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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2017

El conflicto cataln y la pulsin autoritaria

Manuel Maroto, Cristina Fernndez Bessa y Jos ngel Brandariz
El Salto

El ltimo presidente cataln ser encarcelado en cuanto pise territorio espaol. En la crcel se encontrar con el prximo presidente cataln, que ya est en prisin sin juicio.


No es sencillo escribir sobre el conflicto cataln y sus consecuencias. La intensa aceleracin de lo real en la que hemos vivido en los ltimos tres meses, la previsibilidad de nuevos acontecimientos y la plyade de anlisis polticos y jurdicos (muy raramente poltico-jurdicos) sobre el caso dificultan decir algo que evite el riesgo de la cacofona.

Tal vez por nuestro compromiso desde hace lustros con los derechos humanos y la moderacin del control social, uno de los interrogantes que ms nos ha interesado es el de cmo responderan el Gobierno espaol y su bloque hegemnico en trminos de castigo.

Hoy ya tenemos buena parte de la respuesta. En un contexto en el que la poltica ha tenido un papel muy secundario, la respuesta estatal ha combinado momentos de intervencin policial aguerrida con la imputacin de gravsimos delitos a dos docenas de lderes catalanes la mayor parte electos y el procesamiento de cientos de personas por sedicentes conductas de odio.

En el momento de escribir estas lneas, diez lderes polticos y sociales catalanes estn o han pasado por prisin, y cinco ms han buscado refugio en Bruselas. Todo ello en el marco de la suspensin de los poderes autonmicos catalanes, vehiculada mediante una interpretacin probablemente inconstitucional de una norma, el artculo 155, cuya legitimidad y sentido son hoy, cuarenta aos de evolucin federalizante del Estado despus, altamente cuestionables.

La similitud de esta respuesta con lo sucedido en octubre de 1934 componente militar aparte evidencia que, al menos en el caso espaol, Norbert Elias y toda la narrativa moderna del progreso parecen tener escaso sentido. Frente a ello, la crisis del bloque histrico que ha gobernado el modelo poltico del 78 se acomoda ms bien a la famosa frase de Gramsci sobre las consecuencias de las crisis polticas.

Las consecuencias de todo ello son gravemente desoladoras para toda la colectividad, con independencia de que nos sintamos o no parte de los sedicentes bandos del conflicto nacional subyacente. La principal de ellas es que estamos viviendo una forma arquetpica de poltica patriarcal, a saber, la transformacin de conflictos polticos reconocidos como tales en otros estados de nuestra rbita en asuntos de orden pblico y, ms especficamente, en materia de criminalidad.

Lmites del sistema

En ese punto emergen los lmites de nuestro sistema poltico, como recuerdo permanente de su tarda democratizacin y de las largas etapas autoritarias que la precedieron. De hecho, lo sucedido aparece como una extraa pervivencia de lo que el pensamiento (post-)foucaultiano ha analizado como una tecnologa de poder soberana, es decir, una racionalidad de gobierno que se sustenta esencialmente sobre la Ley, el establecimiento de prohibiciones y la imposicin de castigos. Para atravesar las perplejidades que genera esta situacin, sugerimos tres posibles claves de lectura.

La primera de ellas tiene que ver con las anomalas polticas. Es bien sabido que los importantes sismos polticos a los que ha estado sometida la UE en la ltima dcada han dado lugar, en particular en el pasado ms reciente, a dos tendencias de distinto signo. La mayor parte de la UE ha experimentado un preocupante deslizamiento hacia la (extrema) derecha.

Por el contrario, los pases del sur se han escorado con matices- hacia posiciones ms consonantes con la justicia social y la gestin equitativa de la crisis iniciada en 2008, perceptibles en los actuales gobiernos griego y portugus, pero no menos en el surgimiento de Podemos y en los ayuntamientos del cambio. No requiere gran esfuerzo fundamentar que el movimiento independentista cataln sin perjuicio de su complejidad ha encontrado una extraordinaria ventana de oportunidad en este contexto antiaustericidio.

