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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2017

Catalanismo y revolucin burguesa

Jordi Sol Tura
Topoexpress


Ha pasado algn tiempo desde que se public la primera edicin castellana de esta obra y un poco ms todava desde que redact el prefacio y la Introduccin para dicha edicin. Desde entonces, el panorama bibliogrfico sobre las cuestiones histricas, que constituyen el trasfondo de mi anlisis del nacionalismo burgus cataln se ha enriquecido notablemente. Esto se ha traducido en un mejor conocimiento de los antecedentes prximos de la actual formacin social espaola. Y un mejor conocimiento significa nuevos estmulos para la reflexin.

Confieso que he tenido algunas dudas a la hora de dar mi acuerdo para imprimir esa segunda edicin. Hay cosas que me gustara retocar, perfilar mejor. Quiz suprimira algunas y, desde luego, aadira bastantes.

Si finalmente he accedido a publicar la segunda edicin sin ms aadido que este nuevo prefacio, ha sido tanto por las razones de urgencia esgrimidas por la direccin de EDICUSA como porque sigo estando bsicamente de acuerdo con las tesis presentadas en el libro.

Debo decir claramente que el conocimiento de nuevos datos y la reflexin sobre nuestra realidad histrica no han hecho sino confirmarme la validez de mi planteamiento general de la cuestin del nacionalismo burgus cataln. Creo, en cambio, que habra que matizar algunas cuestiones concretas.

La primera de ellas es, desde luego, la que se refiere a la nocin misma de revolucin burguesa. En la introduccin a la primera edicin, intento superar la nocin excesivamente mecnica de la misma, que yo mismo haba manejado en la edicin catalana y que sigue siendo utilizada todava por ms de un autor. Creo, sin embargo, que las matizaciones y que el planteamiento mismo del concepto de revolucin burguesa, en relacin con la experiencia histrica espaola, sigue pecando de mecanicismo.
Puede decirse que en nuestro panorama historiogrfico y poltico se manejan hoy tres grandes concepciones de este mismo problema. Para algunos, que cada vez son menos, la revolucin burguesa todava estara por hacer en lo fundamental y la tarea ms inmediata sera la liquidacin de los residuos feudales. Para otros, la revolucin burguesa termin prcticamente con el desmantelamiento jurdico de las instituciones del rgimen seorial, en los aos treinta del siglo XIX. Para otros, en fin, la revolucin burguesa es el hilo conductor de la historia del silgo XIX y tambin del XX. El proceso de esta revolucin se inicia, efectivamente, con el desmantelamiento de las instituciones del rgimen seorial, pero se prolonga de manera compleja y tortuosa, con grandes desviaciones y hasta retrocesos a lo largo del siglo XIX y del XX, en una larga fase de transicin que acaba imponiendo la hegemona

del modo de produccin capitalista, tanto al nivel de las relaciones de produccin como en la esfera poltica y en la ideolgica.

Yo no comparto, desde luego, la primera posicin. Pensar que hoy todava est pendiente la tarea de liquidar la Espaa feudal es un dogmatismo estrecho y sin horizontes. Una mnima comprensin de los cambios ocurridos en nuestra formacin social muestra que los residuos de las formas de tenencia y de explotacin de la tierra y los restos de produccin precapitalista en la manufactura no tienen hoy ninguna autonoma frente al impetuoso desarrollo del capitalismo monopolista. Su subordinacin es total y, en consecuencia, constituyen verdaderos sectores secundarios de la formacin social capitalista espaola, marcada por el predominio del capital monopolista.

La segunda posicin traduce, a mi entender, una cierta incomprensin de la nocin misma de revolucin burguesa. Esta no es ni un acto sbito ni se reduce al desmantelamiento jurdico de las instituciones del antiguo rgimen. Como ha escrito K. Marx:

El rgimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condiciones de realizacin de su trabajo). Cuando ya se mueve por sus propios pies la produccin capitalista, no solo mantiene este divorcio, sino que lo reproduce y acenta en una escala cada vez mayor. Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo solo puede ser uno: el proceso de disociacin entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo, proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales de vida y de produccin, mientras de otra convierte a los productores en obreros asalariados. La llamada acumulacin originaria no es, pues, ms que el proceso histrico de disociacin entre el productor y los medios de produccin. Se la llama originaria porque forma la prehistoria del capital y del rgimen capitalista de produccin. ( ) Por eso, en uno de sus aspectos, el movimiento histrico que convierte a los productores en obreros asalariados, representa la liberacin de la servidumbre y la coaccin gremial y este aspecto es el nico que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recin emancipados solo pueden convertirse en vendedores de s mismo una vez que se ven despojados de todos sus medios de produccin y de todas las garantas de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban.

