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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2017

Se cumplen 42 aos de la muerte de la filsofa alemana
Arendt contra la historia

Gilberto Lopes
Rebelin

Este articulo es parte de una tesis doctoral titulada Dos visiones de la crisis poltica del mundo moderno: la Escuela de Frankfurt y Vicente Senz, trabajo aun en desarrollo. Con la divulgacin del texto se pretende poner en discusin estos planteamientos.


Hemos acompaado a Franz Neumann en su anlisis de la naturaleza del rgimen nazi a partir de sus fundamentos econmicos.1 Para l, el problema poltico de su poca era la naturaleza imperialista del capital monoplico alemn, que creca a medida en que creca el carcter monoplico de la economa. Con Pollock discuti el carcter de esta economa, cuya naturaleza capitalista se haba desarrollado y acentuado bajo las nuevas formas de dominacin poltica instaurada por el Nacional Socialismo. No exista, en su criterio, un capitalismo de Estado como el propuesto por Pollock , idea luego adoptada por Horkheimer. Se trataba, simplemente, del desarrollo del capitalismo y del control de la poltica por los intereses cada da ms poderosos de los monopolios.

Como veremos, Vicente Senz defenda, por su parte, la idea del agotamiento del capitalismo, un rgimen social y econmico que, en su criterio, ya haba cumplido su destino. Para el autor costarricense, eso era lo que caracterizaba la crisis de la poca: un perodo de transicin entre un orden caduco y otro que trataba de surgir. Senz dar algunas referencias sobre ese nuevo orden cuando sealaba que como en las naciones de economa desarrollada, en nuestro caso existe la misma antinomia entre el modo comunista de produccin y el modo individualista de apropiacin de la riqueza. 2 Por existir una anttesis, entre el modo de produccin [colectivo] y el modo de apropiacin [privado] dira la desesperacin, la angustia, la cruel paradoja del hambre en medio de la abundancia, la tortura moral y material dominan al sector ms numeroso de la sociedad humana.3 Pero, por ahora, solo queremos destacar esa visin de la crisis, caracterizada por el parto difcil, por el trnsito de un sistema agotado a otro, aun no nato.

Ese proceso de transicin desaparece en el estudio de Hanna Arendt sobre la crisis poltica de su poca, tal como expresada en su texto Los orgenes del totalitarismo. Nada de eso est presente en su anlisis. Para Arendt, lo que caracterizaba la crisis era el orden poltico totalitario que se haba instalado tanto en la Alemania nazi como en la Unin Sovitica bajo Stalin, una propuesta que tiene graves implicancias, tanto acadmicas como polticas. Desaparece, en su formulacin, el conflicto capitalismo-socialismo, la idea de crisis de un sistema agotado, como nos plantea Sanz, cuyo desarrollo, cada vez ms concentrador de los medios de produccin, haba expuesto en detalle Neumann.

Al contrario, el punto de partida de Arendt es el de la similitud entre ambos regmenes, hermanados por su carcter totalitario. Para eso, Arendt tiene que dejar de lado el anlisis histrico, el conflicto entre los dos sistemas que ella misma acababa de vivir con extrema violencia, borrar lo que, ya en la conformacin de la repblica de Weimar, era el centro de la poltica de la Alemania socialdemcrata: la lucha anticomunista. Puesta en el centro de su concepcin la idea de totalitarismo, no le queda ms de forzar la interpretacin de los acontecimientos poniendo en primer plano los hilos del totalitarismo con los que enhebra su tejido poltico luego de la toma del poder por Hitler y su partido.

Interpretacin reitero imposible de sostener con hechos histricos. De qu modo se podra, si no, decir que durante la II Guerra Mundial los nazis se mostraron ms dispuestos a reconocer como sus iguales a los rusos que a cualquier otra nacin? 4 En nota la pie de pgina, Arendt argumenta con una cita del libro Partei und Staat, del idelogo nazi Gottfried Neesse:

Para nosotros el frente unido del sistema se extiende desde el Partido Popular Nacional Alemn (es decir, la extrema derecha) a los socialdemcratas. El partido comunista era un enemigo fuera del sistema. Por eso, durante los primeros meses de 1933, cuando el destino del sistema estaba ya sellado, todava nos quedaba por librar una batalla decisiva contra el partido comunista.

