modelo, sus organizaciones sindicales estn debilitadas, la clase obrera golpeada por la desocupacin y la precarizacin, sin fuerzas ni proyectos polticos establecidos emergen desde la resistencia. Esta paridad se reflej en el modelo kirchnerista hasta el conflicto por la Resolucin 125 (retenciones a la agro exportacin) donde el sector agro sojero dio por superado el repliegue y pas a la ofensiva. El kirchnerismo asentado sobre un discurso duro, con medidas reformistas, bonanza econmica y redistribucionismo moderado logr apoyo popular y consenso social a su modelo que funcionaba sobre la base del extractivismo y los commodities (soja y minerales). Esto permiti la recomposicin de una nueva hegemona al interior de las clases dirigentes y ante el desgaste del oficialismo y el quiebre interno de su fuerza sostn, el PJ, se abri una oportunidad indita. Massa, Scioli, gobernadores pejotistas se postularon como recambio del proyecto K. a su vez el PRO que gobernaba la CABA desde el 2007, apareca como el partido propio de la derecha argentina aunque sta y su clase social base no terminaban de darle el voto de confianza amplio, la Unin Cvica Radical nunca recuperada del fiasco del 2001 con fras autocrticas finalmente jug sus cartas a favor de los intereses del sistema y se pas a ese campo con todos los bagajes y banderas de forma incondicional. De esta manera el radicalismo cedi su base social representada, la clase media, a una fuerza poltica ms dinmica en formato moderno con el que disimula su ideologa liberal conservadora, es igualmente la expresin novsima de esa franja social que adhiere abiertamente a postulados que pregonan a favor de la desigualdad (hecho natural), la supremaca social y cultural sobre las clases bajas (clasismo y racismo justificados por una concepcin social darwinista). El PRO desplaz a la UCR y este partido es hoy una expresin residual y marginal subordinado ya al partido de Macri.

Al lunes siguiente de su triunfo, amplificado adems por sus voceros mediticos, el presidente lanz los ejes generales de las reformas que encarar su gobierno en la nueva etapa. Basta ver la calidad de los proyectos para entender que el gobierno no mira ya el horizonte inmediato del 2019, est planificando reformas para una gestin que supera este mandato y no es exceso de optimismo.

EL ABAJO QUE SE MUEVE

Qu nos dicen los nmeros de las elecciones recientes? Por un lado las lecturas estadsticas nos muestran las variaciones en la voluntad y la conciencia ciudadana, una movilidad que se puede leer en clave coyuntural o superestructural (variaciones cuantitativas, partidos, candidatos, etc.) pero tiende a desvirtuar una mirada a fondo y un anlisis de las relaciones de fuerzas de las diversas fracciones de las clases sociales.

La crisis del 2001 pudo ser tomada como punto de partida de un nuevo etapa histrica en trminos de oportunidad poltica de revertir la etapa de la derrota iniciada en 1976 con la dictadura cvico militar y consolidada a partir de 1983 sobre la base del consenso democrtico y afianzada desde 1991 con el modelo neoliberal. La crisis de representacin y de hegemona que le cupo a todo el arco poltico nacional fue analizada desde la perspectiva de las clases subalternas con un exceso de optimismo en tanto se miraba la crisis en el lado de las clases dirigentes, pero no se midi el impacto sobre el propio campo. No era un empate hegemnico, era un vaco hegemnico al interior de las clases dirigentes con la consiguiente disputa intraclase, en tanto las clases subalternas solidificaron el entramado defensivo pero no se avanz en la construccin poltica orgnica. Toda la primera dcada del siglo XXI fue de vaivenes entre la discusin del carcter progresista, o no, del kirchnerismo, la disputa al interior de ste entre sus facciones incluida la del PJ (reforma o restauracin), la lenta licuacin del espacio progresista y el sostenido pero imperceptible avance de la izquierda que en su versin ms radical, el trotskismo, desplaz a otras corrientes histricas como el PC.

Los diversos resultados electorales de las ltimas elecciones entre 2011 al presente dieron seales inequvocas que el tan temido aparato pejotista se resquebrajaba por todos lados. Aun haciendo ingentes esfuerzos e inversiones de capital econmico y humano no pudo revertir el permanente declive hasta llegar a los nmeros pauprrimos de este ao, adems desgajado en diversos mini partidos que conforman el panpejotismo.

