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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2017

Un hombre que alcanz el cielo

Mario Ernesto Almeida
Granma

Los enviados cubanos a combatir el virus del bola en las naciones de frica Occidental dieron una leccin de voluntad, valenta y profesionalismo a todo el mundo. Roberto Gmez Castellanos, doctor de una de las brigadas, ofrece su testimonio


Roberto Gmez Castellanos no es solo el jefe de la terapia intensiva del Hospital Militar Mario Muoz Monroy, de Matanzas; tambin uno de los hombres ms valientes que he conocido.

Lo veo pasar y sin pensar dos veces lo llamo: Dctor, cundo me va a conceder una entrevista? Me mira sonriente, duda unos instantes y responde:

En el momento que t quieras, mijo. Quince minutos ms tarde est sentado frente a m en la mesa de mi propia casa.

Rpidamente su memoria recorre medio mundo, y llega en especfico a esas tierras de Sierra Leona, en las que ret al bola.

Cuando se expandi la noticia de la epidemia del bola, imagin que Cuba brindara su ayuda?

Saba que Cuba enviara ayuda, pero no pens formar parte de ella. Ser seleccionado me asust, me sorprendi, pero me gust.

Y la familia cul fue su reaccin?

Regular. Ambigua. El nio no se mostr muy sensible en el sentido de ver el riesgo, pero mi mam y mi esposa s. La vieja ya tena sus prejuicios por la edad y la distancia, y lleg a decirme que prefera que no fuera.

Entonces le record una ancdota de mi niez cuando no quera estar interno y ella me dijo: Te voy a sacar de la beca si t quieres, pero cuando te miren en el barrio y te digan rajao, qu vas a hacer? En ese momento se qued en silencio, consternada, y explic: Est bien mijo, pero es que tengo miedo a que te pase algo y no s si estar viva para verte cuando vires.

Cmo fueron las relaciones entre los colaboradores cubanos?

Al inicio result complicado porque todos ramos hombres y tenamos caracteres muy diferentes, pero luego nos entendimos bastante bien.

Cuando nuestro instructor de la Organizacin Mundial de la Salud, un psiquiatra, nos convid a evitar contacto fsico con los pacientes, un grupo decidi acatar. Otros tenamos una inquietud: La opcin del psiquiatra es aparentemente buena, pero, qu experiencia tendremos en caso de que uno de nosotros se enferme?, le dije a mis compaeros.

Primero unos pocos y luego la mayora seguimos la poltica de intervenir en la enfermedad siempre que fuera posible. Algo que tambin nos motiv fue sentir que no estbamos en vano en esa situacin; si habamos ido para dominar una enfermedad, no estaramos conformes con hacer de cosmticos, debamos actuar.

Aument la preocupacin por el de al lado. Todos nos mantenamos pendientes de quien tuviera un poco de malestar o algn sntoma, sobre todo de paludismo que nos afect sobremanera.

Cmo los vean los otros colaboradores internacionales?

Ah, curioso. Al principio nos miraban como novatos, un personal excedente del Ministerio de Salud Pblica hace un gesto de desprecio con sus manos. Esta idea se bas en que muchos de los empleados no tenan vnculo laboral en su pas y su opcin inmediata resultaba el contrato del bola. Pensaban que estbamos ah porque nos convena. Su postura pareca un tanto discriminatoria y no contaban con nuestra opinin para tomar decisiones.

Ellos limitaban el tratamiento endovenoso por miedo a pincharse con la aguja infectada y nosotros, aunque sabamos que representaba un riesgo, comenzamos a hacerlo; trabajamos de forma ms invasiva con el virus y tuvimos grandes resultados.

Llegamos al punto de que siempre esperaban por los cubanos para comenzar los procedimientos de riesgo. Nos ganamos su respeto.

En las reuniones y fiestas buscaban contacto con nosotros por las curiosidades de lo que supona ser de Cuba. Las preguntas sobre Fidel siempre venan. Muchos terminamos siendo amigos.

La experiencia de Sierra Leona le mostr una nueva cara de la vida o acaso de la muerte?

De la vida. A la gente le sorprende si uno ve muchas personas muertas.

Desgraciadamente, mi trabajo como intensivista me adapta a este fenmeno. Lo ms difcil era cuando nos encaribamos con un nio y falleca. Resultaba muy impactante por el vnculo, porque para ganarse su confianza haba que invertir parte sensible de uno, de esa porcin que un mdico tanto tiene que reservar para no afectar su salud.

Cul fue el momento ms emotivo durante la misin?

En la despedida de dos nios jimaguas que fueron dados de alta. Me impact que reconocieran mi voz y lo que yo haba hecho aun cuando en aquellos momentos solo podan haber visto mis ojos y mi nombre escrito en el traje. Ah fue cuando escrib para Cuba que haba llorado por primera vez; y lo hice en verdad.

Quedan secuelas de esa experiencia en su actuar diario?

Permanentes. Los pacientes piensan que yo me limito de sus olores porque ahora paso visita con gorro y nasobuco; a veces se ofenden. Los tranquilizo diciendo que tengo catarro y no quiero perjudicarlos.

Exageran los que lo llaman hroe?

Creo que s. Conozco a muchos que hubieran hecho lo mismo, aunque tambin a otros que se hicieron los sordos. Fui sin pensarlo; solo dije que all haba personas trabajando y, por qu no yo? En el sentido de que hice algo extraordinario no lo acepto. Pero no desprecio un gesto de admiracin por quien reconoce que fue algo bonito en bien de mucha gente; lo agradezco.

Qu dej en frica?

frica es misteriosa y all se me qued la deuda de haber vencido ese misterio. Su estilo de vida muestra el principio de la sociedad porque ellos todava viven en los orgenes. Me recuerdan al cubano antiguo; en Cuba ya no quedan muchas tradiciones, y ellos conservan casi todas.

Piensa volver algn da?

No s. Creo que regresar a frica me gustara, y si fuera especficamente a donde me qued la deuda, en Sierra Leona, lo disfrutara ms. All, con nuestras diferencias ideolgicas, sociales, polticas, idiomticas, nos unimos en una idea, en un sueo. Y logramos alcanzar el cielo.

Fuente: http://www.granma.cu/cuba/2017-11-28/un-hombre-que-alcanzo-el-cielo-28-11-2017-21-11-42



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