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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2017

El caso Pelayo y el (recurrente) mal manejo de la informacin en la prensa oficial cubana

Jos Ral Gallego Ramos
Cuba Posible


El pasado 9 de noviembre el diario Granma public una escueta nota informativa (ubicada en la parte inferior de la portada), en la que comunicaba la decisin de liberar como director del peridico Granma al compaero Pelayo Terry Cuervo, atendiendo a errores cometidos en el cumplimiento de sus responsabilidades. Nada ms.


Cinco lneas, 45 palabras, 307 caracteres con los que se cerraba un ciclo de cuatro aos de trabajo, se anunciaba el futuro inmediato de la mxima responsabilidad del diario de mayor circulacin en el pas y se daba una muestra ms de las deficiencias que tienen en el manejo de la informacin socialmente relevante quienes trazan y dirigen la poltica informativa de los medios oficiales en Cuba (que dicho sea de paso, no son ni los periodistas, ni los directivos de los medios, sino el Departamento Ideolgico del Comit Central del Partido Comunista de Cuba).

Este trabajo no apunta a develar los motivos por los que fue destituido Pelayo Terry. Personalmente no los conozco, ni estoy en condiciones actualmente de averiguarlos de manera fiable. Ms all del hecho puntual, lo que me interesa es reflexionar sobre lo errneo de este patrn recurrente de mal manejo de la informacin en la prensa oficial y en los efectos negativos que tiene tanto para la sociedad, como para la credibilidad de los propios medios de comunicacin.

Las justificaciones posibles

Lo primero que cabra preguntarse ante la parquedad en torno a una noticia de importancia es: por qu? Y la primera respuesta que cualquiera podra darnos es: porque siempre ha sido as. Y la verdad es que esta nota (des)informativa no tiene nada de diferente a otras en las que se han anunciado destituciones de ministros y sucesos en proceso de investigacin sobre los cuales nunca se vuelve a hablar. O sea, que esta ha sido una prctica habitual, al punto de que el cubano ha ido desarrollando una especie de sexto sentido para leer entre lneas e ir aprendiendo los distintos significados y hechos que pueden ocultarse detrs de palabras y frases como liberacin, sustitucin, larga y penosa enfermedad, por solo citar algunos ejemplos. No obstante, el hecho de que una prctica sea habitual no quiere decir que sea correcta.

Si insistimos preguntando el por qu, podra emerger la clsica repuesta de lnea dura, hermtica, de que son cuestiones internas que a la gente no le importa. Algo realmente fuera de lugar cuando estamos hablando de la direccin de un medio que, aunque rectorado por el Partido, se debe a los intereses populares segn mandato constitucional (artculo 53) y, por tanto, es legtimo el inters por conocer las razones que hacen que sea removido quien durante cuatro aos se encarg de dirigir el principal medio de comunicacin del pas. Adems, dicho medio constituye para muchas personas una fuente importante de noticias y criterios. Sobre todo, el inters se hace an mayor porque no se encuentra en las pginas de Granma, ni en cuanto a temas ni en cuanto a opiniones, nada diferente a lo que aparece en el resto de los medios del pas que pudiera explicar los errores cometidos, ya fueran por osadas o por deficiencias. De hecho, si revisamos los mltiples comentarios a esta Nota Informativa que aparecen en la versin digital del diario, veremos que casi todos coinciden en preguntarse: cules fueron los errores? Vale aclarar que ni siquiera dentro del gremio se tiene certeza absoluta de cul es la naturaleza de los errores cometidos.

Otra respuesta que puede emerger ante el insistente por qu es la tambin clsica pseudo-compasiva para proteger al hombre. Aqu lo primero que habra que aclarar es que la asuncin de responsabilidades pblicas trae implcita una cuota de publicidad relacionada con la rendicin de cuentas sobre las funciones que se deben desempear. Y, en segundo lugar, que el anlisis verdico y responsable de hechos no tiene por qu convertirse en un linchamiento meditico, ni en un ataque personal.