Qu significa esto? Que el desmantelamiento de las bases jurdicas del rgimen seorial es una base necesaria, pero no suficiente, para la transformacin del modo de produccin capitalista en modo de produccin dominante. Para decirlo de otra manera: el desmantelamiento jurdico del rgimen seorial o en palabras de Marx, la liberacin de la servidumbre u de la coaccin gremial o es suficiente por s misma para transformar las relaciones de produccin en relaciones de produccin capitalistas. El problema real es el otro: la disociacin entre el productor y los medios de produccin. Y este, problema no se resuelve solo en el plano jurdico, ni tampoco nicamente en el econmico. El proceso de la revolucin burguesa, es decir, del desarrollo del modo de produccin capitalista y de su transformacin en el modo de produccin dominante en el seno de una formacin social, debe seguirse en todos los niveles de una formacin. Si en algo han insistido Marx, Engels y los clsicos ulteriores es en la indestructible relacin dialctica, en el mutuo condicionamiento de los niveles estructural y superestructural.

Quiero recordar, simplemente, un hecho que ha sido, sin duda, uno de los ms discutidos en la reciente produccin historiogrfica. La materia empieza a conocerse hoy mucho mejor, gracias, sobre todo, a las recientes aportaciones de Artola, Fontano, Lzaro, Toms Valiente, Simn Segura y otros.

Pues bien, desde el punto de vista de la lucha de las diversas clases, el resultado fundamental de la desamortizacin, de la reforma agraria liberal, como la ha llamado acertadamente Josep Fontana, fue lo que otro historiador, J. Nadal ha llamado un revelo de oligarquas. El mismo Fontana habla del fracaso de la reforma agraria liberal del siglo XIX y explica que la aristocracia latifundista sali del trance con su riqueza y podero intactos, si no acrecentados. Sintetizando, podramos decir que la vieja nobleza seorial se convirti en oligarqua terrateniente y emprendi activamente la transformacin de los antiguos tributos seoriales en renta.

Ese proceso no se cumpli sbitamente, ni creo que puede decirse que la transformacin jurdica de la antigua posesin seorial en propiedad capitalista  se cumpliese con la mera liquidacin de las principales instituciones del Antiguo Rgimen. La desamortizacin cre las condiciones para esa transformacin, fue la base que permiti transformar las relaciones de produccin seoriales en relaciones  de produccin capitalistas.

Pero la misma permanencia de la nobleza seorial como clase dominante bajo la fomia de oligarqua terrateniente muestra que, pese a los cambios jurdicos, las relaciones de produccin en el campo se transformaron con relativa lentitud. Solo as se explica, a mi entender, que la expulsin de campesinos de la tierra y su transformacin en fuerza de trabajo industrial, en proletariado, fuese tan lenta a lo largo del siglo XIX.

Quiero decir con esto, y sin nimo de entrar ahora en un anlisis exhaustivo de la cuestin, que el desmantelamiento jurdico de las instituciones del Antiguo Rgimen abri un largo y complejo proceso de transicin: Esta transicin termin, efectivamente, con la implantacin del modo de produccin capitalista como mtodo de produccin dominante.

Este proceso de transicin es el que se designa con el nombre de revolucin burguesa. A m, particularmente no me gusta mucho el trmino revolucin burguesa, porque induce a equvoco y, sobre todo, porque hace correr el riesgo de liquidar con un concepto una cuestin que debe seguirse en diversos planos a lo largo de todo un perodo histrico.

En nuestro pas, concretamente, el problema no consiste, pues, en saber si la revolucin burguesa se hizo ya en los aos treinta, sino en analizar cmo se desarroll el modo de produccin capitalista a partir del desmantelamiento jurdico del Antiguo Rgimen. Y en este sentido, es fundamental no perder jams de vista que ese proceso de transicin se hizo bajo la direccin poltica y la hegemona econmica de una clase que, en gran parte, se nutra de la vieja nobleza seorial, con sus posiciones econmicas y sociales prcticamente intactas.

En funcin de esto, es posible hablar de revolucin burguesa frustrada. No porque se frustrase el avance del capitalismo como modo de produccin dominante, sino porqu se frustraba el acceso de la burguesa industrial y financiera a la condicin de clase hegemnica en el conjunto de las clases dominantes. Y si este acceso se frustr en repetidas ocasiones a lo largo del siglo XIX y del XX, la razn fundamental se debi, fundamental, a la debilidad de las estructuras mismas del capitalismo y a la debilidad poltica e ideolgica de las clases que mejor podan haber acelerado el desarrollo del capitalismo.

Esto no significa que la burguesa industrial y la burguesa financiera estuviesen siempre  ausentes del poder. Significa nicamente que el acceso de la burguesa financiera, primero, y de la burguesa industrial despus, a  las instancias supremas del poder se hizo tardamente, a costa de importantsimos compromisos con la oligarqua terrateniente y cuando  la necesidad fundamental no era ya tanto acelerar la transicin al capitalismo como sentar las bases de desarrollo de la acumulacin monopolista en el seno de un sistema capitalista mundial entrado ya en su fase imperialista.

