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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2017

Construyendo la realidad social (al borde del delirio)

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


"La mayora de los seres humanos se acercan al delirio, pero no se instalan en l" (Carlos Castilla del Pino: El delirio, un error necesario).

Juguemos a eso de definir al modo grandilocuente, dejndonos llevar por esas nfulas de orculo de verdades absolutas que en ocasiones poseen el espritu de algunos filsofos. Sealemos la esencia de uno de esos entes raros que en tantas ocasiones se ha tratado de definir de una vez por todas: el ser humano. Recordemos las definiciones de algunos de esos ilustres: Nietzsche nos vino a decir que el hombre es el animal que puede prometer, Unamuno con su punto hispano existencialista que es el ser que se angustia ante el problema de la inmortalidad, el fenomenlogo Max Scheler destac su capacidad asctica de negarse a la satisfaccin de sus instintos, Ortega y Gasset identific su dimensin histrica como la definitoria ninguneando su naturaleza, el metafsico Zubiri lo declar animal de realidades... Nada, nada; yo pienso a lo grande como ellos y digo que el ser humano o el humn, como gustaba de decir el ya difunto Jess Mostern es el animal delirante.

Acoto en aras de la mayor claridad el sentido de la expresin animal delirante. Con ella quiero decir que est en la naturaleza humana la posibilidad cierta del delirio, un estado al que lo puede conducir la exacerbacin de sus capacidades cognitivas. Toda mente humana hace de cada individuo un ente dual, con un pie en la realidad extramental y otro en ese mundo interior supuestamente inmediato, ntimo e intencional de su conciencia en cuyo escenario compiten por ocupar el centro de atencin lo que es y lo que no es pero podra ser. Esta interna dialctica es fuente de angustia, pues es causa a partes iguales de frustracin e incertidumbre ante las sentencias inapelables que son potestad exclusiva de la realidad (porque sta como sentenci en cierta ocasin un buen a migo mo es mucha, mala y tozuda). Ante lo cual las personas se defienden como gato panza arriba echando mano de todo un repertorio de recursos de lo ms variopinto, en el cual cabe hallar por sealar algunos las drogas de diversa ndole, el arte, la ficcin en sus diversos formatos (la religin incluida) y la lotera o el ilusionismo (que para el caso es lo mismo).

Al ser humano no le basta la realidad, aunque no acaba de saber en qu consiste por mucho que crea saberlo y por muy convencido que est de ello. Continuamente se lo pregunta sin ser consciente de hacerlo; y salvo aquellos que se paran a pensarla me atrevera a asegurar que la mayora de nuestros congneres viven guiados por una especie de piloto automtico en cuyo programa no cabe ningn algoritmo metafsico.

Retomando el hilo de nuestra condicin de animales delirantes, hay que reconocer en ella no slo el origen de nuestras angustias, sino tambin un feraz manantial de creatividad que fluye por un amplio y variado espectro desde la ficcin a la utopa. En l ubico nuestro poder para construir una realidad social, tan merecedora de reconocimiento ontolgico como la natural. Este reconocimiento ya lo plasm Karl R. Popper en el siglo pasado con su conocida teora de los tres mundos. Tal como la plasma el filsofo de origen austraco en el libro El yo y su cerebro, escrito al alimn con el neurlogo John C. Eccles, la susodicha teora queda enunciada escuetamente tal que as: Primero, est el mundo fsico el universo de las entidades fsicas (...), es a lo que denominar "Mundo 1". En segundo lugar, est el mundo de los estados mentales, incluyendo entre ellos los estados de conciencia, las disposiciones psicolgicas y los estados inconscientes; es lo que denominar "Mundo 2". Pero hay tambin un tercer mundo, el mundo de los contenidos del pensamiento y, ciertamente, de los productos de la mente humana; a esto lo denominar "Mundo 3". Los tres mundos, aunque de naturaleza diversa, son objetivos y estn constituidos por entidades que tienen poder causal dentro de cada uno de sus mundos y entre mundos, ya que un hecho fsico puede provocar un efecto psquico, as como una norma un producto de la mente humana, elemento del mundo 3 dar lugar a consecuencias observables empricamente as como a estados mentales.