Pero lo ms importante es que este silencio no protege a nadie. Por el contrario, da pie a las ms variadas versiones, tanto de quienes conocen y respetan a Pelayo y consideran injusta la medida, como de quienes han dado riendas sueltas a la imaginacin endilgndole al hombre errores que de seguro son mucho peores que aquellos por los que fue destituido. A estas alturas, el rango de las especulaciones se mueve entre criterios ms o menos afortunados que van desde la publicacin de un error tipogrfico que dio pie a una rebuscada malinterpretacin, atraso en la publicacin de un discurso, la permisin de elogios a Yuliesky Gourriel por su actuacin en la Serie Mundial, o el cometer malos manejos en la administracin. Esa es la proteccin que se quiere? Por favor.

Hace cuatro aos, cuando con otra escueta nota oficial -aunque no tanto como la de ahora- anunciaron la designacin de Pelayo como director del Granma, destacaron su trayectoria como periodista y directivo; sin embargo, ahora solo se mencionan imprecisamente los errores cometidos, que al parecer pesan ms que todo lo que pudo hacer durante su perodo al frente del peridico.

Comparativamente, en trminos de extensin y terminologa, esta es una nota muy similar a aquella con la que destituyeron al general Rogelio Acevedo de la presidencia del Instituto de Aeronutica Civil de Cuba; por lo que, en virtud de ese sexto sentido ya mencionado que nos han hecho desarrollar, alguien -sobre todo alguien que dependa solamente de la informacin que brinda la prensa oficial- pudiera preguntarse si los errores cometidos por ambos son de la misma naturaleza e incluso magnitud. Es justo para Pelayo?

Quedara incluso una ltima explicacin, mucho menos clara, relacionada con aquel argumento tan recurrente de que ahora no es el momento, de que hay cosas que an no se pueden decir; pero es que este no ha sido un caso excepcional, por tanto, tampoco resultara un argumento convincente, ya que al parecer nunca es el momento adecuado y nuestra prensa a veces parece estar regida por una descontextualizacin de aquella frase martiana que justificaba que hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas.

Las posibles verdades

A mi juicio, en este caso tres podran ser las respuestas reales al porqu la falta de informacin respecto a la destitucin del director de Granma. Una, que los supuestos errores de Pelayo no sean tales o al menos no de la magnitud para justificar una medida de esa ndole (por lo que dar detalles de ellos solo traera consigo la reprobacin popular y sobre todo dentro del gremio, donde Pelayo gozaba de simpata en trminos generales). Por cierto, tanto los comentarios publicados en Granma, como en el perfil de Facebook de Pelayo, casi todos dan muestra de solidaridad y respeto hacia l.

Otra respuesta vlida -en el caso de que los errores cometidos justificaran la destitucin- es que sigue primando el sndrome de la plaza sitiada, la idea de no darle armas al enemigo, de pensar que los fallos de los dirigentes sern asumidos como fallas irreversibles e inherentes al sistema, cuando en realidad la publicidad y aclaracin de estas situaciones estaran dando cuenta de la capacidad de vigilancia y autocorreccin del propio sistema.

Y la otra respuesta, es que han sido tantos los aos de secretismo, verticalismo y ausencia de control ciudadano en torno a los temas de alta poltica, que quienes se encargan de estos asuntos ya no saben hacerlo de otra forma y tampoco creen que sea necesario. Siguen inmersos en la insostenible idea de que la informacin y la verdad se pueden retener y aislar eternamente, desconociendo los nuevos escenarios tecnolgicos y sociales en los que estas prcticas resultan mucho ms difciles. Sobre todo cuando la gente ya tiene acceso a mltiples fuentes de verdades -y tambin de mentiras- dispuestas a informar o desinformar de inmediato sobre cada vaco informativo que nuestra prensa deja. A mi juicio, detrs de este nuevo episodio de secretismo y mal manejo de la informacin hay un poco de las tres posibilidades anteriores.

Ms all de Pelayo

Sin embargo, lo pernicioso de estas prcticas trasciende ms all de los posibles daos que acarrean a la persona aludida directamente. Casi todas las tradiciones investigativas que han estudiado las funciones sociales de los medios comunicacin coinciden en sealar el papel fundamental que estos desempean en las sociedades modernas en la interpretacin de los acontecimientos relevantes, garantizar la eficiencia en la adecuada asimilacin de las noticias e impedir la estimulacin excesiva, la ansiedad y la apata (Alsina, 2001; Garca Luis, 2013; McQuail, 2000; Wright, 1960).