Entre el 2015 y el 2017 se inaugura una nuevo un ciclo histrico, donde adems del restablecimiento de un dominio propio de las clases dirigentes, le corresponde la fragmentacin plena de las clases populares. El kirchnerismo que mantena una relacin por dems tensa con el PJ fractur ese frente, ambos han quedado en postura de oposicin funcional ms que de alternativa real. La izquierda expectante para recoger los pedazos de identidad peronista para reconvertirla en trotskista no alcanza a medir la envergadura de ese desafo y la necesidad perentoria de romper con sus esquemas rgidos que incluso llevan a una convivencia por dems traumtica por lo conflictiva entre las fuerzas gemelas del FIT. Volviendo al campo nacional y popular, el kirchnerismo asume que es una fuerza que logr arraigo en una parte de la sociedad y del pueblo argentino, pero el liderazgo monoltico de Cristina Fernndez no es garanta de solidez ni opcin principal de poder, el PJ desgranado busca reunificarse y sentar las bases de una nueva identidad poltica; sus opciones no son muchas: refundarse sobre el elemento progresista que le inocul el periodo K, siendo esta opcin la menos posible dada la trayectoria de sus dirigencias provinciales vinculadas a los factores de poder permanentes, mientras la otra opcin es constituir una fuerza pragmtica (ya tienen experiencia) pero despegados del neoliberalismo puro que hoy encarna el PRO. Es decir proponerse como fuerza de recambio amigable y confiable del sistema, lo que se dice garantizar la gobernabilidad. Esto generara una tensin permanente con el kirchnerismo si no se integran: este hacia a la izquierda pero aquel jugando como fuerza centrpeta hacia la bendita gobernabilidad, o sea, nadie saca los pies del plato.

Pequea referencia a aquellas fuerzas que se postulaban como ocupantes del espacio progresista o de centroizquierda: la mayora opt por sumarse (entregarse) al espacio ms reaccionario que surgi en la vida poltica democrtica. En aras de un republicanismo tan cnico como irreal que levantaba banderas de moralidad poltica anticorrupcin pero dando apoyo y consenso al ajuste ms severo descargado sobre los sectores populares desde los noventa. Algunas fuerzas encima siguen siendo parte del negocio poltico del clientelismo sobre la base de planes sociales: por abajo reclaman por izquierda, por arriba negocian y realizan alianzas con espacios que lejos estn de cualquier viso de progresismo ni reformismo popular.

En conclusin esta etapa de crisis poltica abierta en el 2001 se cierra en el momento que una de las fracciones de las clases dominantes logra: 1) recuperar el poder poltico y esto a su vez 2) con fuerza poltica propia, decamos algo inaudito desde 1916. Asistimos desde esta perspectiva a un nuevo ciclo histrico ya que ms all de las contingencias electorales y las alternancias por encima de estos vaivenes concurre otro factor, cual es que entre la primera dcada y esta se consolid un modelo productivo acorde a la tendencia mundial capitalista: reprimarizacin productiva, extractivismo, sistema industrial de ensamble; en esta etapa poltica actual reaparicin del capital financiero especulativo. Es decir, el conjunto de factores de poder de la sociedad civil logr reconstituir su ideologa y consecuente elaboracin y difusin de su sentido comn, premisa bsica para avanzar en la reestructuracin econmica- social bajo el predominio de una de sus fracciones de clase. De esto se trata de la nueva hegemona. Las clases subalternas, que vimos una oportunidad histrica en aquel 2001 no supimos conformar una fuerza autnoma, propia, quince aos despus seguimos con las manos vacas.

ETAPAS Y CICLOS

La inesperada aparicin del PRO como partido nacional orgnico de las clases altas es un sacudn que no se termina de aceptar ni digerir. Cambi de manera total el mapa poltico: representa a los sectores acomodados, al poder econmico y social, hunde su lengua en las mentes de las clases medias despojando al moribundo radicalismo de su otrora base electoral y por efecto domin, como en el caso CABA, llega hasta el mundo popular. Esto representa el inicio de un nuevo ciclo histrico.

