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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2005

El patriotismo de un mdico militar

Alberto Piris
La Estrella Digital


Las operaciones militares de EEUU en Iraq empiezan a ser examinadas con menos prejuicios y se est levantando el velo que ha venido encubriendo actividades muy rechazables: prctica sistemtica de la tortura, violaciones del Derecho Internacional, uso de crceles secretas, vuelos de la CIA para trasladar prisioneros a pases donde los derechos humanos son usualmente conculcados, etc. Algunos medios de comunicacin han contribuido con valor a revelar esas actividades ilegales e inmorales, pero otros han ayudado a ocultarlas y justificarlas.

Entre tanta confusin informativa puede tener inters para nuestros lectores escuchar directamente a un soldado estadounidense de la Guardia Nacional de Carolina del Norte que, como mdico en un batalln mecanizado, estuvo nueve meses destinado en Iraq en el 2004.

Sus misiones, nos cuenta, consistan en trabajar en el hospital de campaa, cuidando afecciones ordinarias de los soldados, lesiones deportivas o heridas de bala; acompaarles en las operaciones de patrulla y hacer salidas para abastecerse de material sanitario.

Recin llegado a Iraq, le sorprendi ser informado de que estaba prohibido prestar cuidados mdicos a los iraques civiles, salvo en inminente peligro de muerte, y en ese caso slo si las heridas eran causadas por un ataque contra nosotros o producidas por nuestras propias armas. Esto no coincida con la idea que se le haba inculcado antes de salir de EEUU sobre su benfica misin en Iraq para ayudar al pueblo iraqu.

Pero su intranquilidad aument cuando su superior inmediato oficialmente notific a los componentes de la unidad de la que formaba parte lo siguiente: Las convenciones de Ginebra no existen en Iraq; esto est ordenado por escrito, por si alguno de ustedes desea consultarlo.

En su opinin, el objeto de la orden era que no tuviramos reparo al hacer cosas que vulneraban las convenciones de Ginebra, nuestro papel como no combatientes o nuestras convicciones ticas. Para l, esas rdenes no son algo que a un sargento se le ocurre de la noche a la maana. Son algo que viene por la cadena de mando y es una vergenza que los encargados de dictarlas nunca asuman la responsabilidad. Escuchar eso de modo abierto y pblico me hizo sentir a disgusto con mis jefes y con la orientacin que tomaban los asuntos militares.

Los soldados, por mucha formacin y cultura civil que posean como es el caso del mdico citado, no tienen suficientes recursos para argumentar contra la Institucin en la que estn inmersos. Como no los tuvieron aquellos soldados que en varios cuarteles de Valencia, en la tarde del 23 de febrero de 1981, tomaron sus armas, montaron en los vehculos acorazados y, a las rdenes de sus superiores jerrquicos, salieron a patrullar las calles de la capital. Se limitaron a cumplir las rdenes procedentes de su ms alto mando militar: el capitn general.

Aunque aquel da ya estaba en vigor el Artculo 34 de las Reales Ordenanzas, que autoriza a desobedecer las rdenes que constituyan delito, en particular contra la Constitucin, ningn soldado fue capaz de detectar la trampa que sus superiores les haban armado (aduciendo razones falsas para la operacin), porque en el Ejrcito, como en toda institucin jerarquizada, la autoridad es la que posee la informacin y la dosifica segn sus designios. Ningn soldado lleg a saber lo que de verdad estaba ocurriendo en Madrid, hasta el da siguiente.

Por motivos parecidos, cuando se le pregunt al mdico estadounidense por qu no haba denunciado las rdenes recibidas, respondi: Claro que pens denunciarlo! Pero a quin? Mi jefe reciba rdenes de un superior; y ste, de otro; as, hasta el secretario de Defensa. Decid que evitara hacer lo que me repugnase y que tomara nota de todo lo ilegal que viera a mi alrededor. Creo que es lo nico que se puede hacer en ese caso.

A su regreso a EEUU se le plante un dilema: era ms fcil intentar olvidarlo todo y volver a la vida anterior. Pero no le era posible permanecer mudo y permitir que otros ciudadanos sufriesen la misma experiencia: Mi labor como mdico era cuidar la moral, el bienestar y la seguridad de los soldados. La tom muy en serio, pero ahora, fuera del Ejrcito, me dedico a ello ms intensamente.

Para lograrlo se afili a IVAW (Iraq Veterans Against the War: Excombatientes de Iraq contra la Guerra). Esta organizacin acoge a los que, habiendo vivido la experiencia blica en Iraq, se prestan a informar a los ciudadanos de EEUU, con razones slidamente fundadas, sobre la realidad de lo que all ocurre y a desvelar las mentiras y engaos oficiales que pretenden desfigurar esa realidad.

Su dbil voz apenas tiene todava eco entre unos medios de comunicacin que, habiendo mitificado el lema de apoyar a los soldados, evitan criticar cualquier actividad militar de EEUU en Iraq por considerarlo antipatritico. Pero el verdadero patriotismo es el de este mdico que, pese a todo, promete: continuar defendiendo mi pas y mi Constitucin, como he jurado hacerlo, contra todos los enemigos: los de fuera y los de dentro. Algunos de stos, para l, son los que dirigen el pas desde Washington. Denunciar con valenta sus falsedades y desmanes es tambin una actividad patritica.


* General de Artillera en la Reserva
Analista del Centro de Investigacin para la Paz (FUHEM)


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