En las sociedades modernas, densamente pobladas y donde la amplitud y complejidad de los temas de inters pblico hacen imposible que estos puedan ser conocidos por todos de primera mano, las personas crean una dependencia mayor hacia la informacin que brindan los medios de comunicacin, pues a travs de ellos pueden conocer las distintas aristas del fenmeno, entender en qu medida las soluciones adoptadas se ajustan o desvan de los estndares colectivamente aceptados y, sobre todo, cmo repercute directa o indirectamente en sus vidas.

Al respecto los investigadores Sandra J. Ball-Rokeach y Melvin DeFleur han sealado que uno de los efectos cognitivos que se genera producto de la falta de informacin respecto a un suceso de inters es la creacin de ambigedad:

La ambigedad puede ocurrir producto de la falta de informacin suficiente de la gente para entender el significado de un evento o producto de la falta de informacin adecuada para determinar cul de las mltiples interpretaciones posibles de un evento es la correcta. () Cuando la informacin inicial recabada y trasmitida por los medios es incompleta, la sensacin de ambigedad se crea en los miembros de la audiencia que saben que un evento ha ocurrido, pero que no saben su significado o las maneras de interpretarlo. (Ball-Rokeach y Defleur, 1976, p. 9)

Y est probado desde la Psicologa y las Ciencias de la Comunicacin que esta ausencia de informacin respecto a un asunto de inters es psicolgicamente incmoda para las personas y que buscarn resolverla de algn modo. Una de las vas la mencionan estos investigadores: En muchos casos, la ambigedad resultante de reportes mediticos incompletos o conflictivos es resuelta por informaciones ms completas entregadas por los medios a sus audiencias. (Ball-Rokeach y Defleur, 1976, p. 9)

En el caso cubano ya sabemos que dicha informacin complementaria o aclaratoria no aparecer en ninguno de los otros medios oficiales, ya que todos estn regidos por la misma poltica informativa. Si el Granma, que es el rgano Oficial de quienes dictan dicha poltica informativa, no da explicaciones, pues ser poco probable que algn otro medio lo haga. Entonces, necesariamente, aquellas personas con acceso a otras fuentes, sobre todo aquellas con acceso a Internet, buscarn las respuestas fuera del sistema de medios oficiales cubanos. En algunos casos podrn encontrarse con trabajos serios y responsables, pero mayormente darn de bruces con las especulaciones e interpretaciones parcializadas de un amplio sector meditico cuya finalidad principal es desacreditar al sistema sociopoltico cubano.

Por otro lado, una parte importante de quienes no tienen acceso a Internet, o de quienes la usan con fines fundamentalmente ldicos, acudirn a una segunda va que no es declarada por Ball-Rokeach y DeFleur en su artculo, pero que s fue identificada con temprana sagacidad por Jorge Maach como una de las adicciones esfricas de los cubanos: la bola. La bola, la especulacin, el rumor, el invento, el o decir, el a fulano le dijeron y l me dijo al que pocos podemos escapar, sin importar cul sea nuestro nivel acadmico, sexo o edad.

Y como seal el intelectual cubano de manera magistral hace ya casi un siglo:

El hecho inicuo cuya publicidad se secuestra y que llega a nosotros envuelto en el clandestinaje de una confidencia, nos parece doblemente injusto, suscitando en nuestro nimo una irritacin que por no tener desahogo inmediato crea un resentimiento, es decir, un rencor. Inmediatamente apetecemos la venganza, y la encontramos, no solamente en la repeticin a otros del hecho secreto, sino en el alio truculento de esa noticia y el aditamento de intervenciones que ya tienen, francamente y casi sin que nosotros mismos lo advirtamos, la categora de bola. (Maach, 2006, p.70)

Y pudiramos hacer un extenso inventario de los rumores que ya se han establecido como verdades indiscutidas en el acervo colectivo de los cubanos, precisamente porque los medios de comunicacin o la historia oficial no han sabido, no han querido o no han podido, hacerles frente.

