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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2017

Una solucin prctica al inmenso problema de la desigualdad

Luis Molina Temboury
Economistas frente a la crisis


Los sntomas del colapso del sistema global son ya demasiado evidentes. Se vea venir, porque la libertad de enriquecerse sin lmite tiene como resultado predecible que personajes de ambicin desproporcionada, pobre discernimiento y nula empata, acaben por imponer su agenda sobre otras aspiraciones ms razonables de los dems. En la cspide del poder no hay lugar para esos buenos grandes ricos que quieren pagar impuestos, como tampoco lo habra para piadosos asesinos si hubiese libertad de asesinar.

Organizar una sociedad eficaz y sostenible requiere aplicar regulaciones sensatas. Y asumir que cualquiera pueda enriquecerse hasta el infinito tiene poca sensatez. Por ello los rcords del disparate: en 2016, el 1% de la poblacin mundial atesoraba ms de la mitad de la riqueza global, y la mitad de la poblacin mundial sumaba lo mismo que las ocho personas ms ricas del mundo.

Los ocho magnficos son todos varones, como la gran mayora de grandes ricos. Tener siempre ms es cosa de machos. Sufrir las consecuencias de tal pretensin, pobreza, injusticia y violencia, es ms de mujeres y nios. Eso indica la estadstica, aunque igual es casualidad.

Los datos estadsticos sobre la desigualdad son escurridizos y misteriosos, pero una fuente extraoficialcalcula que 2.024 personas en el mundo poseen propiedades por encima de los mil millones de dlares adems de su primera vivienda. Se dice que esos dos mil son gente estupenda, que por algo son triunfadores, as que podemos dormir tranquilos. Con la economa en plena libertad las buenas intenciones de los triunfadores triunfarn. Adems, los polticos sabrn evitar posibles abusos. Para eso estn. Confiemos pues en Putin, Donald Trump, Abdulaziz, Erdogan, Babis, Kim Jong-un todos ellos, por cierto, en la lista de los 2.024. Igual es tambin casualidad.

Quienes controlan la economa mundial son muy pocos, y desde luego no son el 1% del famoso eslogan. Habra que poner varios ceros tras el cero y el decimal. Segn la citada fuente estadstica, el 0,18% de la poblacin mundial, unos trece millones y medio de personas, posee ms de un milln de dlares de patrimonio sin contar su primera vivienda. Alrededor de medio milln de personas poseen ms de diez millones de dlares. Unas ciento noventa mil personas tendran ms de 30 millones de dlares, cerca de veinticuatro mil ms de 100 millones y esos 2.024 afortunados ms de mil millones.

El 0,18% al completo, visto el panorama global, tiene motivos para celebrar su nivel de vida, pero son pocos, insisto, los que tienen poder de control sobre la economa. Y no me refiero ahora a esos multimillonarios que casualmente son dirigentes polticos o viceversa, sino exclusivamente al poder econmico derivado del capital personal.

Con un milln de dlares adems de la vivienda se vive muy bien, pero de controlar, poca cosa. Diez millones proporcionan alguna capacidad de influencia econmica, sobre todo en pases poco desarrollados. Tener ms de treinta millones de dlares supone ya estar entre los ultrarricos (ultra high net worth individuals o UHNWIs, dicen los anglosajones), lo que permite intervenir con xito en alguna parcela de poder econmico, aunque sea pequea.

Con cien millones de dlares quien no influye sobre la economa para aumentar su fortuna es porque no quiere. Muchos quieren y lo hacen. Para eso vienen bien los parasos fiscales, las puertas giratorias, los centros de negocios y think tanks neoliberales, los mercados financieros, la especulacin, el control de los medios de comunicacin, de las empresas estratgicas y los gobiernos o los sobornos y la corrupcin, que chicos malos siempre puede haber.

Con ms de mil millones aleluya! puede uno contarse entre los amos del mundo, y ni qu decir si por casualidad se est en la poltica como presidente de una gran potencia. As es.

Con tan brutal concentracin de poder econmico en tan pocas manos y sabiendo quines son y a qu se dedican, a alguien le extraa que solventar cuestiones tan de sentido comn como acabar con los negocios de la guerra, superar un modelo energtico que ha provocado un cambio climtico planetario, garantizar a todos agua, alimentos, educacin y sanidad, o simplemente echar el cierre a los parasos fiscales parezcan imposibles?

En nuestro querido planeta, la riqueza fastuosa de una lite minscula convive con la penuria y desgracia de una sufrida mayora de los terrcolas. De todas las especies pensantes que pueda haber en el cosmos debemos ser la nica que ha desarrollado su tecnologa sobre una base organizativa tan tosca, que se condense en unos resultados tan desalentadores y que mantenga al timn a representantes tan imprudentes. En este mojn galctico llamamos a esa organizacin Economa capitalista.

Tolerar pretensiones abusivas, la ambicin ilimitada es una de ellas, culmina en un rgimen de pesadilla. En el patio de un colegio o en un planeta entero. Pero, que nadie se equivoque, las personas que acumulan inmenso poder econmico y, a travs de l, creciente poder de cualquier tipo, no son, en absoluto, responsables por lo que ocurre. Seamos justos. Si es lcito acumular patrimonio sin fin, no hay nada que reprocharles.

Por no haber establecido un lmite a la codicia, la desigualdad extrema y creciente es hoy el mayor de los problemas en cualquier lugar del mundo. Por encima y por delante del cambio climtico que atenaza el futuro de todas las especies del planeta, porque no es posible revertir la destruccin ecolgica en una sociedad crecientemente desigual. Lo estamos viendo.