Pero es el estado de fuerza propio lo que nos llama a reflexin. Si toda crisis representa una oportunidad, pues esta es una inmejorable. La etapa progresista que atraves al cono sur tuvo la virtud de saber aprovechar el boom de los commodities para paliar y reducir los altsimos nmeros de pobreza y pobreza extrema, salir del paradigma neoliberal y proponer (parcial, superficial e inconclusamente) un nuevo modelo productivo. Segn los pases y sus respectivas historias y tradiciones polticas populares estos procesos variaron y marcaron sus propios ritmos e intensidades. En el caso argentino emergi una etapa que arrastraba las consecuencias de las anteriores, el debilitamiento y atomizacin poltica de las clases subalternas y en especial la clase obrera, ausencia de proyectos polticos propios alternativos y por consiguiente de fuerzas organizadas y de una fraccin con capacidad de imprimir direccin poltica e ideolgica al interior del campo popular. En la tensin reforma-restauracin en tanto no se resuelve a favor de la primera y esta no se vuelve revolucin, ganar (y gan) la segunda opcin. Esto fue en parte por lo dicho, no hay fuerza social que sea capaz hoy en Argentina de asumir la direccin poltica del campo popular, este rol lo asumi (nuevamente) el Estado. No obstante, las caractersticas polticas de esta etapa mostraron las fisuras de los partidos tradicionales entre ellos el PJ, donde sus dirigentes mantenan una tensa y forzada relacin hasta el 2015 con la presidente Cristina Fernndez. Tras la derrota la crisis hizo eclosin abierta.

El peronismo como identidad plebeya juega ya sus cartas, carga en sus espaldas nada menos que el sentido histrico de su presencia y el legado no superado de acciones y polticas a favor del pueblo: la mayor experiencia de poder y cambio social. Entonces aunque es evidente la degradacin del pejotismo, no desde ahora por supuesto, cualitativa y cuantitativamente, mantiene presencia poltica territorial y electoral. Trayendo al presente una vieja consigna de los noventa vale remarcar que el peronismo perdi viabilidad poltica pero gan jerarqua histrica. El desafo es construir una fuerza, un movimiento sintetizador y superador de esa historia y para esto es necesario entender las actualizaciones y nuevas formas y expresiones, sus carnaduras y smbolos.

El progresismo argentino fue fiel a su esencia, aquella que encarn por dcadas el Partido Socialista: elitista, positivista y liberal envuelto en una bandera roja. Las expresiones de la izquierda y centroizquierda argentina derivaron mayoritariamente en coincidencias, acuerdos y alianzas ya con partidos conservadores ya con los factores de poder. Esta etapa no es la excepcin, entonces se vislumbra un momento dicotmico en el campo popular: un espacio popular post-peronista y el espacio de la izquierda trotskista. Aquel concentra una masa considerable de votos pero no tiene ya poder ni capacidad de disputa propia y sigue siendo ideolgicamente difuso, reformista y con elementos de las definiciones clsicas del populismo; este es minoritario, pero claramente visible en su discurso e ideologa, igualmente sin capacidad de disputa de poder por si mismo. Las lecciones de este periodo van en el sentido del presente: las clases dominantes no perdonan el menor atisbo de insolencia contra sus mandatos, sus intereses, sus valores, su historia, su poder visible u oculto. Indefectiblemente se volvern contra quienes fueron favorecidos para restablecer su orden y a travs del disciplinamiento social y poltico.

ABRIR VENTANAS

Las clases dominantes respiran tranquilas por ahora. Recuperaron su poder, restablecen el orden por va democrtica y con apoyo social, imponen su modelo econmico a gusto. Las clases subalternas como en la dcada del 30 vuelven en la imagen de Scalibrini Ortiz del hombre que est solo y espera, se trata de reconstituir las experiencias polticas, partidarias, gremiales reivindicativas, los viejos sueos y las nuevas utopas que quizs quien sabe son las mismas pero con otro nombre. Lo que s es seguro es que hoy no existe ese sujeto poltico dominante que pueda expresar los intereses colectivos del conjunto popular. He all el desafo y la riqueza enormes de esta etapa abierta y que precisa habilitar un ciclo histrico distinto, con una construccin poltica que contenga toda la riqueza y pluralidad de estos tiempos pero con la sustancia ideolgica que se precisa para revertir un modelo global que se erige sobre la desigualdad, la deshumanizacin de las relaciones, la violencia y el desenfreno irracional en la explotacin de los recursos naturales.

Daniel Escotorin es historiador

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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