Parece difcil conciliar la cita con la idea que Arendt quiere transmitir, incluyendo la forma imprecisa utilizada para sealar que los nazis se mostraban ms dispuestos a reconocer como sus iguales a los rusos que a cualquier otra nacin. Es algo similar a la afirmacin de que el nico hombre por quien Hitler senta un incalificado respeto era Stalin, el genio.5 La fuente utilizada en este caso son las Hitlers Tischgesprche, o Conversaciones de sobremesa de Hitler, basadas en apuntes tomados por algunos de sus asesores ms cercanos y luego publicados, en medio de la polmica sobre su origen y fiabilidad. All encontramos afirma numerosos ejemplos que atestiguan, contra ciertas leyendas de la posguerra, que Hitler nunca trat de defender a Occidente contra el bolchevismo, sino que siempre estuvo dispuesto a unirse los rojos para la destruccin de Occidente, aun a mitad de la lucha contra la Rusia sovitica. 6 Nuevamente, es difcil sostener esta afirmacin ante los hechos histricos, entre ellos la invasin de la Unin Sovitica por el ejrcito nazi, a la que Hitler dedic la mayor parte de su fuerza militar.

En realidad, ms que simpata por Stalin parece ms atractiva la idea sugerida por Adam Tooze (y citada por Reto Hofman en su artculo en el jornal de Cambridge) de que la lite nazi miraba con cierta envidia el espacio (hinterland) que los norteamericanos tenan a su disposicin en Amrica. 7 En este texto se puede ver las coincidencias entre las aspiraciones del fascismo, sobre todo alemn y japons por lograr un sistema de dominacin como los norteamericanos haban logrado. Reto cita el inters de diversos fascistas de replicar la Doctrina Monroe.

Desde el otro lado de la historia, para ilustrar el punto de vista sovitico, Arendt se remite al discurso de Kruschov ante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, para asegurar que Stalin confiaba nicamente en un hombre y que este hombre era Hitler. La lectura del discurso deja en evidencia, sin embargo, que de ninguna de sus partes se puede sacar la conclusin que saca Arendt. Como se sabe, el informe est dedicado a analizar y erradicar de las prcticas del partido lo que se llam el culto a la personalidad. Lo que el informe dice es que Stalin era un jefe militar incapaz, indolente, 8 que no era verdad lo de un ataque inesperado, sorpresivo, de las tropas nazis a la Unin Sovitica. Stalin haba sido advertido muchas veces de la inminencia del ataque sin que tomara las medidas necesarias para preparar la resistencia.

El informe habla tambin de la intencin de occidente de debilitar la URSS. Los documentos demuestran, dice Kruschov, que el 3 de abril de 1941, Churchill, a travs de su embajador en la URSS, Cripps, advirti personalmente a Stalin que Hitler estaba reagrupando sus fuerzas armadas con el objeto de atacar a la Unin Sovitica. Es evidente, agrega, que Churchill no hizo esto debido a que abrigaba un sentimiento de amistad hacia la Unin Sovitica. Tena muy presentes sus miras imperialistas, a las cuales convena una sangrienta guerra entre Alemania y la URSS para as fortalecer al Imperio britnico. Kruschov recuerda tambin que tan pronto como Hitler lleg al poder en Alemania, se asign a s mismo la tarea de liquidar al comunismo. Con el objeto de alcanzar esta finalidad agresiva contra la URSS, recuerda el informe, Hitler cre toda suerte de pactos y bloques, tales como el famoso Eje Berln-Roma-Tokio. Es exactamente lo contrario de lo que Arendt trata de mostrar.

Cmo derivar de todo esto la afirmacin que hace Arendt, ciertamente ambigua, de una supuesta admiracin muta entre ambos dirigentes? Me parece que solo tergiversando el contenido del informe que, como sabemos, inici una revisin profunda de lo ocurrido durante el gobierno de Stalin.

Vale la pena recordar tambin, ya que estamos hablando de un rgimen totalitario, que en ese documento se critica la actuacin de Stalin, al afirmar que el estilo de direccin adoptado durante los ltimos aos de la vida de Stalin fue un serio error y constituy un obstculo en el camino del desarrollo social sovitico. Un informe donde se reivindica el papel de la clase trabajadora y los campesinos pobres con ayuda parcial de la clase media campesina, conducidos por el partido bolchevique, en el triunfo de la Revolucin Sovitica, argumento difcil tambin de conciliar con el rgimen nazi, expresin de los intereses monoplicos. Pero la naturaleza poltica del rgimen no era algo a lo que Arendt pusiera particular atencin en un trabajo sobre el totalitarismo, de modo que la diferencia entre un rgimen nazi sustentado en esos intereses, y la estructura poltica de la revolucin sovitica desaparecen del anlisis.

