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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2017

Lecturas de infancia

Miguel Casado
Rebelin


Jean-Franois Lyotard llam Lecturas de infancia un libro suyo que recoge ensayos sobre Joyce, Kafka, Arendt o Freud, y que no parece remitir al ttulo; aclaraba este, sin embargo, en un breve preliminar: nombrara un lmite activo en toda escritura y que la constituye: Nadie sabe escribir. Cada cual, sobre todo el ms grande, escribe para atrapar por y en el texto algo que l no sabe escribir. Que no se dejar escribir. Esta imposibilidad impulsa una bsqueda de lo que no se conoce con certeza, para lo que no se encuentran fcilmente las palabras: un ncleo que mueve y alimenta, pero del que no se llega a hablar. As, el ttulo recuerda la etimologa: infans, el que no habla: una infancia que no es una edad de la vida y que no pasa. Aunque un ltimo quiebro de esa nota previa devolva a la edad: Lo que no se deja escribir, en lo escrito, llama quiz a un lector que no sabe ya leer o no sabe todava: ancianos, nios del jardn de infancia, disparatando sobre su libro abierto.

Relea estos textos de Lyotard mientras pensaba en la ltima triloga de Pilar Rubio Montaner Tmidas existencias, Vidas pequeas y en minsculas, en su espacio y en su mirada, en sus ancianos y nios, en el vnculo entre la existencia y lo callado, lo que no habla. Desde Un aprendizaje, premio Esquo en 1985, la obra de Pilar Rubio (Albarracn, Teruel, 1947) se ha mantenido en vilo en el silencio de ese lugar, al que tambin se ha acercado con el rigor de la fotografa. Fragmentos breves de prosa, los textos de la triloga ponen ante los ojos una escena, sin antecedentes ni desarrollo, dejando con frecuencia en suspenso su desenlace. Enunciacin de momentos concretos de vida, sin aadir comentarios: La muchacha con la carta rota en mil pedazos entre las manos. Sentada en un banco del parque durante toda la tarde: no dar nombre al sentimiento, no desligarlo de su contexto llevndolo a lo previsible, sentir cmo pesa su tiempo.

Sentarse en una terraza, ir en autobs, cruzarse en la acera con los que pasean o salen de un comercio, y ah escuchar, mirar. Anotar lo ajeno, lo que desde fuera viene a los ojos y los odos, coleccionar molculas de vida. O, al comps con que se observa lo que ocurre, tambin mirar, escuchar en los libros (o en la web, en la prensa) escenas del mismo tenor, igualmente anotarlas hasta hacer indistintas las citas de quienes firman y las annimas. La voz que asume las notas es impersonal, aunque no distante: algo en su tono la muestra contigua, cercana a la escena; quiz sirve como su mejor descripcin la que se hace en un fragmento de Vidas pequeas del lugar del fotgrafo: En cada imagen de los lbumes de fotos hay siempre una persona ms. La que da testimonio de que aquellos gestos, aquellas gentes, estaban ah. La que observa, la que sabe. La que comparti con ellos unos momentos que, desde el tiempo, nunca podremos sospechar. Los textos de Pilar Rubio cumplen un papel semejante, quiz exploran el territorio de una especie de pica a la inversa: lo impersonal, la huella de los mnimos hechos, el dibujo de un espacio colectivo que resulta de la suma de todas las instantneas; una antipica que descubre la vida como lo que todos tenemos en comn, y que contiene tambin una lrica, pues el curso de esa misma vida es precisamente lo que nos diferencia y nos hace singulares.

En las escenas de la triloga son muy frecuentes la pobreza, la precariedad, el sufrimiento, la prdida. Pero la mirada carece de esa carga que suele llamarse social; refiere la incisin de esas circunstancias en la vida, lo existencial de su impacto. Ahora que tanto han cambiado las condiciones que tenamos, que acucian el paro, los contratos temporales y a tiempo parcial, los desahucios, el abandono de los dbiles por el sistema, esta mirada cobra un nuevo espesor. Al menos la mitad de los textos de la triloga habran sido escritos antes de la crisis y, sin eludir un componente de denuncia, vienen a poner de manifiesto cmo el abandono, la herencia del miedo, las distintas formas del aislamiento y la miseria arraigan en la pura vida, en su oscura densidad, incluso si el entorno no pareciera extremo. Pequeas, minsculas vidas son las que se anotan; lugares de lo que no habla, de lo que no alcanza la voz o ha sido excluido de ella. Y, as, pueden aparecer tambin los animales, que muestran con desnudez el desamparo de quien vive: En la mesa de al lado un hombre lee el peridico. A sus pies el perro duerme intranquilo, duerme y mueve las patas como si quisiera escapar. Lo pegaron un tiro, explica el dueo al camarero, se salv pero suea y quiere salir huyendo. La potencia, o el saber escribe Agamben, es la facultad especficamente humana de permanecer ligado a una privacin. Como estos textos, donde Pilar Rubio reabre la posibilidad de decir nosotros: Lo que somos, vidas pequeas, nuestro monlogo, nuestro relato.

Es inevitable, por supuesto, tener presente al leer el extraordinario libro de Pierre Michon, Vidas minsculas, por la coincidencia del ttulo y, tambin, por la afinidad de los mundos. Pero, mientras Michon se demora en un relato que construye en la sensacin aguda de inmovilidad una atmsfera desolada y terminal, el trabajo de Pilar Rubio desechando el desarrollo y las conexiones, la posibilidad de una trama o un discurso profundiza en las virtualidades de la anotacin, en el poder de un gnero tradicional y nuevo que rene tantas claves; sus piezas sueltas son las piezas en que se deshila lo cotidiano. Ya Roland Barthes concedi prioridad a la nota, encontrando en ella la forma de escribir el presente y apoyndose en el haiku como ejercicio ejemplar de anotacin se detuvo en alguno de sus rasgos: vnculo con el instante, no declaracin del sentido, imposibilidad de parfrasis ni continuacin, relieve del detalle Con la barthesiana preparacin de la novela coincide este deseo, tambin antipico de Peter Handke: Una epopeya compuesta de haikus que, sin embargo, no puedan reconocerse como piezas individuales, sin argumento, sin intriga, sin dramatismo, y no obstante narrativa: no se me ocurre nada ms sublime. Movimiento y fijacin a la vez, las notas de Pilar Rubio abren la herida de la percepcin y avivan, en ella, las formas ms inquietantes por sencillas e inmediatas de la inestabilidad de lo real: por qu en los sueos aparecen los rostros ms queridos con tanta nitidez, pero cuando los invocamos con insistencia es imposible traerlos a la memoria.

 

 

Lecturas

Jean-Franois Lyotard, Lecturas de infancia. Traduccin de Irene Agoff. Buenos Aires, Eudeba, 1997.

Pilar Rubio, Tmidas existencias. Zaragoza, Prensas Universitarias, 2001.

Vidas pequeas. Valladolid, Difcil, 2009.

en minsculas. Valladolid, Difcil, 2013.

Un aprendizaje. Ferrol, Esquo, 1985.

Giorgio Agamben, Infancia e historia. Traduccin de Silvio Mattoni. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2011.

Pierre Michon, Vidas minsculas. Traduccin de Flora Botton-Burl. Barcelona, Anagrama, 2002.

Roland Barthes, La preparacin de la novela. Traduccin de Patricia Willson. Mxico, Siglo XXI, 2005.

Peter Handke, Historia del lpiz. Traduccin de Jos Antonio Alemany. Barcelona, Pennsula, 1991.


 

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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