El mundo 3 es el de la civilizacin, el que hace del ser humano el animal simblico como dej dicho Ernst Cassirer, el de la realidad social construida mediante las instituciones. Es el que en gran medida sirve de coartada al supremacismo antropocntrico. Probablemente es el mundo ms real para nosotros dado que es el que constituye el principal objeto de nuestros desvelos: la familia, el trabajo, la economa, la poltica, el juego social por el estatus... Pero esa realidad (social) se construye mediante un proceso de proyeccin que tiene su origen, claro est, en las mentes de los sujetos y se torna objetivo mediante las instituciones. Esto no quita que haya un sustrato natural en todo ello, pero la sofisticacin cultural del mismo trasciende los lmites de los hechos fsicos propios del mundo 1 popperiano. La idea de que las instituciones son prtesis inferenciales es una propuesta del profesor Jess Zamora Bonilla contenida en su reciente y oportuno libro titulado Sacando consecuencias. Una filosofa para el siglo XXI que contribuye a entender esa relacin entre los diversos mundos. Porque esas entidades de naturaleza abstracta aunque de hecho puedan tener su concrecin material en muchos casos son sistemas de normas que indican a cada uno lo que debe o no debe hacer en cada situacin, siendo asimismo relevante o incluso determinante para saber el individuo la situacin a la que se enfrenta. Las inferencias (del mundo 2 popperiano) se sustentan en las instituciones (del mundo 3) y se traducen en acciones que tienen sus consecuencias fsicas (en el mundo 1).

Creo que el filsofo que mejor explica el proceso de construccin de la realidad social y por ende institucional es John R. Searle, el cual ha dedicado una parte significativa de su produccin intelectual a reflexionar sobre lo que l mismo identifica como la estructura de la civilizacin humana. Por nombrar algunos de los libros publicados en castellano dedicados por el autor a este tema mencionemos en orden cronolgico La construccin de la realidad social (1997), Mente, lenguaje y sociedad. La filosofa en el mundo real (2001) y Creando el mundo social. La estructura de la civilizacin humana (2017). Del segundo de los ttulos extraigo el planteamiento de la cuestin que nos interesa: cmo puede existir una realidad social epistmicamente objetiva (mundo 3) que est parcialmente constituida por un conjunto de actitudes ontolgicamente subjetivas (mundo 2). Un ejemplo de esa clase de realidad es cualquier institucin que conforma lo que tenemos por civilizacin, como el dinero o el Estado, que se conocen como objetivas (epistmicamente objetivas), aunque tienen un modo subjetivo de existencia, pues como tales instituciones son productos de mentes. A Searle le fascina que instituciones como las dos nombradas puedan tener una eficacia causal en un mundo compuesto en su totalidad de elementos fsicos y qumicos; o dicho con toda la ingenuidad que l dice debe adoptar el filsofo a fin de alcanzar a formular las preguntas verdaderamente relevantes: cul es el equivalente de la ley f=m.a en lo que respecta a la realidad institucional?. Para responder a esta cuestin el filsofo norteamericano parte de la definicin de hecho social como cualquier hecho que implique dos o ms agentes que tienen intencionalidad colectiva. sta se expresa en la cooperacin que manifiesta la conducta de cada uno de esos agentes, que comparten la creencia de que todos tienen la misma intencin, o esperan lo mismo, o creen lo mismo. La intencionalidad colectiva es el primer elemento que se requiere para construir la realidad institucional. El segundo es la asignacin de funcin. Los agentes asignamos funciones a las cosas, y as introducimos la normatividad de acuerdo con un paradigma teleolgico presupuesto (se da por hecho que todo ha de tener un propsito) del que no somos conscientes los sujetos (pero que es seguramente intrnseco a nuestra condicin de tales). Por esto dice Searle que toda funcin es dependiente del observador (cualquier ente intencional, ya se identifique como sujeto o agente), mientras que la causacin es independiente del mismo. Como vemos, la normatividad es clave para que la intencionalidad colectiva se materialice en hecho institucional, como pongamos por caso ser espaol o marido de Scarlet Johanson. Ahora bien, se trata de la normatividad propia de las normas constitutivas, las cuales regulan las actividades que ellas mismas constituyen otorgando entidad (epistmicamente) objetiva a las diversas situaciones (una misa, una sesin parlamentaria o una fiesta de carnaval). Searle tiene claro que los hechos institucionales slo existen dentro de sistemas de normas de este tipo, as como que stas siempre tienen la misma forma lgica; a saber: X se considera como Y en (el contexto) C. As, pues, forma parte primordial del proceso que da entidad al hecho institucional la asignacin de un estatus a una cosa sobre la base de la intencionalidad colectiva; como que un lienzo de tela coloreado (X) se tenga por una bandera (Y) en el contexto de un desfile militar (C).