Arendt insiste en explorar diversas alternativas sobre las que basar la identidad entre ambos regmenes. Entre ellas la actitud comn del gobierno nazi y de la Rusia sovitica de no respetar los acuerdos internacionales a los que haban llegado, que atribuye al hecho de una experiencia y de un sentido comn que, repentinamente, los pases no totalitarios parecan haber perdido, dejndose llevar por la mala fe de los gobiernos totalitarios.9

Los dos ejemplos que Arendt cita son la Conferencia de Yalta, de 1945, y el pacto de Mnich, firmado en septiembre de 1938, solo un ao antes de que estallara la guerra, entre los lderes de Inglaterra y Francia con Hitler. Ah ambos aceptaban los avances de las tropas hitlerianas en los sudetes, entonces territorio checo de poblacin mayoritaria alemana, con la esperanza de evitar la guerra contra Alemania. Acuerdo de su colega conservador, el primer ministro Neville Chamberlain, que Churchill critic diciendo que a Inglaterra le haban ofrecido la humillacin o la guerra. La humillacin ya la tenemos, dijo, ahora tendremos la guerra.10 Senz analiza en detalle esa reunin y sus objetivos, entre ellos la esperanza de las potencias occidentales de desviar las tropas alemanas hacia Mosc, en la orientacin que hemos venido sugiriendo, de que el anticomunismo marcaba la lnea divisoria de la crisis poltica moderna.11

La conferencia de Yalta se da en un contexto muy distinto y solo puede compararse con Mnich si la miramos con los lentes del totalitarismo con los que Arendt colorea toda realidad. Reunidos en esa ciudad de Crimea, a orillas del mar Negro, los lderes de las tres potencias que encabezaban la lucha contra el Eje Roosevelt, Churchil y Stalin discutieron los arreglos polticos que deberan adoptar una vez concluida la guerra, en particular el reordenamiento del espacio europeo y la divisin de Alemania. La reunin se realiz del 4 al 11 de febrero, o sea, a solo tres meses de la capitulacin alemana, cuando la derrota era ya un hecho.

En Yalta se enfrentaron los intereses de los pases que iban a salir del conflicto como cabezas de los dos grandes bloques mundiales: los Estados Unidos y la URSS. Se perfilaba ya el mundo de la Guerra Fra, cuya herencia no es difcil de rastrear en conflictos ms actuales: Crimea est nuevamente en el centro de las tensiones entre Rusia y Europa, luego del derrocamiento del gobierno de Ucrania, prximo a Mosc, y su sustitucin por otro, sustentado por fuerzas de extrema derecha y con apoyo de Estados Unidos y la UE. Polonia es centro de las tensiones polticas, con el despliegue en su territorio de tropas norteamericanas apuntando hacia Mosc. Alemania, como sabemos, hasta su reunificacin en octubre de 1990, fue el escenario ms directo de la confrontacin entre occidente y la URSS.

En realidad, si alguna similitud podemos encontrar en Mnich y Yalta es precisamente la idea de que fueron, ambas, escenarios de la lucha entre los intereses de dos sistemas distintos, algo muy diferente a la conclusin de Arendt, que prefiere identificarlos especulando sobre la perfidia de los regmenes totalitarios y la ingenuidad de los no totalitarios. Argumentos, ciertamente, difciles de sostener. Mnich y Yalta enfrentan, en realidad, los intereses de dos sistemas cuyos liderazgos quedaron claramente perfilados al concluir la guerra, entre el capitalismo encabezado por Washington y el socialismo, por la Unin Sovitica. Arendt no es capaz de ver esto.

Para identificar el orden totalitario, Arendt acude tambin a la idea de que son regmenes que aspiran a la conquista del mundo. Tanto en la literatura nazi como en la bolchevique, asegura, pueden encontrarse repetidas pruebas de que los Gobiernos totalitarios aspiran a conquistar el globo y someter a su dominacin a todos los pases de la Tierra.12 Los regmenes totalitarios, afirma, no temen las implicaciones lgicas de la conquista mundial aunque operen en otro sentido y resulten perjudiciales para los intereses de sus propios pueblos.13 Una actitud cuyo costo, en su criterio, pag muy caro la URSS despus de la guerra, pues la priv de los grandes prstamos norteamericanos de la posguerra que hubieran permitido a Rusia reconstruir zonas devastadas e industrializar el pas de una forma racional y productiva.

La cita se refiere, naturalmente, al Plan Marshall (una propuesta que Senz tambin analizar en detalle) 14 orientado a la reconstruccin de Europa, incluyendo la derrotada Alemania, pero que, en el plano poltico, buscaba limitar la influencia sovitica en Europa. Sugerir que la URSS hubiese podido beneficiarse de esta iniciativa solo es posible suponiendo una capitulacin de Mosc ante un triunfante capitalismo. Para eso faltaban aun casi 50 aos; solo ocurrira en 1990, con la disolucin de la Unin Sovitica. Pero, aun as, no habra Plan Marshall alguno, ni para Rusia ni para los pases del Europa oriental que estuvieron bajo su rbita.