Una investigacin de licenciatura realizada hace poco en la Universidad de Camagey (Anazco, 2014) demostr empricamente (a partir de la observacin de casos concretos), cmo la intervencin oportuna de los medios de comunicacin poda evitar la propagacin de rumores. En tanto, cuando estos se mantenan al margen o esquivaban los climas de opinin que se formaban en la poblacin ante determinados sucesos o sospechas, era cuando ms proliferaban y se extendan las explicaciones alternativas. Por supuesto, que esta ltima fue la tendencia que ms prim en el estudio, aun cuando eran temas que perfectamente podan haber sido abordados por los medios, evitando las consecuencias nocivas que generaban rumores relacionados con la escasez de productos, la eliminacin de la dualidad monetaria y otros.

No obstante, tanto en el caso de que la audiencia acuda a otros medios o a los rumores como fuente de informacin, la consecuencia negativa constante es que los medios cubanos (y quienes los dirigen), pierden la oportunidad de dar su versin de los hechos, de fijar rutas de interpretacin, de evitar malentendidos e inquietudes en la poblacin, de dar primero como se dice popularmente. O sea, que pierden ese recurso tan valioso dentro del periodismo y la poltica que es la credibilidad. Pero sobre todo, continan cediendo cada vez ms sectores de audiencia que, poco a poco, van aprendiendo dnde deben buscar la informacin y dnde no, pues sea esta del tipo que sea, al menos resultar mejor que nada. Como dicen en las ciencias fsicas: la naturaleza aborrece el vaco.

Pero lo peor es que una vez ms se pone en evidencia que la prctica cotidiana contradice al discurso oficial relacionado con la prensa y el periodismo. Mientras desde la ms alta direccin del Partido insisten en terminar con el secretismo, desde el propio rgano Oficial del Comit Central del Partido Comunista de Cuba cuya poltica informativa es trazada precisamente por esa alta direccin del Partido y su Departamento Ideolgico- se evidencia y reproduce cotidianamente la ausencia de informacin y los enfoques incompletos, que en el fondo, no representan otra cosa que la falta de confianza hacia esa cultura poltica y compromiso de los cubanos con la Revolucin que constantemente se machaca desde el discurso, contribuyendo as a reproducir la apata, la desmotivacin, la falta de espritu crtico y de debate que tanto laceran hoy a una parte considerable de la esfera pblica cubana.

Y lo que resulta verdaderamente frustrante es que estos no son errores producto del desconocimiento, sino de actitudes polticas. Cuba posee un capital intelectual valiossimo y numerosos investigadores que conocen al dedillo las consecuencias de estos malos manejos. Los archivos de las universidades cubanas estn abarrotados de tesis que analizan estas situaciones; los periodistas lo plantean una y otra vez en los congresos del gremio. Recientemente acaban de concluir dos eventos (el Taller de Gestin de Medios y el Encuentro Internacional de Investigadores de la Comunicacin), donde se presentaron ponencias relacionadas con estos temas. Incluso, participan en todos estos eventos quienes se encargan de disear y controlar la poltica informativa de los medios. Sin embargo, en la prctica, la esencia del problema no cambia, ms all de algn destello pasajero de tipo experimental. Resulta difcil, entonces, pensar en esa sociedad ms democrtica, participativa, transparente e inclusiva a la que estamos aspirando en tanto esos valores no lleguen, se reflejen e incentiven desde nuestros medios de comunicacin.

Referencias:

Alsina, M. R. (2001). Teoras de la Comunicacin. mbitos, Mtodos y Perspectivas. Barcelona: Universitat Autnoma de Barcelona.

Anazco, F. (2014). Eso que anda Un estudio sobre la influencia del rumor en la construccin de la agenda meditica camageyana. (Tesis de Licenciatura), Universidad de Camagey Ignacio Agramonte Loynaz, Camagey, Cuba.

Ball-Rokeach, S., & DeFleur, M. L. (1976). A Dependency Model of Mass-Media Effects. Communication Research, 3(1), 3-21. doi: 10.1177/009365027600300101.

Garca Luis, J. (2013). Revolucin, Socialismo, Periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente.

Fuente: http://cubaposible.com/caso-pelayo-informacion-prensa-cubana/



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