Recapitulando y en palabras del propio filsofo norteamericano: la totalidad de la realidad institucional puede explicarse utilizando exactamente estas tres nociones de intencionalidad colectiva, asignacin de funcin y normas constitutivas. Aunque hay que aadir tres ideas ms que completan el modelo explicativo. La primera es que la antes enunciada forma lgica que asigna funcin de estatus puede iterarse; por ejemplo, un edificio (X) se considera como iglesia (Y) en un determinado contexto histrico-cultural C, y ese mismo edificio considerado iglesia (ahora X elevado a un nivel superior de iteracin) se puede considerar catedral (ahora Y, al iterarse) en un nuevo contexto histrico cultural C. La segunda es que el funcionamiento de las instituciones en la vida real es decir, que tengan efecto prctico y emprico exige que no existan aisladamente sino en complejas interrelaciones recprocas; nuestra vida cotidiana depende de ello en asuntos tan triviales como la compra o el empleo. La tercera es que no hay que considerar los hechos en bruto y los hechos institucionales siguiendo la nomenclatura de Searle como hechos independientes y aislados. Como dice l mismo: el propsito y la funcin de la estructura institucional es, de forma tpica, crear y controlar los hechos brutos. La realidad institucional trata de poderes positivos y negativos, que incluyen tanto derechos, autorizaciones, honor y autoridad como obligaciones, deberes, ignominia y sanciones.

Lo ocurrido en Catalua hasta el momento encaja razonablemente bien con el modelo que aqu he expuesto. Instituciones como el gobierno, el estado-nacin y el Derecho son tan epistmicamente objetivas como la gravedad en tanto que la asignacin colectiva de funciones de estatus se acepte y reconozca a lo largo del tiempo. Esto es lo que ha evidenciado el procs hasta el momento. Si ahora se halla en el punto que se encuentra, poco alentador para los que abogan por una Repblica de Catalua, es porque esa intencionalidad colectiva que pretenda asignar una nueva funcin de estatus a la que por ahora se mantiene como comunidad autnoma ha tropezado con el hecho institucional epistmicamente objetivo del estado-nacin Espaa. A juzgar por lo sucedido dirase que dicho hecho es igualmente objetivo para los propios declarantes de la DUI, ya que el da de su proclamacin ni siquiera ejecutaron el significativo acto simblico de quitar la bandera espaola del edificio de la Generalitat, por lo que asuman implcitamente que la tal declaracin era ontolgicamente subjetiva (ntese, dicho sea de paso, lo determinante del lenguaje en estos fenmenos sociales, lo cual merece reflexin propia). Igualmente, por mucho que el seor Puigdemont quiera seguir asignndose el estatus de presidente de la Generalidad no deja de ser un delirio de su parte y de todos aquellos que lo tengan por tal, pues este no es el hecho (institucional) epistmicamente objetivo; con la forma lgica de antes: Carles Puigdemont (X) no tiene asignada la funcin de President (Y) en el contexto de la autonoma catalana (C), que se constituye normativamente de acuerdo y slo de acuerdo con la Constitucin del Estado llamado Espaa (hecho institucional, a su vez, producido como todos segn lo explicado).

La capacidad de los seres humanos para crear realidad es vital desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, pero tambin puede ser fatal en tanto en cuanto de ella brota igualmente el delirio. Como dej escrito el magistral Po Baroja en su lcida novela El rbol de la ciencia , el pragmatismo nacional equivalente a la intencionalidad colectiva debe dejar paso libre a la realidad, porque si se cierra este paso, entonces la normalidad de un pueblo se altera, la atmsfera se enrarece las ideas y los hechos toman perspectivas falsas. En esa interfaz entre los tres mundos popperianos que es la mente se dicta de continuo sentencia mediante el juicio de realidad, ejercicio las ms de las veces inconsciente en nuestro cotidiano existir, pero del que no podemos prescindir para nuestro bienestar. Ejercicio que se sofistica racionalmente cuando se hace ciencia o se filosofa, pero que si se practica al margen de la normatividad lgica posiblemente corra el riesgo de enervarse impulsado por la espontaneidad e inercias psquicas, ambas dos tan sensibles a factores irracionales. Entonces nos acercamos a las puertas del delirio, pudiendo alejarnos de ellas o acabar traspasndolas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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