En realidad, muchas de las afirmaciones que Arendt endereza a los regmenes totalitarios calzan bien en el mundo posterior a la Guerra Fra, como cuando afirma que lo malo de los regmenes totalitarios no es que jueguen la poltica del poder de una manera especialmente implacable, sino que tras su poltica se oculta una concepcin del poder enteramente nueva y sin precedentes.15 Poltica que ilustra con afirmaciones como esta:

El supremo desdn por las consecuencias inmediatas ms que la inhumanidad; el desraizamiento y el desprecio por los intereses nacionales ms que el nacionalismo; el desdn por los intereses utilitarios ms que la inconsiderada persecucin del inters propio; el idealismo, es decir, su inquebrantable fe en un ideolgico mundo ficticio, ms que su anhelo del poder, han introducido en la poltica internacional un factor nuevo y ms perturbador que el que hubiera podido significar la simple agresividad.

Atributos del totalitarismo que, sin embargo, perecen adecuarse perfectamente a la descripcin del capitalismo triunfante en la Guerra Fra.

En su texto, el nazismo es presentado como un rgimen totalitario, pero no como una expresin del capitalismo. Por el contrario, el rgimen de Stalin aparece como expresin del comunismo, como si bajo ese rgimen no pudiera existir otra forma de organizacin poltica. El texto deja la sensacin de que Arendt se fundamenta en el hecho de que la URSS era el primero (y nico) estado comunista para presentar su ordenamiento poltico totalitario como el nico posible.

Para Arendt, el totalitarismo buscaba no la dominacin desptica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos.16 Es cierto. Tanto en el capitalismo como el comunismo se ha mostrado este nivel de insania. Lo que ocurre es que su texto sugiere todo el tiempo que el nazismo es una excepcin, que el capitalismo tiene otras caras, mientras que la del "comunismo" es solo esa, la totalitaria.

No entraremos, en todo caso, a discutir aqu las dramticas condiciones en que se desarroll el capitalismo desde sus inicios, ni su expansin colonial, cuyas dramticas consecuencias Arendt no desconoce. Un tal estudio nos alejara de los propsitos en este trabajo. Pero estamos ya en un terreno muy distinto al de sus preocupaciones. Para ella, estaba en juego la naturaleza humana como tal. 17 S, estaba y est en juego. Pero, como hemos visto, no por las causas que sugiere. Quizs era ms bien como vean Horkheimer y Adorno. En tiempos como los actuales decan la angustia ha llegado al culmen, el cielo se abre y vomita su fuego sobre los ya perdidos. 18 Rearme, ultramar, tensin en el Mediterrneo y otro conceptos han terminado por ocasionar a los hombres una angustia real 19 En Alemania agregan el fascismo venci con una ideologa groseramente xenfoba, anticultural y colectivista.20 Ahora devastaba la Tierra. Ya entonces lo vislumbraban: no est todo dicho, afirman. Nada asegura que sus naciones puedan convertirse en menos xenfobas, anticulturales y pseudocolectivistas que el fascismo del que han debido defenderse.21 La derrota del alud concluyen no interrumpe necesariamente el movimiento. El principio de la filosofa liberal era el de tanto-una-cosa-como-la-otra. Hoy se dira que rige el de o-esto-o-lo-otro, pero como si ya todo estuviera decidido hacia lo peor.22

De modo que tampoco parece tener razn Arendt cuando afirma que el lazo entre los pases totalitarios y el mundo civilizado qued roto a travs de los monstruosos crmenes de los regmenes totalitarios.23 Quizs lo cierto es lo contrario, que ese mundo civilizado" se realiza en los regmenes totalitarios, de los cuales los mencionados son solo dos, ocasionales. Han generado terror. Terror como ley de un movimiento cuyo objetivo ltimo, dice Arendt, no es el bienestar de los hombres o el inters de un solo hombre, sino la fabricacin de la Humanidad, elimina a los individuos en favor de la especie, sacrifica a las partes en favor del todo.24 Pero, nuevamente, quizs vean ms lejos Horkheimer y Adorno para quienes la conclusin a la que han llegado los conservadores, de que terror y civilizacin son inseparables est slidamente fundada. La civilizacin se ha desarrollado bajo el signo del verdugo. A tal punto que no es posible deshacerse del terror y conservar la civilizacin.25 Vean ms lejos y ms hondo.

No he terminado, en todo caso, con Arendt. Vamos a detenernos un momento en su idea de imperialismo, cuyos vnculos con la de totalitarismo seala. No deja de ser curiosa la forma como lo plantea. Atribuye el surgimiento del imperialismo a la incongruencia del sistema Nacin-Estado con el desarrollo econmico e industrial del ltimo tercio del siglo XIX, una forma de expansin por la expansin que habra comenzado no antes de 1884.26 Arendt se est refiriendo, probablemente, a la Conferencia de Berln de 1884, en la que participaron Inglaterra y Francia, adems del anfitrin, para repartirse las colonias de frica. Una conferencia que vena a tratar de acomodar los intereses de las mayores potencias coloniales de la poca, que desde haca muchos aos se haban instalado en el continente africano, al igual que otros pases europeos. No solo en frica se haba desarrollado la ambicin colonial, tambin a Asia haban extendido sus intereses las potencias europeas. La India, por ejemplo, se haba convertido en colonia britnica en 1858, mucho antes de la conferencia de 1884.

