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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2017

La primera impresin: las juventudes del prismo del viejo siglo

Ricardo Orozco
Rebelin


Este lunes 27 de Noviembre, el primer prista de la nacin, el C. Enrique Pea Nieto, acept la renuncia de Jos Antonio Meade Kuribrea, a la cartera de Hacienda y Crdito Pblico, en un muy breve evento en el que, a pesar de las palabras del presidente de Mxico dispuestas de la manera ms precisa posible para ofrecer un espectculo de razonada familiaridad y proximidad entre ambos personajes, la distancia que media entre uno y otro fue evidenciada por el franco lenguaje corporal del segundo, respecto del primero. Como ya era previsible para el momento del anuncio, ste tuvo su razn de ser en la pretensin de actualizar una de las ms viejas prcticas del prismo caudillista: el destape del sucesor a la silla del guila por palabra y obra del presidente en turno.

Por supuesto, el performance fue, para las juventudes pristas del pas, representativo del carcter inteligente, honorabl y refinado de la manera de hacer poltica en su partido. Pero para cualquiera con un poco de memoria sobre Fidel Velzquez y el cetemismo, el pase de charola o el besamanos presidencial, lo que no dej de trascender fue que lo grotesco del anuncio se fund en un simbolismo que, por un lado, no terminaba de cuajar aquello que con la uncin de Pea Nieto en la primera magistratura federal se bautiz como el PRI del Siglo XXI; y por el otro, tampoco atinaba a resucitar toda la solemnidad con la que las formas cortesanas del caudillismo satur la poltica nacional durante todo el siglo XX.

Y es que, aunque los ms institucionales se atrevieron a afirmar que la decisin de cobijar al nico Secretario de Estado transexenal de la administracin peista se determin, realmente, hasta los momentos en los que, de manera sucesiva, el presidente Pea Nieto anunci la renuncia de Meade a Hacienda y ste, a su vez, manifest su deseo de ser abanderado prista en la contienda electoral de 2018; lo cierto es que el movimiento ya se vea avanzar desde el punto en el que Meade transit de la Cancilleria a la Secretara de Desarrollo Social, y de sta a Hacienda: las dos ltimas siendo los principales engranajes sobre los cuales se echa a andar la maquinaria clientelista del Estado.

Por eso la gran discusin no debera ser (o por lo menos no de manera fundamental) la persona ni la personalidad del presidenciable del Partido Revolucionario Institucional por ms que las distintas tribus y facciones internas de la militancia del partido se esmeren en ofrecerle el mejor halago y la adhesin ms potica a su campaa electoral. De hecho, en estricto, el dato ms trascendental de ese proceso es el hecho de que nunca, en toda la historia del partido, desde su fundacin como Partido Nacional Revolucionario, ningn candidato haba sido comparado con Plutarco Elas Calles; a la manera en que Luis Videgaray, actual Canciller, lo hizo con Meade Kuribrea unos das antes de la renuncia de ste.

Y trasciende porque a pesar de que en el actual punto del sexenio la vocacin prista de Meade no es algo que se encuentre en tela de juicio, o que siquiera se est cuestionando en los sectores ms conservadores del PRI, reafirmar el compromiso de aquel con el instituto poltico no dejaba de ser un acto simblico necesario para saturar la imagen del presidenciable. De ah la importancia de esclarecer que el nico candidato que ha tenido el PRI en su historia, en condicin de no-afiliado ni perteneciente formal a su estructura, sea, al mismo tiempo, el nico, hasta ahora, merecedor de ser comparado, identificado y asimilado con la figura del fundador del partido y verdugo de los resquicios de la guerra civil de principios del siglo.

El gran debate , por lo contrario, se encuentra en la manera en que las generaciones ms jvenes estn experimentando la participacin poltica en su sociedad; en particular, los cuadros de ms reciente formacin en el partido. Y es que, por un lado, no deja de sorprender que en este punto de la historia de Mxico, en el que la realidad se esfuerza por mostrar a cada individuo lo complejas que se estn volviendo todas las dinmicas sociales que se desenvuelven en la cotidianidad, la figura del presidenciable siga siendo sinnimo, sntesis y personificacin de todo cuanto ocurre en el tejido social, como si con conocer la personalidad de un candidato, sus logros acadmicos o el carisma de su pareja sentimental ya se supiera el desarrollo de la sociedad en su conjunto.

No es, por supuesto, que la persona al frente de los principales mecanismos de accin del Estado no importe en absoluto. Ms bien, es el hecho de reducir al conjunto de lo social a la psicologa del caudillo lo que se vuelve problemtico y ms all, claro, de lo que concierne al culto a la personalidad; refinado arte que el alineamiento prista ha llevado permanentemente a sus grados ms estables y puritanos. Cualquier argumento de esta naturaleza, de hecho, slo termina evidenciando una profunda incapacidad para reconocer los mltiples conglomerados de intereses que se ponen en juego y las an ms vastas estructuras que operan en un nmero similar de escalas del entramado social.