Algo ms difcil es entender que, en un marco poltico agnico, la respuesta del Estado se inscribe en el deslizamiento reaccionario que recorre Europa. Espaa parece ser una excepcin en la medida en que nunca ha contado con partidos de extrema derecha electoralmente relevantes. Sin embargo, esa conclusin es claramente apresurada, en la medida en que no logra captar la inadecuacin de esas etiquetas partidarias en un caso como el espaol, donde el amenazante acting out autoritario se enfoca prioritariamente en la gestin securitaria de territorios (y poblaciones) internos.

Una democriacia "normal"

La segunda mirada se refiere al deslinde de los componentes del rgimen poltico. Tienen razn los diversos autores que han sealado que Espaa es hoy una democracia europea normal. Diversos indicadores, sealadamente los Worldwide Governance Indicators del Banco Mundial muestran que Espaa est por debajo de los principales pases de la UE y de Portugal en cuestiones como estabilidad poltica o gobernanza, pero claramente por encima de otros estados meridionales, como Grecia o Italia.

No obstante, si se acepta la lectura de lo real a travs de nmeros e indicadores, no puede perderse de vista que los principales ndices internacionales (humanrightsdata.com; politicalterrorscale.org) revelan que Espaa presenta el peor o el segundo peor registro de la UE de efectividad de los derechos fundamentales ante el castigo estatal en casos de alta densidad poltica durante perodos democrticos.

Vale la pena reiterar, durante periodos democrticos. Desde este prisma, la necesaria lucha anamntica por la memoria democrtica solo tiene sentido en la medida en que sea genealoga y no arqueologa, de modo que pueda dar respuesta a las preocupantes inercias que se han extendido despus de 1975-1977. No en vano, ello permitira entender la singular capacidad de innovacin que se ha dado en lo que Luigi Ferrajoli denomina el subsistema penal de excepcin, que hoy se plasma en la recuperacin de delitos decimonnicos como rebelin y sedicin, inditos durante largas dcadas y manifiestamente fuera de tiempo.

El carcter poltico de la persecucin

La tercera clave de lectura, conectada con la anterior, tiene tambin que ver con la obsolescencia de las categoras con las que estructuramos nuestra comprensin. El debate sobre el carcter poltico de la persecucin y encarcelamiento de los lderes independentistas, y sobre la posibilidad de que cinco miembros del derrocado gobierno cataln puedan poner en jaque el procedimiento simplificado de extradicin que impuls el gobierno Aznar hace casi veinte aos, ha mostrado los lmites de las nociones construidas en el siglo pasado.

No parece tener excesivo sentido terico, pero tampoco poltico hablar en trminos de encarcelamiento poltico, aunque solo sea porque tal concepto consolida su significado antes de que la denominada tercera ola de democratizacin iniciada en los aos 70 y 80 (en la que se produce la transicin espaola) cambiase por completo las premisas de cualquier taxonoma de los regmenes polticos. Precisamente por ello resultan tan inanes los argumentos sobre la inexistencia de persecucin poltica en regmenes democrticos de separacin de poderes. En una etapa en la que la democracia liberal es el sistema extendido a nivel planetario con escasas excepciones, las categoras previas no sirven para entender lo que tenemos delante.

En un contexto democrtico en el que cerca de una veintena de los prximos diputados catalanes estarn en prisin o sometidos a procesamientos que amenazan penas materialmente perpetuas por una interpretacin polticamente fundada de sus acciones estamos ante algo nuevo, y ms preocupante de lo que las nociones aludidas nos permiten percibir. Ese fenmeno nuevo ayuda a entender que las etapas histricas se sedimentan, no se reemplazan, y que la deriva autoritaria es una pulsin especialmente latente en los estados de democratizacin tarda, ms an en aquellos que vivieron transiciones con fuertes componentes lampedusianos.

El ltimo presidente cataln ser encarcelado en cuanto pise territorio espaol. En la crcel se encontrar con el prximo presidente cataln, que ya est en prisin sin juicio, tambin por actos puramente polticos que no son rebelin ni sedicin. La pulsin autoritaria es nuestro futuro anterior, que desafortunadamente- hemos acabado metabolizando como sociedad.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/elecciones-catalunya-21-d/conflicto-catalan-pulsion-autoritaria


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