La visin de Arendt, tampoco en este caso se sustenta en hechos histricos. Del mismo modo que no es posible justificar la fecha elegida para dar inicio a ese perodo en realidad, Arendt afirma que rara vez pueden ser fechados con tanta precisin los comienzos de un perodo histrico y raramente fueron tan buenas las posibilidades de los observadores contemporneos para ser testigos de su preciso final como en el caso de la era imperialista27 tampoco tiene sustento la afirmacin de que los britnicos liquidaron voluntariamente su dominacin colonial. Para Arendt esto sigue siendo uno de los acontecimientos ms trascendentales de la historia del siglo XX.28 Reflexin similar hace en torno a la dominacin francesa sobre Argelia, un territorio que Francia haba considerado siempre tan suyo como el dpartement de la Seine, y al que el general De Gaulle se atrevi a renunciar en 1962.29 Desaparecen as, como por arte de magia, los ocho aos de la terrible guerra de independencia conocida como Batalla de Argelia que obligaron a Francia a renunciar a su dominacin colonial, del mismo modo que la resistencia contra la dominacin colonial y la lucha por la independencia en la India. Solo as puede Arendt afirmar que cuando finalmente Francia, gracias a la entonces todava intacta autoridad de De Gaulle, se atrevi a renunciar a Argelia pareci haberse llegado a un punto sin retorno del perodo.30 .

Arendt agrega otros conceptos sobre el imperialismo que no dejan de sorprender, como cuando afirma que

las inversiones privadas en tierras alejadas, originalmente el primer motor de las evoluciones imperialistas, son hoy superadas por la ayuda exterior, econmica y militar, facilitada directamente por los Gobiernos. (Slo en 1966 el Gobierno americano gast 4.600 millones de dlares en ayudas y crditos al exterior, ms 1.300 millones anuales en ayuda militar durante la dcada 1956-65, mientras que la salida de capital privado en 1965 totaliz 3.690 millones de dlares y, en 1966, 3.910 millones)1. Esto significa que la era del llamado imperialismo del dlar, la versin especficamente americana del imperialismo anterior a la segunda guerra mundial, que fue polticamente la menos peligrosa, est definitivamente superada.31

Quizs sea oportuno traer aqu la cita de Hofiman, recordando a Horkheimer y a Poulantzas, cuando dice que deberamos quedarnos callados sobre el fascismo, a menso que estemos dispuestos a dicutir tambin sobre el capitalismo.32

Es imposible sostener estas afirmaciones si las confrontamos con los hechos. Las fuentes de Arendt, citadas en su trabajo, son los artculo de Leo Model, The Politics of Private Foreign Investment, y el de Kenneth M. Kauffman y Helena Stalson, U. S. Assistance to less developed Countries, 1956-1965, ambos publicados en la edicin de julio de 1967 de la revista Foreign Affairs.

Una revisin cuidadosa de ambos artculos no permite, de ninguna manera, llegar a la conclusin a la que llega Arendt, sino a todo lo contrario. Los datos que cita estn en el primer prrafo del artculo de Model. Ah dice que en 1966, el gobierno otorg 4,6 mil millones de dlares en ayuda econmica y crditos externos, y los gastos militares en el exterior fueron de 3,6 mil millones (adems de la ayuda militar), mientras que la exportacin de capitales privados fue cercano a los 4 mil millones de dlares.33 Pero sacar de ah la conclusin de que la importancia de la poltica imperialista ha desaparecido ahora por completo solo es posible si no se ha ledo nada ms en los dos artculos. Model destaca el monto de las ganancias de las empresas norteamericanas en el extranjero que alcanzaron, en 1966, los siete mil millones de dlares, de los cuales 5,6 mil millones fueron reenviados a los Estados Unidos. A esto se suman otros mil millones por conceptos de royalties y gastos administrativos (fees).34 El papel de las inversiones directas norteamericanas en el extranjero es asombroso, afirma Model.35 Considerando los beneficios mutuos que derivan de las inversiones directas norteamericanas deberamos preguntarnos por qu hay tanta preocupacin sobre eso. Su respuesta es que ningn pas quisiera ver sus industrias bsicas controladas por extranjeros, aun por extranjeros eficientes y amigos. Una respuesta que, evidentemente, no aclara el problema planteado, ni aporta razones para entender la resistencia a unas inversiones que solo parecen traer beneficios.36