Hay esperanza? Pues en teora parece que s. Estableciendo un lmite al patrimonio personal podramos evitar el ascenso hacia la cspide del poder de la ambicin desmesurada y patolgica. Hace largo tiempo que usamos la democracia para intentar restringir la ambicin poltica insaciable, pero la ambicin econmica est sin acotar. Ese es el problema crucial a resolver.

Establecer una limitacin generalizada al patrimonio no tendra contraindicacin alguna. Al contrario, todo seran ventajas. Porque la fuerza motriz del capitalismo no es la concentracin de capital personal(patrimonio) sino la concentracin de capital empresarial. La concentracin excesiva del primero tiende a vulnerar la libre competencia y la igualdad de oportunidades, al abuso de poder. La concentracin del segundo slo es perjudicial cuando sirve al primero, cuando queda fuera del control de los intereses de la sociedad, pero no es un problema per se. De hecho, la acumulacin de capital empresarial, privado o pblico, podra ser nuestra ltima tabla de salvacin para frenar el cambio climtico o para paliar emergencias mayoritarias (distribuir alimentos o rentas mnimas, por ejemplo). O para que unos pocos, asumiendo un estrepitoso fracaso organizativo, puedan huir a Alpha Centauri, como propone Stephen Hawking.

Cunto habra que limitar el patrimonio? Si la limitacin fuese global, 100 millones de dlares por persona (excluida la primera vivienda) parecera un mnimo razonable. O mejor hasta los 30 millones. O hasta los diez millones si se decidiese localmente (esta es la cifra que sugiere Christian Felber en el punto ocho de su modelo de Economa del Bien Comn). O incluso hasta un milln, ya que el estado de la desigualdad requiere un cambio brusco de rumbo.

Hoy da nadie puede estar seguro de la cifra ptima de limitacin del patrimonio, porque podra suscitar fuertes resistencias o, tal vez, al contrario, insospechados e influyentes impulsores. Podramos aproximar esa cifra mediante una campaa pblica y abierta que sondease la opinin de polticos, economistas, famosos, gente corriente y tambin de los grandes ricos, claro est, sobre esa hipottica posibilidad. Sera interesante.

Para aplicar la mxima prudencia en la transicin hacia un sistema que revierta la desigualdad, el lmite mximo podra ser, para empezar, tan alto como los mil millones de dlares. O diez mil millones de dlares por qu no? Lo importante es asumir que en algn punto hay que parar. Porque es seguro que bajo el capitalismo antes o despus habr que establecer un lmite al patrimonio. Una organizacin edificada sobre una norma tan irracional como el enriquecimiento personal ilimitado es inviable y peligrosa. Una broma de muy mal gusto.

En su libro La crisis del capital en el siglo XXI dice Piketty Librado a s mismo, el capitalismo nos lleva con naturalidad a las catstrofes, ya que es profundamente inestable y antiigualitario. Parece, pues, que convendra aplicar algn ajuste para evitar esa catstrofe capitalista que se presiente. Y sera bueno que el ajuste fuese fcil de entender, prctico y de sentido comn, no esa jerga tan de moda entre los economistas. Para reconocer que la desigualdad es un problema no hacen falta frmulas matemticas. Basta con observar la ostentacin de los multimillonarios, las estrecheces de las legiones de pobres o el curioso perfil psicolgico de esos grandes polticos que guan nuestro futuro.

Evitar el abuso progresivo de poder es tambin cuestin de libertad. Ya en 1944 el antroplogo y filsofo Karl Polanyi, autor de una obra tan esclarecedora para los economistas como La Gran Transformacin, alertaba de que la libertad plena del mercado nunca existi ni existir, y en su ltimo captulo (La libertad en una sociedad compleja) explicaba que las clases acomodadas no estn interesadas en extender la libertad que ellas disfrutan al resto de la poblacin. Los ricos perciben las imposiciones (impuestos progresivos, por ejemplo) como si fuesen dirigidas contra ellos, pero deben comprender que aceptarlas es condicin para que los dems obtengan su cuota mnima aceptable de libertad. Una pretensin individualista profundamente egosta y absurda no debiera condicionar la libertad de la mayora.

La economa no es una maquinaria imparcial ni un medio ambiente casual. El capitalismo global que los economistas hemos inventado, diseado y puesto en prctica ha desencadenado un cambio climtico que amenaza con ser irreversible. Tambin una desigualdad extrema y creciente que impulsa un agudo desequilibrio de poder y aumenta dramticamente la probabilidad del apocalipsis nuclear.

Deberamos tomarnos en serio solucionar el terrible desaguisado que nosotros mismos, economistas, hemos organizado. Tal vez habra que imponer un impuesto global y progresivo al patrimonio, como propone Piketty. O extender con urgencia la Economa del Bien Comn de Felber. O aplicar esa economa ms humana que propone OXFAM-Intermn. O quizs algo ms sencillo de explicar y de intuir su razn, como establecer un lmite al patrimonio.

Encontrar solucin al problema ms grave de nuestro tiempo, la extrema desigualdad, parece de gente sensata, aunque a algunos economistas imbuidos de espritu cientfico les cueste creerlo. La ciencia, como el gato de Schrdinger, puede resultar extraa a la razn colectiva, pero todo el mundo entiende que para no morir de hambre hay que comer. Ochocientos quince millones de personas afrontan hoy ese problema. Cosas de economistas.

Fuente: https://economistasfrentealacrisis.com/una-solucion-practica-al-inmenso-problema-de-la-desigualdad/

 



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