En este sentido, creo necesario disipar un equvoco que puede  surgir con la lectura de la introduccin a la primera edicin de este libro. Se dice en un par de ocasiones (en la pgina 17 de la primera edicin) que hasta hace poco no se haba conseguido implantar en Espaa el modo de produccin capitalista como modo de produccin dominante, que hasta hace poco las estructuras semifeudales en el campo y la pequea produccin haban tenido un peso decisivo y que todo esto se ha modificado sustancialmente a partir de la dcada de los cuarenta.

Creo que estas frmulas pueden inducir a error. Pueden dar, concretamente, la falsa impresin de que el capitalismo solo se ha impuesto como modo de produccin dominante a partir de los aos cuarenta y que, en consecuencia, antes lo predominante era la combinacin de residuos precapitalistas. Esto es, evidentemente, insostenible. Lo que se ha desarrollado decisivamente a partir de los aos cuarenta no es el modo de produccin capitalista, que ya era dominante mucho antes, sino la acumulacin monopolista, el desarrollo del capitalismo monopolista. Esto ha modificado profundamente la correlacin entre todas las clases sociales y ha desplazado a la oligarqua terrateniente en la medida que subsiste como tal a una posicin secundaria entre las clases dominantes. Pero es indudable que antes de 1936 exista ya una burguesa financiera-industrial (o financiera en sentido estricto) que comparta la hegemona con la oligarqua terrateniente. 9Lo comparta digo, no que lo ejerca sola. Esto es un indicio de debilidad, pero no de carencia de poder. En todo caso, la historia poltica de nuestro pas hasta 1936 se podra resumir como la historia de la incapacidad de las clases dominantes para forjar los instrumentos polticos que necesitaban para consolidar la acumulacin capitalista y abrir la fase del capital monopolista.

He credo necesario aadir estas precisiones para disipar equvocos y no abrir falsas polmicas, no para agotar la cuestin. Ya he dicho que esta es actualmente la cuestin clave de nuestra historiografa econmica y poltica sobre los siglos XIX y XX y sera pueril pretender sentar ctedra y dar la cosa por resuelta con unas cuantas reflexiones generales. Las lneas que anteceden son, en realidad, apuntes metodolgicos que exigen un desarrollo ulterior. Esta es, en todo caso, una de las tareas que me propongo abordar en el prximo futuro.

No quisiera terminar estas pginas sin aludir a otra cuestin. En el prefacio a la primera edicin castellana hablo de una nueva burguesa catalana neocapitalista, y parece como si fuese sta la impulsora actual del nacionalismo cataln. Quiz pudo pensarse esto hace algunos aos. Ahora creo que las cosas son distintas.

Esta burguesa que entonces llam neocapitalista trmino impropio a todas luces es, en realidad, un sector de la burguesa media catalana. Es cierto que esta burguesa media ha jugado durante un tiempo la carta catalanista y solo algn sector minoritario de ella ha tomado posiciones claramente nacionalistas.

Pero la burguesa media catalana se encuentra actualmente sometida a una importante contradiccin. O bien pretende encabezar un movimiento catalanista (ms regionalista que nacionalista) y entonces tiene que limitar su propia expansin como sector de las clases dominantes, marcando distancias respecto al capital monopolista y respecto al Estado. O bien tiene que reforzarse negociando con algunos sectores del gran capital y entonces no puede permanecer alejada del Estado ni jugar a fondo la carta catalanista.

Esta contradiccin no es fcil de resolver y por eso se ve hoy a la burguesa media catalana actuando en orden disperso. Los anuncios de apertura del sistema acentuarn esta dispersin y harn todava ms fluidas sus fronteras polticas con el gran capital.

Por eso los planteamientos catalanistas en sentido amplio y los estrictamente nacionalistas son ya, pero sern todava ms, patrimonio de la pequea burguesa y de algunos sectores populares. Esto introduce ciertos cambios en el panorama general, sobre todo teniendo en cuenta la fase en que est entrando la vida poltica espaola. Aunque ciertos sectores de la burguesa media seguirn estando presentes en el contexto poltico del catalanismo, creo que el centro de gravedad se ha desplazado ya y se desplazar cada vez ms hacia otros sectores de mayor empuje democrtico.

Hay otras cuestiones menores que me gustara precisar ms o matizar. Pero el tiempo apremia, el espacio es corto y creo que con decir lo ms importante basta. Por lo dems, no hay que olvidar que el autor de un libro no termina su evolucin intelectual con el mismo. Cada libro es una etapa de esa evolucin y lo importante es que las etapas ulteriores enriquezcan la primera reflexin, sin veneraciones dogmticas hacia el pasado de uno mismo. Lo que se ha escrito, escrito est. Pero si el conocimiento de nuevos datos obligan al autor a modificar lo que un da escribi, su primer deber es decirlo claramente. Y hacerlo.

Jordi Sol Tura, Universidad de Barcelona, 1 de marzo de 1974. Prefacio a la 2 edicin de Catalanismo y revolucin burguesa

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/catalanismo-revolucion-burguesa/

 


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