Adems de las inversiones, Kauffman y Stalson revisan tambin las cifras de la asistencia norteamericana a los pases en desarrollo en la dcada comprendida entre 1956 y 1965. Hablan de asistencia econmica y de ayuda militar. Ninguna de las dos son donaciones. La ayuda, afirman, ha estado vinculada de forma creciente a compras en los Estados Unidos.37 Sealan tambin que en Amrica Latina el servicio de la deuda en aos recientes ha alcanzado cerca de la mitad de los gastos brutos en ayuda.38

Estos son temas que Senz trat ampliamente en diversas de sus obras. Pero, si no me equivoco, Arendt no lea espaol. Le hubiese servido conocer la obra de Senz (ya publicada en su poca) para entender mejor, sobre todo en lo relativo al papel del imperialismo norteamericano en el perodo de posguerra. Eso le hubiese evitado decir que cualesquiera sean las causas de la ascensin americana al poder mundial, la deliberada prosecucin de una poltica exterior encaminada a ese poder o una aspiracin al dominio global no figuran entre ellas.39

Pero Arendt es generosa con sus ancestros. En su opinin, este fenmeno del imperialismo conduce a una ruptura casi completa en el continuo fluir de la historia occidental tal como la hemos conocido durante ms de dos mil aos, poca en que los horrores todava eran caracterizados por una cierta moderacin y controlados por la respetabilidad y que, por eso, podan quedar adscritos a la apariencia general de cordura.40 Pese a eso, la misma Arendt se refiere ms adelante al horror que la colonizacin belga en el Congo. Un caso an peor es, desde luego, el de Leopoldo II de Blgica, responsable de las ms negras pginas de la Historia de frica. Haba slo un hombre que pudiera ser acusado de los ultrajes que redujeron la poblacin nativa [del Congo] de entre 20 a 40 millones, en 1890, a 8.500.000, en 1911, Leopoldo II.41 Pero, agrega, debemos tambin admitir una cierta nostalgia respecto de lo que an puede ser denominado Edad de Oro de la seguridad.42

No habamos llegado todava a la era de los totalitarismos! Es en los 30 aos que van desde lo que Arendt identifica como el inicio de la poca imperialista (1884) hasta el inicio de la I Guerra Mundial (1914), cuando acab la rebatia por frica43 donde ubica el nacimiento de los panmovimientos.44 Hecho importante en su visin del mundo, porque es en estos panmovimientos (pangermanismo y paneslavismo) donde enraza el orden totalitario germano y ruso sobre el que, luego, va a fundar su idea de totalitarismo. Imperialismo que podra considerarse como una fase preparatoria de las subsiguientes catstrofes.45

Lo que sigue es la propuesta de que el acontecimiento central del perodo imperialista en el interior de Europa fue la emancipacin poltica de la burguesa, que hasta entonces haba sido la primera clase en la Historia en lograr una preeminencia econmica sin aspirar a un dominio poltico.46 Solo as puede decir, a continuacin, que las instituciones nacionales resistieron la brutalidad y la megalomana de las aspiraciones imperialistas y los intentos burgueses de utilizar el Estado y sus instrumentos de violencia para sus propios objetivos econmicos hallaron siempre un xito a medias.47 Algo que cambiara cuando esa burguesa apostara todo al movimiento nazi. Pero Arendt tambin es generosa con esa burguesa, una clase que dio origen al imperialismo solo cuando las limitaciones nacionales comenzaron a limitar su expansin econmica.48 La expansin imperialista, deca, se desencaden por lo que le pareca un curioso tipo de crisis econmica.49 Se trataba de la superproduccin de capital y la aparicin de dinero superfluo, resultado de un exceso de ahorro que ya no poda hallar inversiones productivas dentro de las fronteras nacionales.50 Como deca Cecil Rhodes, el colonizador britnico del sur de frica, haba que despertar al hecho de que no se puede vivir a menos de que se posea el comercio del mundo.51

Es en la exportacin del capital excedente, en la bsqueda de mercados y de materias primas que se unen dos fuerzas: el capital superfluo y la mano de obra superflua, que abandonan el pas al mismo tiempo,52 alianza que Arendt ubica en el origen de cada consecuente poltica imperial53 y que condujo, finalmente a la burguesa alemana a confesar abiertamente su relacin con el populacho, llamndole expresamente para que defendiera sus intereses de propiedad.54 El hecho de que este populacho pudiera ser empleado slo por los polticos imperialistas e inspirado slo por las doctrinas racistas hizo que pareciera como si solamente el imperialismo fuera capaz de liquidar los graves problemas internos, sociales y econmicos de los tiempos modernos.55

En su visin no eran ni el imperialismo, ni las guerras provocadas por la necesidad de expansin de la burguesa alemana, los problemas del mundo poltico moderno, sino la amenaza totalitaria, que termina por ocultar las ambiciones imperiales de una burguesa triunfante y depredadora. Del mismo modo que, por el otro lado, ya no se trataba de la confrontacin con el socialismo sovitico, sino que el problema era el totalitarismo bolchevique.

