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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2017

En pos de la verdad o posverdad?

Carlos Ulanovsky
Tiempo Argentino

Mas all de esta invitada de piedra que es la posverdad, vivimos un momento periodstico caracterizado por las verdades a medias o por lisas y llanas mentiras.




Palabra internacional del ao 2016 para la Universidad de Oxford "posverdad" sigue sacando pecho porque recientemente la Real Academia Espaola la incorpor a su diccionario. Aunque se pierda, o pase relativamente inadvertida entre los 85 mil trminos, el hecho de que haya obtenido un lugar en ese prestigioso volumen es algo tan singular como preocupante.

Tal vez el libro maestro de la lengua espaola defina a este sustantivo (que ya dej atrs su condicin de neologismo) como una informacin no apoyada en comprobaciones objetivas sino basada en emociones, creencias y deseos. Eso, desde lo polticamente correcto. Omitir lo incorrecto: su vnculo con la falsedad, con la manipulacin, con la deshonestidad, con los intereses poco ticos. Y, especialmente, ignorar lo que a muchos (entre los que me incluyo) nos perturba bastante. Qu pasar cuando en el periodismo los recursos de la posverdad le ganen por goleada a los de la verdad? Ese resultado adverso determinar, no la salida de algn director tcnico, sino el fin de este querido oficio tal como lo aprendimos y pretendemos seguir practicndolo.

Mas all de esta invitada de piedra que es la posverdad, vivimos un momento periodstico caracterizado por las verdades a medias o por lisas y llanas mentiras.

Veamos algunos antecedentes y cercanas consecuencias.

Entre nosotros est la frase, tan antolgica que ya ni dueo tiene, de cierto importante secretario de redaccin que un da humill a un joven cronista dicindole: "Que la verdad no se interponga entre vos y una primicia". O los jerarcas que todava hoy amenazan a sus subordinados diciendo: "Si no volvs con la nota, mejor no vuelvas". Antes, y tambin despus de la sinceridad brutal de algunos directivos, en el fragor de un cierre, cualquiera de nosotros escribi a partir de una foto de agencia de la que desconocamos toda filiacin, 50 lneas chispeantes.Eso no es posverdad. En cualquier lugar del mundo eso remite a lo pintoresco de la tarea. Desarrollada aqu, se denomina picaresca criolla.Al revelarlo. nos ruborizamos, pero no jodemos a nadie.

En la dcada del 60 el llamado "Nuevo Periodismo" dio vuelta a la actividad. La corriente origin textos memorables, pero tambin, legitim la costumbre de que la realidad poda (y deba) ser objeto de construccin. El gnero admita como existentes situaciones imaginarias e impuso un estilo de narracin en la que la fuerza de la belleza literaria super al rigor de la verdad. Como quien dice: el escritor famoso, puesto a periodista, no tena la obligacin de registrar la historia: la creaba, gracias a su "inagotable imaginacin" y a su "prodigiosa pluma". Eso, tambin, trajo consecuencias indeseables .

Nunca como en los ltimos 20 aos se registraron tantos casos de periodistas sorprendidos in fraganti tirando noticias truchas, inventando coberturas, manejando fuentes completamente flojas de papeles, distribuyendo pescado podrido. En el Primer Mundo esta clase de escndalos son atribuidos a una modalidad profesional caracterizada por una competencia feroz, capaz de liquidar el mnimo atisbo de buena fe. En pases como el nuestro influyen motivos distintos, como las limitaciones econmicas, la falta de rigor, la carencia de adecuados controles en el chequeo final de una investigacin y, en especial, la necesidad de algunas empresas periodsticas de sintonizar sus revelaciones con sus mltiples intereses. Es como si alguien, con un vozarrn importante ordenara: "Dejen de molestar a la gente con grandes verdades". Desde el humor, salida ms que recomendable para este tiempo, Rudy lo define as: "Nada de mentiras, pura posverdad".

Casi todo lo que pasa en Internet y desde las redes sociales es novedoso. Pero tambin ofrecen un costado muy desagradable cuando funcionan como descarada usina de inventos, de campaas, de rumores, de propaganda. En una columna reciente publicada en este diario, Javier Borelli, citando datos de la Universidad de Oxford, explica que 28 pases, entre ellos el nuestro (aqu el rea oficial respectiva se denomina Subsecretara de Vnculos Ciudadanos) cuentan con equipos gubernamentales, militares, civiles o polticos especializados en manipular a la opinin pblica. Esos cocineros de menes intoxicantes se llaman trolls. Agresivos, escudados en el anonimato son un smbolo inequvoco del periodismo basura, ese que en la dcada del 80 en la televisin yanqui patent el portorriqueo Geraldo Rivera. Estilo que, de entonces y para siempre, se llama de esa manera porque Rivera mandaba a sus productores y cronistas a revisar la basura de los famosos para ver qu encontraban.

Desde ese momento a la actualidad, los trolls dieron algn paso ms hacia el abismo de la inmoralidad: se valen de datos incomprobables, disparan tuits falsos, muchos de los cules interfirieron y daaron, por ejemplo, en la etapa de bsqueda de Santiago Maldonado.

Cada tanto solemos decir, o pensar que "en este pas nadie resiste un archivo". Decepciona comprobar cmo los espreos eluden las consecuencia de revelaciones impresionantes como las de los wikileaks, de los argenleaks y de otros papeles sper comprometedores.

Tmese a esta columna como homenaje a los muchos periodistas que antes de inventar una mentira impactante y funcional a algn poder, eligen decir la verdad aunque sea aburrida, previsible y pequea.

Fuente: http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/72922/a-en-pos-de-la-verdad-o-posverdadr-por-carlos-ulanovsky



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