Algo de ello se explica por la caracterstica naturaleza del partidismo que exige de sus adeptos la permanente reafirmacin de su sentido de pertenencia a travs de la transferencia del ms burdo de los patrioterismos al culto a la personalidad: el ascenso por la cadena alimenticia de las estructuras del instituto, en particular; y de la vida poltica nacional, en general; depende de ello y del alineamiento que se profese con el ungido.

Luego del anuncio de la renuncia de Meade a Hacienda, las primeras reacciones de los cuadros del prismo no dejaron de resaltar todos aquellos aspectos que se consideran representativos de una persona que es exitosa en cada dimensin de su vida. Los ttulos universitarios y los grados acadmicos con una excesiva reiteracin de aquellos obtenidos en universidades estadounidenses, por ejemplo, son un comn denominador en cada posicionamiento. Pero no slo, pues como si el mostrar rasgos de humildad fuera en realidad una virtud que por s misma amerita el ejercicio de la presidencia a quien la practique en su vida diaria, el resaltar la imagen de Meade como un ciudadano de a pie, de esos que usan el deficiente y saturado sistema de transporte pblico citadino, se vuelve una lugar comn que apela a la identificacin de la miseria propia de un ciudadano con la de alguien como servidor pblico no ha experimentados sus carencias.

Adems, al margen de que las presunciones que resaltan la preparacin acadmica desconocen, de facto, el nmero nada despreciable de legisladores y representantes populares que el partido tiene esparcidos en puestos municipales, estatales y federales sin que los titulares cuenten siquiera con una escolaridad mnima de bachillerato, el posicionamiento resulta un tanto problemtico cuando lo que se coloca de fondo es el hecho de contar con funcionarios pblicos que estn formados con la muy particular matriz educativa que se reproduce en Estados Unidos. Pero ms an, es problemtico cuando se pretende hacer de esa formacin un filtro objetivo del carcter de la persona, suponiendo que un PhD. De Yale o Harvard evitar que el mandatario cometa algn crimen ya en el cargo.

As, la historia desaparece cuando el posicionamiento redunda sobre estas premisas: y de pronto se pierden de vista los mltiples actos de represin que en cada sexenio se han venido cometiendo de manera sistemtica en contra de diversos sectores minoritarios de la poblacin. Pero no slo, pues aunque con pretensiones de no serlo, un marcado carcter clasista se muestra a s mismo cuando el despotismo ilustrado no es suficiente para justificar la grandeza del doctorado en finanzas o en leyes. Y la cuestin es que en un contexto electoral en el que del otro lado del espectro se estn articulando propuestas de ejercicio de lo poltico desde la experiencia de las comunidades indgenas, esa reafirmacin de la escolarizacin del individuo slo termina reproduciendo un muy profundo y aejo racismo en contra de los pueblos originarios de Mxico.

Es as que, de todos los aspectos que est visibilizando la candidatura de Meade, al igual que como ocurri con Donald Trump, algunos de los aspectos ms problemticos son aquellos que no se muestran en su persona, sino, por lo contrario, en las bases que lo apoyan desde el interior de las estructuras del partido. Y es que lo cierto es que Meade es apenas el reflejo de esos procesos de base que se estn articulando de manera permanente y lejos de los reflectores.

El partido, a raz del nombramiento de Enrique Pea Nieto como presidente de la repblica, ha estado apostando por la articulacin de sectores jvenes y femeninos para vender la idea de que en verdad se est diferenciando del viejo PRI en menor medida formando cuadros propios que apelando a los hijos de mediana edad de sus viejas guardias. Sin embargo, lo que se est observando en las reacciones de stos a la candidatura de Meade es que, a pesar de su juventud, la manera de hacer poltica en el prismo no se est modificando ni un poco. La retrica, por supuesto, es otra y apela a otros valores y principios (extrados de un lenguaje con tienes progresistas y New Age ), pero el fin y los medios de ejercer esa accin poltica siguen siendo los mismos.

En especial, la bsqueda del poder por el puro poder es un rasgo que permanece incuestionado en ese ejercicio. En la candidatura de Meade el elemento que se pareca ms palpable es, justo, el que sea realmente la mejor apuesta para vencer a sus contrincantes, y no el ejercicio del poder gubernamental como un medio para subordinar su actuar a los designios colectivos. No es azaroso, en este sentido, que el desprecio al populismo (como burdamente se le conoce a los gobiernos de izquierda en Amrica Latina, sin que tal postura sea verdaderamente populista) obtenga como respuesta, al interior del propio prismo, el apelar a las mayoras electorales pese a que esa mayora sea numricamente una minora.

Como regla general, pues, el principio de que la mejor opcin del partido para ganar la eleccin es la mejor eleccin de la sociedad mexicana para gobernarse por los siguientes seis aos (en el caso presidencial) se mantiene incuestionado. Y mientras no se coloquen en tela de juicio puntos de partida como ese, el funcionamiento del andamiaje, en su totalidad, permanece intacto.

Publicado originalmente en: https://columnamx.blogspot.mx/2017/11/la-primera-impresion-las-juventudes-del.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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