La idea de raza se va construyendo en este proceso de colonizacin de frica, cuando y donde los pueblos se enfrentan con tales tribus de las que carecen de conocimiento histrico y que no poseen una Historia propia.56 Eran seres humanos que carecan del especfico carcter humano de forma tal que cuando los hombres europeos mataban, en cierto modo, no eran conscientes de haber cometido un crimen. Adems, la insensata matanza de las tribus del continente negro estaba completamente conforme con las tradiciones de las mismas tribus.57 Es en esta articulacin de la expansin capitalista, de la fiebre del oro de Sudfrica convertida en una empresa descaradamente imperialista58 y el racismo como medio de dominacin donde Arendt alimenta su idea de totalitarismo, ya desvinculada de su origen ahora lejano capitalista.

Arendt es capaz de ver que en la poca imperialista una filosofa del poder se convirti en la filosofa de la lite, que rpidamente descubri y estaba completamente dispuesta a reconocer que la sed de poder slo poda apagarse mediante la destruccin 59 (es en esta parte de su texto donde surge la figura de Walter Benjamin y su crtica a la idea de progreso). Pero no sac de eso las conclusiones lgicas sobre la naturaleza del capitalismo, ni fund en esta visin el origen de una crisis que terminar reduciendo a la idea de totalitarismo.

Tampoco tiene peso en sus reflexiones posteriores la idea de que un sistema social esencialmente basado en la propiedad no puede posiblemente llegar a nada ms que no sea la destruccin final de la propiedad.60 Todo esto se perder en los tortuosos caminos que transita hasta llegar a la idea de totalitarismo, alejada ya del papel de la burguesa y del imperialismo y vinculada al surgimiento de los panmovimientos.

El milagro estaba hecho. Eran ahora las posesiones coloniales Africanas el ms frtil suelo para el florecimiento de lo que ms tarde sera la lite nazi. Pero ya no se trataba de las empresas mineras e industriales de frica, de las necesidades de invertir la riqueza superflua acumulada 61, sino que all vieron con sus propios ojos cmo podan ser convertidos en razas los pueblos y cmo simplemente tomando la iniciativa en este proceso, poda uno impulsar a su propio pueblo hacia la posicin de la raza de seores.62

Un movimiento que Arendt explica con ms detalle:

Cuando el populacho europeo descubri qu maravillosa virtud poda ser en frica una piel blanca, cuando el conquistador ingls en la India se convirti en un administrador que ya no crea en la validez universal de la ley, sino que estaba convencido de su propia e innata capacidad para gobernar y dominar, cuando los matadores de dragones se convirtieron bien en hombres blancos de castas superiores, o en burcratas y espas, jugando el gran juego de motivos ulteriores e inacabables en un inacabable movimiento; cuando los Servicios Britnicos de Informacin (especialmente despus de la primera guerra mundial) comenzaron a atraer a los mejores hijos de Inglaterra, que preferan servir a fuerzas misteriosas por todo el mundo mejor que al bien comn de su pas, el escenario pareci estar ya dispuesto para todos los horrores posibles.63

Haba salido el conejo de la chistera. Ya poda afirmar que el nazismo y el bolchevismo deben ms al pangermanismo y al paneslavismo que a cualquier otra ideologa o movimiento poltico.64 En una confusa explicacin sobre el surgimiento del Estado-Nacin como resultado de la reivindicacin de la representacin popular y de la soberana nacional hecha durante la revolucin francesa, Arendt ve surgir dos factores que en el siglo XVIII se hallaban aun separados y que permanecieron separados en Rusia y en Austria-Hungra: la nacionalidad y el Estado. 65 Rusia, cuya intelligentsia era paneslavista, y Austria, cuna del pangermanismo.66 En las dos naciones la hostilidad hacia el Estado segua fluyendo, alimentada por los panmovimientos que terminaron ocupando el espacio de los partidos y reivindicando los intereses nacionales ms all de los intereses particulares que reivindicaban los partidos.

