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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2017

La UMD: Goebbels, la ignorancia y el olvido

Antonio Maira
Rebelin


Veo, oigo y leo, con frecuencia, en todos los medios de comunicacin pblicos (pocos) y privados (muchsimos), como polticos de izquierda o de derecha supuestamente conocedores de nuestra historia prxima, y periodistas ilustrados o ilustradsimos, pronuncian y sentencian la conocida verdad indiscutible de que la Transicin fue un borrn y cuenta nueva que asegur la vida ciudadana bajo un estado de derecho.

Con ella, al parecer se estableci una Espaa reconciliada, entre franquistas de toda la vida y demcratas que haban sido perseguidos pero que por fin salieron de la cueva.

Pocas afirmaciones, sin embargo son ms falsas que esa. La Transicin espaola fue, queridas y queridos amigos, un autntico fraude.

Uno de los hechos en los que se basa la afirmacin de la concordia infinita es el que la Ley de Amnista incluy todos los delitos, de sangre o no, de un bando o de otro, que haban sucedido antes de su promulgacin. Entre otros, menos recordados en la poca historia colectiva que nos dej la represin y el miedo, los de su Majestad Juan Carlos I de Borbn, que se encaram al balcn del Palacio de Oriente para ocupar el sitio destinado para l por el genocida Generalsimo; y para respaldar los ltimos asesinatos, en vida, de Francisco Franco y todos los dems cientos de miles- que ya haba ordenado y firmado, muchos de ellos colectivos. Rquiem in pace.

El Rey del atado y bien atado puso la sonrisa ms buclica o la seriedad ms cnica ante los que vendran despus. Con ello, con la Ley de Sucesin cumplida, se destruy la Memoria histrica (que sale ahora desde debajo de las piedras en las olvidadas fosas comunes, nada menos que 80 aos despus de la matanza) e impulsada, con el mismo cinismo con el que han ocultado sus restos durante tantos aos por los partidos de la gloriosa Transicin ya mencionada.

Tampoco ese hecho de la Amnista generalizada era cierto.

Se lo voy a decir en voz alta a todos los mal informados, los mentirosos y los creyentes de fbulas: los ocho militares de la Unin Militar Democrtica (UMD) detenidos en agosto de 1975 por un operativo militar de precisin en Madrid, a primeras horas de la madrugada y de forma simultnea en sus hogares, procesados y condenados a fuertes penas de crcel nunca fueron Amnistiados. Fueron expulsados del Ejrcito y muchos aos despus reincorporados con negacin expresa de sus superiores militares de que ocupasen los destinos que les correspondan. Solo sobrevivieron con la ayuda de la solidaridad civil y por su propio esfuerzo en el que colaboraron intensamente sus compaeras. Honor pues, para ellos y ellas.

Probablemente se salvaron de un asesinato legal o por aplicacin de la ley de fugas porque el dictador ya estaba casi cadver de vida sostenida y por la intervencin inmediata de algunos compaeros abogados que acudieron a certificar su detencin y el lugar en donde estaban encarcelados.

Los miembros de la UMD que no se haban identificados como tales en agosto de 1975, o haban promovido lo mismo, en las mismas fechas, como es mi caso, fueron marcados, represaliados, confinados y postergados en los ascensos y destinos con el visto bueno de la UCD y del PSOE. Sus amigos, algunos miembros de una UMD en desarrollo, fueron tambin excluidos de los ascensos por el simple hecho delictivo de sostener amistades y opiniones que, no obstante, estaban respaldadas por la ley.

Durante el golpe del 23F, con complicidad indudable del Rey, todos sabamos los miembros de la UMD sabamos cul iba a ser nuestro futuro. Resistimos aquella barbarie en marcha tanto como pudimos.

El de ellos, el de la represin sobre los hombres de la Unin Militar Democrtica, y sus compaeras, tambin reprimidas, fue un caso inslito y ejemplarizante.

Inslito porque no haban realizado ni promovido ningn delito de sangre sino, tan solo, una propuesta democrtica a sus compaeros para derribar la dictadura.

Ejemplarizante porque los sucesivos gobiernos de Adolfo Surez y Felipe Gonzlez tenan miedo de que el desarrollo de la UMD, con muchas posibilidades en aquella poca, terminase por crear en Espaa una organizacin como el Movimiento de las Fuerzas Armadas, el MFA, de Portugal que derribaron a otra dictadura fascista e iniciaron una revolucin. Algo insoportable para la UCD y el PSOE. Tambin, por cierto, para el PCE aunque, nosotros, en aquel momento, no lo sabamos.

Ellos, los miembros del MFA, eran en aquellos aos y durante mucho tiempo, nuestros amigos, nuestros compaeros de sueos. A muchos les prohibieron participar en actos pblicos en la democrtica Espaa.

As que, polticos y fabricantes de opinin, recuperen la historia y no se refugien en la falsedad o en la ignorancia. Sus armas tan relucientes pero en el fondo tan melladas, poco a poco, ya no valen.

Antonio Maira. Capitn de Fragata de la Armada

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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