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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2017

Para desintoxicarnos

Gregorio Morn
Crnica global


Hay pelculas que tienen una influencia feliz pero azarosa. No slo nacen, se exhiben y mueren en las filmotecas, sino que gozan de una doble vida que va ms all del proyecto cinematogrfico. Esto sucede en Catalua con La librera, de Isabel Coixet.

Hartos de fantasmadas polticas y sociales, con un expresidente de la Generalitat jugando al escondite en Bruselas, metidos en pleno zafarrancho de combate electoral, con la ciudadana expectante y unas ansias casi tenebrosas, y en muchos casos clandestinas, por volver a la normalidad democrtica, he aqu que aparece un filme que encaja en nuestras preocupaciones como un guante. Ni hecho a posta poda lograrse un retrato tan fidedigno de la situacin que se vive en Catalua y que estoy seguro no figuraba en las ambiciones cinematogrficas de la directora. Porque los filmes se escriben y se ruedan, pero luego son los espectadores quienes aportan elementos que haban pasado desapercibidos incluso a quienes los hicieron.

Una viuda an joven decide instalar una librera en uno de esos pueblos pequeos donde no es frecuente leer pero donde los papeles estn distribuidos y las tradiciones marcadas. Podra haber ocurrido entre nosotros, donde hay papeleras que ejercen a su vez de libreras y que aaden a sus ttulos de comerciantes el de censores. Ellos deciden lo que se lee y lo que ni se debe leer ni siquiera exhibir; recuerdo que en determinadas poblaciones de Catalua se censuran libros, basta con no tenerlos disponibles. A m me ocurri con La decadencia de Catalua contada por un charnego (2013). Un quiosco de peridicos, en calle tan barcelonesa como Virgen de Montserrat, tiene a gala no vender determinados diarios. El Mundo no entra aqu, me dice, sin que me quedara muy claro si se refera al peridico, al mundo en general, o a ambas cosas.

El tejido de miserias de una sociedad apocada y disciplinada con lo que se da en llamar sus tradiciones est retratada de una manera sobria y muy evidente en La librera. Ah figuran los poderes fcticos de toda la vida, que podrn cambiar de opinin pero no de personas. Basta con echarle una ojeada a lo que fue la Convergncia i Uni pujolista y contemplar ahora al recin bautizado PDeCAT, para oler el mismo tufo a naftalina de la clase dirigente, igual da que se enseoreen del Palau de la Msica o por su sinuosa trayectoria de detentadores del poder. Porque el poder  es suyo y hacen con l lo que les pete, o lo que les dejen si afecta a sus patrimonios.

Pero da lo mismo. Podrn defender hoy esto o lo contrario, que para eso son los depositarios de las esencias que administran a los sbditos. No son los libros lo que afecta a los poderes, tan tradicionales como arruinados, sino el derecho a decidir qu se lee y quin se lo ofrece. Ellos son los nicos legitimados para el suministro de alfalfa a sus bases sumisas. Cualquiera que pretenda interrumpir o alumbrar ese estercolero de pasiones patriticas que garantizan el statu quo se ver sometido al acoso. Bajo las formas ms rudimentarias, que las hay, hasta la brutalidad del pacifismo violento, una aparente contradiccin en los trminos que ha cobrado patente de corso. Como yo soy pacfico por naturaleza -aseguran los organizadores del linchamiento- quien pretenda interrumpir o cuestionar esta clerical forma de marginar herejes sociales, no hace otra cosa que comportarse como un malvado. Nosotros somos buenos, afirman los que no te permiten abrir una librera y romper el monopolio ms vil de cuantos existen: el de la tradicin y la impunidad, el que asegura la distribucin de papeles.

Todo eso para llegar a la conclusin, recibida como una ley de Moiss: nosotros somos buenos, porque se trata de un pueblo elegido que tiene por misin educar a los malos, y mantenerlos a distancia. Slo la perversidad de los otros nos impide ser lo felices que merecemos. En su desfachatada ignorancia, disfrutan de sus mentiras y las convierten en verdades de fe. No necesitan libreras que vengan de fuera y si algn da las necesitaran seran previamente depuradas de cuanta mala intencin acumularon durante su anterior vida fuera del paraso.

Estamos en el dominio de la perversin de las palabras que sirven para demonizar al adversario. Como asegura una lideresa del catalanismo bajo en caloras y alto en patrimonios, al que no le guste, que se vuelva a la tierra donde naci. Una reflexin para asimilados, porque no todos pueden dar el gran corte de manga que se merecen. Para eso se necesita sobrevivir a la castracin social y abandonar cualquier esperanza de rebelin. La librera de Isabel Coixet vale por una leccin de ciudadana en un mundo de vasallos.

Fuente: https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/sabatinas-intempestivas-gregorio-moran/para-desintoxicarnos_104120_102.html



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