Es as como Arendt va construyendo (o deconstruyendo) una relacin entre las necesidades de una burguesa que necesitaba ampliar mercados y garantizar el abastecimiento de materias primas que dieron origen al imperialismo, sustituyndola por otra que construye a partir de esa visin racial. Ser precisamente esa la que dar origen a su propuesta de totalitarismo, asentada en una idea mucho ms antigua: la de los panmovimientos. Del racismo dira que, como medio de dominacin de blancos y negros, ya era usado mucho antes de que el imperialismo surgira como gran idea poltica.67 Solo que el imperialismo no era una gran idea poltica, como afirma ella, sino una cruel y ambiciosa expresin de los intereses (o de las necesidades, como dira Arendt) de un capitalismo en expansin. Y aunque en el imperialismo se expresaban ideas racistas, no sera ese el eje de su orientacin poltica, sino que lo sera la lucha contra los movimientos socialistas surgidos ya en el siglo XIX, y que se manifestaron tanto antes, como durante y despus de la II Guerra Mundial.

Quiere eso decir que la idea de totalitarismo no tiene asidero en determinados rdenes polticos, que el anlisis de Arendt sobre el totalitarismo carece completamente de sustento en hechos histrico?

No, no creo eso. Su libro aporta valiosa y abundante reflexin sobre el orden poltico totalitario aunque, aqu tambin, no deja de sorprender con algunas afirmaciones como la de que nada resulta ms caracterstico de los movimientos totalitarios en general y de la calidad de la fama de sus dirigentes en particular como la sorprendente celeridad con la que son olvidados.68 O la afirmacin de que el individualismo burgus constitua un obstculo positivo a los movimientos totalitarios o que los movimientos totalitarios pueden justamente afirmar que son los primeros partidos verdaderamente antiburgueses.69

Notas:

1 Se trata del texto de Franz Neumann(2009). Behemoth. Oxford University Press.

2 Senz, Vicente (1955). Amrica hoy como Ayer. Ed. Amrica Nueva, Mxico, D.F. Pg. 54s.

3 Id. id. pg. 23s

4 Arendt, Hanna (1998). Los orgenes del totalitarismo. Pg. 256, nota 12.

5 Id. id.

6 id. id. Nota 13

7 Ver artculo de Reto Hofmann, The fascist new-old order en Journal of Global History (2017), 12, pp.166183. Cambridge University Press.

8 Ver el captulo El genio militar de Stalin, en el discurso de Kruschov.

9 Op. cit. Pg. 318.

10 Senz, Vicente (1942). Cosas y hombres de Europa. Ediciones Liberacin. Mxico, D.F. Pg. 12.

11 Para el anlisis del Pacto de Mnich, ver Guin de Historia Contempornea de Senz, p. 152ss

12 Op. cit. Pg 334.

13 Op. cit. Pg. 335

14 Ver Amrica hoy como ayer p. 117s, p. 145

15 Op. cit. Pg. 336

16 Id.Pg. 366

17 Op. cit. Pg. 337

18 Horkheimer, Max y Adorno, Theodor (2016). Dialctica de la Ilustracin. Ed. Trotta. Madrid. Pg. 256

19 Id. id.

20 Id. id.

21 Id. Pg. 256

22 Id. id.

23 Op. cit. Pg. 370

24 Op. cit. Pg. 373

25 op. cit. Pg. 251

26 Op. cit. Pg. 11

27 Id. id.

28 Id. id.

29 Id. id.

30 Id. id.

31 Id. Ver nota 1, pg. 12

32 Ver op. cit., The fascist new-old order en Journal of History, de Cambridge University Press. Pg. 168

33 Los artculos fueron publicados en el volumen 45, nmero 4, de Julio de 1967, de la revista Foreign Affairs. El texto, en ingls, dice lo siguiente: In 1966, the Government provided $4.6 billion in economic aid and foreign credits, and military expenditures abroad were $3.6 billion (apart from military aid), while the outflow of private capital was close to $4 billion.

34 Ver artculo de Model, p. 1

35 Id. p. 2

36 Senz analiza el tema en sus libros, tanto en Amrica hoy como ayer (p. 104), como en Rompiendo Cadenas (p. 117)

37 Ver Foreign Affairs, pg. 717

38 Ver Rompiendo Cadenas. P. 121ss

39 Op. cit. Pg. 13

40 Op. cit. Pg. 116

41 Op. cit. Nota 2. Pg. 163

42 Op. cit. Pg. 116

43 Id. id.

44 Id. id.

45 Id. id.

46 Id. Pg 116

47 Id. Pg. 117

48 Id. Pg. 118

49 Id. Pg. 125

50 Id. id.

51 Id. Pg. 123

52 Id. Pg. 136

53 Id. Pg. 140

54 Id. Pg.141

55 Id. Pg. 142

56 Id. Pg.168

57 Id. Pg. 168

58 Id. Pg. 176

59 Id. Pg. 132

60 Id. Pg. 132s

61 Id. Pg. 173

62 Id. Pg. 179

63 Id. Pg. 190

64 Id. Pg. 191

65 Id. Pg. 196

66 Id. pg. 193

67 Id. Pg. 170

68 Id. Pg. 253

69 Id. pg. 259

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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