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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2005

Mucho dinero para la Iglesia espaola

Luis de Sebastin
El Peridico de Catalua


Empezaremos esta reflexin sobre un tema tan discutido comentando dos hechos probados. El primero es que la Iglesia catlica es la nica confesin religiosa de las que existen en el territorio espaol que no se autofinancia. El segundo es que en ningn pas desarrollado del mundo el Estado financia a la catlica, o a otras iglesias, en una medida tan generosa como lo hace el Estado espaol. Algunos no lo hacen en absoluto. Gran parte del problema de la financiacin de la Iglesia espaola surge del primer hecho. Los catlicos no sostienen adecuadamente a su Iglesia, como debieran en un Estado no confesional, en el cual la Constitucin consagra la separacin de todas las iglesias y del Estado. Con las aportaciones de los catlicos no se podran pagar los sueldos de las personas (clrigos y seglares) que mantienen funcionando la institucin, ni los gastos en formacin, equipos, viajes, publicaciones y dems costos de funcionamiento de la organizacin eclesistica. Sin financiacin externa, la Iglesia no podra funcionar. Esto es una vergenza para los creyentes, y un defecto o un malentendido en la relacin entre la Iglesia y sus fieles, cuyas consecuencias econmicas no debieran echarse sin ms sobre las espaldas de las autoridades civiles.

EL ESTADO financia generosamente a la Iglesia catlica. En el acuerdo suscrito en 1979, sta se comprometa a buscar la autofinanciacin, por lo menos de sus operaciones internas, aunque no necesariamente de los servicios que da a la sociedad. La autofinanciacin continua siendo un sueo o una vana promesa. El Estado espera paciente a que la Iglesia cumpla su promesa y mientras tanto paga. Las aportaciones del Gobierno espaol son de cinco clases. Primera. El Ejecutivo dona y recauda el impuesto eclesistico: el 0,52% del IRPF que los contribuyentes asignan voluntariamente a la Iglesia catlica. El Estado no slo cede una pequea parte (la cual, si todos pagaran lo que deben, sera una cantidad considerable) de un impuesto al que tiene derecho exclusivo, sino que ahorra los costos de recaudacin a la Iglesia y le asegura un nivel de ingresos que de otra manera sta no recogera. Segunda. El Estado complementa con aportaciones directas del erario pblico lo que falta para llegar al nivel comprometido en el presupuesto anual (150 millones de euros en el 2005). Las aportaciones de los fieles no suelen superar en mucho los 100 millones de euros, por lo que este ao el resto, de unos 40 o 50 millones de euros, ser una aportacin directa del Estado. Tercera. El Estado exime a la organizacin eclesial de varios impuestos: IVA (lo cual no agrada a la Unin Europea), IBI (sobre los muchos inmuebles que posee), sociedades, patrimonio, sucesiones y donaciones (importante para la Iglesia por las herencias que recibe). Constituyen estas renuncias fiscales una discriminacin positiva a favor de la Iglesia catlica, que no se suele mencionar cuando se habla de su financiacin, pero suponen muchos cientos o miles de millones de euros cedidos por las administraciones pblicas a la Iglesia. Cuarta. El Estado destina unos 500 millones de euros para pagar a los profesores de Religin en las escuelas pblicas y a los capellanes en hospitales, prisiones y cuarteles. Paga asimismo por la conservacin de monumentos y obras de arte que son patrimonio de la Iglesia. Quinta. El Estado paga ms de 2.000 millones de euros a las rdenes religiosas que regentan las escuelas concertadas. Es la cifra que da el vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes. Por otra parte, algunas administraciones pblicas --comunidades autnomas y ayuntamientos-- contribuyen a financiar instituciones de la Iglesia que se dedican a obras de beneficencia (hospitales, asilos, orfelinatos y centros de caridad). A estos servicios que prestan las instituciones eclesisticas se les paga de la misma manera que a los dems proveedores de servicios pblicos. Hay que reconocer que estas obras asistenciales de la Iglesia ahorran costos --y quebraderos de cabeza-- a las administraciones. No quiz en la cuanta extrema que a veces se menciona (30.000 millones de euros es una absurda exageracin!), pero s en una parte importante.

AHORA LA cuestin es si esta situacin va a continuar o va a cambiar. El principal criterio para decidirlo es ver si la Iglesia catlica emplea la financiacin que recibe de todos los ciudadanos en beneficio exclusivo de sus fieles o tambin en beneficio de toda la sociedad. Dado que el dinero pblico es dinero del pblico, muchos ciudadanos que no son catlicos pero s contribuyentes al erario pblico pueden pedir cuentas a la Iglesia de cmo usa sus contribuciones. Por poner un ejemplo de mal uso eclesial del dinero pblico, es una vergenza que parte de los aportaciones de los contribuyentes, aunque sea una porcin pequea, se dedique a financiar a una emisora de radio y a unos periodistas que han hecho misin de sus vidas el insultar y calumniar a los miembros del Gobierno actual y a quienes lo apoyan. Cuestin aparte es lo que hace la Iglesia catlica con los ingresos de sus posesiones en tierras, inmuebles, fondos de inversin (tipo Gescartera), acciones y otros tipos de activos. La institucin eclesistica no es pobre. A qu dedica los rditos de su inmenso patrimonio? Los destina a acumular riquezas para asegurarse un posible futuro incierto? O los acumula para dar a las misiones extranjeras y a los pobres de tierras lejanas? En todo caso, a los contribuyentes que ponen de sus bolsillos el dinero que el Estado da a la Iglesia les gustara ver sus cuentas y balances.

Luis de Sebastin, es exjesuita y Catedrtico de Economa de ESADE



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