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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2017

Enric Prat de la Riba y el artculo 155

Giaime Pala
mientras tanto


Histricamente, a la izquierda catalana le pas con Enric Prat de la Riba (1870-1917) lo mismo que les pas a los republicanos franceses con Tocqueville o a Gramsci con Cavour, es decir, que combata su legado ideolgico al tiempo que se senta atrada por su ingenio poltico y su talento prxico. No es para menos. No hace falta compartir sus ideas para reconocer que Prat, de quien este ao se conmemora el centenario de su muerte, fue el poltico cataln ms importante del siglo XX; el hombre que mejor entendi su tiempo y que supo presentar una estrategia poltica ciertamente incisiva. No es de extraar, pues, que siga siendo objeto de estudio por parte de los historiadores. Y, sobre todo, que su pensamiento contine inspirando a no pocos partidos y movimiento nacionalistas de Catalua.

Con todo, creo que estos mismos partidos y movimientos an no han sabido realizar una lectura por as decirlo− laica y secularizada del ideario de Prat. Quiero decir, una lectura que ubicara su pensamiento en el contexto histrico en que fue formulado (muy diferente del nuestro). Y que, por tanto, identificara aquellas partes que han cado en la obsolescencia histrica y poltica. Cito aqu la que ms me llama la atencin: la visin que tena Prat del Estado espaol de su poca. Para el fundador de la Lliga Regionalista, el Estado era una estructura tcnica por lo pronto incapaz de proporcionar los servicios administrativos y sociales indispensables para una sociedad que aspirara a ser moderna; y en segundo lugar, altamente disfuncional y con una propensin a suplir con la fuerza sus debilidades polticas. Lisa y llanamente: en Espaa, y mxime en Catalua, el Estado eran guardias civiles y capitanes generales poco proclives al dilogo y funcionarios holgazanes (y casi siempre procedentes de Castilla). Ms all del relato nacional que alimentaba y sustentaba las reivindicaciones polticas de la Lliga, un ente como la Mancomunitat (1914-1923/1925), o sea una estructura de Estado ante litteram, se justificaba en nombre de las necesidades de una sociedad ms compleja que la castellana, que precisaba una administracin ms eficiente y que proporcionara cuadros tcnicos de nivel a su aparato industrial. Esta visin era a la sazn sustancialmente correcta. Y el xito de la Lliga se debi en buena parte a su capacidad para interpretar las exigencias materiales de una burguesa diferente de la del resto de Espaa. Y por ende, de convertirla polticamente en una clase nacional.

Sin embargo, hoy esta visin del Estado espaol ya no corresponde a la realidad. Y uno de los lmites de los soberanistas catalanes es precisamente el seguir creyendo en este esquema pratiano. Actualmente, el Estado espaol es una estructura tcnica harto poderosa (y digo harto slo porque no llega al nivel de sofisticacin que tiene en algunos pases europeos como Francia o Alemania) y diversificada. Est formada por inspectores de Hacienda, contables y economistas, abogados del Estado, diplomticos, funcionarios cualificados, etc., que pasaron por oposiciones dursimas y que poseen una excelente formacin profesional. Se trata de una estructura que se empez a gestar en los aos del desarrollismo opusdesta y que se ha ido potenciando y mejorando a partir de la Transicin. Pues bien, la clase dirigente catalana nunca ha acabado de registrar este hecho pese a las numerosas evidencias que se encontr en su camino. Recuerdo que polticos como Antoni Castells constataban, en los aos del Tripartito, que las negociaciones con los funcionarios de Hacienda y Economa acerca de las transferencias del Estado a la Generalitat se les convertan en una suerte de terreno pantanoso por la excelente preparacin de los economistas de Madrid. Y hasta un liberal independentista como el economista Xavier Sala i Martn siempre recomendaba no subestimar al Estado. En vano. En el imaginario colectivo, y ms an en el imaginario nacionalista, el Estado era una estructura que poda ser lentamente sustituida por una Generalitat en fase de expansin, lo cual es cierto, pero tambin doblegada por una accin poltica coordinada y potente. Lo cual ha resultado falso. El Estado espaol (que no ha de identificarse slo con el gobierno del PP), mal que pese, es y seguir siendo slido. Una muestra de esta solidez es su aplicacin del artculo 155. Contrariamente a lo que pensaban muchos cuadros e intelectuales de Junts pel S, que vaticinaban una debacle de los Ministerios a la hora de gestionar Catalua, el Estado ha controlado tanto el territorio como la administracin de la Generalitat en 48 horas. Ahora sabemos que estara en condiciones de gestionar las funciones establecidas por el Estatut, y el ltimo presupuesto aprobado en el Parlament, ad eternum. El problema es slo y exclusivamente poltico. En fin, de legitimidad poltica. Aqu s que el Estado tiene un problema de envergadura que no podr soslayar durante mucho ms tiempo. Se trata, en todo caso, de una dimensin que nada tiene que ver con la gestin tcnica de la Generalitat que est llevando a cabo ahora.

Si de algo han servido estos ltimos tres meses es para entender que la unilateralidad, entendida como prueba de fuerza del gobierno cataln para doblegar al Estado, ha fracasado y que cualquier solucin a la crisis catalana, incluida una que pase por un referndum de libre determinacin, se concretar a travs de la negociacin poltica. A esta conclusin ya han llegado el PDeCAT y ERC, si bien, por obvios motivos, la explicitarn definitiva y claramente slo despus de las elecciones del 21 de diciembre y en el marco de una autocrtica que ser ms o menos amplia en funcin de los resultados electorales y de cmo acabar la cuestin de los presos. Para estos partidos ser importante −y probablemente algo complicado− explicarles a sus bases que, de cara a la articulacin de una poltica ms viable y adherente a la realidad, es menester abandonar cuanto antes la visin pratiana del Estado espaol. Y que, sobre este tema, ms vale leer a Max Weber que al gran poltico de Castellterol.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-163/notas/enric-prat-de-la-riba-y-el-articulo-155



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